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jueves, 14 de enero de 2016

Moby Dick

Moby Dick. Esa historia que a todo el mundo le apasiona… hasta que tiene que leer la novela original. Como para no tenerle respeto a semejante tocho de 1000 páginas, de las cuales unas 500 son una enciclopedia de cetáceos y barcos. Literalmente.

Ese libro que llevó a la ruina y a la depresión a su escritor, Herman Melville, dado el escaso éxito de ventas que tuvo durante su vida. De hecho, no fue hasta años más tarde, con el auge del estilo modernista, cuando finalmente se reconoció su gran valor literario. Y es que Melville fue un incomprendido adelantado a su época,  un hombre del que se podría llegar a decir que sobrepasó a su mentor, el mismísimo

El argumento es de los más conocidos de la literatura. Basado en la historia real del cachalote Mocha Dick, narra las aventuras de un barco ballenero a la caza de Moby Dick, la famosa ballena blanca, por venganza y obsesión del capitán Ahab, al que le había arrancado una pierna...

Aunque es mundialmente
conocida  como
Moby Dick,
el título original era La ballena
Este barco, el Peaquod, reúne a la más variopinta tripulación, que no solo representa todas las razas y etnias posibles, sino que muestra también las religiones más destacadas, así como actitudes de lo más diversas, siendo un microcosmos de un macrocosmos. Es decir, una representación del mundo entero en el barco. Por ejemplo, Starbuck, el primero de abordo, es cuáquero, y podría decirse que representa el sentido común de Ahab; mientras que Tashtego, el intelectual,  encarna el “buen salvaje”. Por su parte, Queequeg es una curiosa mezcolanza de africano, polinesio, cristiano, musulmán y nativo americano. Es tan interesante como enriquecedor ver a  personas tan distintas pasearse por la cubierta del ballenero, a la vez que dan sus particulares visiones de la vida.

Siguiendo con Queequeg, un tema muy controvertido en aquel entonces (hablamos de 1851) es la relación afectiva que se intuye de este personaje con su mejor amigo, Ismael, el narrador de la historia. Sobre todo se adivina en el capítulo en el que trabajan juntos, llenos de esperma de ballena (o espermaceti, una sustancia muy preciada que se encuentra en el cráneo de los cachalotes... el juego de palabras está servido) haciendo un trabajo manual, con mucho contacto entre ambos. Hay que reconocerle a Melville gran valentía por tocar un tema que no se trataba en occidente desde prácticamente la época clásica, especialmente si tenemos en cuenta que, como su maestro, vivía en una sociedad puritana.

Por otra parte, la caza de la ballena blanca está contada como una obra épica clásica, con la
exaltación de sus héroes. Sin embargo, lo que hace Melville con su héroe, Ahab, y su trágico final no es más que una burla a todo este género, haciendo ver que este héroe griego no es más que un humano que tiene que asumir las consecuencias de su sed de venganza. Llevado por su locura y monomanía, condena a todos a todos los que lo acompañan en su aventura, haciendo de esto una tragedia, esta vez, sin héroes.

Otra característica innovadora de la obra es la introducción de elementos propios del teatro. A veces incluso aparecen acotaciones, con lo que puede apreciarse la característica descriptiva del drama. Además de todos los guiños literarios que se hacen a las obras dramáticas de Shakespeare.

Una característica propia del modernismo, al que Meville se adelantó por décadas, es el de introducir fragmentos que no tienen nada que ver con la historia y rompan con la narración. Como ya hemos dicho, en este caso se introduce lo que hemos llamado “enciclopedia de barcos y cetáceos”, donde Meville nos muestra su amplia cultura marítima, si bien puede suponer un buen dolor de cabeza al lector, ya no es parte del hilo argumental ni nada por el estilo, solo un compendio de definiciones y muestras de los elementos mencionados. Pero de eso se trata: de romper los esquemas y sorprender con algo que, aunque relacionado temáticamente, no debería tener cabida en una novela convencional.


No es libro que guste como lectura, es pesado, aburrido. Sin embargo, reconozco su gran valor literario y su importancia. Desde luego es un imprescindible para quienes estudian literatura (y no hablo de futuros filólogos, los estudiantes por afición también deben echarle un ojo)  y que sea muy selecta a hora de elegir libro, que quiera ponerse a prueba con algo realmente complejo. Si lo que se pretende es pasar un rato entretenido, se pueden, aunque nunca es lo más recomendable, leer únicamente las partes narrativas y saltarse las más enciclopédicas. 

