Mostrando entradas con la etiqueta Gótica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gótica. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de julio de 2016

La muñeca sangrienta

Hay autores que lamentan haber sacado a la luz determinadas obras, no precisamente por su baja calidad, sino porque su "excesiva" popularidad han eclipsado otras que no merecían pasar al olvido. Y tras leer La muñeca sangrienta no me sorprendería descubrir que Gaston Leroux hubiera podido desear no publicar El fantasma de la ópera. Especulaciones mías, pero posible

Bénédicte Masson, encuadernador de fealdad extrema y alma de poeta, sabe que su repulsiva estampa no le permitirá que ninguna mujer lo mire con ojos distintos a los del miedo y el asco. Pero no por ello puede evitar suspirar por su vecina Christine, hija del relojero Norbet, una hermosa muchacha prometida con su primo Jacques Cotentin, un eminente científico y socio del relojero. Para su sorpresa, Bénédicte descubrirá que su aparentemente virtuosa idolatrada oculta a un joven de belleza sobrehumana en un armario. Poco después Christine pedirá al encuadernador que la acompañe al servicio del marqués Georges-Marie-Vicent, marqués de Coulteray, cuya enfermiza esposa asegura que éste la está vampirizando. A todo esto hay que unir la desaparición de varias jóvenes de la comarca.

Edición francesa
con la bilogía completa
Nada más que con el argumento se nota la influencia que tuvo su fantasma en esta más reciente producción, puesto que quien conozca su novela más operística no podrá evitar encontrar semejanzas entre Erik y Bénédicte, cuyas amadas incluso comparten nombre y les harán formar parte de un "polígono amoroso".

También similar a El fantasma de la ópera es el terror ambiente gótico en el que se enmarca la historia (esta vez cambiando espectros por vampiros), así como ciertos elementos de exotismo oriental encarnados en personajes más secundarios. Sin embargo, La muñeca sangrienta y sobre todo su continuación, La máquina de asesinar (imprescindible para conocer el final, ya que no son en absoluto independientes) presentan un carácter policíaco mucho más potente, donde Leroux tira de su experiencia como periodista y escritor de misterio (también se han olvidado bastante sus novelas policiacas protagonizadas por Joseph Rouletabille), además de hacer gala de un humor socarrón e irónico, bien cargado de crítica social, y tomar prestados elementos pertenecientes al campo de la ciencia ficción, como los autómatas, con reminiscencias de Frankenstein de Shelley y El golem de Meyrink.

Dicho todo esto, la lectura de esta bilogía seguramente se antoje complicada. Sin embargo puedo asegurar que es sorprendentemente ligera y dinámica. Además de tremendamente adictiva. Con maestría Leroux consigue que la tensión y interés no decaigan prácticamente en ningún momento, haciendo uso no solo de situaciones interesantes y personajes carismáticos, sino también de una prosa cuidada y más que correcta.

La muñeca sangrienta y La máquina de asesinar encantaran a cualquiera que guste del misterio, el terror gótico y un humor un tanto peculiar. Joyitas que, por desgracia, están bastante difíciles de conseguir, cuanto más en una edición decente. Que Valdemar haga algo.

jueves, 29 de octubre de 2015

El extraordinario caso del doctor Jekyll y míster Hyde

Todo el mundo conoce al doctor Jekyll como un caballero educado y gentil, que siempre ha aspirado a ser un ciudadano serio y respetable, expectativas que parece haber alcanzado. Sin embargo, preocupa cada día más a su círculo de amigos más cercanos. Su gran amigo y notario, Utterson, no entiende por qué motivo Jekyll planea dejar su fortuna a un tal Edward Hyde, un hombre hasta entonces ajeno del que cuando pregunta solo recibe malas referencias. Jekyll reconoce sentirse obligado con Hyde y Utterson sospecha que su amigo es víctima de un chantaje. 

Escribe, Roberto Luis
No es necesario que sigamos hablando del argumento de esta celebérrima novela corta, pues raro sería encontrar a alguien, independientemente de su edad, que no conozca El extraordinario caso del doctor Jekyll y míster Hyde, relato que ya antes de su publicación estuvo acompañado de escándalo, pues se dice que el propio Robert Louis Stevenson  quemó su primer manuscrito, aterrado por el tipo de historia que estaba creando. Por suerte para todos, la reescribió desde el principio.

Su propio éxito podría considerarse también su mayor tragedia, puesto que cuando nos embarcamos en esta lectura lo hacemos conociendo la identidad de Hyde, que, sin embargo, es un misterio hasta el mismo final de la novela. Es una lástima que, estando tan deliciosamente construida para dejarte con la boca abierta al final, por su fama esto ya no es posible. 

Sin embargo, eso no le resta para nada encanto, pues a pesar de que el giro argumental es asombroso, no es menos impresionante su estilo narrativo y, especialmente, destaca su carácter alegórico sobre la naturaleza humana, sobre el bien y el mal. 

Ya adentrándonos en spoilers que, como hemos dicho, no pueden considerarse como tales, queremos destacar una concepción que entendemos equivocada del personaje, como suele ocurrir con todos los clásicos que han pasado a formar parte de la cultura popular de una forma alterada por sus numerosas adaptaciones, no siempre acertadas.

A raíz de esto se ha perpetuado la idea de que la pócima desarrollada por el doctor proporciona al que la consume una personalidad completamente nueva y volcada únicamente a hacer el mal. 

Pero si nos acercamos a la novela dejando a un lado las ideas preconcebidas y dispuestos a conocer la historia desde cero, descubrimos que esto no es cierto totalmente. El propio Jekyll nos hace saber que Hyde no es una criatura artificial que haya surgido como producto de los experimentos, sino que ha formado parte de la persona desde su nacimiento y que el verdadero propósito de la pócima es liberar los rasgos de la personalidad que mantenemos ocultos.

Todo el mundo puede matar. Todo el mundo puede hacer daño. Todo el mundo puede ser increíblemente grosero. Pero la mayoría intenta contener ciertas pasiones primarias e instintos para vivir en una sociedad y ser aceptado como miembro de la comunidad. 

Y eso es lo verdaderamente terrorífico. Todos tenemos un Hyde dentro de nosotros. Agazapado, dispuesto a salir en el momento en el que tengamos las defensas más bajas o amparados bajo el manto del anonimato. Que estas pasiones oscuras se nos hagan incontrolables, o que lo sean para alguien al que teníamos por normal, es una idea que nos perturba y nos incomoda, porque todos lo hemos temido en algún momento.

Y, en cambio, qué diferente sería si esta poción se le administrase a los peores criminales. Continuando con las explicaciones de Jekyll, el lado menos desarrollado de su personalidad, en este caso la más bondadosa, saldría a la luz. 

