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sábado, 25 de febrero de 2017

Un mundo feliz

¿Quién no querría vivir en un mundo racional y científico, exento de supersticiones y misticismos? Un mundo en el que el sexo no es un tabú, donde todos sus habitantes viven de un modo completamente feliz y despreocupado. Un mundo en el que te lucras de tus propios talentos y los niños no necesitan hacer deberes para adquirir conocimientos.

Un mundo feliz.

Esta es la novela de Aldous Huxley, que nos presenta un futuro en el que la tecnología y la ciencia han triunfado en la vida diaria y marcan el ritmo de la misma. Todo está perfectamente medido y clasificado, incluía la sociedad, diseñada desde el estado embrionario y dividida en castas según las capacidades de cada grupo de individuos.



En este mundo perfecto, Bernard Marx, un miembro de la élite, no es feliz. Él, como muchos otros, atribuye esta particularidad a un error cometido durante su gestación por parte de una enfermera desatenta, motivo por el cual no se siente integrado entre sus propios compañeros y no se atreve a confesarle sus deseos a Lenina, a pesar de ser de una casta inferior a la suya. Gracias a un permiso especial, Bernard y Lenina una reserva de salvajes. Allí conocen a John, rechazado por los propios miembros de su tribu por ser hijo de una mujer civilizada, algo prácticamente imposible teniendo en cuenta el cuidado que estas ponen en evitar embarazos. Maravillados, deciden presentar a John ante la sociedad.


En este libro, Huxley denuncia ciertos comportamientos liberales que observaba en su época y que temía que condujeran a una pérdida de moral y del sentido de la propia existencia, lo que en su opinión desembocaría en una felicidad falsa y artificial, que a su vez desaparece en el mismo momento en el individuo comienza a cuestionarse tu propia percepción de la realidad. Si queremos poder vivir carentes de preocupaciones y responsabilidades, debemos dejarlas en manos de otros, a merced de cualquier equivocación que pudieran cometer y sin poder hacer nada por evitarlo. De este modo, la felicidad implica la pérdida absoluta de la libertad, limitándonos a vivir como meros engranajes de una máquina más importante que nosotros mismos.


Este mundo feliz nos enseña que todo tiene un precio:
Quizá podamos dar de lado las supersticiones y misticismos, pero en consecuencia idolatramos al mayor exponente del capitalismo y la producción en masa, Henry Ford.
Quizá el sexo deje de ser tabú, pero solo funciona como una distracción carente de emociones, donde los propios niños son animados a jugar manteniendo relaciones sexuales entre ellos.
Quizá estos niños vivan exentos de pasar su tiempo haciendo deberes, pero esto se consigue a través del aprendizaje durante el sueño, que introduce ideas con las que manipulan sus mentes durante el momento de mayor indefensión.
Quizá deje de haber penalidades y lamentaciones, pero a cambio rechazas tu libre albedrío y vives a merced de una droga que aniquila tu capacidad crítica.

El estilo del autor no me impresionó especialmente, pero tampoco terminó de desagradarme. Se trata de una escritura simple, casi aséptica, en la que narran los hechos tal cuales son, sin emociones ni impresiones sobre los personajes y sus actos. Tal vez Aldous Huxley pretendía de este modo enfatizar el tipo de sociedad que estaba describiendo... o tal vez simplemente sea su estilo personal. En cualquier caso me gustaría leer otra de sus obras para poder contrastarla.

La lectura de este libro fue bastante incómoda. La representación de la realidad que nos quiere mostrar Huxley es demasiado chocante, dado que eleva a su máxima potencia comportamientos humanos reprochables en nuestra vida diaria que, sin embargo, aceptamos.
Actualmente se celebra como rebeldía y como formar parte de un mundo nuevo y más libre.

domingo, 22 de mayo de 2016

La herida del tiempo

La rica familia Conway aprovecha el cumpleaños de su hija Kay para celebrar también el fin de la Primera Guerra Mundial. Dicha familia está formada por la señora Conway, sus dos hijos Robin y Alan, y sus cuatro hijas Carol, Hazel, Madge y Kay. Hay varios invitados a la fiesta. Está Joan, una chica de la que Alan está perdidamente enamorado; Ernest, un muchacho con grandes aspiraciones al que Hazel desprecia profundamente; Gerald, posible pretendiente de Madge... se les ve a todos felices y radiantes, llenos de vida y celebrando el maravilloso futuro que les espera. Sin embargo, Kay empieza a tener una extraña ensoñación que le muestra cómo serán las cosas 18 años después.

