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sábado, 17 de octubre de 2015

La araña

En un pequeño hotel parisino ocurre un hecho extraño: tres hombres se han suicidado en la misma habitación. En ningún caso se encontró ningún tipo de nota, ninguno de los tres hombres tenía aparentes motivos para quitarse la vida (el tercero fue el agente que investigaba las muertes anteriores), los tres se han ahorcado con el cordón de la cortina, y lo que es más curioso: los tres se quitaron la vida en sábados sucesivos a la misma hora. Tras esto, la habitación queda vacía hasta que un joven estudiante, ante la promesa de alojamiento gratis si coopera con la policía en la resolución del caso, vuelve a llenar la habitación. Pero en lugar de buscar pistas, el estudiante prefiere observar a la bella joven que hila en el edificio de enfrente y, también, a las arañas que vagan por la habitación.


Las arañas son unos de los seres más escalofriantes que se me ocurren. Ya sea por su inquietante apariencia, su forma de moverse, o la posibilidad de recibir un pinchazo de un aguijón ponzoñoso, la mayoría de los seres humanos preferimos evitarlas en la medida de lo posible.

No es, por tanto, de extrañar que hayan inspirado el relato que hoy presentamos, La araña. Sin embargo, para mi sorpresa, esta criatura apenas está presente físicamente en el relato. La mayor parte del mismo son las anotaciones que el estudiante lleva a cabo en su diario, donde cada vez ocupa más páginas la joven hilandera a la que románticamente se refiere como Clarimonde. Aún así, la presencia, por escasa que sea, del mencionado artrópodo, enriquece enormemente la atmósfera inquietante y desapacible que se vive en el cuarto del estudiante, por mucha importancia que este quiera restarle.

Su obsesión por Clarimonde, lejos que parecer enternecedora, no deja de ser indicio de que realmente algo sobrenatural y oscuro ocurre, más aún si prestamos atención a la condición de hilandera que une a Clarimonde con el venenoso animalillo (para más inri, la raiz de la palabra "araña" en alemán, "Spinne", es la misma que "spinnen", hilar).

Con una obra tan recomendable, alabada por el mismísimo Lovecraft, no hay sino que lamentar que la producción de su autor, el germano H. H. Ewers, quien además hizo importantes aportaciones al cine surrealista de su país, se haya visto marcada por su afinidad con el partido nacionalsocialista. A pesar de ello, creo que es una pena que una producción se pierda por motivos ajenos a su calidad que, en este caso, es bien remarcable.

viernes, 24 de octubre de 2014

El joven Goodman Brown

No es la primera vez que aparezco por aquí con algún relato corto del impresionante Nathaniel Hawthorne, pero todos aquellos que hayan leído algo suyo estarán de acuerdo conmigo en que sus historias merecerían ser reseñadas una por una. En esta ocasión tengo el placer de presentaros El joven Goodman Brown, un breve cuento que se ganó muy buenas críticas por parte de sus contemporáneos y que hoy en día sigue siendo uno de los relatos favoritos de muchos de los grandes aficionados a la literatura de terror. 

Goodman Brown es un hombre confiado que vive con su esposa Faith dentro de la comunidad puritana de Salem. Una noche, a pesar de los ruegos de Faith, se interna en el bosque para encontrarse con un hombre de aspecto corriente que guarda cierto parecido con el propio Goodman, aunque su naturaleza parece ser ciertamente diabólica. Este desconocido le ofrece su cayado en forma de serpiente, que guía a nuestro protagonista hasta una serie de revelaciones que le hacen dudar de la buena fe de su comunidad e incluso de la bondad de su propia esposa. 

Al tratarse de una historia bastante corta y de planteamiento simple, resulta difícil hacer un resumen sin contar prácticamente todo lo que ocurre, especialmente las visiones de Goodman Brown. Durante toda la historia se mantiene la duda de si lo que ha visto es la realidad o un mero producto de su imaginación, pero lo cierto es que Goodman Brown termina la experiencia como un hombre completamente cambiado. 

