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jueves, 7 de julio de 2016

La muñeca sangrienta

Hay autores que lamentan haber sacado a la luz determinadas obras, no precisamente por su baja calidad, sino porque su "excesiva" popularidad han eclipsado otras que no merecían pasar al olvido. Y tras leer La muñeca sangrienta no me sorprendería descubrir que Gaston Leroux hubiera podido desear no publicar El fantasma de la ópera. Especulaciones mías, pero posible

Bénédicte Masson, encuadernador de fealdad extrema y alma de poeta, sabe que su repulsiva estampa no le permitirá que ninguna mujer lo mire con ojos distintos a los del miedo y el asco. Pero no por ello puede evitar suspirar por su vecina Christine, hija del relojero Norbet, una hermosa muchacha prometida con su primo Jacques Cotentin, un eminente científico y socio del relojero. Para su sorpresa, Bénédicte descubrirá que su aparentemente virtuosa idolatrada oculta a un joven de belleza sobrehumana en un armario. Poco después Christine pedirá al encuadernador que la acompañe al servicio del marqués Georges-Marie-Vicent, marqués de Coulteray, cuya enfermiza esposa asegura que éste la está vampirizando. A todo esto hay que unir la desaparición de varias jóvenes de la comarca.

Edición francesa
con la bilogía completa
Nada más que con el argumento se nota la influencia que tuvo su fantasma en esta más reciente producción, puesto que quien conozca su novela más operística no podrá evitar encontrar semejanzas entre Erik y Bénédicte, cuyas amadas incluso comparten nombre y les harán formar parte de un "polígono amoroso".

También similar a El fantasma de la ópera es el terror ambiente gótico en el que se enmarca la historia (esta vez cambiando espectros por vampiros), así como ciertos elementos de exotismo oriental encarnados en personajes más secundarios. Sin embargo, La muñeca sangrienta y sobre todo su continuación, La máquina de asesinar (imprescindible para conocer el final, ya que no son en absoluto independientes) presentan un carácter policíaco mucho más potente, donde Leroux tira de su experiencia como periodista y escritor de misterio (también se han olvidado bastante sus novelas policiacas protagonizadas por Joseph Rouletabille), además de hacer gala de un humor socarrón e irónico, bien cargado de crítica social, y tomar prestados elementos pertenecientes al campo de la ciencia ficción, como los autómatas, con reminiscencias de Frankenstein de Shelley y El golem de Meyrink.

Dicho todo esto, la lectura de esta bilogía seguramente se antoje complicada. Sin embargo puedo asegurar que es sorprendentemente ligera y dinámica. Además de tremendamente adictiva. Con maestría Leroux consigue que la tensión y interés no decaigan prácticamente en ningún momento, haciendo uso no solo de situaciones interesantes y personajes carismáticos, sino también de una prosa cuidada y más que correcta.

La muñeca sangrienta y La máquina de asesinar encantaran a cualquiera que guste del misterio, el terror gótico y un humor un tanto peculiar. Joyitas que, por desgracia, están bastante difíciles de conseguir, cuanto más en una edición decente. Que Valdemar haga algo.

jueves, 29 de octubre de 2015

El extraordinario caso del doctor Jekyll y míster Hyde

Todo el mundo conoce al doctor Jekyll como un caballero educado y gentil, que siempre ha aspirado a ser un ciudadano serio y respetable, expectativas que parece haber alcanzado. Sin embargo, preocupa cada día más a su círculo de amigos más cercanos. Su gran amigo y notario, Utterson, no entiende por qué motivo Jekyll planea dejar su fortuna a un tal Edward Hyde, un hombre hasta entonces ajeno del que cuando pregunta solo recibe malas referencias. Jekyll reconoce sentirse obligado con Hyde y Utterson sospecha que su amigo es víctima de un chantaje. 

Escribe, Roberto Luis
No es necesario que sigamos hablando del argumento de esta celebérrima novela corta, pues raro sería encontrar a alguien, independientemente de su edad, que no conozca El extraordinario caso del doctor Jekyll y míster Hyde, relato que ya antes de su publicación estuvo acompañado de escándalo, pues se dice que el propio Robert Louis Stevenson  quemó su primer manuscrito, aterrado por el tipo de historia que estaba creando. Por suerte para todos, la reescribió desde el principio.

Su propio éxito podría considerarse también su mayor tragedia, puesto que cuando nos embarcamos en esta lectura lo hacemos conociendo la identidad de Hyde, que, sin embargo, es un misterio hasta el mismo final de la novela. Es una lástima que, estando tan deliciosamente construida para dejarte con la boca abierta al final, por su fama esto ya no es posible. 

Sin embargo, eso no le resta para nada encanto, pues a pesar de que el giro argumental es asombroso, no es menos impresionante su estilo narrativo y, especialmente, destaca su carácter alegórico sobre la naturaleza humana, sobre el bien y el mal. 

Ya adentrándonos en spoilers que, como hemos dicho, no pueden considerarse como tales, queremos destacar una concepción que entendemos equivocada del personaje, como suele ocurrir con todos los clásicos que han pasado a formar parte de la cultura popular de una forma alterada por sus numerosas adaptaciones, no siempre acertadas.

A raíz de esto se ha perpetuado la idea de que la pócima desarrollada por el doctor proporciona al que la consume una personalidad completamente nueva y volcada únicamente a hacer el mal. 

Pero si nos acercamos a la novela dejando a un lado las ideas preconcebidas y dispuestos a conocer la historia desde cero, descubrimos que esto no es cierto totalmente. El propio Jekyll nos hace saber que Hyde no es una criatura artificial que haya surgido como producto de los experimentos, sino que ha formado parte de la persona desde su nacimiento y que el verdadero propósito de la pócima es liberar los rasgos de la personalidad que mantenemos ocultos.

Todo el mundo puede matar. Todo el mundo puede hacer daño. Todo el mundo puede ser increíblemente grosero. Pero la mayoría intenta contener ciertas pasiones primarias e instintos para vivir en una sociedad y ser aceptado como miembro de la comunidad. 

Y eso es lo verdaderamente terrorífico. Todos tenemos un Hyde dentro de nosotros. Agazapado, dispuesto a salir en el momento en el que tengamos las defensas más bajas o amparados bajo el manto del anonimato. Que estas pasiones oscuras se nos hagan incontrolables, o que lo sean para alguien al que teníamos por normal, es una idea que nos perturba y nos incomoda, porque todos lo hemos temido en algún momento.

Y, en cambio, qué diferente sería si esta poción se le administrase a los peores criminales. Continuando con las explicaciones de Jekyll, el lado menos desarrollado de su personalidad, en este caso la más bondadosa, saldría a la luz. 

Con estas reflexiones, finalizamos nuestro tercer Mes del Terror. Esperamos que hayáis tomado nota, no actuéis como los pacatos victorianos que destruyen sus mejores relatos de terror: Compartid los vuestros con nosotras y animaos a leer los que aquí os hemos dejado.

viernes, 23 de octubre de 2015

El rostro

¿Cuántas cosas existen que pueden causar terror? Hay muchas discusiones con respecto a qué arquetipo del horror inspira un mayor miedo. Discusiones por todas partes: momias, vampiros, hombres lobo, muertos vivientes, demonios... y sin embargo, estamos tan empeñados en buscar el terror en lo sobrenatural que olvidamos lo que de verdad, incluso al más aficionado a este género, puede aterrorizar.