Con estas reflexiones, finalizamos nuestro tercer Mes del Terror. Esperamos que hayáis tomado nota, no actuéis como los pacatos victorianos que destruyen sus mejores relatos de terror: Compartid los vuestros con nosotras y animaos a leer los que aquí os hemos dejado.

viernes, 23 de octubre de 2015

El rostro

¿Cuántas cosas existen que pueden causar terror? Hay muchas discusiones con respecto a qué arquetipo del horror inspira un mayor miedo. Discusiones por todas partes: momias, vampiros, hombres lobo, muertos vivientes, demonios... y sin embargo, estamos tan empeñados en buscar el terror en lo sobrenatural que olvidamos lo que de verdad, incluso al más aficionado a este género, puede aterrorizar.

Las pesadillas.

¿No es irónico? Estamos tan acostumbrados a centrarnos en lo sobrenatural, en lo que por lógica damos por hecho que no es sino una fantasía creada a propósito para provocarnos rechazo, que olvidamos que existen terrores nocturnos en la vida real de los que ninguno de nosotros estamos libres. Por supuesto, hay otros motivos de horror en el mundo que nos rodea: la maldad está presente en forma de cacos, agresores, asesinos... pero uno puede pasar por la vida sin encontrarse con uno de ellos. Sin embargo nadie está a salvo de tener pesadillas.

Freddy sí que me daba pesadillas
Las pesadillas están tan presentes y son tan variadas que han inspirado varios libros e incluso hubo una serie de terror juvenil tanto televisiva como en forma de libros con ese título... uno de los íconos del terror, Freddy Krueger, se mueve entre los sueños de los jóvenes para vengarse por fechorías pasadas. Sin embargo, no es éste el personaje del que habla el relato de esta semana.

Si algo hace particular a E. F. Benson como autor del género de terror es su necesidad de explicar y desvelar llanamente y sin aspavientos el misterio que envuelve la historia. La tensión de sus personajes rara vez es compartida por el lector ya que desde el principio solemos tener una idea de qué atormenta a los protagonistas. Pero no es el caso de El rostro.

Hester Ward es una mujer sencilla, casada y con dos hijos que presume de tener una vida plena y maravillosamente feliz. No hay nada que pueda desear y sin embargo... hay una tormenta desatada en su mente. Y todo por un sencillo sueño. Durante toda su vida, siendo niña, Hester ha tenido el mismo sueño en el que recorría el mismo paisaje hasta llegar a un cementerio abandonado. Una vez ahí el sueño termina, pero solo para continuar a la noche siguiente con la aparición de un rostro que siempre le ha prometido que, cuando crezca, irá a por ella. Mucho ha pasado desde la última vez que lo tuvo, pero ahora el primer sueño ha reaparecido y teme la noche que está por llegar. Y no en vano, pues en esta ocasión el rostro le promete que pronto estarán juntos... un rostro que poco después identifica en un retrato de hace doscientos años.

No diré más, pues a partir de aquí se desarrolla todo el misterio. Reconozco que leí el libro con la seguridad de que pronto descubriría qué ocurría con aquel hombre misterioso de los sueños de Hester, para qué la quería y cuál sería el final. A menudo Benson nos deleita con finales felices, un caso extraño en los relatos de terror... pero me atrevería a decir que aquí, con este breve cuento, el autor se saltó todas las normas que caracterizan su estilo.
El retrato, al parecer, era un Van Eyck
Y quizá sea por eso por lo que me recorrió un escalofrío cuando solo me quedó el consuelo de elucubrar sobre qué demonios había pasado en esta historia en la que todo parece tener mucho sentido y, justo al final, sientes la realidad quebrarse por completo.

Igual que al despertar de una pesadilla.

lunes, 12 de octubre de 2015

Las nupcias de la muerte

Una novela de terror. Si yo os pidiera que mencionarais una novela de terror lo más seguro es que la primera que se os viniera a la cabeza fuera Drácula de Bram Stoker. Y no en vano: se trata de un clásico entre clásicos que ya reseñamos aquí por tratarse de uno de los grandes favoritos de todos aquellos que lo han leído.

No vamos a empezar este especial con el tema de los vampiros que tan en boga está en los últimos años... pero casi. Este especial del Mes del Terror comenzará con un relato del mismo autor, o mejor dicho, un fragmento del mismo. La obra completa se llama La joya de las siete estrellas. A algunos les sonará porque está considerada como la segunda mejor obra de Stoker. Esta vez, en lugar de un vampiro nos encontramos con otro ser igualmente clásico y aterrador, otra figura que es incapaz de descansar eternamente: la momia. 

Reconozcámoslo: el tema de las momias ha sido muy maltratado tanto a nivel literario como cinematográfico. En comparación con otros arquetipos no ha sido muy utilizado y cuando se ha hecho se ha puesto más hincapié en la aventura y el romance que en el propio terror de esa criatura que vuelve de entre los muertos para... ¿qué? ¿Qué puede querer una momia de nosotros? Los vampiros buscan la sangre, los zombies nuestro cerebro, pero ¿una momia?

La dificultad de manejar este arquetipo reside precisamente ahí, en la dificultad para justificar el ataque de la misma. Y sin embargo, Bram Stoker utiliza esa dificultad para envolver todo su relato con una sombra de misterio y duda que no nos abandona en ningún momento. 

Un arqueólogo llamado Abel Trelawny se reúne en su casa con su hija Margaret, el prometido de la chica, Malcolm, y un par de hombres más. El objetivo es sencillo en apariencia y complicado en forma: a través de una mezcla de esoterismo y ciencia, principalmente utilizando la luz eléctrica, pretende reanimar el cuerpo de una faraona egipcia, la reina Tera, que guarda celosamente en su mansión. Poco a poco, la tensión de las preparaciones, los malos augurios y los cambios de humor que se suceden entre los protagonistas contribuyen a crear una atmósfera agobiante.

Hatshepsut, la mujer faraón cuyo descubrimiento inspiró esta obra
Tanto es así, que el final fue censurado. Tal como lo leéis: el final, catastrófico como poco, fue eliminado y se obligó al autor a reescribir un final no ya edulcorado, sino completamente contrario a lo que había concebido en un principio. Un final feliz.

Las nupcias de la muerte, un breve relato incluido en el libro Los cuentos de medianoche de Bram Stoker nos trae de vuelta el final original de la novela. Al leerlo he podido entender por qué pidieron que lo retirara: me encontraba a mí misma sentada en una cafetería mientras leía, removiéndome incómoda en mi asiento mientras trataba de que la gente no notara mi desasosiego. Me quedaba contando las páginas que quedaban para el final. No porque se me hiciera infumable, aburrido, ni nada por el estilo, sino porque la tensión era tanta que no podía creer que la tensión fuera escalando todavía más, que un hombre que ya me había fascinado con Drácula fuera capaz de hacerme sufrir tanto con una atmósfera tan asfixiante y maravillosa. 