Toda la historia es una hermosa y espeluznante alegoría que empieza con los nombres de los protagonistas, Goodman y Faith, que sin duda representan la esencia de estos personajes. También es visible en el proceso de internamiento en el bosque, que suele simbolizar un proceso de aprendizaje y la pérdida de la inocencia, como ya ocurre en varios cuentos clásicos como Caperucita Roja, Hansel y Gretel, etc.

Uno de los temas principales que se abordan durante todo el cuento es la corruptibilidad del alma humana. Goodman Brown observa cómo uno a uno, aquellos a los que creía más piadosos y admirables dentro de su comunidad, resultan ser muy diferentes a aquello que proclaman. La fe que profesan es solo aparente y no parecen albergar buenos sentimientos en su interior.

Nathaniel Hawthorne
Personalmente la impresión que me ha dado ha cambiado mucho con el tiempo. Leí este cuento hace un par de años, junto con otros cuentos breves del mismo autor y siempre he pensado que lo importante era saber si las visiones de Goodmman Brown eran reales no. Sin embargo, al preguntarme mi madre por el relato y verme obligada a simplificar toda la trama, caí en la cuenta de que no era así. Lo importante es el cambio. Goodman Brown pasa de ser un hombre que solo ve la bondad aunque solo sea aparente, para ser un hombre huraño que desconfía de todo y todos, incapaz de ver lo bueno en cada uno de nosotros.

A pesar de todo, el demonio del bosque consigue su propósito: Goodman ha perdido su propia esencia, se ha perdido a sí mismo... y ha perdido la fe, personificada en su esposa. Ha pasado de un extremo a otro.

Es interesante, como en la entrada anterior, observar la propia vida de Nathaniel Hawthorne para entender sus escritos. Su bisabuelo fue uno de los jueces que condenaron a veinticinco mujeres en los famosos juicios de Salem, el mismo lugar en el que se sitúa la historia. Incluso uno de los personajes que aparecen, Goody Cloyse, fue una de las condenadas en aquellos juicios. Quizá este relato no sea más que un intento de reconciliarse con este pasado que tanto lo atormentó, intentando entender que su propio antepasado no era ni una persona intachable ni un hombre cruel. Solo un hombre, con su parte oscura y su parte bondadosa.

En definitiva, tras leer este relato os quedaréis con esa pequeña tensión símbolo de alerta constante. Todos nos sentimos un joven Goodman Brown que acaba de volver del bosque a casa, mirando a todos nuestros seres queridos sin estar seguros de conocerlos de verdad. 


martes, 14 de octubre de 2014

El gato negro

Un joven matrimonio lleva una vida apacible junto a sus muchas mascotas, de entre las que el marido destaca al gran gato negro, Plutón. Sin embargo, el carácter afable de este hombre cambia radicalmente a causa de un alcoholismo cada día más severo, llegando a maltratar a su esposa y los animales. Especialmente sádico con Plutón, acabará matándolo. Los remordimientos lo llevarán a adoptar a un nuevo gato, sin saber que este nuevo felino será quien le haga tocar fondo.


En El gato negro, famosísimo y aterrador relato corto del estadounidense Edgar Allan Poe, no hay que batirse con ningún ente paranormal. No hay almas en pena, espíritus vengativos ni monstruos aterradores. El narrador y protagonista sin nombre, un hombre tan común y corriente como cualquier otro, será a un mismo tiempo cazador y presa, puesto que es su propia mente perturbada la causante de todo el horror en el que se ven envuelto tanto él como su familia.

Ilustración de Byam Shaw
El idílico entorno familiar que se mostraba en un principio pasa a ser el escenario propio de una pesadilla. El autor no se recrea en los detalles, pero tampoco oculta información al lector, porporcionandole datos concretos que le permitan hacerse una idea del sadismo y la demencia de las que hacía gala el protagonista e imaginar lo que debía suponer una vida así para los allegados de este hombre.

Sin embargo, este tormento no es dañino solo para la familia. La agónica culpabilidad que siente el marido llega a ser dolorosa. No cesa de lamentar sus crímenes, que han causado tanto dolor en quienes le querían y no merecían un trato así por su parte.

Es imposible no hablar de El gato negro sin mencionar el estremecedor e hipnótico final, que proporciona una de las escenas más macabras y sorprendentes que he tenido el placer de leer. El horror de esta escena, a un tiempo visual y auditivo, es simplemente perfecto.