¿Estáis preparados para embarcaros a la aventura contra la temible ballena blanca?

martes, 20 de mayo de 2014

Percy Jackson y los dioses del Olimpo

Que levante la mano todo aquel que alguna vez se haya sentido decepcionado ante las adaptaciones de historias que ya conocían. Por desgracia, esas adaptaciones tienden a desvirtuar el significado completo del relato que cuentan. Sin embargo, a pesar de que somos unas gran aficionadas a la mitología, decidimos que ya estábamos curadas de espanto con esta temática tan maltratada y que nada podría decepcionarnos ya. Y sin embargo, cuando con esa premisa abrimos el primer tomo de las aventuras de Percy Jackson y los dioses del Olimpo de Rick Riordan, nos llevamos una muy agradable sorpresa.

Los cinco libros de la saga

Percy Jackson es un niño problemático que, un día normal y corriente, se ve atacado por su profesora de matemáticas con claras intenciones de matarlo. En ese momento descubre que su mejor amigo tiene patas de cabra y que su profesor de cultura clásica no es paralítico, sino un centauro. La explicación es muy sencilla: Percy es, en realidad, un semidiós hijo de Poseidón, ya que los dioses griegos siguen vivos hoy en día y se les puede encontrar en Manhattan. A partir de ese momento deberá pasar cada verano en un campamento especial para semidioses, o como ellos mismos se hacen llamar, mestizos. En este lugar se entrenará para derrotar a todos los monstruos, como el Minotauro, que han ido e irán en su busca atraídos por su aura de semidiós.

Se trata de una saga de cinco libros, ya que hoy en día si no haces una saga no eres nadie en el mundo editorial. En todos ellos está presente un gran sentido del humor, muy agudo e irónico en su tratamiento de la mitología. A pesar de esperarnos ya un destrozo de estos mitos y leyendas que conocimos y apreciamos desde la infancia, nos encontramos con un relato divertido que reescribe dichas historias y las encuadra en un marco de actualidad. Obviamente, la saga no mantiene el mismo nivel de calidad a lo largo de todos los libros, en los tres primeros hay una frescura que por desgracia no se mantiene en los últimos, y el autor no termina de dominar la épica y el romance que trata de desarrollar especialmente al final.

Sobre los protagonistas, está formado por el ya obligado trío de amigos: dos chicos y una chica, Annabeth, que representa el sentido común. Percy por supuesto es el valor y Grover, su caprino mejor amigo es la parte cómica de la historia. Podemos decir que como grupo funcionan bien, pero el romance entre Percy y Annabeth es tan forzado que en el mundo real no tendría futuro. Dejando al margen la obsesión de Annabeth por el malvado Luke, la de Percy por Clarisse, su rival en el campamento; demuestra claramente qué pareja sería rey y reina del baile de graduación mestizo.

Los dioses se nos muestran como nunca antes los habíamos visto. Desde moteros, aficionados a los haikus y los que no tienen su parcela en el Empire State y deben conformarse con vivir en Hollywood, ninguno de ellos dejará indiferente al lector. Por otro lado, el autor deja traslucir con meridiana claridad sus favoritos entre los dioses.


En conclusión, nos parece una buena obra para iniciar a los jóvenes en la cultura clásica y el significado de muchos mitos de una forma amena, y que a la vez, aquellos que ya tienen conocimientos sobre el tema puedes disfrutarla cómodamente.

martes, 4 de febrero de 2014

El pacto de los Sterkarm

¿Quién no se ha preguntado alguna vez a dónde iría si pudiera viajar hacia el pasado más remoto? Creo que todo el mundo lo ha pensado alguna vez, viendo alguna película histórica o en clase, qué haríamos nosotros si nos viéramos en esa época.

En El pacto de los Sterkarm de Susan Price, estos viajes son posibles, aunque por el momento lo más lejos que han conseguido llegar es el siglo XVI. La acción se sitúa entre el siglo XXI y el XVI, donde una empresa de nuestro tiempo ha entablado contacto con los pobladores de la frontera de Inglaterra y Escocia en aquella época, especialmente con un clan llamado Sterkarm. Al tratarse de un grupo de gente dedicado al pillaje de los clanes cercanos, las negociaciones no son fáciles, a pesar de que los nativos los confunden con "elfos", criaturas de su mitología que a veces se mezclan con los humanos con consecuencias trágicas.