Uno cree saber por dónde van a ir los tiros cuando se descubre el extremo parecido entre Tera y Margaret, pero nada más lejos de la realidad. Y sin embargo, quiero hacer notar el hecho de que Bram Stoker, al contrario que la mayoría de sus contemporáneos, hizo aquí lo mismo que en Drácula: reivindicar la inteligencia y la independencia de las mujeres, algo que empezaba a despuntar en su época pero que aún no estaba completamente aceptado.

Cuando todo termina, a pesar de haber estado contando las páginas, tienes la sensación de que necesitas más. Necesitas más explicaciones. Te sientes como el protagonista de la obra, el pobre Malcolm, que no entiende nada y a la vez, no necesita más para saber lo que ha ocurrido. Y como él, lo único que te queda, es pasar página y tratar de olvidar algo que, de todos modos, no dejará de darte vueltas en la cabeza.

jueves, 30 de octubre de 2014

¿Fue un sueño?

El cementerio.
El lugar que más intentamos evitar durante el año se convierte en un de los más visitados durante esta época. No por aquellos con intención de limpiar y engalanar las tumbas de sus seres queridos para el día de Todos los Santos, sino por aquellos jóvenes más románticos que toman el Halloween como excusa para realizar sesiones fotográficas macabras e incluso fantasean con pasar la noche rodeados de lápidas y cadáveres. Y algunos lo consiguen.
El protagonista de la historia de hoy también sintió necesidad de visitar una tumba y pasar la noche en el camposanto, si bien por motivos distintos y con su resultado desconcertante. En esta breve historia de Guy de Maupassant, nos encontramos con un hombre atormentado por la muerte de su amada.

Tras desahogarse largo rato con un desgarrador relato sobre la enfermedad y fallecimiento de la mujer, y de cómo él ha intentado sobrellevarlo, pasa a relatar cómo la tristeza y el amor lo llevaron a visitar su tumba y pasar la noche junto a ella. Pero algo anómalo acaba sucediendo en el camposanto.

No puedo decir mucho más de ¿Fue un sueño?, o revelaría demasiado a quienes no lo han leído. Pero sí puedo avisaros de que los lamentos por la pérdida del protagonista dejan una sensación desazonadora de dolor y angustia, haciendo al lector mucho más receptivo a lo que el hombre experimentará en el cementerio. Todo el relato está narrado con gran maestría, pero esta parte, la más larga, es la que más me ha impresionado, pues retrata este pesar de forma tan apasionada y realista que realmente duele. Y es que tener que afrontar la muerte de alguien que nos es precioso es una de las experiencias más amargas por las que hemos de pasar. 

A este dolor, así como miedo surgido ante las visiones del cementerio, se une otro malestar, debido a un nuevo sentimiento: la desconfianza hacia lo que nunca se había dudado. Y, finalmente, el derrumbe de aquello en lo más se había creído.

Sé que esta es una entrada muy corta, pero realmente no puedo contaros más. En compensación, os dejo un audiorrelato de ¿Fue un sueño?, bastante bien narrado, ideal para escucharlo durante la Noche de Brujas... o siempre que os apetezca disfrutar de una buena historia de corte gótico.


jueves, 9 de octubre de 2014

El hombre de arena

El hombre de arena, también conocido como Sandman, es un personaje de la mitología céltica que ha inspirado innumerables obras. Novelas gráficas, canciones y... relatos. En esta última clasificación entra la obra de E.T.A. Hoffmann, incluída dentro de sus Cuentos nocturnos.

Portada de la edición de Valdemar
Narra la historia de Nathanael, un joven estudiante que vivió una experiencia traumática de niño. Su nodriza solía asustarle con la historia del hombre de arena, que atacaba a los niños que no se dormían temprano echando arena sobre sus ojos hasta hacerlos sangrar y arrancárselos, alimentando con ellos a sus propios hijos. El pobre Nathanael llegó a creer, tras un desafortunado accidente en una noche febril, que el hombre de arena asesinó a su padre. Ahora, sin embargo, ha crecido y tiene otras cosas en la cabeza, como el hecho de que a pesar de estar comprometido con Clara, la hermana de su mejor amigo, se siente atraído por Olimpia, la hija de Spallanzani, su profesor.

La nodriza de Nathanael
Siempre he pensado que el formato ideal para la literatura de terror, es el relato y no la novela. Con una novela nos vemos en la libertad e incluso, debido a su extensión, en la obligación de interrumpir la lectura por periodos más o menos largos, aunque solo sea para comer o irse a la cama a dormir de una vez por todas a pesar de lo enganchados que estemos a la historia. Esto hace que la tensión se interrumpa y deba volver a retomarse más tarde, cosa que resulta difícil, siempre tardamos un poco en poder volver a meternos de lleno en el argumento y su atmósfera de misterio. En un relato esto no pasa, se mantiene la tensión continua, in crescendo, hasta que te dan un golpe final que te deja temblando.

Como podéis ver por esta explicación, ya tenía altas expectativas sobre El hombre de arena, y aún más solo por pertenecer al gran maestro del romanticismo negro alemán, pero la lectura se me hizo mucho más fascinante de lo que esperaba. 

La figura del hombre de arena es la principal responsable de mi entusiasmo por este relato. Hasta el final tenemos la duda de si es real o solo un producto de la imaginación de Nathanael, y eso ya es suficiente para dar escalofríos. Sin embargo, este personaje proviene de la fábula de un amigable hombrecillo que ayuda a que los niños tengan sueños hermosos al esparcir arena sobre sus ojos... la sensación de ver transformada una figura amable en algo tan grotesco hace sea mucho más siniestro que si simplemente se tratara de un monstruo de conocida crueldad. Como ese asesino en serie que "siempre saludaba", no lo ves venir.
¿Vendedor de ojos o de gafas?

La figura de Olimpia, en cambio, no me inspiró tanto terror como quizá esperaban, salvo quizá por el detalle de los ojos. Hay una obsesión latente en toda la historia con el tema de los ojos, con arrancárselos a la persona a la que pertenecen. Nathanael cree reconocer al hombre de arena en un vendedor de "ojos", que más tarde resulta ser un simple comerciante de gafas... aparentemente.

En definitiva, la habilidad de E.T.A. Hoffmann para introducirnos en la cabeza del protagonista a pesar de estar narrado por una tercera persona e introducir el estilo epistolar, es admirable. Si os gusta la literatura gótica aconsejo que le echéis un vistazo a este relato, especialmente a los que disfruten con el estilo de Edgar Allan Poe. Hoffmann no es, ni de lejos, una copia germánica de Poe, pero entra en ese mismo estilo perturbador y hermoso a un tiempo.


miércoles, 25 de junio de 2014

La hija de Rappaccini

Nathaniel Hawthorne es conocido por el gran público gracias a su obra maestra La letra escarlata, sin embargo hoy vamos a hablar de uno de sus relatos cortos: La hija de Rappaccini.