Las pesadillas.

¿No es irónico? Estamos tan acostumbrados a centrarnos en lo sobrenatural, en lo que por lógica damos por hecho que no es sino una fantasía creada a propósito para provocarnos rechazo, que olvidamos que existen terrores nocturnos en la vida real de los que ninguno de nosotros estamos libres. Por supuesto, hay otros motivos de horror en el mundo que nos rodea: la maldad está presente en forma de cacos, agresores, asesinos... pero uno puede pasar por la vida sin encontrarse con uno de ellos. Sin embargo nadie está a salvo de tener pesadillas.

Freddy sí que me daba pesadillas
Las pesadillas están tan presentes y son tan variadas que han inspirado varios libros e incluso hubo una serie de terror juvenil tanto televisiva como en forma de libros con ese título... uno de los íconos del terror, Freddy Krueger, se mueve entre los sueños de los jóvenes para vengarse por fechorías pasadas. Sin embargo, no es éste el personaje del que habla el relato de esta semana.

Si algo hace particular a E. F. Benson como autor del género de terror es su necesidad de explicar y desvelar llanamente y sin aspavientos el misterio que envuelve la historia. La tensión de sus personajes rara vez es compartida por el lector ya que desde el principio solemos tener una idea de qué atormenta a los protagonistas. Pero no es el caso de El rostro.

Hester Ward es una mujer sencilla, casada y con dos hijos que presume de tener una vida plena y maravillosamente feliz. No hay nada que pueda desear y sin embargo... hay una tormenta desatada en su mente. Y todo por un sencillo sueño. Durante toda su vida, siendo niña, Hester ha tenido el mismo sueño en el que recorría el mismo paisaje hasta llegar a un cementerio abandonado. Una vez ahí el sueño termina, pero solo para continuar a la noche siguiente con la aparición de un rostro que siempre le ha prometido que, cuando crezca, irá a por ella. Mucho ha pasado desde la última vez que lo tuvo, pero ahora el primer sueño ha reaparecido y teme la noche que está por llegar. Y no en vano, pues en esta ocasión el rostro le promete que pronto estarán juntos... un rostro que poco después identifica en un retrato de hace doscientos años.

No diré más, pues a partir de aquí se desarrolla todo el misterio. Reconozco que leí el libro con la seguridad de que pronto descubriría qué ocurría con aquel hombre misterioso de los sueños de Hester, para qué la quería y cuál sería el final. A menudo Benson nos deleita con finales felices, un caso extraño en los relatos de terror... pero me atrevería a decir que aquí, con este breve cuento, el autor se saltó todas las normas que caracterizan su estilo.
El retrato, al parecer, era un Van Eyck
Y quizá sea por eso por lo que me recorrió un escalofrío cuando solo me quedó el consuelo de elucubrar sobre qué demonios había pasado en esta historia en la que todo parece tener mucho sentido y, justo al final, sientes la realidad quebrarse por completo.

Igual que al despertar de una pesadilla.

sábado, 17 de octubre de 2015

La araña

En un pequeño hotel parisino ocurre un hecho extraño: tres hombres se han suicidado en la misma habitación. En ningún caso se encontró ningún tipo de nota, ninguno de los tres hombres tenía aparentes motivos para quitarse la vida (el tercero fue el agente que investigaba las muertes anteriores), los tres se han ahorcado con el cordón de la cortina, y lo que es más curioso: los tres se quitaron la vida en sábados sucesivos a la misma hora. Tras esto, la habitación queda vacía hasta que un joven estudiante, ante la promesa de alojamiento gratis si coopera con la policía en la resolución del caso, vuelve a llenar la habitación. Pero en lugar de buscar pistas, el estudiante prefiere observar a la bella joven que hila en el edificio de enfrente y, también, a las arañas que vagan por la habitación.


Las arañas son unos de los seres más escalofriantes que se me ocurren. Ya sea por su inquietante apariencia, su forma de moverse, o la posibilidad de recibir un pinchazo de un aguijón ponzoñoso, la mayoría de los seres humanos preferimos evitarlas en la medida de lo posible.

No es, por tanto, de extrañar que hayan inspirado el relato que hoy presentamos, La araña. Sin embargo, para mi sorpresa, esta criatura apenas está presente físicamente en el relato. La mayor parte del mismo son las anotaciones que el estudiante lleva a cabo en su diario, donde cada vez ocupa más páginas la joven hilandera a la que románticamente se refiere como Clarimonde. Aún así, la presencia, por escasa que sea, del mencionado artrópodo, enriquece enormemente la atmósfera inquietante y desapacible que se vive en el cuarto del estudiante, por mucha importancia que este quiera restarle.

Su obsesión por Clarimonde, lejos que parecer enternecedora, no deja de ser indicio de que realmente algo sobrenatural y oscuro ocurre, más aún si prestamos atención a la condición de hilandera que une a Clarimonde con el venenoso animalillo (para más inri, la raiz de la palabra "araña" en alemán, "Spinne", es la misma que "spinnen", hilar).

Con una obra tan recomendable, alabada por el mismísimo Lovecraft, no hay sino que lamentar que la producción de su autor, el germano H. H. Ewers, quien además hizo importantes aportaciones al cine surrealista de su país, se haya visto marcada por su afinidad con el partido nacionalsocialista. A pesar de ello, creo que es una pena que una producción se pierda por motivos ajenos a su calidad que, en este caso, es bien remarcable.

lunes, 12 de octubre de 2015

Las nupcias de la muerte

Una novela de terror. Si yo os pidiera que mencionarais una novela de terror lo más seguro es que la primera que se os viniera a la cabeza fuera Drácula de Bram Stoker. Y no en vano: se trata de un clásico entre clásicos que ya reseñamos aquí por tratarse de uno de los grandes favoritos de todos aquellos que lo han leído.

No vamos a empezar este especial con el tema de los vampiros que tan en boga está en los últimos años... pero casi. Este especial del Mes del Terror comenzará con un relato del mismo autor, o mejor dicho, un fragmento del mismo. La obra completa se llama La joya de las siete estrellas. A algunos les sonará porque está considerada como la segunda mejor obra de Stoker. Esta vez, en lugar de un vampiro nos encontramos con otro ser igualmente clásico y aterrador, otra figura que es incapaz de descansar eternamente: la momia. 

Reconozcámoslo: el tema de las momias ha sido muy maltratado tanto a nivel literario como cinematográfico. En comparación con otros arquetipos no ha sido muy utilizado y cuando se ha hecho se ha puesto más hincapié en la aventura y el romance que en el propio terror de esa criatura que vuelve de entre los muertos para... ¿qué? ¿Qué puede querer una momia de nosotros? Los vampiros buscan la sangre, los zombies nuestro cerebro, pero ¿una momia?

La dificultad de manejar este arquetipo reside precisamente ahí, en la dificultad para justificar el ataque de la misma. Y sin embargo, Bram Stoker utiliza esa dificultad para envolver todo su relato con una sombra de misterio y duda que no nos abandona en ningún momento. 