Aunque quizás lo más terrorífico sea la certeza que de que hay mucho de verdad en este relato. Al igual que su protagonista, Poe, bebedor en exceso, compartía con su jovencísima esposa Virgina, una gata, Caterina.


¿Cuánto ha reflejado Poe de su vida doméstica en este relato?

lunes, 17 de febrero de 2014

El resplandor

No son pocos lo que consideran al estadounidense Stephen King un genio de la literatura de terror, ni son pocos lo que colocan a su novela El resplandor entre los clásicos de la literatura moderna. De ahí mis altas expectativas cuando por fin me hice con una copia del mencionado libro y de ahí también la decepción que siguió a la lectura.

Jack Torrance consigue un empleo como vigilante de un hotel, el Overlook, de octubre a mayo, período durante el cual el edificio queda cerrado a causa del mal tiempo. Junto a su familia, Jack queda aislado del mundo durante el crudo invierno. Lo que ni él ni su mujer, Wendy, saben es que el pequeño Danny tiene un don que le permite conocer de antemano lo que va a suceder y ha identificado al hotel como una entidad maligna.


Quizás si no hubiese tenido unas expectativas tan al altas y me hubiese enfrentado al texto como un best-seller más, sin esperar nada que no fuese una lectura amena para el fin de semana, hubiera disfrutado un poco más este libro. Pero también esta actitud chocaría de lleno con as pretensiones de King, quien parece haber tenido la intención de escribir un libro de una profundidad psicológica sobrecogedora que, a decir verdad, se me hizo muy superflua.

El planteamiento de la novela no solo es adecuado, sino muy interesante. Pero la caída de Jack Torrance se hace larga y pesada, no solo porque se dan detalles excesivos sobre la situación de la familia y sus antecedentes, sino porque se repiten hasta el aburrimiento, perdiéndose totalmente el efecto sorpresa que podría haber aportado algo más del escaso terror que aquí se muestra. Y lo digo como alguien a quien le encantan los personajes con un trasfondo psicológico interesante y con una historia detrás, pero en ocasiones da más miedo el no saber que saber demasiado. Con los Torrance son tantos los datos que se nos facilitan y recuerdan sin descanso que prácticamente podemos adelantarnos a sus movimientos y prever lo que que pasará en la siguiente página.

Here's Johnny!!

Me atrevería a decir que por momentos el autor llega a infravalorar al lector, como si no fuésemos capaces de razonar por nosotros mismos, participar de la historia y sacar nuestras propias conclusiones. El caso de lo que el señor Torrance olvidó me parece el ejemplo más claro, puesto que este enigma no es tal para quien haya estado prestando la mínima atención.

Algunas escenas de terror sí que consiguen provocar algún sobresalto, como la protagonizada por la mujer de la bañera o la cosa en la zona infantil, pero en su mayoría son bastante indiferentes, llegando incluso al ridículo (los animales del seto eran algo con poco o ningún sentido, igual que el reloj "macabro").

Y, puesto que se trata de un libro que da tantos detalles, esperaba que diese algún tipo de explicación a ciertas cuestiones que quedan sin resolver. No se da ninguna explicación a por qué el Overlook está "embrujado", ni a por qué quería a Danny, para qué lo necesitaba. Del mismo modo, lo que es "el resplandor" recibe una explicación muy vaga, si bien precisamente esto podría haber dado mucho juego, pues es precisamente el elemento más interesante.


Aunque ya he dicho que la incertidumbre puede ser más terrorífica que la certeza, considero que ante todo hay que tener coherencia. Por tanto, si no se pretende dar lugar a la imaginación, no conviene dejar cabos sueltos: así parece que el propio autor no tiene del todo claro qué es lo que ha sucedido y hay preguntas que prefiere esquivar y esperar que el lector pasivo no se las haga.