El protagonista es Giovanni, un estudiante recién llegado a Padua que, desde su habitación de alquiler, observa día tras día el exuberante jardín del viejo doctor Giacomo Rappaccini. Con curiosidad ve que el doctor no se atreve a tocar ni acercarse a las plantas, sino que llama a su hija Beatrice para que lo haga en su lugar. Giovanni queda fascinado por la belleza de la muchacha, increíblemente semejante a la flor más hermosa del jardín, que por algún capricho de la naturaleza casi parece tener forma humana. Durante las horas que pasa observando desde su ventana, Giovanni observa cómo todo animal que toca esa flor muere rápidamente, y comprende que debe tratarse de una planta venenosa. Sin embargo su estupor crece cuando ve que la bella Beatrice mata un insecto solo con su aliento, y es que la muchacha se ha mimetizado tanto con ese nuevo Edén que, si bien es inmune al veneno de las plantas, ella misma se ha hecho venenosa para cualquier ser vivo que esté cerca de ella. Es a partir de aquí que Giovanni se encuentra en una disyuntiva: quiere estar cerca de la muchacha y amarla, pero al mismo tiempo la teme por su terrible poder…
Giovanni, Beatrice, Rappaccini
Si debo ser sincera, este relato me conmovió. En un principio lo estaba leyendo bastante extrañada, pero Hawthorne tiene la habilidad de ir creando poco a poco el ambiente propicio para que, incluso esperándote ya lo que va a ocurrir, no puedas evitar sentir ese pequeño escalofrío. 

A lo largo de todo el texto ves pequeños detalles que anticipan lo que se avecina, pero no de forma tan evidente como desgraciadamente ocurre en otras historias, su prosa no es tan directa sino que te hace ponerte en tensión a través de algo tan simple como las descripciones del lugar. ¿Quién no se sentiría en el paraíso si se encontrara con la visión de un enorme jardín lleno de flores exóticas y colores vibrantes, por viejas y rotas que parezcan las fuentes y cualquier otra obra creada por la mano del hombre? En esta historia demuestra claramente que algo no necesita ser horrible para inspirar temor, sino que una belleza demasiado sobrehumana puede causar el mismo sentimiento de inquietud.

La decadencia y exuberancia del jardín
Me llamó notablemente la atención la descripción de Beatrice, ya que desde el principio te das cuenta de que no es una simple muchacha. Una figura demasiado angelical, demasiado perfecta… Giovanni siente por ella tanto atracción como repulsión, y si debo dar mi opinión personal al respecto, jamás diría que estuviera realmente enamorado de Beatrice, solo maravillado por una criatura mesmérica que representaba lo sublime en su esencia más pura. De hecho, a menudo me daba la impresión de que estaba enamorado de sí mismo. 

Por último, y si bien no quiero hablar del final del relato, debo decir que para mí fue bastante impactante no tanto por los hechos que relata sino por las palabras que pone en boca de sus personajes. Triste, cruel, hermoso y conmovedor.

sábado, 26 de octubre de 2013

Una cama terriblemente extraña

Un joven inglés amasa una importante fortuna apostando en una casa de juegos de los barrios bajos parisinos. Demasiado bebido como para volver a su residencia, decide pasar la noche en esa misma casa. Tras recostarse en la cama con dosel de su dormitorio, pero incapaz de conciliar el sueño y esperando distraerse, empieza a observar todo lo que lo rodea. De repente se da cuenta de que el sombrero del personaje de un cuadro ha "desaparecido" bajo el dosel.


Una cama terriblemente extraña es un relato breve perteneciente a una saga de seis, conocida como After Dark, publicada en 1856. El nexo de estas historias es un pintor cuyos clientes le relatan mientras son retrados algunas de sus más peligrosas vivencias, caracterizadas por cierto aire gótico y detectivesco.

Es fantástico que Wilkie Collins haya decidido narrar su relato desde el punto de vista de Faulkner, protagonista del mismo, pues resulta mucho más fácil recrearse en el horror y en la desesperación que hace presa el pobre apostador, que es plenamente consciente de que si no juega bien sus cartas, perderá la que podría ser su última partida.

Como insomne que soy, he sentido cierto placer masoquista al reconocerme a la perfección ante la descripción de una persona que no puede dormir y que intenta distraerse con lo que puede, hasta que la falta de sueño y el exceso de cansancio le empiezan a jugar malas pasadas y a producirle cierta paranoia... que en este caso está totalmente justificada.

No deja de ser curioso como de algo tan simple y cotidiano como la imposibilidad de conciliar el sueño se puede crear una historia tan angustiosa como esta.

No es ninguna historia de fantasmas, no hay ningún tipo de ente paranormal, como tampoco hay locura u obsesión malsana de ninguna clase, ni nada macabro. Es puro y simple terror ante algo que es (o al menos parece) inminente, angustia ante una muerte prácticamente segura de la que será complicado salir impune, y más complicado aún que tus asesinos no descubran que has escapado con vida.

Y también terror ante la codicia humana, pues hay personas que, aunque nos muestren una cara amable y altruista, no solo no dudan en poner sus intereses por encima de los demás, sino en aplastarlos para conseguir lo que quieren, así tengan que cometer un horrible crimen por algo tan banal como el dinero.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Berenice

"Dicebant mihi sodales, si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas" 
Ebn Zaiat

Con esta frase ("decíanme los amigos que encontraría algún alivio a mi dolor visitando la tumba de la amada"), presente en la ignominiosa cajita de Egaeus, da comienzo Edgar Allan Poe a Berenice, uno de sus primeros y más polémicos relatos, y con el que continuamos nuestro primer Mes del Terror.

Egaeus según una revista vintage japonesa.
El narrador, Egaeus, es un joven enfermizo, melancólico y monomaníaco. Su prima y prometida, la antaño vivaz y hermosa Berenice, sufre una fuerte epilepsia que suele desembocar en catalepsia. La prematura muerte de la joven, así como la última visión que tuvo de ella, atormentarán a Egaeus hasta el punto de hacerle perder la razón y cometer un espantoso crimen.

Que dentro de la producción de un autor tan dado al tenebrismo y lo macabro esta obra se considere especialmente perturbadora no es decir poco. El espanto que Berenice causó aquellos lectores que posaron sus ojos en las páginas del Southern Literary Messenger en marzo de 1835 fue tan grande que Poe se vio obligado a suprimir varios párrafos cara a futuras ediciones; párrafos que hoy en día no siempre (por no decir rara vez) aparecen publicados.