Un arqueólogo llamado Abel Trelawny se reúne en su casa con su hija Margaret, el prometido de la chica, Malcolm, y un par de hombres más. El objetivo es sencillo en apariencia y complicado en forma: a través de una mezcla de esoterismo y ciencia, principalmente utilizando la luz eléctrica, pretende reanimar el cuerpo de una faraona egipcia, la reina Tera, que guarda celosamente en su mansión. Poco a poco, la tensión de las preparaciones, los malos augurios y los cambios de humor que se suceden entre los protagonistas contribuyen a crear una atmósfera agobiante.

Hatshepsut, la mujer faraón cuyo descubrimiento inspiró esta obra
Tanto es así, que el final fue censurado. Tal como lo leéis: el final, catastrófico como poco, fue eliminado y se obligó al autor a reescribir un final no ya edulcorado, sino completamente contrario a lo que había concebido en un principio. Un final feliz.

Las nupcias de la muerte, un breve relato incluido en el libro Los cuentos de medianoche de Bram Stoker nos trae de vuelta el final original de la novela. Al leerlo he podido entender por qué pidieron que lo retirara: me encontraba a mí misma sentada en una cafetería mientras leía, removiéndome incómoda en mi asiento mientras trataba de que la gente no notara mi desasosiego. Me quedaba contando las páginas que quedaban para el final. No porque se me hiciera infumable, aburrido, ni nada por el estilo, sino porque la tensión era tanta que no podía creer que la tensión fuera escalando todavía más, que un hombre que ya me había fascinado con Drácula fuera capaz de hacerme sufrir tanto con una atmósfera tan asfixiante y maravillosa. 

Uno cree saber por dónde van a ir los tiros cuando se descubre el extremo parecido entre Tera y Margaret, pero nada más lejos de la realidad. Y sin embargo, quiero hacer notar el hecho de que Bram Stoker, al contrario que la mayoría de sus contemporáneos, hizo aquí lo mismo que en Drácula: reivindicar la inteligencia y la independencia de las mujeres, algo que empezaba a despuntar en su época pero que aún no estaba completamente aceptado.

Cuando todo termina, a pesar de haber estado contando las páginas, tienes la sensación de que necesitas más. Necesitas más explicaciones. Te sientes como el protagonista de la obra, el pobre Malcolm, que no entiende nada y a la vez, no necesita más para saber lo que ha ocurrido. Y como él, lo único que te queda, es pasar página y tratar de olvidar algo que, de todos modos, no dejará de darte vueltas en la cabeza.

lunes, 13 de julio de 2015

Battle Royale

¿Y si os despertarais, junto con vuestros compañeros de clase, en una solitaria isla, rodeada por el ejército, donde un agente del gobierno os explica que formáis parte de un experimento y que debéis mataros hasta que solo quede uno o, de lo contrario, todos seréis irremediablemente eliminados?

Esta es la situación que Koushun Takami nos presenta en su novela Battle Royale, de la que prácticamente todas las hoy en día muy populares entre los adolescentes distopías de supervivencia beben de una u otra manera.  Al igual que estas, Battle Royale es un libro protagonizado por adolescentes y enfocado hacia el público juvenil, si bien su crudeza y trasfondo filosófico son cosas que no he visto reflejadas en ningún otro.

Imagen de la película en la que se muestra a una ganadora anterior.

Según tengo entendido, Takami asegura que ideó a sus personajes de forma que pareciesen cortados por el mismo patrón, de forma que tengas muchos aspectos comunes y se distingan cuando llegue la hora de actuar, de ahí que resulten estáticos. A pesar de esta justificación, los personajes me parecieron excesivamente arquetípicos y planos, cada uno cumpliendo con alguno de los clásicos estándares de la ficción juvenil japonesa, tal y como puede apreciarse en sinnúmero de manganimes enfocados al público adolescente.

Sin embargo, hay que recordar que estamos hablando de cuarenta y dos participantes en el Battle Royale (nombre que recibe el juego-experimento al que someten a los estudiantes). Entiendo que es imposible dar a conocer a todos en profundidad, por lo que el autor haya preferido dar a conocer brevemente la historia de todos ellos, en lugar de recrearse en unas pocas y dejar a los demás chicos como parte del decorado.

Los cuarenta y dos participantes, según la adaptación al manga

Esto es, curiosamente, uno de sus puntos fuertes: Los jugadores no son figuras borrosas, desdibujadas y sin nombre. Conocemos, aunque sea vagamente, cuáles eran sus inquietudes, sus motivaciones. Cada uno reacciona de manera distinta ante la situación (miedo, aceptación, rabia, negación…). No hay que olvidar que los jugadores son conocidos, muchos de ellos amigos. Es interesante cómo Takami los enfrenta a esta situación, podiendo a prueba los miedos y lealtades de los chicos. Es fácil empatizar con la mayoría de ellos. Por eso, cada vez que alguien sale del juego, este se nos hace cada vez más duro a nosotros también. ¿Hasta dónde puede llegar la amistad y la confianza cuando nuestras vidas dependen de ello?

Con todo, apreciar alguna evolución en los personajes con más protagonismo hubiera sido deseable. O, cuanto menos, que no resultasen tan repelentemente perfectos.

El world-building se me hace bastante pobre. Si bien hubiera agradecido que se adentrase un poco más en la situación social o se explicasen mejor los hechos que han llevado a Japón a una situación semejante, entiendo que está contado desde el punto de vista de unos adolescentes. ¿Cuánto saben los quinceañeros del mundo en el que viven?

Mapa de la isla

En cuanto al estilo, podría haber sido mejor. Me ha parecido que el fondo era demasiado grande para la forma y, posiblemente, otras manos podrían haber desarrollado mejor el mundo que nos muestra. Aun así, es suficiente como para que se deje leer sin problemas, y la continua introducción de personajes evita que el interés decaiga.


Terminando ya, solo me queda decir que, si bien tiene varios puntos flojos, es una novela interesante e imprescindible para aquellos que disfruten con las historias de supervivencia, además de una muy buena introducción para los más jóvenes en el mundo de las distopías. Eso sí, los más sensibles deberán abstenerse. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

El océano al final del camino

Reconozco que comencé a leer El océano al final del camino con cierto recelo, por no decir con bastante. Estaba intrigada por leer finalmente algo de Neil Gaiman, ya que desde hace algún tiempo no he dejado de oír alabanzas al autor británico. Sin embargo, estos halagos solían venir de unos acérrimos fans que… bueno, son acérrimos. Y ya sabemos que cuando admiramos mucho algo solemos ser incapaces de verlo con objetividad. Pero finalmente saqué el libro de la biblioteca, dispuesta a darle una oportunidad.

Y me encantó.

Es complicado hacer una sinopsis sin revelar demasiado de la trama, ya que, aunque se plantea sencilla como un cuento infantil, es un tanto surrealista y tiene un fondo mucho más complejo de lo que en principio aparenta. Diré que el protagonista, un hombre adulto, regresa al lugar donde pasó parte de su infancia. Allí, recuerda repentinamente el extraño y espeluznante encuentro que tuvo a los siete años con criaturas de otro mundo.