Andrea, una de las trabajadoras venidas del siglo XXI, entabla una relación con Per, el hijo del jefe del clan, un joven impetuoso y bastante guapo. Tanto es así que en su propio clan es conocido como "el Chica". Sin embargo, las diferencias culturales, el egoísmo y el juego sucio que se lleva a cabo entre los Sterkarm y los "elfos", hace que su historia corra bastante peligro.

Portada de una edición en inglés
Lo primero que me llamó la atención de esta historia es el cambio de perspectiva y filosofía hacia los viajes temporales con respecto a toda la ficción que hay antes de esta novela, o al menos de la que yo conozco. Una norma básica que siempre está presente en este tipo de viajes es la de no intervenir en los sucesos para no provocar cambios en el futuro. Sin embargo, el objetivo de los elfos es, precisamente, aclimatar los bosques para convertir el lugar en un resort vacacional para sus coetáneos y explotar los muchos recursos naturales que ya se han agotado en su tiempo.

A simple vista, da la impresión de que los Sterkarm son víctimas de la ambición desmedida de los elfos, pero nada más lejos de la realidad. Precisamente esa visión es la que hace que los viajeros temporales los subestimen y sean continuamente chantajeados, asaltados y atacados en caso de poner resistencia. Es casi cómico ver a esos investigadores con aires de grandeza volver literalmente desnudos a su época mientras los bárbaros Sterkarm se pasean con relojes de pulsera y otras prendas dándoles una imagen completamente anacrónica.

Susan Price, la autora
Está narrado de una forma sencilla, pues la historia ya es de por sí suficientemente compleja aunque sin ser enrevesada y sus personajes, que están bien perfilados durante toda la obra, tienen momentos verdaderamente sorprendentes e imprevisibles.

Uno de los detalles que más me emocionaron fue el convencimiento de Andrea de que nunca será capaz de encontrar a alguien como Per en su propio tiempo. A su lado se siente afortunada, pues incluso su jefe, Windsor, tiende a despreciarla constantemente por su sobrepeso, cuando para Per ese es un detalle que solo le añade más atractivo a su "moza-elfo". Al mismo tiempo, mientras el carácter de Per sería visto en nuestra época como débil y llorica gracias a su facilidad para llorar con las historias de amor que se cuentan a la luz de la hoguera, para Andrea esa es una muestra más de lo especial que es, siendo un fiero guerrero y, a la vez, un hombre cariñoso y sensible.

Me encantó observar el comportamiento familiar de ese clan, y de las familias en general. No solo se pone de manifiesto el amor romántico entre Per y Andrea, sino también el amor desmedido de unos padres hacia su hijo, de unas mascotas hacia su amo, y de la amistad incondicional. Todo esto con una libertad que a nosotros nos avergonzaría mostrar, pero que a ellos les resulta tan natural como el respirar. El amor es algo hermoso, y no ven razón para avergonzarse de ello.

Entre mis momentos favoritos, está el final. Es triste pero hermoso, con un sabor agridulce que recuerda a esos sueños imposibles que todos tenemos. En este caso, el sueño de viajar al pasado.

jueves, 21 de febrero de 2013

El paraíso perdido

El paraíso perdido está considerada como una de las tres grandes obras épicas de la literatura inglesa, un hecho bastante insólito si tenemos en cuenta que su autor, John Milton, la concibió estando ya ciego.

En una época en la que todo entretenimiento estaba casi prohibido, la única temática considerada digna para ser escrita y por consiguiente, publicada, era la religiosa. El propósito aparente de esta obra era intentar acercar a los creyentes las razones por las que Dios permite el sufrimiento al ser humano. De este modo, la obra se centra en la rebelión de los ángeles caídos y la desobediencia de Adán y Eva.

El Demonio, siendo consciente del terrible destino que le espera decide tomar venganza de Dios seduciendo a su nueva obra, el ser humano, para demostrar su superioridad para con una Creación Divina. Resulta fascinante poder entrar dentro de la psique de un personaje tan complicado y perverso como el Demonio, y más aún lo es darse cuenta de cuán parecido nos lo muestra Milton a nuestra propia naturaleza humana. Sin embargo, al hablar de los ángeles y de Dios y su Hijo, estos se nos hacen tan lejanos e inalcanzables, completamente distintos a nosotros, que nos resulta imposible comprenderlos.