En definitiva, me esperaba más de este ya denominado "clásico" del terror. Una obra con demasiadas aspiraciones y que en su afán por explicarlo todo no explica nada.


sábado, 26 de octubre de 2013

Una cama terriblemente extraña

Un joven inglés amasa una importante fortuna apostando en una casa de juegos de los barrios bajos parisinos. Demasiado bebido como para volver a su residencia, decide pasar la noche en esa misma casa. Tras recostarse en la cama con dosel de su dormitorio, pero incapaz de conciliar el sueño y esperando distraerse, empieza a observar todo lo que lo rodea. De repente se da cuenta de que el sombrero del personaje de un cuadro ha "desaparecido" bajo el dosel.


Una cama terriblemente extraña es un relato breve perteneciente a una saga de seis, conocida como After Dark, publicada en 1856. El nexo de estas historias es un pintor cuyos clientes le relatan mientras son retrados algunas de sus más peligrosas vivencias, caracterizadas por cierto aire gótico y detectivesco.

Es fantástico que Wilkie Collins haya decidido narrar su relato desde el punto de vista de Faulkner, protagonista del mismo, pues resulta mucho más fácil recrearse en el horror y en la desesperación que hace presa el pobre apostador, que es plenamente consciente de que si no juega bien sus cartas, perderá la que podría ser su última partida.

Como insomne que soy, he sentido cierto placer masoquista al reconocerme a la perfección ante la descripción de una persona que no puede dormir y que intenta distraerse con lo que puede, hasta que la falta de sueño y el exceso de cansancio le empiezan a jugar malas pasadas y a producirle cierta paranoia... que en este caso está totalmente justificada.

No deja de ser curioso como de algo tan simple y cotidiano como la imposibilidad de conciliar el sueño se puede crear una historia tan angustiosa como esta.

No es ninguna historia de fantasmas, no hay ningún tipo de ente paranormal, como tampoco hay locura u obsesión malsana de ninguna clase, ni nada macabro. Es puro y simple terror ante algo que es (o al menos parece) inminente, angustia ante una muerte prácticamente segura de la que será complicado salir impune, y más complicado aún que tus asesinos no descubran que has escapado con vida.

Y también terror ante la codicia humana, pues hay personas que, aunque nos muestren una cara amable y altruista, no solo no dudan en poner sus intereses por encima de los demás, sino en aplastarlos para conseguir lo que quieren, así tengan que cometer un horrible crimen por algo tan banal como el dinero.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Berenice

"Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas" 
Ebn Zaiat

Con esta frase ("decíanme los amigos que encontraría algún alivio a mi dolor visitando la tumba de la amada"), presente en la ignominiosa cajita de Egaeus, da comienzo Edgar Allan Poe a Berenice, uno de sus primeros y más polémicos relatos, y con el que continuamos nuestro primer Mes del Terror.

Egaeus según una revista vintage japonesa.
El narrador, Egaeus, es un joven enfermizo, melancólico y monomaníaco. Su prima y prometida, la antaño vivaz y hermosa Berenice, sufre una fuerte epilepsia que suele desembocar en catalepsia. La prematura muerte de la joven, así como la última visión que tuvo de ella, atormentarán a Egaeus hasta el punto de hacerle perder la razón y cometer un espantoso crimen.

Que dentro de la producción de un autor tan dado al tenebrismo y lo macabro esta obra se considere especialmente perturbadora no es decir poco. El espanto que Berenice causó aquellos lectores que posaron sus ojos en las páginas del Southern Literary Messenger en marzo de 1835 fue tan grande que Poe se vio obligado a suprimir varios párrafos cara a futuras ediciones; párrafos que hoy en día no siempre (por no decir rara vez) aparecen publicados.

Quizás esta censura actual sea por tradición, o por no atormentar en demasía al ya angustiado lector. Pero especialistas en la obra del escritor estadounidense como Julio Cortázar (traductor de la obra que yo poseo) o Charles Baudelaire aseguran que el relato mejoró notablemente con dicha elipsis. Bien es cierto que esto da un último toque de oscuridad, haciéndonos más partícipes de la locura de Egaeus y que podamos compartir más su terror al descubrir su pecado. Y es que, incluso en la versión no censurada la violencia de los hechos es más tácita que manifiesta, dejándolo todo a la imaginación e inteligencia del lector. Con todo, el espectáculo que se intuye es verdaderamente macabro.