Con agilidad y fluidez, Gaiman nos sumerge en la mente de un niño, cosa que no es precisamente sencilla; ya se sabe que los niños y los adultos no ven el mundo de la misma forma. Sin embargo, el candor y la inocencia que rezuman durante toda la parte del relato en la que el protagonista “vuelve” a sus siete años es prácticamente perfecta, dándosele importancia a todos aquellos acontecimientos que tendrían más relevantes para un infante y solo esbozando las cosas que no le resultarían interesantes o no sería capaz de comprender…

Fanart del libro.
A pesar de su carácter tierno, no por ello carece de una parte tétrica. La presencia en este que algo que no debería estar está muy lograda. La tensión está presente en todo momento y es fácil sentir el miedo y la inseguridad que siente el pequeño cuando entra en contacto con este ser.

Si bien los elementos fantásticos sean abundantes, son desde luego son muy imaginativos. La identificación del estanque que hay junto a la casa de la enigmática niña Lettie con un océano me pareció brillante, no solo por lo que llega a suponer, sino porque es algo que, una vez más, casa perfectamente con la mente de un niño. Para un adulto, un estanque nunca puede ser un océano.

Creo que por este tipo de cosas es por lo que es tan fácil identificarse con el pequeño protagonista. Todos hemos sido niños alguna vez. Sabemos lo que es que nuestra infantil y fantasiosa visión del mundo se mezcle con la realidad de las personas mayores, hasta llegar al punto en el que ya no estamos seguro de su las cosas ocurrieron tal y como las recordamos... ¿Esos recuerdos ocurrieron realmente? ¿Son como los recordamos? ¿Ha pesado más lo que experimentamos o lo que nos enseñaron a creer los mayores?

A decir verdad, creo que esta dispersa línea entre la realidad y la ficción a causa del punto de vista de un chiquillo, denota ya una cierta inspiración en Alicia en el País de las Maravillas... Que es cada vez más clara a medida que se va leyendo.

Una novela corta y aparentemente sencilla, fácil de leer y terriblemente adictiva que es perfecta tanto para niños valientes como para adultos en los que sigue habiendo un niño. 


Por cierto, he visto alguna que otra queja sobre las notas de la traductora, Mónica Faerna,  cuando cita la obra de Carroll, o mejor dicho, las traducciones, ya que dicen que les incomodan la lectura. Siento decirles que, de no haberlo hecho, la traductora, cuyo trabajo me ha parecido fantástico, podría meterse en serios problemas legales, ya que apropiarse del trabajo de otra persona es un delito importante. 

viernes, 31 de octubre de 2014

El Ciclo de la Luna Roja

Para fecha tan especial como esta, no podemos sino hablar de una obra mucho más extensa que las historias cortas que han formado parte de este segundo especial. El motivo principal por el que lo reseñamos ahora es porque la historia arranca precisamente en la noche de Samhein, más conocida como Halloween. Nos referimos a la saga El Ciclo de la Luna Roja, del español José Antonio Cotrina.

Tras acompañar a su hermanita a pedir caramelos durante el Halloween, Héctor se marcha a la cama, para despertarse poco después y ver a un hombrecillo con una pipa que le habla de un mágico lugar: Rocavarancolia. Le asegura pertenecer a dicho mundo y le ofrece vivir allí durante un año, para explotar ciertos poderes ocultos. El contrato se firma, pero no el hombrecillo no ha dicho toda la verdad. Rocavarancolia es un lugar hostil donde Héctor y otros once muchachos tendrán que luchar por su supervivencia sin saber realmente la razón de esta terrible prueba.



Salta a la vista que estamos ante una saga de novelas juveniles en las que se mezclan magia y supervivencia, algo tan en boga en los últimos años. Sin embargo, algo que la diferencia de la gran mayoría de libros de este estilo es la carencia de un “momento pizarra” en el que se explica al lector los antecedentes de la historia y qué es lo que se espera del protagonista en función a ello. Como consecuencia, el lector y los personajes se ven obligados a ir reuniendo información e ir elaborando teorías que irán confirmando o desechando.

Reconocemos que el primer libro de la trilogía, La Cosecha de Samhein, es un poco flojo, no tanto en calidad de escritura como en lo referente a contenido y acción. Se centra sobre todo en presentar a los personajes, así como el ambiente en el que se van a desenvolver, para que así pueda apreciarse mejor cómo evolucionan en los dos libros siguientes: Los Hijos de las Tinieblas y La Sombra de la Luna (*). Por ejemplo, Violeta tenía la sensación, al leer el primer tomo poco a poco, de que no pasaba nada de interés hasta ya los últimos capítulos. Sin embargo, Estefanía se lo pudo leer de una sentada durante un largo viaje en autobús, con lo que no tuvo este problema.


No solo se ofrece el punto de vista de Héctor, sino también el de las criaturas, mejores y peores, que viven en Rocavarancolia, cada una con sus propios intereses y problemas, al margen de la tragedia del grupo protagonista. De estos niños, nos llamó enormemente la atención lo elaborados que están. Son personajes muy redondos, que, si bien al presentarlos se hacen muy arquetípicos, poco a poco van demostrando que ninguno encaja en un canon concreto que domine todo su carácter. La evolución de algunos de ellos es tan grande que al final cuesta reconocer a los niños que llegaron a aquel mundo inhóspito.

Al igual que los personajes, el mundo mágico de Rocavarancolia está muy desarrollado. El autor nos adentra bastante en su atmósfera terrible y despiadada, mostrando gran parte de su historia, fauna y habitantes (confundiéndose los dos últimos con bastante frecuencia). Se nota la influencia de ciertas obras y mitos, aunque convertidos en algo totalmente distinto, gracias a la imaginación desbordante de Cotrina.

Como no podía ser de otra forma, la trilogía elegida para este especial destaca también por su dureza. La muerte y el dolor se muestran muy explícitos desde casi el primer momento. A Cotrina no le tiembla la mano a la hora de matar o lastimar a alguno de sus personajes, aunque no hace de ello un recurso fácil, pues siempre parece haber una justificación para ello. Todo parece obedecer a una especie de “plan divino”: Cotrina debía tener pensado desde el principio cada detalle, cosa que se nota especialmente en el último libro.

¿Alguna vez habéis soñado con un hombrecillo que os hombrecillo que os ofrece un viaje fantástico?



(*) No estamos de acuerdo la grafía utilizada en los títulos de estos libros. En español, los títulos de los libros solo deberían llevar mayúscula en la primera palabra, a no ser que aparezcan nombres propios, que no es el caso. Nos duelen en el literario corazoncito estas extranjerizaciones absurdas. 

jueves, 30 de octubre de 2014

¿Fue un sueño?

El cementerio.
El lugar que más intentamos evitar durante el año se convierte en un de los más visitados durante esta época. No por aquellos con intención de limpiar y engalanar las tumbas de sus seres queridos para el día de Todos los Santos, sino por aquellos jóvenes más románticos que toman el Halloween como excusa para realizar sesiones fotográficas macabras e incluso fantasean con pasar la noche rodeados de lápidas y cadáveres. Y algunos lo consiguen.
El protagonista de la historia de hoy también sintió necesidad de visitar una tumba y pasar la noche en el camposanto, si bien por motivos distintos y con su resultado desconcertante. En esta breve historia de Guy de Maupassant, nos encontramos con un hombre atormentado por la muerte de su amada.

Tras desahogarse largo rato con un desgarrador relato sobre la enfermedad y fallecimiento de la mujer, y de cómo él ha intentado sobrellevarlo, pasa a relatar cómo la tristeza y el amor lo llevaron a visitar su tumba y pasar la noche junto a ella. Pero algo anómalo acaba sucediendo en el camposanto.