Quizás esta censura actual sea por tradición, o por no atormentar en demasía al ya angustiado lector. Pero especialistas en la obra del escritor estadounidense como Julio Cortázar (traductor de la obra que yo poseo) o Charles Baudelaire aseguran que el relato mejoró notablemente con dicha elipsis. Bien es cierto que esto da un último toque de oscuridad, haciéndonos más partícipes de la locura de Egaeus y que podamos compartir más su terror al descubrir su pecado. Y es que, incluso en la versión no censurada la violencia de los hechos es más tácita que manifiesta, dejándolo todo a la imaginación e inteligencia del lector. Con todo, el espectáculo que se intuye es verdaderamente macabro.

Visión: Dientes de Berenice (Odilon Redon)

Cada vez más indiferente hacia su demacrada prometida, Egaeus la desatiende, sin poder por otra parte dejar de observarla como un fascinante elemento de estudio, mas no de amor. El significado de la obsesión que lo enloquece sigue siendo objeto de especulación. Según algunos, al compararlo con otras obras de Poe, posiblemente se trate de una señal de la muerte inminente. Para los freudianos, se trata de un signo de castración o de terror ante la consumación física tras el matrimonio, posiblemente debido al escaso interés romántico y sexual de Egaeus por Berenice. Incluso se le ha acusado de fetichismo. Aunque no hay que descartar la posibilidad de que el joven buscase salvar aquello que seguía perteneciendo a la Berenice primigenia, lo que su enfermedad no había podido desvirtuar (e irónicamente esta salvación se convirtiese precisamente en la condena de Egaeus y la muerte de Berenice).

A quienes tengan una mente tan fuerte como para soportar la carga emocional de una sádica historia gótica... a quienes no les impresione meterse en la piel de un enfermo mental... a quienes sean lo suficientemente locos como para atreverse con la historia que Robert Louis Stevenson calificó como "terrible", pues "pulsa en nuestro pecho una cuerda, cuerda que acaso fuera mejor no tocar"... os deseo que paséis una feliz noche con Berenice.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El papel amarillo

El primer relato que presentamos en este especial de Halloween es, para mí, uno de los relatos más terroríficos que nunca he leído.


El papel de pared amarillo llegó a mí de una forma curiosa. Durante mi estancia en Graz me matriculé en una asignatura en la que no tenía la más mínima esperanza de entrar, ya que admitían a un número muy limitado de alumnos a los que se pedía muchos requisitos, especialmente a nivel de estudios literarios. Desgraciadamente, yo no tenía ese requisito, pero a pesar de todo la profesora decidió tras el primer día que me aceptaría en clase. La clase de "El terror y lo grotesco en la literatura estadounidense".

Muchas historias leímos y analizamos en aquella clase, pero ninguna como la que Charlotte Perkins Gilman nos ofrece. Ni siquiera fue concebida como una historia de terror, sino como una "liberación" de la autora de ciertas vivencias propias, muy comunes a finales del siglo XIX, momento en el que se sitúa esta historia corta.

El relato es como una especie de diario en el que la narradora, que jamás nos revela su nombre, va comentando su día a día. Nos enteramos de que ha tenido un hijo y sufre de depresión post-parto, por lo que le recomiendan reposo absoluto. Esto incluye descansar también de cualquier actividad artística como pintar, escribir, etc. Su esposo se traslada con ella a una mansión colonial donde ella habrá de dormir en el ático, en una habitación que detesta especialmente por el horroroso papel de pared de color amarillo con unos estampados grotescos. A pesar de la prohibición del médico, ella escribe su "diario", el relato que leemos, cuando él no está en casa. Gracias a ello somos testigos de cómo el confinamiento y la inactividad va haciendo mella en su ya delicada mente, haciendo que visualice a una mujer encerrada tras el papel amarillo, reflejo de sí misma.

Esta obra está sujeta a diferentes interpretaciones. Muchos la consideran una obra feminista, ya que reivindica la autonomía de la mujer y su derecho y necesidad de mantener un trabajo, de no vivir encerrada en casa como solía ser lo común en aquel entonces. Charlotte lo veía como una mera queja a la terapia que le recetaron cuando ella misma sufrió de depresión post-parto y que resultó a todas luces contraproducente para su salud. Otros, como yo, lo consideramos como una historia de terror doméstico, pues cualquiera puede caer preso de una depresión hoy en día.

Sinceramente, al leerlo al principio pensaba que era aburrido, los personajes no están perfilados con profundidad ni se le da especial importancia a prácticamente nada de lo que ocurre, pero en un par de párrafos me sentí fascinada y horrorizada a partes iguales. La desgana y falta total de autoestima que vive la narradora nos llega directamente a través de su escrito, el modo en el que se siente inconscientemente atrapada y ninguneada por su esposo, su frustración por no poder sentirse realizada... es algo a lo que todos tenemos miedo, en mayor o menos medida. Nadie quiere sentirse así, y aquí nos muestran las consecuencias tan terribles que puede tener si llevamos este caso al límite.

Coincido con el estudioso Alan Ryan cuando decía que este cuento "puede ser considerado como una historia de fantasmas, o peor aún, podemos considerar que no lo es".

Estoy segura de que los que lo lean, lo comprenderán.

Este relato inspiró varias obras a la fotógrafa Francesca Woodman

sábado, 29 de diciembre de 2012

Otra vuelta de tuerca


“Estoy absolutamente de acuerdo en lo tocante al fantasma del que hablaba Griffin, o lo que haya sido, el cual, por aparecerse primero al niño, muestra una característica especial. Pero no es el primer caso que conozco en que se involucre a un niño. Si el niño produce el efecto de otra vuelta de tuerca, ¿qué dirían ustedes de dos niños?”

Así nos introduce el señor Douglas al documento que leería poco después, el manuscrito que dejó la que en su primera juventud fue la inexperta institutriz de dos huérfanos de corta edad en una villa campestre inglesa, sin más compañía que la de una bonachona ama de llaves y bajo la estricta norma de no contactar jamás con su patrón, el tío y tutor de los pequeños. 

The Innocents (1961), película inspirada en el libro

La pequeña Flora no tiene edad para ir aún a la escuela, pero sí el niño Miles, quien no tardará en volver a la mansión, expulsado por una conducta inapropiada. La institutriz, prendada por sus pupilos, no consigue imaginarse cómo Miles ha podido ser expulsado, cosa de la que el niño nunca habla. Al poco de la vuelta de Miles, la institutriz comienza a ver por distintos lugares de la casa a dos personas a las que nunca antes ha visto. Tras describírselas al ama de llaves, descubre que son la anterior institutriz, la señorita Jessel, y el ayudante de cámara del patrón, Peter Quint. Ambos personajes habían mantenido una turbia relación no solo entre ellos, sino también con los niños. Y lo más sorprendente: Jessel y Quint llevan tiempo muertos. ¿Son fantasmas que han venido a reclamar la vida de los pequeños?