Esta obra de teatro de J. B. Priestley es bastante dura. Está dividida en tres actos: el primero nos presenta los personajes en la fiesta, el segundo nos presenta la terrible visión de futuro de Kay en la que se ve cómo todas las esperanzas de cada uno de los personajes se han venido abajo. Las parejas que parecía que serían felices están rotas, algunos ya no siguen con ellos, los que parecía que iban a comerse el mundo se ven al lado de quien más detestaban. Es, en definitiva, un montón de sueños rotos. El tercer acto vuelve al presente y, con desasosiego, Kay ve cómo todo ese sueño que tan inverosímil y alejado de la realidad parecía empieza a tornarse como algo posible.

¿Podéis imaginar lo que significa leer o ver representada en el escenario una obra así? Por muy bien o mal que te caigan los personajes, y reconozco que la gran mayoría no eran santo de mi devoción, se te rompe el corazón al ver todas esas ilusiones que parecen destinadas a hundirse en el fango.

Sin embargo esta obra es, en definitiva, una reflexión sobre el tiempo y el modo en el que nos pesa a todos: nos enseña que no debemos ser demasiado optimistas sobre lo que nos depara el futuro y aprender a labrarnos nosotros mismos lo que esperamos de él. No solo es, sino a medir cada uno de nuestros pasos y contar que los demás tienen sus propios planes y expectativas que pueden chocar con las nuestras.

Es terrible. Yo me he sentido completamente destrozada: ¿qué puede uno esperar de sí mismo cuando tiene la sensación de que, haga lo que haga, todo está abocado al fracaso? Y esa sensación es la que predomina durante los dos últimos actos, en los que solo Alan y Kay parecen ser... no inmunes, pero sí al menos no han sido aplastados por el peso del destino, o de la herida del tiempo.

Me llamó la atención al mirar la edición saber que la primera vez que se editó fue en 1937: Justo a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Es como si, en cierto modo, Priestley hubiera recordado las esperanzas de felicidad que él mismo y su familia tuvieron al terminar la Gran Guerra. Y no solos u familia, sino toda su Inglaterra natal y ahora viera que sus ilusiones solo los ha visto abocados a caer de nuevo en el mismo error, la misma miseria... o incluso una todavía peor.

El gran protagonista de la obra es, sin duda, el tiempo en sí mismo. Y lo que es más, da a entender que todo el tiempo ocurre a la vez. Una idea muy propia de la serie Doctor Who, pero que deriva de un ensayo de Dunne llamado Un experimento con el tiempo que nos cuenta la teoría de que todo sucede a la vez, pero que la concepción lineal del tiempo es la única forma que nuestra conciencia humana tiene de percibirlo... pero de vez en cuando a través de déjà vu, precogniciones y otras anomalías, podemos acceder a una visión más completa.

¿Alguien más ha leído esta obra? ¿Os habéis sentido tan hundidos como yo? ¿Os resulta interesante la concepción tan especial del tiempo que tiene esta obra?

jueves, 14 de enero de 2016

Moby Dick

Moby Dick. Esa historia que a todo el mundo le apasiona… hasta que tiene que leer la novela original. Como para no tenerle respeto a semejante tocho de 1000 páginas, de las cuales unas 500 son una enciclopedia de cetáceos y barcos. Literalmente.

Ese libro que llevó a la ruina y a la depresión a su escritor, Herman Melville, dado el escaso éxito de ventas que tuvo durante su vida. De hecho, no fue hasta años más tarde, con el auge del estilo modernista, cuando finalmente se reconoció su gran valor literario. Y es que Melville fue un incomprendido adelantado a su época,  un hombre del que se podría llegar a decir que sobrepasó a su mentor, el mismísimo

El argumento es de los más conocidos de la literatura. Basado en la historia real del cachalote Mocha Dick, narra las aventuras de un barco ballenero a la caza de Moby Dick, la famosa ballena blanca, por venganza y obsesión del capitán Ahab, al que le había arrancado una pierna...