No puedo decir mucho más de ¿Fue un sueño?, o revelaría demasiado a quienes no lo han leído. Pero sí puedo avisaros de que los lamentos por la pérdida del protagonista dejan una sensación desazonadora de dolor y angustia, haciendo al lector mucho más receptivo a lo que el hombre experimentará en el cementerio. Todo el relato está narrado con gran maestría, pero esta parte, la más larga, es la que más me ha impresionado, pues retrata este pesar de forma tan apasionada y realista que realmente duele. Y es que tener que afrontar la muerte de alguien que nos es precioso es una de las experiencias más amargas por las que hemos de pasar. 

A este dolor, así como miedo surgido ante las visiones del cementerio, se une otro malestar, debido a un nuevo sentimiento: la desconfianza hacia lo que nunca se había dudado. Y, finalmente, el derrumbe de aquello en lo más se había creído.

Sé que esta es una entrada muy corta, pero realmente no puedo contaros más. En compensación, os dejo un audiorrelato de ¿Fue un sueño?, bastante bien narrado, ideal para escucharlo durante la Noche de Brujas... o siempre que os apetezca disfrutar de una buena historia de corte gótico.


viernes, 24 de octubre de 2014

El joven Goodman Brown

No es la primera vez que aparezco por aquí con algún relato corto del impresionante Nathaniel Hawthorne, pero todos aquellos que hayan leído algo suyo estarán de acuerdo conmigo en que sus historias merecerían ser reseñadas una por una. En esta ocasión tengo el placer de presentaros El joven Goodman Brown, un breve cuento que se ganó muy buenas críticas por parte de sus contemporáneos y que hoy en día sigue siendo uno de los relatos favoritos de muchos de los grandes aficionados a la literatura de terror. 

Goodman Brown es un hombre confiado que vive con su esposa Faith dentro de la comunidad puritana de Salem. Una noche, a pesar de los ruegos de Faith, se interna en el bosque para encontrarse con un hombre de aspecto corriente que guarda cierto parecido con el propio Goodman, aunque su naturaleza parece ser ciertamente diabólica. Este desconocido le ofrece su cayado en forma de serpiente, que guía a nuestro protagonista hasta una serie de revelaciones que le hacen dudar de la buena fe de su comunidad e incluso de la bondad de su propia esposa. 

Al tratarse de una historia bastante corta y de planteamiento simple, resulta difícil hacer un resumen sin contar prácticamente todo lo que ocurre, especialmente las visiones de Goodman Brown. Durante toda la historia se mantiene la duda de si lo que ha visto es la realidad o un mero producto de su imaginación, pero lo cierto es que Goodman Brown termina la experiencia como un hombre completamente cambiado. 

Toda la historia es una hermosa y espeluznante alegoría que empieza con los nombres de los protagonistas, Goodman y Faith, que sin duda representan la esencia de estos personajes. También es visible en el proceso de internamiento en el bosque, que suele simbolizar un proceso de aprendizaje y la pérdida de la inocencia, como ya ocurre en varios cuentos clásicos como Caperucita Roja, Hansel y Gretel, etc.

Uno de los temas principales que se abordan durante todo el cuento es la corruptibilidad del alma humana. Goodman Brown observa cómo uno a uno, aquellos a los que creía más piadosos y admirables dentro de su comunidad, resultan ser muy diferentes a aquello que proclaman. La fe que profesan es solo aparente y no parecen albergar buenos sentimientos en su interior.

Nathaniel Hawthorne
Personalmente la impresión que me ha dado ha cambiado mucho con el tiempo. Leí este cuento hace un par de años, junto con otros cuentos breves del mismo autor y siempre he pensado que lo importante era saber si las visiones de Goodmman Brown eran reales no. Sin embargo, al preguntarme mi madre por el relato y verme obligada a simplificar toda la trama, caí en la cuenta de que no era así. Lo importante es el cambio. Goodman Brown pasa de ser un hombre que solo ve la bondad aunque solo sea aparente, para ser un hombre huraño que desconfía de todo y todos, incapaz de ver lo bueno en cada uno de nosotros.

A pesar de todo, el demonio del bosque consigue su propósito: Goodman ha perdido su propia esencia, se ha perdido a sí mismo... y ha perdido la fe, personificada en su esposa. Ha pasado de un extremo a otro.

Es interesante, como en la entrada anterior, observar la propia vida de Nathaniel Hawthorne para entender sus escritos. Su bisabuelo fue uno de los jueces que condenaron a veinticinco mujeres en los famosos juicios de Salem, el mismo lugar en el que se sitúa la historia. Incluso uno de los personajes que aparecen, Goody Cloyse, fue una de las condenadas en aquellos juicios. Quizá este relato no sea más que un intento de reconciliarse con este pasado que tanto lo atormentó, intentando entender que su propio antepasado no era ni una persona intachable ni un hombre cruel. Solo un hombre, con su parte oscura y su parte bondadosa.

En definitiva, tras leer este relato os quedaréis con esa pequeña tensión símbolo de alerta constante. Todos nos sentimos un joven Goodman Brown que acaba de volver del bosque a casa, mirando a todos nuestros seres queridos sin estar seguros de conocerlos de verdad. 


martes, 14 de octubre de 2014

El gato negro

Un joven matrimonio lleva una vida apacible junto a sus muchas mascotas, de entre las que el marido destaca al gran gato negro, Plutón. Sin embargo, el carácter afable de este hombre cambia radicalmente a causa de un alcoholismo cada día más severo, llegando a maltratar a su esposa y los animales. Especialmente sádico con Plutón, acabará matándolo. Los remordimientos lo llevarán a adoptar a un nuevo gato, sin saber que este nuevo felino será quien le haga tocar fondo.


En El gato negro, famosísimo y aterrador relato corto del estadounidense Edgar Allan Poe, no hay que batirse con ningún ente paranormal. No hay almas en pena, espíritus vengativos ni monstruos aterradores. El narrador y protagonista sin nombre, un hombre tan común y corriente como cualquier otro, será a un mismo tiempo cazador y presa, puesto que es su propia mente perturbada la causante de todo el horror en el que se ven envuelto tanto él como su familia.

Ilustración de Byam Shaw
El idílico entorno familiar que se mostraba en un principio pasa a ser el escenario propio de una pesadilla. El autor no se recrea en los detalles, pero tampoco oculta información al lector, porporcionandole datos concretos que le permitan hacerse una idea del sadismo y la demencia de las que hacía gala el protagonista e imaginar lo que debía suponer una vida así para los allegados de este hombre.

Sin embargo, este tormento no es dañino solo para la familia. La agónica culpabilidad que siente el marido llega a ser dolorosa. No cesa de lamentar sus crímenes, que han causado tanto dolor en quienes le querían y no merecían un trato así por su parte.

Es imposible no hablar de El gato negro sin mencionar el estremecedor e hipnótico final, que proporciona una de las escenas más macabras y sorprendentes que he tenido el placer de leer. El horror de esta escena, a un tiempo visual y auditivo, es simplemente perfecto.

Aunque quizás lo más terrorífico sea la certeza que de que hay mucho de verdad en este relato. Al igual que su protagonista, Poe, bebedor en exceso, compartía con su jovencísima esposa Virgina, una gata, Caterina.