Quizá esa sea la clave que nos da para entender por qué el Hombre sucumbió a la tentación: Un ser al que comprendemos nos puede seducir con más facilidad, pues entiende nuestras necesidades y deseos de un modo que una criatura pura y elevada no puede hacer. A pesar de que Adán ya ha sido advertido por el ángel y Eva, que ya ha probado el fruto prohibido, es consciente de su desobediencia y del mal que causará, ni él duda en aceptar la manzana ni ella en ofrecérsela, temerosos ambos de ser separados.

El estilo de Milton resulta en exceso complicado. La obra original está escrita en verso blanco, sin rima, pero no es el problema que se nos presenta: la verdadera razón para su complejidad es su oscura sintaxis, que rompe con todas las reglas de la gramática inglesa, por no hablar de las múltiples referencias a diferentes personajes mitológicos y concepciones de la religión hoy poco conocidas.

Al margen de las numerosas críticas sobre la misoginia latente en la obra, dejando ver a la mujer como la culpable de los males y desgracias del mundo, siendo ella la causa principal de la caída del ser humano, yo prefiero quedarme con el hecho de que en efecto, es necesario que venga el mismo Demonio para poder convencer a una mujer para desobedecer a Dios, y sin embargo, basta una mujer para que el hombre rechace la gracia divina.


Como curiosidad, John Milton escribió más tarde El paraíso recobrado, sobre el modo en el que el sacrificio del Hijo nos ayudó a ganar de nuevo el derecho a la vida eterna al lado de Dios.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Silmarillion

Cuando era niña, mi padre me contaba historias de la mitología griega y latina. Algo parecido debía hacer J.R.R. Tolkien con sus hijos, contándoles numerosas historias ambientadas en ese mundo mágico que él fue creando a lo largo de su vida.

¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en un mundo poblado por criaturas parecidas a nosotros, los humanos, pero diferentes a un tiempo? Un mundo lleno de magos, elfos, enanos... y orcos, trasgos y monstruos.

Yo desde luego sí, y cuando mi padre me puso en las manos "El Señor de los Anillos", no me lo pensé dos veces. Pero nunca imaginé que disfrutaría tanto otro de los libros de Tolkien, especialmente cuando siempre escuchaba las mismas críticas sobre él: Es muy largo, muy pesado, demasiados nombres, es fácil perderse, requiere mucho tiempo...

Yo a veces me asustaba, y otras decía: ¿Y qué?

Creo que aún hoy, sigo diciéndolo. El Silmarillion es la recopilación de historias y leyendas de la Tierra Media, y como todo libro de historiografía o mitología está repleto de mil nombres con los que es fácil confundirse.

Es un libro que se ha de leer lentamente, disfrutando de su poesía, de su magia. Tanto de la belleza de la redacción como de las historias en sí mismas. Unas historias que no siempre son alegres, de hecho la gran mayoría acaban en tragedia.

Recuerdo que una amiga mía dijo "es la Biblia de la Tierra Media". Lejos de las connotaciones religiosas de la Biblia, estoy completamente de acuerdo con ella. Como en la Biblia, se nos narra la historia del mundo, desde su creación hasta la profecía de su destrucción. Y a modo de ejemplo gráfico, concluye con el relato de la Akallabêth, la Caída de Númenor.

Principalmente, la historia principal gira entorno a los Silmarils, unas joyas creadas por Fëanor, el elfo más habilidoso de todos los tiempos. Estas joyas, poseedoras de la luz primigenia que originó el Sol y la Luna, poseen a la vez un encanto y una maldición, pues aquel que las posea atraerá la desgracia sobre él y los suyos.

La historia de los Silmarils, una creación élfica, queda ligada así a la historia del mundo, dando a los seres vivos de la Tierra Media y en extensión, de la nuestra, la capacidad de crear y destruir, El poder absoluto del control del mundo, la vida y a muerte. Este poder es el que va moviendo a los diferentes personajes, de una forma u otra, alrededor de las historias que se entrelazan hasta crear un mosaico complicado pero hermoso, y también incompleto.

El mensaje final es esperanzador... a medias. Se llama a los humanos para que usen su poder para cambiar el mundo, y vivir en paz con lo que pueden lograr, pero se deja ver que el destino final ya está escrito y por lo tanto, poco se puede hacer para cambiarlo.