Aunque es mundialmente
conocida  como
Moby Dick,
el título original era La ballena
Este barco, el Peaquod, reúne a la más variopinta tripulación, que no solo representa todas las razas y etnias posibles, sino que muestra también las religiones más destacadas, así como actitudes de lo más diversas, siendo un microcosmos de un macrocosmos. Es decir, una representación del mundo entero en el barco. Por ejemplo, Starbuck, el primero de abordo, es cuáquero, y podría decirse que representa el sentido común de Ahab; mientras que Tashtego, el intelectual,  encarna el “buen salvaje”. Por su parte, Queequeg es una curiosa mezcolanza de africano, polinesio, cristiano, musulmán y nativo americano. Es tan interesante como enriquecedor ver a  personas tan distintas pasearse por la cubierta del ballenero, a la vez que dan sus particulares visiones de la vida.

Siguiendo con Queequeg, un tema muy controvertido en aquel entonces (hablamos de 1851) es la relación afectiva que se intuye de este personaje con su mejor amigo, Ismael, el narrador de la historia. Sobre todo se adivina en el capítulo en el que trabajan juntos, llenos de esperma de ballena (o espermaceti, una sustancia muy preciada que se encuentra en el cráneo de los cachalotes... el juego de palabras está servido) haciendo un trabajo manual, con mucho contacto entre ambos. Hay que reconocerle a Melville gran valentía por tocar un tema que no se trataba en occidente desde prácticamente la época clásica, especialmente si tenemos en cuenta que, como su maestro, vivía en una sociedad puritana.

Por otra parte, la caza de la ballena blanca está contada como una obra épica clásica, con la
exaltación de sus héroes. Sin embargo, lo que hace Melville con su héroe, Ahab, y su trágico final no es más que una burla a todo este género, haciendo ver que este héroe griego no es más que un humano que tiene que asumir las consecuencias de su sed de venganza. Llevado por su locura y monomanía, condena a todos a todos los que lo acompañan en su aventura, haciendo de esto una tragedia, esta vez, sin héroes.

Otra característica innovadora de la obra es la introducción de elementos propios del teatro. A veces incluso aparecen acotaciones, con lo que puede apreciarse la característica descriptiva del drama. Además de todos los guiños literarios que se hacen a las obras dramáticas de Shakespeare.

Una característica propia del modernismo, al que Meville se adelantó por décadas, es el de introducir fragmentos que no tienen nada que ver con la historia y rompan con la narración. Como ya hemos dicho, en este caso se introduce lo que hemos llamado “enciclopedia de barcos y cetáceos”, donde Meville nos muestra su amplia cultura marítima, si bien puede suponer un buen dolor de cabeza al lector, ya no es parte del hilo argumental ni nada por el estilo, solo un compendio de definiciones y muestras de los elementos mencionados. Pero de eso se trata: de romper los esquemas y sorprender con algo que, aunque relacionado temáticamente, no debería tener cabida en una novela convencional.


No es libro que guste como lectura, es pesado, aburrido. Sin embargo, reconozco su gran valor literario y su importancia. Desde luego es un imprescindible para quienes estudian literatura (y no hablo de futuros filólogos, los estudiantes por afición también deben echarle un ojo)  y que sea muy selecta a hora de elegir libro, que quiera ponerse a prueba con algo realmente complejo. Si lo que se pretende es pasar un rato entretenido, se pueden, aunque nunca es lo más recomendable, leer únicamente las partes narrativas y saltarse las más enciclopédicas. 

¿Estáis preparados para embarcaros a la aventura contra la temible ballena blanca?

sábado, 19 de diciembre de 2015

Demian

Debo reconocer que comencé este libro sin muchas expectativas. No hacía mucho que había leído El lobo estepario, también de Hermann Hesse, y, la verdad, es que dejó bastante fría. No por ser un mal libro o carecer el autor de talento, sino porque no terminé de pillarle el punto, había algo que se me escapaba. Seguramente su lectura no llegaba en el mejor momento.

Con todo, al final me atreví con Demian, novela bastante corta publicada en 1919, pocos años después del fin de la Gran Guerra. Quizás por hubiera visto años tras años el título en la querida estantería paterna y eso me lo convertían en una obra más amiga. Quizás porque me seducía la cálida voz del narrador del audiolibro que había encontrado. Quizás porque quise darle una segunda oportunidad a un autor que reconocía como bueno. El caso es que, finalmente, conocí a Max Demian.