¿Cuánto ha reflejado Poe de su vida doméstica en este relato?

jueves, 9 de octubre de 2014

El hombre de arena

El hombre de arena, también conocido como Sandman, es un personaje de la mitología céltica que ha inspirado innumerables obras. Novelas gráficas, canciones y... relatos. En esta última clasificación entra la obra de E.T.A. Hoffmann, incluída dentro de sus Cuentos nocturnos.

Portada de la edición de Valdemar
Narra la historia de Nathanael, un joven estudiante que vivió una experiencia traumática de niño. Su nodriza solía asustarle con la historia del hombre de arena, que atacaba a los niños que no se dormían temprano echando arena sobre sus ojos hasta hacerlos sangrar y arrancárselos, alimentando con ellos a sus propios hijos. El pobre Nathanael llegó a creer, tras un desafortunado accidente en una noche febril, que el hombre de arena asesinó a su padre. Ahora, sin embargo, ha crecido y tiene otras cosas en la cabeza, como el hecho de que a pesar de estar comprometido con Clara, la hermana de su mejor amigo, se siente atraído por Olimpia, la hija de Spallanzani, su profesor.

La nodriza de Nathanael
Siempre he pensado que el formato ideal para la literatura de terror, es el relato y no la novela. Con una novela nos vemos en la libertad e incluso, debido a su extensión, en la obligación de interrumpir la lectura por periodos más o menos largos, aunque solo sea para comer o irse a la cama a dormir de una vez por todas a pesar de lo enganchados que estemos a la historia. Esto hace que la tensión se interrumpa y deba volver a retomarse más tarde, cosa que resulta difícil, siempre tardamos un poco en poder volver a meternos de lleno en el argumento y su atmósfera de misterio. En un relato esto no pasa, se mantiene la tensión continua, in crescendo, hasta que te dan un golpe final que te deja temblando.

Como podéis ver por esta explicación, ya tenía altas expectativas sobre El hombre de arena, y aún más solo por pertenecer al gran maestro del romanticismo negro alemán, pero la lectura se me hizo mucho más fascinante de lo que esperaba. 

La figura del hombre de arena es la principal responsable de mi entusiasmo por este relato. Hasta el final tenemos la duda de si es real o solo un producto de la imaginación de Nathanael, y eso ya es suficiente para dar escalofríos. Sin embargo, este personaje proviene de la fábula de un amigable hombrecillo que ayuda a que los niños tengan sueños hermosos al esparcir arena sobre sus ojos... la sensación de ver transformada una figura amable en algo tan grotesco hace sea mucho más siniestro que si simplemente se tratara de un monstruo de conocida crueldad. Como ese asesino en serie que "siempre saludaba", no lo ves venir.
¿Vendedor de ojos o de gafas?

La figura de Olimpia, en cambio, no me inspiró tanto terror como quizá esperaban, salvo quizá por el detalle de los ojos. Hay una obsesión latente en toda la historia con el tema de los ojos, con arrancárselos a la persona a la que pertenecen. Nathanael cree reconocer al hombre de arena en un vendedor de "ojos", que más tarde resulta ser un simple comerciante de gafas... aparentemente.

En definitiva, la habilidad de E.T.A. Hoffmann para introducirnos en la cabeza del protagonista a pesar de estar narrado por una tercera persona e introducir el estilo epistolar, es admirable. Si os gusta la literatura gótica aconsejo que le echéis un vistazo a este relato, especialmente a los que disfruten con el estilo de Edgar Allan Poe. Hoffmann no es, ni de lejos, una copia germánica de Poe, pero entra en ese mismo estilo perturbador y hermoso a un tiempo.


lunes, 17 de febrero de 2014

El resplandor

No son pocos lo que consideran al estadounidense Stephen King un genio de la literatura de terror, ni son pocos lo que colocan a su novela El resplandor entre los clásicos de la literatura moderna. De ahí mis altas expectativas cuando por fin me hice con una copia del mencionado libro y de ahí también la decepción que siguió a la lectura.

Jack Torrance consigue un empleo como vigilante de un hotel, el Overlook, de octubre a mayo, período durante el cual el edificio queda cerrado a causa del mal tiempo. Junto a su familia, Jack queda aislado del mundo durante el crudo invierno. Lo que ni él ni su mujer, Wendy, saben es que el pequeño Danny tiene un don que le permite conocer de antemano lo que va a suceder y ha identificado al hotel como una entidad maligna.


Quizás si no hubiese tenido unas expectativas tan al altas y me hubiese enfrentado al texto como un best-seller más, sin esperar nada que no fuese una lectura amena para el fin de semana, hubiera disfrutado un poco más este libro. Pero también esta actitud chocaría de lleno con as pretensiones de King, quien parece haber tenido la intención de escribir un libro de una profundidad psicológica sobrecogedora que, a decir verdad, se me hizo muy superflua.

El planteamiento de la novela no solo es adecuado, sino muy interesante. Pero la caída de Jack Torrance se hace larga y pesada, no solo porque se dan detalles excesivos sobre la situación de la familia y sus antecedentes, sino porque se repiten hasta el aburrimiento, perdiéndose totalmente el efecto sorpresa que podría haber aportado algo más del escaso terror que aquí se muestra. Y lo digo como alguien a quien le encantan los personajes con un trasfondo psicológico interesante y con una historia detrás, pero en ocasiones da más miedo el no saber que saber demasiado. Con los Torrance son tantos los datos que se nos facilitan y recuerdan sin descanso que prácticamente podemos adelantarnos a sus movimientos y prever lo que que pasará en la siguiente página.

Here's Johnny!!

Me atrevería a decir que por momentos el autor llega a infravalorar al lector, como si no fuésemos capaces de razonar por nosotros mismos, participar de la historia y sacar nuestras propias conclusiones. El caso de lo que el señor Torrance olvidó me parece el ejemplo más claro, puesto que este enigma no es tal para quien haya estado prestando la mínima atención.

Algunas escenas de terror sí que consiguen provocar algún sobresalto, como la protagonizada por la mujer de la bañera o la cosa en la zona infantil, pero en su mayoría son bastante indiferentes, llegando incluso al ridículo (los animales del seto eran algo con poco o ningún sentido, igual que el reloj "macabro").

Y, puesto que se trata de un libro que da tantos detalles, esperaba que diese algún tipo de explicación a ciertas cuestiones que quedan sin resolver. No se da ninguna explicación a por qué el Overlook está "embrujado", ni a por qué quería a Danny, para qué lo necesitaba. Del mismo modo, lo que es "el resplandor" recibe una explicación muy vaga, si bien precisamente esto podría haber dado mucho juego, pues es precisamente el elemento más interesante.


Aunque ya he dicho que la incertidumbre puede ser más terrorífica que la certeza, considero que ante todo hay que tener coherencia. Por tanto, si no se pretende dar lugar a la imaginación, no conviene dejar cabos sueltos: así parece que el propio autor no tiene del todo claro qué es lo que ha sucedido y hay preguntas que prefiere esquivar y esperar que el lector pasivo no se las haga.