Esta obra, escrita por el estadounidense Henry James, rezuma belleza, pues está escrita con gran elegancia y refinamiento, cosa que ayuda enormemente a recrear el ambiente aristocrático en el que se desenvuelve la familia protagonista.

La historia comienza describiendo el día a día en la idílica casona victoriana. Días de poemas, latín y artes en general, con una inocente institutriz fascinada con la belleza y el encanto de los niños. Pero la estabilidad se ve dramáticamente truncada con la expulsión de Miles, pues da a entender que no es tan perfecto como parece, sino que oculta algo, y la consiguiente aparición de los espectros. Tras estos acontecimientos, la apacible historia da paso a una pavorosa historia de terror.

Desde siempre nos hemos preguntado por qué es tan sugestiva esta vuelta de tuerca. Tras mucho deliberar, hemos llegado a la conclusión de que diferentes elementos en la historia juegan un papel muy importante en este hecho.

El primero de estos inquietantes factores son los niños alrededor de los que se desarrolla la historia. Si bien los niños son siempre figuras que provocan miedo con facilidad, tanto por sus fantasías de las que los adultos no somos partícipes, como por un afán de protección por nuestra parte, Miles resulta especialmente perturbador, tanto por su carácter como por sus reacciones ante los diferentes sucesos. Actúa de un modo casi adulto que añade cierta dosis de perversidad al que parecía una inocente criatura.

La película Los otros está claramente inspirada en esta novela
Pero no solo los niños erizan los vellos del lector, hay dos adultos que consiguen hacerlo tan bien como ellos: la señorita Jessel y el señor Quint. Ya sean verdaderos fantasmas o no, su presencia es ciertamente sobrecogedora, por no mencionar las intenciones que se les atribuyen. Constantemente cae sobre ellos la sospecha de haber corrompido y seguir corrompiendo la inocencia de los niños. Pero ¿de qué modo? Nunca se sabe. Y quizás sea esta constante incertidumbre la que nos mantiene en vilo durante toda la lectura.

No es este el único enigma que permanece vivo de principio a fin. A nuestra imaginación queda dilucidar si estas apariciones son reales o forman parte de la mente enferma de la protagonista. En función a esto, puede cambiar toda la historia.

Una casa victoriana, llena de oscuros pasillos y secretos, tan inspirada en el sangriento pasado medieval, siempre se ha considerado el lugar perfecto en el que asistir a diferentes acontecimientos paranormales, tales como apariciones de fantasmas. Por otra parte, al tratarse de una historia englobada dentro de otra (gente que se reúne a contar historias de terror, del que solo conocemos esta), ayuda a dar credibilidad al relato que James nos ofrece.

Si tras leer el libro, releemos el prólogo, se crea una incertidumbre nueva en el lector. ¿Y si fuera una fantasma que juega a contar historias de fantasmas?

lunes, 28 de febrero de 2011

Carmilla

Desde que leí por primera vez Drácula, obra maestra sobre los vampiros, desee poder encontrarme con la no menos mítica, pero mucho menos leída Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu.
Logré leerla hace unos años, casi por casualidad, y debo decir que me causó bastante impresión. Se trata, como casi todos sabrán o quizá adivinarán en parte, de una novela corta de terror gótico que sirvió de ejemplo e inspiración para Bram Stoker.
No solo tomó forma en esta novela el concepto de vampiro que desarrolló y fijó Stoker, sino que el escritor de Drácula se sirvió de varios de los personajes secundarios que aparecían en esta novela para crear los suyos propios.
El planteamiento de la acción es bastante simple: Laura es una inocente muchacha que, junto con su padre, acoge en su casa a una joven desconocida, Carmilla. Ambas se hacen amigas casi de inmediato, si bien Carmilla demuestra tener unas costumbres algo extrañas. No se levanta antes del mediodía, no come, siempre encerrada en su habitación bajo llave… Poco a poco, Laura va sintiéndose cada vez más enferma, hasta que finalmente el padre relaciona ambos hechos y obtiene la ayuda de otros hombres con los que se encamina a destruir la tumba de Carmilla. Como podéis ver, es el mismo esquema seguido para la obra cumbre en materia vampírica.
Tengo que decir que cuando terminé de leer la novela, me dio la impresión de que no sabía lo que estaba pasando. El estilo del autor consigue que nos hundamos en la historia y seamos un personaje más del lugar, que vivamos la acción con la misma confusión y desconfianza que sienten los personajes, especialmente Laura, la víctima de Carmilla.


Ilustración de la primera edición de Carmilla, por D.H. Friston

Durante todo el libro tenía la sensación de no poder estar segura de si lo que leía era lo que estaba pasando en realidad, si era parte de un sueño de Laura o imaginaciones de los demás. Daba la impresión de que cada momento estaba envuelto en una especie de niebla que no te permite atisbar lo que sucede, el significado de cada acción que se desarrolla en el libro.
Esta cualidad empapa por ejemplo las escenas de sutil erotismo lésbico que aparecen en la historia. Desde siempre el vampiro ha sido un elemento de carácter sexual fuertemente marcado, y llama la atención como aquí llega a expresarse de un modo que podría definirse como un erotismo palpitante, que no llega a consumarse y que se convierte en la eterna obsesión de la joven Laura, pues su relación con Carmilla empieza con una extraña amistad que parece dar paso a algo más intenso, un amor que termina en obsesión por parte de ambas.
La vampiresa expresa de hecho su amor por Laura en numerosas ocasiones, confesando que es la única persona con la que desea pasar su eternidad, mostrando un lado hermoso y romántico en sus afirmaciones que poco parece tener que ver con la visión tan cruel que nos ofrece el resto del tiempo.
Laura, por otro lado, continuará recordando y lamentando la pérdida de su amada Carmilla, aún a pesar de conocer sus siniestras intenciones.
En definitiva, esta novela introduce un lado delicado y frágil en el mito de los vampiros, y quizá por esto mismo se vuelva doblemente peligroso. Una dulce muchacha cuyas rarezas terminan por convertirse en pesadilla para aquellos que la rodean. Una niña en la que el afecto, lejos de ser una muestra de dulzura lo es de maldad y obsesión enfermiza, pero no por ello menos trágica, hermosa y hechizante.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Drácula

Desde pequeña no solo he sido una gran aficionada a los mitos y criaturas fantásticas, sino también a las historias de terror y al mundo gótico. Sin embargo, mis en ocasiones excesivamente protectores  padres no me no me permitían leer los libros de terror ni ver las películas de miedo que tanto me llamaban la atención.  Afortunadamente tenía a mi abuelo, con quien pasaba muchas tardes, quien me contaba las historias más terroríficas que conocía. Gracias a él me aprendí de memoria la filmografía de la Hammer. Y de entre todas las criaturas de las que me hablaba mi favorita era el vampiro.