El estilo característico de Hesse quedó claro ya en los primeros párrafos. Depurado, claro, donde no se deja nada al azar, ni una palabra falta y ni una palabra sobra. Exacto y preciso, sin estar exento de lirismo, sutil y hermoso. Esto, ciertamente, era algo que ya pude apreciar en El lobo estepario, si bien me pareció que la belleza, de marcados contrastes, era aún más viva (magnífica la contraposición el mundo de luz y el de oscuridad que el protagonista hace al comienzo, de una belleza y una candidez tan conmovedoras que te obliga a continuar buscando más).

Como reza un subtítulo cada vez más olvidado, Historia de la juventud de Emil Sinclair, conocemos la infancia, adolescencia y juventud de este personaje de mano de una versión más adulta de él mismo. Hijo de buena familia, Emil no tarda en ver cómo se produce la ruptura con la rectitud y la seguridad del hogar cuando malas influencias externas comienzan a aparecer en su vida. Comenzará a ver el mundo fuera del amable y pulcro ámbito familiar, un mundo cruel y sucio, donde las personas se valen de mentiras, chantajes y demás diabluras para conseguir sus objetivos. Un lugar donde imperan vicio, maldad y desorden.

Como a todos nos ocurre tarde o temprano, Emil debe dejar el nido, enfrentarse a la suciedad exterior
Amanecer en el océano, de Vladimir Kush
y buscar su propio mundo de luz. De la infancia a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud, los retos y tentaciones que salen al paso de Emil son cada vez más difíciles de sortear y, a la vez que irá conociendo las maldades y bondades del mundo en el que ha sido arrojado, deberá conocer las suyas propias.

Muchas veces Emil se encontrará traicionándose a sí mismo, puesto que el camino que recorre es confuso. En ocasiones, estará solo. Y mientras tanto, sus dudas y miedos van creciendo. Las cuestiones clásicas quiénes somos y de dónde venimos. Si existe Dios, quién es. Cuál es el modo correcto de actuar.

Pero tarde o temprano, a pesar de su soledad, la figura de Max Demian, amigo, mentor, y ángel de la guarda, un compañera de escuela un poco mayor que él, siempre acaba apareciendo para ayudar a Emil a expandir sus horizontes y a no perderse en el camino. Nunca conforme con los cánones convencionales, Demian anima a su amigo a reflexionar sobre el bien y el mal, la religión y el poder de la mente.

Búsqueda de la propia identidad, psicoanálisis, gnosticismo, despertar de las pasiones y una amor fraternal conmovedor en el más claro ejemplo de bildungsroman (o novela de desarrollo), que impactó fuertemente a toda unageneración de jóvenes que sufrieron la guerra y que fue catalogada por el contemporáneo de Hesse, el también escritor Thomas Mann, como obra maestra.

Y creo que no hace falta añadir que me ha encantado.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La vida es sueño

Puede que sea un poco tarde para reseñar no ya un clásico de la literatura, sino uno que, además, llegó a mis manos hace más de diez años. La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca es una novela de teatro que, a pesar de los años, jamás me canso de releer.

La trama gira en torno a Segismundo, un hombre que desde su nacimiento vive encadenado en lo alto de una torre, sin saber que es en realidad el príncipe heredero de Polonia. A los oídos del rey llegó la profecía de que ese niño viviría para humillarlo y destronarlo, que sería un hombre cruel e injusto y que cometería aberraciones. Horrorizado, ordenó que se lo apartara del palacio y fuera criado como un reo, o incluso podría decirse que como una bestia, desconocedor de la más mínima libertad y sin contacto con otras personas más que su carcelero. Sin embargo, una muchacha llamada Rosaura entra en la torre y es testigo de sus lamentos. Poco después, a Segismundo se le da la oportunidad de demostrar que la profecía estaba equivocada.