De cualquier modo, quisiera resaltar un detalle que a muchos les parecerá sin importancia pero en el que yo vi el resumen de la razón por la que, hoy, hago esta entrada.

La música.

Es un elemento presente en casi todo el libro, los personajes cantan, a veces por placer, por diversión... por magia. El mundo se creo a partir de un canto, con canciones logró Lúthien conmover a Mandos, recobrando así su vida y la de su marido...

Quizá porque la música aúna belleza, expresión e historias, es por lo que un libro como el Silmarillion, que la tiene tan presente, reúne estas mismas características.

Pero eso sí, si no lo habéis leído, hacedlo después del Señor de los Anillos, y con tranquilidad. O no seréis capaces de entender nada.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El señor de los anillos

¿Qué haríais si a vuestras manos llegara un objeto con el que pudieseis poseer el poder absoluto?

Este es el dilema que plantea J.R.R. Tolkien en su obra más famosa, El señor de los anillos, libro dividido en tres volúmenes (La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del rey) en los que se narran las aventuras de los nueve miembros de la Comunidad del Anillo, especialmente la de el hobbit Frodo, Portador del Anillo.

¿Qué tiene de especial este anillo? Es la fuente de poder de Sauron, el Señor Oscuro al que creían derrotado, pero que vuelve a alzarse. De conseguir el Anillo, será imposible derrotarlo. La finalidad de la Comunidad, formada por miembros de todas las razas libres (hombres, magos, elfos,enanos y hobbits) es la de llevarlo hasta el lugar donde fue forjado, pues solo allí podrá ser destruido. Pero la joya supone una pesada carga para su Portador y algo muy tentador para muchos otros. Será difícil completar la misión antes de que estalle la guerra.

Lo primero que hay que saber de El señor de los anillos es que se trata de la continuación de otro libro, El hobbit. Por algún motivo, esto es algo que todo el mundo parece olvidar. Se suele tratar a El señor de los anillos como una obra independiente, lo que lleva a que muchos lectores no tarden en perderse entre los numerosos datos que ya se dan por sabidos en este libro.

Estamos ante una obra basada en la eterna lucha del bien y el mal, en la que se entremezclan valores cristianos con en numerosos elementos procedentes de mitologías ya existentes (especialmente de la nórdica y finesa) en los que Tolkien se inspiró para crear un mundo completamente nuevo y original compatible con sus propias y genuinas razas. Entre ellas, destacan la de los ya mencionados hobbits, de aspecto semejante a los humanos pero de muy poca estatura y con grandes y peludos pies.

No nos dejemos engañar por su carácter aventurero y sus elementos mágicos: aunque esté dirigido principalmente al público juvenil, su lectura es especialmente complicada, ya que no se trata de un libro aislado, sino que forma parte de una obra mucho más extensa, un legendarium completo, en el que J.R.R. Tolkien trabajó durante toda su vida, siendo El señor de los Anillos el final de una larga historia.

A pesar de su temática épica, podemos ver en El señor de los anillos la actitud pacifista de su autor, traumatizado tras participar en la Primera Guerra Mundial. Tolkien no nos muestra la guerra como algo verdaderamente heroico, sino como el último recurso que debe tomar un pueblo ante un ataque enemigo y que, de ser imposible evitar, debe tener como fin el restablecimiento de la paz.

Tolkien también supo transmitir a la perfección su profundo amor por la naturaleza. Esta misma juega un papel crucial en el libro, llegando a participar “de forma activa” en varias batallas, pues se ha visto dañada a causa de la descontrolada industrialización llevada a cabo por el enemigo.

Supongo que es por estos valores por los que la obra se sigue recomendando a los más jóvenes. La misericordia, la lealtad, la amistad y el compañerismo son, entre otros, una constante dentro de ésta. No se trata solo de un libro lleno de imaginación y atractivo de cara a la lectura, sino que además comprende una serie de enseñanzas que lo hacen imprescindible.

Mentiría si dijese que El señor de los anillos no me marcó de por vida. Lo comencé a leer con doce años, poco antes del estreno de la primera película y quedé verdaderamente impresionada. Por aquel entonces comenzaba a perfilarme como una imaginativa niña un tanto “hippy”, muy idealista y preocupada por el medioambiente, deseosa de paz y amor fraternal, aunque apasionada del género épico y las leyendas. No podría haber encontrado nada mejor por aquella época.