En definitiva, me esperaba más de este ya denominado "clásico" del terror. Una obra con demasiadas aspiraciones y que en su afán por explicarlo todo no explica nada.


miércoles, 30 de octubre de 2013

El guardavías

El guardavías es, quizás, uno de los relatos menos conocidos de Charles Dickens. Cuesta imaginar al hombre que escribió novelas como Oliver Twist y David Copperfield, tan realistas y reivindicativas sobre la realidad de su tiempo, narrándonos una historia de horror sobrenatural.

Escribe, escribe.
Debo admitir que Dickens es uno de mis escritores favoritos, tanto por su versatilidad como por su atrevimiento y lucidez. Aquí tenemos un ejemplo de su facilidad para la escritura, en una historia corta que desde el primer momento logra impregnarte del misterio que rodea toda la escena, transportándote directamente en el lugar donde ocurren los sucesos. 

El narrador de la historia conoce casi por casualidad al guardavías, que en un primer momento se asusta al notar su presencia y lo confunde con un ser de naturaleza extraña. Pronto entablan conversación y traban amistad, pero no es hasta su segundo encuentro que el guardavías se sincera: En dos ocasiones ha visto una especie de espectro rondando por las vías. Podría haber sido un hombre normal, pero sus actuaciones son de los más erráticas y además, después de cada visita un accidente ha tenido lugar, cobrándose las vidas de pasajeros.

Las preguntas del guardavías son aún más interesantes. El buen hombre se encuentra desesperado, interrogándose una y otra vez por qué se manifiesta ese espectro a él, que nada puede hacer desde su puesto para prevenir tales catástrofes. Su inquietud es aún mayor puesto que en los últimos días lo ha visitado en gran cantidad de ocasiones, una de ellas incluso ante su nuevo amigo. El narrador deduce que se trata de alucinaciones y le aconseja que descanse o visite a un médico, preocupado por su salud mental. Cuando vuelve a visitarlo, sin embargo, se lleva una sorpresa...

Debo decir que me causó bastante impresión el final de esta historia. Aunque la interpretación queda a la imaginación de cada uno y la razón de tales apariciones no son explicadas, descubrir la identidad del espectro fue un golpe que me dejó perpleja y maravillada a partes iguales.

Espero que vosotros, tras leer esta historia y salgáis de vuestro estupor por el final comentéis con nosotras vuestras impresiones sobre el mismo y sobre el resto de las historias que aquí hemos comentado. Pasadlo muy bien, disfrazáos, salid a pedir caramelos, volved a casa y a media luz ved películas de terror y leed muchos relatos de terror.

¡Feliz Halloween! 

sábado, 26 de octubre de 2013

Una cama terriblemente extraña

Un joven inglés amasa una importante fortuna apostando en una casa de juegos de los barrios bajos parisinos. Demasiado bebido como para volver a su residencia, decide pasar la noche en esa misma casa. Tras recostarse en la cama con dosel de su dormitorio, pero incapaz de conciliar el sueño y esperando distraerse, empieza a observar todo lo que lo rodea. De repente se da cuenta de que el sombrero del personaje de un cuadro ha "desaparecido" bajo el dosel.


Una cama terriblemente extraña es un relato breve perteneciente a una saga de seis, conocida como After Dark, publicada en 1856. El nexo de estas historias es un pintor cuyos clientes le relatan mientras son retrados algunas de sus más peligrosas vivencias, caracterizadas por cierto aire gótico y detectivesco.

Es fantástico que Wilkie Collins haya decidido narrar su relato desde el punto de vista de Faulkner, protagonista del mismo, pues resulta mucho más fácil recrearse en el horror y en la desesperación que hace presa el pobre apostador, que es plenamente consciente de que si no juega bien sus cartas, perderá la que podría ser su última partida.

Como insomne que soy, he sentido cierto placer masoquista al reconocerme a la perfección ante la descripción de una persona que no puede dormir y que intenta distraerse con lo que puede, hasta que la falta de sueño y el exceso de cansancio le empiezan a jugar malas pasadas y a producirle cierta paranoia... que en este caso está totalmente justificada.

No deja de ser curioso como de algo tan simple y cotidiano como la imposibilidad de conciliar el sueño se puede crear una historia tan angustiosa como esta.

No es ninguna historia de fantasmas, no hay ningún tipo de ente paranormal, como tampoco hay locura u obsesión malsana de ninguna clase, ni nada macabro. Es puro y simple terror ante algo que es (o al menos parece) inminente, angustia ante una muerte prácticamente segura de la que será complicado salir impune, y más complicado aún que tus asesinos no descubran que has escapado con vida.

Y también terror ante la codicia humana, pues hay personas que, aunque nos muestren una cara amable y altruista, no solo no dudan en poner sus intereses por encima de los demás, sino en aplastarlos para conseguir lo que quieren, así tengan que cometer un horrible crimen por algo tan banal como el dinero.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Berenice

"Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas" 
Ebn Zaiat

Con esta frase ("decíanme los amigos que encontraría algún alivio a mi dolor visitando la tumba de la amada"), presente en la ignominiosa cajita de Egaeus, da comienzo Edgar Allan Poe a Berenice, uno de sus primeros y más polémicos relatos, y con el que continuamos nuestro primer Mes del Terror.

Egaeus según una revista vintage japonesa.
El narrador, Egaeus, es un joven enfermizo, melancólico y monomaníaco. Su prima y prometida, la antaño vivaz y hermosa Berenice, sufre una fuerte epilepsia que suele desembocar en catalepsia. La prematura muerte de la joven, así como la última visión que tuvo de ella, atormentarán a Egaeus hasta el punto de hacerle perder la razón y cometer un espantoso crimen.

Que dentro de la producción de un autor tan dado al tenebrismo y lo macabro esta obra se considere especialmente perturbadora no es decir poco. El espanto que Berenice causó aquellos lectores que posaron sus ojos en las páginas del Southern Literary Messenger en marzo de 1835 fue tan grande que Poe se vio obligado a suprimir varios párrafos cara a futuras ediciones; párrafos que hoy en día no siempre (por no decir rara vez) aparecen publicados.

Quizás esta censura actual sea por tradición, o por no atormentar en demasía al ya angustiado lector. Pero especialistas en la obra del escritor estadounidense como Julio Cortázar (traductor de la obra que yo poseo) o Charles Baudelaire aseguran que el relato mejoró notablemente con dicha elipsis. Bien es cierto que esto da un último toque de oscuridad, haciéndonos más partícipes de la locura de Egaeus y que podamos compartir más su terror al descubrir su pecado. Y es que, incluso en la versión no censurada la violencia de los hechos es más tácita que manifiesta, dejándolo todo a la imaginación e inteligencia del lector. Con todo, el espectáculo que se intuye es verdaderamente macabro.

Visión: Dientes de Berenice (Odilon Redon)

Cada vez más indiferente hacia su demacrada prometida, Egaeus la desatiende, sin poder por otra parte dejar de observarla como un fascinante elemento de estudio, mas no de amor. El significado de la obsesión que lo enloquece sigue siendo objeto de especulación. Según algunos, al compararlo con otras obras de Poe, posiblemente se trate de una señal de la muerte inminente. Para los freudianos, se trata de un signo de castración o de terror ante la consumación física tras el matrimonio, posiblemente debido al escaso interés romántico y sexual de Egaeus por Berenice. Incluso se le ha acusado de fetichismo. Aunque no hay que descartar la posibilidad de que el joven buscase salvar aquello que seguía perteneciendo a la Berenice primigenia, lo que su enfermedad no había podido desvirtuar (e irónicamente esta salvación se convirtiese precisamente en la condena de Egaeus y la muerte de Berenice).