No cuento mucho más, aunque me gustaría, por no revelar el argumento de la historia. A pesar de todo, yo diría que en este libro lo más importante no es precisamente el argumento, sino las ideas que lo envuelven y la complejidad filosófica de la que está imbuido. La primera vez que lo leí, en secundaria, no llegué a comprender todas las referencias, y posiblemente hoy todavía no las haya captado todas. Sin embargo, siempre recordaré que mientras el profesor de filosofía en Bachillerato explicaba la alegoría de la caverna de Platón, en mi mente se dibujó claramente Segismundo en su torre. La relación es obvia, y más aún cuando el propio Segismundo se convence de que todo lo que ha vivido fuera de su oscura y lúgubre torre no es más que un sueño. 

Por otro lado, también hay bastante de la famosa fábula de Edipo. Tanto Edipo como Segismundo fueron apartados de sus familias y su destino por sus padres, que temían una profecía sobre ellos. Irónicamente, es esta conducta la que hace que después se haga posible y se cumpla dicha profecía. 

Segismundo y Rosaura en escena
Sin embargo, debo reconocer que, por mucho que ahora lo vea como un subtema y no como algo esencial en la historia, cada vez que lo leo o lo veo representado, el enamoramiento de Segismundo hacia Rosaura sigue pareciéndome uno de los más hermosos que he visto en la ficción y fuera de ella.

Es una maravilla que, en mi opinión, no es en absoluto difícil de leer si la comparamos con otras obras de la misma época. Si bien el estilo barroco es muy elaborado y eso puede dificultarnos la lectura si no estamos acostumbrados a él, no se trata en absoluto del estilo críptico y hermético de algunos autores del Siglo de Oro.

En definitiva, yo diría que esta es una obra imprescindible para todo aquel que tenga un verdadero interés en la filosofía. No sé si encontrará respuestas a sus preguntas, yo al menos no encontré demasiadas, pero como mínimo siempre nos sentiremos acompañados en nuestras inquietudes, no solo durante el mítico soliloquio de Segismundo cuando se introduce al personaje, sino durante toda la obra, de principio a fin. 

miércoles, 25 de junio de 2014

La hija de Rappaccini

Nathaniel Hawthorne es conocido por el gran público gracias a su obra maestra La letra escarlata, sin embargo hoy vamos a hablar de uno de sus relatos cortos: La hija de Rappaccini.

El protagonista es Giovanni, un estudiante recién llegado a Padua que, desde su habitación de alquiler, observa día tras día el exuberante jardín del viejo doctor Giacomo Rappaccini. Con curiosidad ve que el doctor no se atreve a tocar ni acercarse a las plantas, sino que llama a su hija Beatrice para que lo haga en su lugar. Giovanni queda fascinado por la belleza de la muchacha, increíblemente semejante a la flor más hermosa del jardín, que por algún capricho de la naturaleza casi parece tener forma humana. Durante las horas que pasa observando desde su ventana, Giovanni observa cómo todo animal que toca esa flor muere rápidamente, y comprende que debe tratarse de una planta venenosa. Sin embargo su estupor crece cuando ve que la bella Beatrice mata un insecto solo con su aliento, y es que la muchacha se ha mimetizado tanto con ese nuevo Edén que, si bien es inmune al veneno de las plantas, ella misma se ha hecho venenosa para cualquier ser vivo que esté cerca de ella. Es a partir de aquí que Giovanni se encuentra en una disyuntiva: quiere estar cerca de la muchacha y amarla, pero al mismo tiempo la teme por su terrible poder…
Giovanni, Beatrice, Rappaccini
Si debo ser sincera, este relato me conmovió. En un principio lo estaba leyendo bastante extrañada, pero Hawthorne tiene la habilidad de ir creando poco a poco el ambiente propicio para que, incluso esperándote ya lo que va a ocurrir, no puedas evitar sentir ese pequeño escalofrío. 

A lo largo de todo el texto ves pequeños detalles que anticipan lo que se avecina, pero no de forma tan evidente como desgraciadamente ocurre en otras historias, su prosa no es tan directa sino que te hace ponerte en tensión a través de algo tan simple como las descripciones del lugar. ¿Quién no se sentiría en el paraíso si se encontrara con la visión de un enorme jardín lleno de flores exóticas y colores vibrantes, por viejas y rotas que parezcan las fuentes y cualquier otra obra creada por la mano del hombre? En esta historia demuestra claramente que algo no necesita ser horrible para inspirar temor, sino que una belleza demasiado sobrehumana puede causar el mismo sentimiento de inquietud.