No diría que es una obra absolutamente perfecta. Entre otras cosas, la historia principal tarda mucho en comenzar, del mismo modo que luego el final se hace bastante largo. Además, se echa en falta algo más de romance, teniendo en cuenta las relaciones entre determinados personajes. Pero considero estas faltas más que justificadas dado el tipo de libro del que se trata.

En definitiva, uno de mis libros favoritos, que invita a leer y ser releído.

jueves, 14 de octubre de 2010

Musashi 1: La leyenda del samurai


Desde siempre me han gustado las artes marciales. El año pasado por fin conseguí convencer a mi madre que me apuntara a kendo y kárate (ya soy cinturón verde en ambas disciplinas). Poco después de comenzar con las clases, oí decir a mi hermana que se había comprado un libro acerca de Musashi Miyamoto, un samurái que había existido de verdad. Según ella, Musashi no utilizaba la tradicional katana para luchar, sino con dos bokken (nombre técnico de las espadas de madera), lo que no evitó que se convirtiese en el samurái más famoso de la historia. Como podréis imaginar, no pude resistir la tentación y comencé enseguida.

Musashi I: La Leyenda del samurái es el nombre bajo el que la edición española ha recogido los tres primeros libros (Tierra, Agua y Fuego) que componen la heptalogía original. El resto se encuentran repartidos entre Musashi 2: El camino de la espada (Viento y Cielo) y Musashi 3: La luz perfecta (Sol y luna y La perfección absoluta).
Musashi Miyamoto no empezó su historia con ese ilustre nombre, sino con el de Takezo, quien con solo 14 años se vio obligado a participar en la guerra civil de Japón. Dos años más tarde la guerra termina y Takezo puede volver a Miyamoto, su ciudad natal. Sin embargo, lo toman por un forajido y criminal. Perseguido, conoce a Takuan, un monje que con sus enseñanzas será quien dirija a Takezo hacia el samurái de la leyenda que hoy todo Japón conoce.
Musashi, al ser un aprendiz de samurái, tiene que aprender el camino de la espada, que no solo consiste en un dominar determinadas técnicas y movimientos con la katana, sino en la filosofía de la vida, la concentración y en la reflexión de cada uno de los movimientos o elecciones que una persona que siga a lo largo de su vida.

Eiji Yoshikawa supo plasmar de forma excepcional las personalidades de cada uno de los personajes. Con ellos te ríes, reflexionas, te preocupas, incluso lloras… Son muy fáciles de imaginar porque son personas normales, sencillas y tomadas de la vida cotidiana. También sabe describir con claridad no solo el hermoso y tradicional paisaje japonés, sino también los escenarios más pobres, ya que Musashi es un ronin, un samurái sin amo, que aunque viaja a lo largo de todo el bello país del sol naciente, apenas consigue dinero para comer y dormir bajo techo… Y la verdad es que no que no me sorprende que en temas de aseo personal sea un cero a la izquierda (digamos que no tiene muy buena suerte en la ducha).
Pero no vayáis a pensar que el libro plasma únicamente la vida y viaje de nuestro héroe.
También nos habla con detalle de las motivaciones y sentimientos de antagonistas como la vieja Osugi, el tío Gon o Kojiro Sasaki (gran espadachín y maravilloso personaje, posiblemente el mejor en ambos campos junto con el propio Musashi) y compañeros de fatigas como el monje Takuan, Matahachi, el pequeño Jotaro y, cómo no, Akemi y Otsu, dos muchachas encantadoras (cada una a su estilo) y que jugaran al igual que los demás, un papel esencial en la vida de nuestro héroe.
Como dato de interés, os diré que esta es la saga en la que el mangaka Takehiko Inoue se basó para crear su obra más famosa: el manga Vagabond.
Lo reconozco, no soy una persona especialmente dada a la lectura. Mi hermana suele decir que es porque me cuesta encontrar libros que cubran todas mis expectativas. Sin embargo, Musashi me ha sorprendido gratamente. Soy muy dada a encontrar defectos en todos los libros que llegan a mis manos, no importa las buenas recomendaciones que los acompañen. Sin embargo, no soy capaz de nombrar un solo defecto de esta obra en concreto. Realmente recomendable tanto para aquellos que quieran pasar un rato agradable con una novela de aventuras fácil de leer, o para los que simplemente quieran disfrutar de un buen libro.
Por mi parte, no puedo esperar a leer la continuación.
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