Por eso hoy hablaré sobre la obra más famosa de Bram Stoker: Drácula.

Sir Christopher Lee caracterizado como el conde Drácula

Jonathan Harker, joven notario inglés, se encuentra en Transilvania para concluir la compra de una vivienda en Londres por parte de un misterioso personaje: el conde Drácula. Pronto Jonathan se encontrará preso en el castillo de su anfitrión, quien no come ni se refleja en los espejos y a quien nunca a ha visto a la luz del día. En Inglaterra, la joven Mina Murray, ocupada en atender a su buena y enfermiza amiga Lucy Westenra, comienza a impacientarse por la tardanza de su amado Jonathan.  

La novela está escrita de forma epistolar, con fragmentos supuestamente extraídos de los diarios de los héroes de nuestra historia, telegramas, cartas y recortes de periódicos que ellos mismos han ido recopilando, lo que ayuda a dar credibilidad al relato. También resulta muy dramática, con diversos elementos inspirados en las obras teatrales, tal y como se observa en los monólogos de los personajes o en sus actitudes, como en el recibimiento de Jonathan por parte del conde o en las veces en las que se ensalza la figura de Mina, con los hombres besándole  las manos.

Stoker no inventó el concepto de vampiro. Esta criatura existe desde el principio de los tiempos (ya en el antiguo Egipto y Mesopotamia se hacían referencias a seres que podrían considerarse antecesores de los vampiros) y a lo largo de todo el mundo, desde Europa hasta el Extremo Oriente, además de en las culturas indoamericanas. Pero con esta novela, recopiló y unificó diversas supersticiones y creencias, realzando los matices del vampirismo y asentando firmemente las bases de la literatura vampírica.

Muchos han visto en Lilith, primera esposa de Adán, 
a la primera vampiresa de la historia. 

Si algo tienen de fascinantes los vampiros es que sintetizan perfectamente todo lo que es el miedo: Miedo a perder la consciencia, a estar sometidos a otros, a la locura, la enfermedad, lo desconocido, el abandono, la oscuridad, los animales, la infidelidad…

El Drácula de Stoker encarna todos estos miedos, todos ellos condensados en un único y maquiavélico personaje, que se nos presenta como un diablo disfrazado de Dios, que ofrece más de lo que da y menos de lo que cobra, cruel e infantil, que disfruta haciendo daño y jugando con la vida de los seres humanos.

El contrapunto son los heroicos caza-vampiros, liderados por el sabio doctor Van Helsing, y de entre quienes destaca la pura y valiente Mina. Son los representantes del bien, los enviados de Dios para proporcionar al demonio el descanso eterno. Las armas de estos héroes no solo son elementos religiosos (cruces y hostias consagradas), sino también las supersticiones y el saber popular, así como la tecnología más puntera de la época. La unión de estos tres elementos, en apariencia incompatibles, es sin duda curiosa; pero más curioso es lo acertada que resulta, como si todos los elementos se unieran para eliminar al mal de raíz.



El vampiro, obra de Edvard Munch

Espero que disfrutéis, si no lo habéis hecho ya, de la novela más veces adaptada al cine y catalogada por Oscar Wilde como “la  novela más hermosa jamás escrita”. 

viernes, 20 de agosto de 2010

El fantasma de la ópera

Alguna que otra vez me han dicho que releer un libro es encontrarse con un viejo amigo, un querido camarada al que no importa cuántos años pasen sin verlo, el reencuentro siempre será motivo de alegría.

Está claro que esto no siempre ocurre, no todos los libros invitan a una relectura aun cuando disfrutamos de la primera. Pero creo que puedo afirmar que El fantasma de la ópera es para mí mi queridísimo amigo del que pensé que ya lo sabía todo y que sin embargo sigue sorprendiéndome.

Hace ya bastante tiempo que lo leí por primera vez y este verano, movida por la nostalgia, volví a hacerlo. Aunque quería rememorar los sentimientos que desató la primera lectura, estaba segura de que por mucho tiempo que hubiese transcurrido, el Fantasma ya no podría volver a hacerme sentir lo mismo que la primera vez. Ya sabía de antemano lo que iba a suceder, estaba preparada para todo. Me equivoqué.

El argumento de la obra es bien conocido: A finales del siglo XIX, un misterioso hombre tiene atemorizado al personal de la ópera de París. Es el Fantasma, responsable de diversas amenazas y asesinatos llevados a cabo en el edificio… Tras su gran debut, la joven soprano Christine Daaé se reencuentra con un amigo de la infancia, el vizconde Raoul de Chagny. Ambos jóvenes están profundamente enamorados, pero eso es algo que incomoda intensamente al tutor de Christine, el Ángel de la Música…


El libro ha tenido numerosas adaptaciones al cine y al teatro.

Una de las más famosas es el musical de Andrew Lloyd Webber


Aunando misterio, terror y romance, la novela está escrita a modo de investigación periodística. El autor, Gaston Leroux asume el papel de investigador interesado en los extraños acontecimientos sucedidos hace años en la ópera, de modo que dice reunir diversos datos provenientes de distintos archivos policiales o las memorias de los antiguos directores del edificio, así como entrevistas en primera persona a personajes que participaron en la historia. De esta manera, consigue involucrar más al público haciéndole creer aunque sea por un momento que la historia es completamente real.

Quizás el estilo narrativo no sea el más elegante ni el más cuidado. De hecho siempre me pareció que quedan algunos cabos sueltos (como el caso del imperdible) o aparecen personajes de manera un tanto forzada (como el matador de ratas). Sin embargo, considero que nadie debería morir sin haber disfrutado de esta novela. No es absolutamente perfecta, pero la sensibilidad y capacidad para transmitir emociones de Leroux la hacen una pieza fundamental en la historia de la literatura.

La dulzura e inocencia del alma de Christine, capaz de ver más allá de lo que los ojos ven, de sobreponerse al más grande de los miedos y de sacrificar su propia felicidad por amor y compasión me conmovió profundamente, del mismo modo que la abnegación y buen corazón de El Persa. Los celos de Raoul, aunque en ocasiones difíciles de soportar, lo hacían parecer de lo más tierno y, como él, ¿quién no ha sentido en la oscuridad del dormitorio el miedo de que unos ojos de brasa te observen con no muy buenas intenciones? Reconozco que este sencillo pasaje me hizo pasar una mala noche.