La decadencia y exuberancia del jardín
Me llamó notablemente la atención la descripción de Beatrice, ya que desde el principio te das cuenta de que no es una simple muchacha. Una figura demasiado angelical, demasiado perfecta… Giovanni siente por ella tanto atracción como repulsión, y si debo dar mi opinión personal al respecto, jamás diría que estuviera realmente enamorado de Beatrice, solo maravillado por una criatura mesmérica que representaba lo sublime en su esencia más pura. De hecho, a menudo me daba la impresión de que estaba enamorado de sí mismo. 

Por último, y si bien no quiero hablar del final del relato, debo decir que para mí fue bastante impactante no tanto por los hechos que relata sino por las palabras que pone en boca de sus personajes. Triste, cruel, hermoso y conmovedor.

jueves, 5 de junio de 2014

Rebelión en la granja

Los animales de la Granja Manor no son felices. Deben soportar el hambre y los malos tratos del granjero Jones sin que ello les permita evitar una muerte prematura. Viejo Mayor, un venerable cerdo al que se le ha permitido llegar a una edad avanzada, exhorta poco antes de morir a sus compañeros a rebelarse en contra del tirano y formar una nueva granja donde todos los animales sean libres e iguales. Las condiciones cada vez peores aceleran la revolución: Jones es expulsado y la granja queda a cargo de los cerdos. Pronto, las personalidades de dos de ellos, Snowball y Napoleón, chocan estrepitosamente. Aun cuando han conseguido su revolución, el camino hacia la igualdad y el respeto es complicado.


Tras su inocente apariencia de fábula infantil, Rebelión en la granja, de George Orwell, es una feroz crítica política y social. En el momento en el que Viejo Mayor se dirige a sus compañeros animales bajo el nombre de “camaradas” y enuncia su revolucionario discurso queda claro por dónde van los tiros: Efectivamente, a medida que los hechos se van desarrollando, vemos plasmados con gran precisión los acontecimientos más relevantes de la Revolución bolchevique y el posterior régimen estalinista.

Al estar escrito a modo de cuento, muestra unos sucesos tan complejos como la Revolución rusa, que a muchos nos dieron más de un dolor de cabeza en el colegio, de un modo sencillo y accesible, lo que hace que sea muy sencillo comprender todo lo que ocurre. El trasfondo ya es de por sí lo suficientemente complejo como para que esta sencillez estilística sea más que bienvenida.

A pesar de que la trama gire en torno a la ya mencionada revolución, no considero que Orwell haga una crítica directa del comunismo per se. Los ideales que promulgaba Viejo Mayor no dejan de ensalzarse en todo momento, el suyo era un mensaje bello y justo sobre igualdad y libertad y, durante un tiempo, llegó a ser factible un mundo tal y como el viejo cerdo proponía. Fue con la llegada de la nueva generación de dirigentes cuando se dieron de lado a los ideales de la Revolución que ellos mismos iniciaron y, cegados por el poder, dan comienzo a una nueva era de opresión y desigualdad (creo que sobra decir a qué camarada señalaba Orwell como culpable directo del fracaso).

Tal y como yo lo veo, no es tanto una crítica a los ideales y reivindicaciones soviéticos como a la corrupción de sus diligentes que, dándole un giro de tuerca a los acontecimientos, se convirtieron en el azote de aquellos a los que habían jurado defender. Esta corrupción puede extrapolarse casi hacia cualquier ámbito donde el poder sea demasiado suculento, pero la Revolución rusa es el caso más claro de lo irónica y contradictoria que puede volverse una revolución social.

Claro que no toda la culpa debe atribuírsele a nuestros cerditos, puesto que el resto de los animales les ha dejado hacer a su antojo, creyéndoles sin cuestionar absolutamente cuando no poseen la cultura e inteligencia suficientes como para comprender lo que ocurre, o, en caso contrario, mantenerse pasivamente escépticos, sin comulgar con la situación, pero sin actuar en contra.