A quienes tengan una mente tan fuerte como para soportar la carga emocional de una sádica historia gótica... a quienes no les impresione meterse en la piel de un enfermo mental... a quienes sean lo suficientemente locos como para atreverse con la historia que Robert Louis Stevenson calificó como "terrible", pues "pulsa en nuestro pecho una cuerda, cuerda que acaso fuera mejor no tocar"... os deseo que paséis una feliz noche con Berenice.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El papel amarillo

El primer relato que presentamos en este especial de Halloween es, para mí, uno de los relatos más terroríficos que nunca he leído.


El papel de pared amarillo llegó a mí de una forma curiosa. Durante mi estancia en Graz me matriculé en una asignatura en la que no tenía la más mínima esperanza de entrar, ya que admitían a un número muy limitado de alumnos a los que se pedía muchos requisitos, especialmente a nivel de estudios literarios. Desgraciadamente, yo no tenía ese requisito, pero a pesar de todo la profesora decidió tras el primer día que me aceptaría en clase. La clase de "El terror y lo grotesco en la literatura estadounidense".

Muchas historias leímos y analizamos en aquella clase, pero ninguna como la que Charlotte Perkins Gilman nos ofrece. Ni siquiera fue concebida como una historia de terror, sino como una "liberación" de la autora de ciertas vivencias propias, muy comunes a finales del siglo XIX, momento en el que se sitúa esta historia corta.

El relato es como una especie de diario en el que la narradora, que jamás nos revela su nombre, va comentando su día a día. Nos enteramos de que ha tenido un hijo y sufre de depresión post-parto, por lo que le recomiendan reposo absoluto. Esto incluye descansar también de cualquier actividad artística como pintar, escribir, etc. Su esposo se traslada con ella a una mansión colonial donde ella habrá de dormir en el ático, en una habitación que detesta especialmente por el horroroso papel de pared de color amarillo con unos estampados grotescos. A pesar de la prohibición del médico, ella escribe su "diario", el relato que leemos, cuando él no está en casa. Gracias a ello somos testigos de cómo el confinamiento y la inactividad va haciendo mella en su ya delicada mente, haciendo que visualice a una mujer encerrada tras el papel amarillo, reflejo de sí misma.

Esta obra está sujeta a diferentes interpretaciones. Muchos la consideran una obra feminista, ya que reivindica la autonomía de la mujer y su derecho y necesidad de mantener un trabajo, de no vivir encerrada en casa como solía ser lo común en aquel entonces. Charlotte lo veía como una mera queja a la terapia que le recetaron cuando ella misma sufrió de depresión post-parto y que resultó a todas luces contraproducente para su salud. Otros, como yo, lo consideramos como una historia de terror doméstico, pues cualquiera puede caer preso de una depresión hoy en día.

Sinceramente, al leerlo al principio pensaba que era aburrido, los personajes no están perfilados con profundidad ni se le da especial importancia a prácticamente nada de lo que ocurre, pero en un par de párrafos me sentí fascinada y horrorizada a partes iguales. La desgana y falta total de autoestima que vive la narradora nos llega directamente a través de su escrito, el modo en el que se siente inconscientemente atrapada y ninguneada por su esposo, su frustración por no poder sentirse realizada... es algo a lo que todos tenemos miedo, en mayor o menos medida. Nadie quiere sentirse así, y aquí nos muestran las consecuencias tan terribles que puede tener si llevamos este caso al límite.

Coincido con el estudioso Alan Ryan cuando decía que este cuento "puede ser considerado como una historia de fantasmas, o peor aún, podemos considerar que no lo es".

Estoy segura de que los que lo lean, lo comprenderán.

Este relato inspiró varias obras a la fotógrafa Francesca Woodman

sábado, 20 de abril de 2013

La isla del doctor Moreau



Reconozco que la ciencia ficción ha sido siempre una de mis asignaturas pendientes. Ya sea porque ciertas doctrinas nunca me interesaron, ya sea por la falta de un criterio bien definido a la hora de catalogar las obras pertenecientes a este género, todo aquello que se catalogase como “ciencia ficción” acabó por producirme irremediablemente un rechazo instantáneo nada más oír su temática. 

Que me perdonen los amantes del género, pero cada vez que intentaba un acercamiento encontraba mucha ficción y poca ciencia. Pareciera como si con tal de introducir un robot, vida extraterrestre o una ambientación futurista ya estamos ante una obra de ciencia, si bien nunca había una explicación científica más allá de que la robótica avanza a grandes pasos o que es desconocida la vida más allá de nuestro planeta. Explicaciones tan vagas, basadas en suposiciones aún más vagas, que me hacían difícil ver una diferencia real entre la ciencia ficción y la fantasía. Más bien parecía una fantasía con pretensiones a algo más.

Así que cuando en un cursillo literario hubo que leer y comentar algunas obras de H. G. Wells, uno de los padres de la ciencia ficción, afronté el reto con un tanto de recelo y más por obligación que por placer. Sin embargo, al poco de comenzar la primera obra quedé absolutamente encantada. La novela en cuestión recibe el nombre de La isla del doctor Moreau y es uno de los títulos más célebres del autor británico. 

Tras varios días como naufrago a la deriva, el joven Prendick es recatado por un barco que lo lleva a un misteriosa isla, habitada por unas personas de aspecto rudo y rozando lo bestial, donde un enigmático doctor llamado Moreau lleva a cabo experimentos secretos con diversos animales, de los que Prendick no oye otra cosa que los gritos de dolor de las fieras.

La novela tiene más de ciencia que la profesión de Moreau. Para cuando Wells concibió su obra, las teorías evolutivas de Darwin, que situaban al hombre entre los animales y no como un ser superior, tal y como se venía pensando, acababan de publicarse. Estas ideas de evolución (y su antagonista, la regresión) y de igualdad entre hombre y bestias, junto con la supresión de los instintitos, marcan profundamente el carácter de la novela, por no decir que la trama gira directamente en torno a ellas. Ni qué mencionar las abundantes explicaciones y reflexiones sobre cómo estos temas afectan a los hechos y experimentos que tienen lugar en la Casa del Dolor. 

Cartel promocional de la adaptación al cine de 1977
Narrada de forma sencilla y directa, sin rodeos, de forma clara y fácilmente comprensible, esto no le impide a Wells regodearse en una atmósfera asfixiante y angustiosa, de ansiedad y rozando lo terrorífico, ni escatima tampoco en poner sobre la mesa temas de reflexión y debate. Temas tan vigentes hoy en día como los derechos y la dignidad animal o qué es lo que diferencia realmente al hombre de los demás animales, si es que hay alguna diferencia real. Todo ello sin que el interés del lector en saber lo que ocurrirá a continuación mengue por un solo instante. No es una obra en absoluto aburrida, sino increíblemente adictiva. 

Creo que puedo afirmar que La isla del doctor Moreau ha supuesto un antes y un después en mi vida, no solo por la maestría de Wells, que hace imposible que le encuentre un solo defecto a la novela, sino por reconciliarme con todo un género literario.
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