Pero sin duda mi personaje favorito ha sido Erik. Podríamos considerarlo no más que un vulgar criminal, un asesino y extorsionador, un demente acosador que juega con los sentimientos de una muchacha para que renuncie a todo y así poseerla… ¿Por qué es imposible de odiar?

Erik no es un vulgar villano. Es una criatura infeliz que busca desesperadamente una única cosa, algo que le fue cruelmente arrebatado el mismo día en que nació: la capacidad de ser amado. Despreciado por todos por su desagradable apariencia, Erik ha aprendido a desconfiar del resto de seres humanos. Sabe que no puede acercarse a ellos, pues lo rechazan, todos sienten repulsión y asco hacia él. Solo ha podido vivir para sí mismo, nunca ha tenido a nadie más. Y, sin embargo, él no lo ha querido así. Solo aspiraba a tener una vida normal, en la que pudiese amar y ser amado. Por eso, cuando cree poder alcanzar esta felicidad soñada, se obsesiona hasta el punto de enloquecer y no duda en hacer lo que haga falta por conseguir su meta, no importa cuántos tenga que sufrir por ello… Salvo si eso incluye la desgracia de su amada.

Porque Erik, bajo su desagradable apariencia y su superficial maldad, esconde un tierno corazón que solo necesita un poco de cariño y por el que solo podemos sino sentir unas sinceras compasión y piedad.

No puedo terminar sin mencionar la música, gran inspiradora de esta obra. No se trata de un simple elemento decorativo, la música juega un papel esencial en la novela. No solo la mención de insignes obras como Fausto de Charles Gounod, sino más bien lo que la música supone como arte. He disfrutado enormemente las comparaciones entre la Carlotta, una gran diva capaz de interpretar a la perfección las más maravillosas piezas pero incapaz de representar adecuadamente a los personajes, y Christine, sin tanta experiencia pero más capacitada para dar vida a la música. Pues ésta no es solo la combinación de sonidos y silencios, sino también un pedazo del alma del artista.

viernes, 23 de julio de 2010

El retrato de Dorian Gray

A los catorce años me encontraba en plena crisis literaria. Tenía la sensación de haber leído ya lo mejor que el mundo podía ofrecerme, los libros que últimamente llegaban a mis manos no lograban captar suficientemente mi atención. En el colegio no ayudaban demasiado, ya que seguían mandándonos como lectura obligatoria libros de El barco de vapor y similares. Para alguien que como yo ya había superado el nivel más alto de estas colecciones a la edad de nueve años, era de lo más desconcertante. Para más inri, mis propios profesores, si bien alababan mucho a los clásicos de la literatura que estudiábamos en clase, nos recomendaban no leerlos aún, ya que los consideraban demasiado complejos y elaborados para nosotros.

A mi padre siempre le ha gustado leer, por lo que desde que tengo memoria en casa he podido gozar de una amplia biblioteca. Me encantaba (y me encanta) pasar la vista por los distintos volúmenes, leyendo sus títulos y estudiando el material y adornos del lomo, buscando algo que despierte mi interés.

Fue en una de esas tardes de ocio cuando mis ojos se posaron en un título y un nombre en los que hasta entonces no me había fijado y que me resultaron de lo más atractivo: De profundis, de Oscar Wilde. Pensé que alguien con tan buen nombre (y que tan bien elegía el de sus obras) debía de tener muchas cosas interesantes que contarnos. Inmediatamente devoré el libro. Podría decirse que me enamoré del estilo de este hombre. Y, por supuesto, quise leer más.
Oscar Wilde


Poco a poco fui descubriendo sus bellísimos cuentos. O mejor dicho, redescubriendo. Ya conocía varios de ellos, como El gigante egoísta o El príncipe feliz, pero por adaptaciones infantiles en las que se pierde gran parte del genio del autor.

Finalmente conseguí hacerme con el título que más ansiaba: El retrato de Dorian Gray ¿El origen de tanto interés? Ya conocía la historia, antes de conocer a Wilde, pero una vez más lo que verdaderamente llamaba mi atención era el propio título y el nombre del protagonista. Me parecía el nombre más “encantador” del mundo. Por este motivo, no pude sino sonreírme cada vez que en el propio libro se mencionan las cínicas aunque siempre interesantes teorías de Lord Henry Wotton acerca de la belleza, especialmente en el pasaje en el que habla sobre los nombres y lo perfecto que le parece el de Dorian Gray.


Portada de la primera edición de la novela


Según había oído, la historia trataba sobre un joven que realiza un pacto con el diablo mediante el cual pierde su alma a cambio de permanecer eternamente joven, siendo un retrato suyo el que sufra el paso del tiempo. Como el propio Wilde dijo: “en la primera novela de cada autor el personaje principal debe ser o Cristo o el Fausto". A pesar del paralelismo entre Fausto y El retrato de Dorian Gray, Wilde le ha sabido dar una nueva forma, creando algo completamente nuevo y tan inmortal como el protagonista.

Un Fausto (Dorian Gray) narcisista y vicioso en grado sumo, consciente de sus propios pecados y atormentado por ellos pero paradójicamente sin intención de redimirse; una Margarita (Sybil Vane) ingenua e inocente que a pesar de su brevísima intervención es imposible de olvidar; y un hedonista, cínico e hipócrita aunque carismático Mefistófeles (Lord Henry Wotton), esta vez de origen humano pero con una influencia demoníaca en los demás, junto con el propio autor (Basil Hallward) completan el cuadro de personajes principales de esta novela gótica de carácter decadentista e intención moralista en la que no solo se realiza un estudio pesimista de la burguesía decimonónica, sino también sobre la decadencia y la corrupción humana, representadas en el cambiante cuadro que no muestra solo el paso del tiempo, sino la degradación del alma del retratado.

Quizás no haya sido del todo sabio comenzar con un libro al que sencillamente no soy capaz de encontrarle defectos. Como ya he dicho, adoro la forma de escribir Wilde, tan irónico y cínico a la vez que elegante y minucioso. Además, me encantan tanto la trama como el mensaje que quería transmitir con esta obra. Los personajes, aunque llenos a rebosar de defectos (en especial el propio Dorian), son psicológicamente interesantísimos. Además, es un libro que invita a la reflexión no solo sobre la pureza y corrupción del alma, el disfrute de la vida y las malas influencias, sino también (y es lo que más interesante me pareció) sobre lo que nos mueve a actuar de una determinada forma, ya sea para hacer el bien o el mal, dado que podemos realizar una mala acción de manera no intencionada y una buena acción por pura vanidad. Qué acciones llevamos a cabo verdaderamente de corazón y qué huella imborrable dejan en nuestra alma.

Por cierto... ¿alguien sabe exactamente por qué se hace alusión a Dorian Gray en la canción Moriría por vos de Amaral?

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...