Visión: Dientes de Berenice (Odilon Redon)

Cada vez más indiferente hacia su demacrada prometida, Egaeus la desatiende, sin poder por otra parte dejar de observarla como un fascinante elemento de estudio, mas no de amor. El significado de la obsesión que lo enloquece sigue siendo objeto de especulación. Según algunos, al compararlo con otras obras de Poe, posiblemente se trate de una señal de la muerte inminente. Para los freudianos, se trata de un signo de castración o de terror ante la consumación física tras el matrimonio, posiblemente debido al escaso interés romántico y sexual de Egaeus por Berenice. Incluso se le ha acusado de fetichismo. Aunque no hay que descartar la posibilidad de que el joven buscase salvar aquello que seguía perteneciendo a la Berenice primigenia, lo que su enfermedad no había podido desvirtuar (e irónicamente esta salvación se convirtiese precisamente en la condena de Egaeus y la muerte de Berenice).

A quienes tengan una mente tan fuerte como para soportar la carga emocional de una sádica historia gótica... a quienes no les impresione meterse en la piel de un enfermo mental... a quienes sean lo suficientemente locos como para atreverse con la historia que Robert Louis Stevenson calificó como "terrible", pues "pulsa en nuestro pecho una cuerda, cuerda que acaso fuera mejor no tocar"... os deseo que paséis una feliz noche con Berenice.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El papel amarillo

El primer relato que presentamos en este especial de Halloween es, para mí, uno de los relatos más terroríficos que nunca he leído.


El papel de pared amarillo llegó a mí de una forma curiosa. Durante mi estancia en Graz me matriculé en una asignatura en la que no tenía la más mínima esperanza de entrar, ya que admitían a un número muy limitado de alumnos a los que se pedía muchos requisitos, especialmente a nivel de estudios literarios. Desgraciadamente, yo no tenía ese requisito, pero a pesar de todo la profesora decidió tras el primer día que me aceptaría en clase. La clase de "El terror y lo grotesco en la literatura estadounidense".

Muchas historias leímos y analizamos en aquella clase, pero ninguna como la que Charlotte Perkins Gilman nos ofrece. Ni siquiera fue concebida como una historia de terror, sino como una "liberación" de la autora de ciertas vivencias propias, muy comunes a finales del siglo XIX, momento en el que se sitúa esta historia corta.

El relato es como una especie de diario en el que la narradora, que jamás nos revela su nombre, va comentando su día a día. Nos enteramos de que ha tenido un hijo y sufre de depresión post-parto, por lo que le recomiendan reposo absoluto. Esto incluye descansar también de cualquier actividad artística como pintar, escribir, etc. Su esposo se traslada con ella a una mansión colonial donde ella habrá de dormir en el ático, en una habitación que detesta especialmente por el horroroso papel de pared de color amarillo con unos estampados grotescos. A pesar de la prohibición del médico, ella escribe su "diario", el relato que leemos, cuando él no está en casa. Gracias a ello somos testigos de cómo el confinamiento y la inactividad va haciendo mella en su ya delicada mente, haciendo que visualice a una mujer encerrada tras el papel amarillo, reflejo de sí misma.

Esta obra está sujeta a diferentes interpretaciones. Muchos la consideran una obra feminista, ya que reivindica la autonomía de la mujer y su derecho y necesidad de mantener un trabajo, de no vivir encerrada en casa como solía ser lo común en aquel entonces. Charlotte lo veía como una mera queja a la terapia que le recetaron cuando ella misma sufrió de depresión post-parto y que resultó a todas luces contraproducente para su salud. Otros, como yo, lo consideramos como una historia de terror doméstico, pues cualquiera puede caer preso de una depresión hoy en día.

Sinceramente, al leerlo al principio pensaba que era aburrido, los personajes no están perfilados con profundidad ni se le da especial importancia a prácticamente nada de lo que ocurre, pero en un par de párrafos me sentí fascinada y horrorizada a partes iguales. La desgana y falta total de autoestima que vive la narradora nos llega directamente a través de su escrito, el modo en el que se siente inconscientemente atrapada y ninguneada por su esposo, su frustración por no poder sentirse realizada... es algo a lo que todos tenemos miedo, en mayor o menos medida. Nadie quiere sentirse así, y aquí nos muestran las consecuencias tan terribles que puede tener si llevamos este caso al límite.