Rebelión en la granja es un libro interesantísimo, tanto para acercarse a la Revolución rusa, como para reflexionar sobre política en general, muy accesible para lectores de todo tipo, ameno e increíblemente adictivo.


domingo, 6 de abril de 2014

Ciudad de cristal

A menudo nos encontramos con libros difíciles de leer, de esos que te dejan con la sensación de que no has entendido nada. Otras, hay libros que te dejan con una media sonrisa porque consigues localizar múltiples referencias en ellos que no esperabas. Pero Ciudad de cristal, primer libro de la Trilogía de Nueva York de Paul Auster me hizo sentir de ambos modos inevitablemente.

Esta novela llegó a mis manos por obligación. En una asignatura relacionada con la literatura de terror, la profesora nos dio un índice de libros imprescindibles que debíamos leer y analizar para el curso. El último de todos era una versión gráfica de esta novela, que puso colofón a aquel fantástico curso y me gusto tanto que compré el libro. De hecho, doy gracias a que la novela gráfica es de una calidad excelente, ya que, al margen de que su adictiva historia hiciera que me lo leyera de un tirón, posiblemente no habría entendido el libro en su plenitud de no ser por aquellas fantásticas y a la vez simples ilustraciones.

Portada original de la novela gráfica
El libro comienza cuando Danny Quinn, un escritor de novelas policíacas, recibe diversas llamadas de teléfono en las que lo confunden con el detective Paul Auster. Finalmente se cita con su interlocutor, Peter Stillman, que le ruega su ayuda para evitar su propio asesinato a manos de su padre, un lingüista y teólogo que lo encerró de niño e impidió que tuviera relación con ninguna otra persona durante su infancia con la esperanza de que así aflorara en él el idioma primigenio del Jardín del Edén. Por esto, fue encarcelado y está a punto de salir libre, con lo que el joven Peter teme por su vida.


Poco a poco nos adentramos en una jornada de reflexiones filosóficas, ya que el verdadero misterio no es realmente por qué el padre de Peter querría matarlo, sino el propio Quinn. Durante toda la historia hay permanentes confusiones de identidad, Quinn adquiere diferentes personalidades en un intento por descifrar la realidad que le rodea, pero al hacerlo pareciera que él mismo va perdiendo su propia identidad. 

Reconozco que este libro me dio escalofríos y me fascinó a partes iguales. Resulta casi imposible comprender todas las referencias que pueblan la historia, los múltiples desdoblamientos de personalidad. El propio autor aparece en la trama solo para hacerla más enrevesada y aparentemente ilógica.

No quiero comentar más detalles sobre los diferentes hechos porque cada uno se ofrece a la libre interpretación del lector y son muy significativos y enriquecedores. Siempre he disfrutado con las historias que me obligan a pensar y comerme un poco la cabeza para comprender lo que ocurre, razón por la que soy muy aficionada a las novelas de misterio.

Sin embargo, lo que al principio parece una novela de detectives, pero poco a poco termina por convertirse en una novela surrealista, que explora la dualidad en todas sus vertientes. Todo el relato es un complejo análisis sobre la identidad del alma humana, explorando preguntas incómodas como quiénes somos realmente y cuál es nuestra realidad. El final resulta escalofriante, y uno no puede dejar de pensar en esa Nueva York capaz de engullir la vida de una persona hasta no dejar rastro.

Resulta difícil explicar demasiado sin revelar detalles de la historia, así que solo me queda decir que espero que la intriga os anime a acercaros a esta desconcertante y magnífica historia. 

jueves, 21 de febrero de 2013

El paraíso perdido

El paraíso perdido está considerada como una de las tres grandes obras épicas de la literatura inglesa, un hecho bastante insólito si tenemos en cuenta que su autor, John Milton, la concibió estando ya ciego.

En una época en la que todo entretenimiento estaba casi prohibido, la única temática considerada digna para ser escrita y por consiguiente, publicada, era la religiosa. El propósito aparente de esta obra era intentar acercar a los creyentes las razones por las que Dios permite el sufrimiento al ser humano. De este modo, la obra se centra en la rebelión de los ángeles caídos y la desobediencia de Adán y Eva.

El Demonio, siendo consciente del terrible destino que le espera decide tomar venganza de Dios seduciendo a su nueva obra, el ser humano, para demostrar su superioridad para con una Creación Divina. Resulta fascinante poder entrar dentro de la psique de un personaje tan complicado y perverso como el Demonio, y más aún lo es darse cuenta de cuán parecido nos lo muestra Milton a nuestra propia naturaleza humana. Sin embargo, al hablar de los ángeles y de Dios y su Hijo, estos se nos hacen tan lejanos e inalcanzables, completamente distintos a nosotros, que nos resulta imposible comprenderlos.