Coincido con el estudioso Alan Ryan cuando decía que este cuento "puede ser considerado como una historia de fantasmas, o peor aún, podemos considerar que no lo es".

Estoy segura de que los que lo lean, lo comprenderán.

Este relato inspiró varias obras a la fotógrafa Francesca Woodman

sábado, 29 de diciembre de 2012

Otra vuelta de tuerca


“Estoy absolutamente de acuerdo en lo tocante al fantasma del que hablaba Griffin, o lo que haya sido, el cual, por aparecerse primero al niño, muestra una característica especial. Pero no es el primer caso que conozco en que se involucre a un niño. Si el niño produce el efecto de otra vuelta de tuerca, ¿qué dirían ustedes de dos niños?”

Así nos introduce el señor Douglas al documento que leería poco después, el manuscrito que dejó la que en su primera juventud fue la inexperta institutriz de dos huérfanos de corta edad en una villa campestre inglesa, sin más compañía que la de una bonachona ama de llaves y bajo la estricta norma de no contactar jamás con su patrón, el tío y tutor de los pequeños. 

The Innocents (1961), película inspirada en el libro

La pequeña Flora no tiene edad para ir aún a la escuela, pero sí el niño Miles, quien no tardará en volver a la mansión, expulsado por una conducta inapropiada. La institutriz, prendada por sus pupilos, no consigue imaginarse cómo Miles ha podido ser expulsado, cosa de la que el niño nunca habla. Al poco de la vuelta de Miles, la institutriz comienza a ver por distintos lugares de la casa a dos personas a las que nunca antes ha visto. Tras describírselas al ama de llaves, descubre que son la anterior institutriz, la señorita Jessel, y el ayudante de cámara del patrón, Peter Quint. Ambos personajes habían mantenido una turbia relación no solo entre ellos, sino también con los niños. Y lo más sorprendente: Jessel y Quint llevan tiempo muertos. ¿Son fantasmas que han venido a reclamar la vida de los pequeños?

Esta obra, escrita por el estadounidense Henry James, rezuma belleza, pues está escrita con gran elegancia y refinamiento, cosa que ayuda enormemente a recrear el ambiente aristocrático en el que se desenvuelve la familia protagonista.

La historia comienza describiendo el día a día en la idílica casona victoriana. Días de poemas, latín y artes en general, con una inocente institutriz fascinada con la belleza y el encanto de los niños. Pero la estabilidad se ve dramáticamente truncada con la expulsión de Miles, pues da a entender que no es tan perfecto como parece, sino que oculta algo, y la consiguiente aparición de los espectros. Tras estos acontecimientos, la apacible historia da paso a una pavorosa historia de terror.

Desde siempre nos hemos preguntado por qué es tan sugestiva esta vuelta de tuerca. Tras mucho deliberar, hemos llegado a la conclusión de que diferentes elementos en la historia juegan un papel muy importante en este hecho.

El primero de estos inquietantes factores son los niños alrededor de los que se desarrolla la historia. Si bien los niños son siempre figuras que provocan miedo con facilidad, tanto por sus fantasías de las que los adultos no somos partícipes, como por un afán de protección por nuestra parte, Miles resulta especialmente perturbador, tanto por su carácter como por sus reacciones ante los diferentes sucesos. Actúa de un modo casi adulto que añade cierta dosis de perversidad al que parecía una inocente criatura.

La película Los otros está claramente inspirada en esta novela
Pero no solo los niños erizan los vellos del lector, hay dos adultos que consiguen hacerlo tan bien como ellos: la señorita Jessel y el señor Quint. Ya sean verdaderos fantasmas o no, su presencia es ciertamente sobrecogedora, por no mencionar las intenciones que se les atribuyen. Constantemente cae sobre ellos la sospecha de haber corrompido y seguir corrompiendo la inocencia de los niños. Pero ¿de qué modo? Nunca se sabe. Y quizás sea esta constante incertidumbre la que nos mantiene en vilo durante toda la lectura.

No es este el único enigma que permanece vivo de principio a fin. A nuestra imaginación queda dilucidar si estas apariciones son reales o forman parte de la mente enferma de la protagonista. En función a esto, puede cambiar toda la historia.

Una casa victoriana, llena de oscuros pasillos y secretos, tan inspirada en el sangriento pasado medieval, siempre se ha considerado el lugar perfecto en el que asistir a diferentes acontecimientos paranormales, tales como apariciones de fantasmas. Por otra parte, al tratarse de una historia englobada dentro de otra (gente que se reúne a contar historias de terror, del que solo conocemos esta), ayuda a dar credibilidad al relato que James nos ofrece.

Si tras leer el libro, releemos el prólogo, se crea una incertidumbre nueva en el lector. ¿Y si fuera una fantasma que juega a contar historias de fantasmas?

domingo, 28 de agosto de 2011

Indigno de ser humano

¿Quién es Yozo? Sus compañeros de instituto lo recuerdan como el gracioso de la clase; para su padre fue alguien incapaz de satisfacerlo; para las mujeres con las que compartió parte de su vida, un ángel; para el Osamu Dazai (autor de la obra, aunque en este caso actúa como personaje ficticio) que contempla sus fotografías, “le falta el peso de la sangre, la aspereza de la vida”. Y para Yozo, Yozo es indigno de ser humano, alguien mucho peor (pero también mucho mejor) que el resto de la sociedad.

Yozo se revela a sí mismo como un monstruo que, mientras puede, se oculta bajo la máscara de una sonrisa amable o una fingida inocencia. Incapaz de confiar en  nadie ni en cumplir con las expectativas que sus acomodados progenitores tenían para con él, Yozo no fue capaz de denunciar a las criadas de abusaron de él en su más tierna infancia. Decidió seguir ocultándose bajo su perfecta máscara, una máscara que no dejaba ver sus inquietudes, su desamparo, su miedo… Mientras que secretamente dibuja una y otra vez su horrible autorretrato, cada vez más grotesco, más deforme, más carente de humanidad. Así es cómo se ve él.

Suicida sin vocación, ahogado en alcohol y morfina, solo consigue subsistir gracias al apoyo incondicional que le brindan diferentes mujeres. Ninguna lo consideró un monstruo, culpaban de su situación a su familia la sociedad… pero nunca a Yozo. Aun así no parece que consiguieran salvarlo del círculo de autodestrucción en el que había caído por ser quien decía ser: Un monstruo, indigno de ser humano.

Así es cómo se ve Yozo a sí mismo, según el anime Aoi Bungaku
La lectura de este libro me resultó terriblemente dolorosa. Ni siquiera estoy segura de haber hecho bien leyéndolo. Quizás lo más sabio hubiese sido no hacerlo, pero lo hecho, hecho está.

No podía evitar sentir lástima y compasión por Yozo. No voy a decir que con toda seguridad era el ángel del que sus mujeres nos hablan, pero sí me parece que sufrió demasiado. Y, aunque resulte egocéntrico, no puedo evitar compartir parte de su sufrimiento. En ocasiones sentía que el relato de Yozo mostraba mis propios temores y miedos. Mi inseguridad, mi máscara, mi desconfianza, mi imagen de monstruo, el mejor y el peor de los seres humanos, indigna de ser uno de ellos.

Cierto es que no he pasado por tanto como el protagonista de la novela (a Dios gracias), pero hay puntos en común que ha conseguido que se me hiele la sangre y me han inculcado un horror que ninguna historia de fantasmas ha conseguido causarme jamás. Porque no se trata de un miedo irracional a alguna criatura inexistente, sino el miedo a uno mismo. El tener que enfrentarse al día a día, a tu monstruo interior que se ceba en tu felicidad y tu autoestima.

Es algo que si no se ha vivido, no es fácil de comprender.

Y, paradójicamente, no es muy recomendable que quienes puedan entenderlo pasen sus hora libres regodeándose en un propia desgracia, con una obra de este tipo.

Si bien es la segunda obra más vendida en la historia de Japón, quizás no debiese haberse escrito. Quién sabe.

Osamu Dazai también sufría el peso de la máscara, y fue incapaz de vencer a su monstruo. Tras una vida turbulenta, se suicidó antes de cumplir los 39 años.

¿Me equivoco al pensar que Yozo no es más que el alter ego de Osamu Dazai?
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