Quizá esa sea la clave que nos da para entender por qué el Hombre sucumbió a la tentación: Un ser al que comprendemos nos puede seducir con más facilidad, pues entiende nuestras necesidades y deseos de un modo que una criatura pura y elevada no puede hacer. A pesar de que Adán ya ha sido advertido por el ángel y Eva, que ya ha probado el fruto prohibido, es consciente de su desobediencia y del mal que causará, ni él duda en aceptar la manzana ni ella en ofrecérsela, temerosos ambos de ser separados.

El estilo de Milton resulta en exceso complicado. La obra original está escrita en verso blanco, sin rima, pero no es el problema que se nos presenta: la verdadera razón para su complejidad es su oscura sintaxis, que rompe con todas las reglas de la gramática inglesa, por no hablar de las múltiples referencias a diferentes personajes mitológicos y concepciones de la religión hoy poco conocidas.

Al margen de las numerosas críticas sobre la misoginia latente en la obra, dejando ver a la mujer como la culpable de los males y desgracias del mundo, siendo ella la causa principal de la caída del ser humano, yo prefiero quedarme con el hecho de que en efecto, es necesario que venga el mismo Demonio para poder convencer a una mujer para desobedecer a Dios, y sin embargo, basta una mujer para que el hombre rechace la gracia divina.


Como curiosidad, John Milton escribió más tarde El paraíso recobrado, sobre el modo en el que el sacrificio del Hijo nos ayudó a ganar de nuevo el derecho a la vida eterna al lado de Dios.

viernes, 11 de enero de 2013

Fahrenheit 451

¿Qué os parecería vivir en un mundo en el los bomberos provocan incendios? ¿En el que tu familia sean los desconocidos que aparecen en una pantalla? ¿En el que el mayor logro es tener las paredes de tu hogar forradas con televisores? ¿Un mundo en el que estuviera prohibido leer?

Este es el mundo que nos recrea Ray Bradbury en su libro Fahrenheit 451. La historia gira en torno a Montag, bombero de profesión que se dedica a la quema de libros. Cuando hay algún sospechoso de haber roto la regla de prohibición de lectura, Montag y sus compañero irrumpen en su casa y la queman, junto con todos los libros que pudiera esconder. Montag nunca se plantea su estilo de vida ni el de su sociedad, ni siquiera su propia infelicidad conyugal, hasta que conoce a Clarisse. Esta chica cambia su vida completamente con la simple pregunta de "¿es usted feliz?". Montag se descubre a sí mismo por primera vez y solo entonces se da cuenta de cuán infeliz es.

Al contrario que la gran mayoría de las novelas distópicas, Fahrenheit 451 no tiene por objeto criticar un sistema de gobierno opresivo, ni siquiera entra en detalle sobre el régimen establecido. Lo que sí es, es una crítica feroz a la masificación de los medios de comunicación, y más que de ello, del uso que la sociedad les da. Conoces a personajes completamente aislados de sus semejantes aun viviendo en sociedad, irreversiblemente alienados del resto, descuidando sus relaciones familiares y viviendo por y para sus televisores interactivos, a los que consideran su verdadera familia. La desaparición de los libros no es una cuestión política, es una cuestión de sociedad, de la evolución de la mentalidad de la comunidad de individuos que ve a los libros como el mayor impedimento para ser feliz. 


Porque leer obliga a pensar. Quien piensa, cuestiona. Quien cuestiona encuentra respuestas. Y no todas las respuestas son agradables. Por eso, en el país de Montag todos actúan como autómatas. Conocen gente que no recuerdan de dónde han salido. Conducen a toda velocidad sin preocuparse por si han atropellado a alguien. Pero todo está bien. Al fin y al cabo, es lo que le dicen sus televisores y radios auriculares. Montag ha participado de esta "filosofía" de vida y se ha creído feliz, pero tan pronto comienza a cuestionarla, le urge la necesidad de saber, dando por seguro que las respuestas las encontrará en esos objetos prohibidos.

A pesar de todo, nos encontramos con personajes de lo más interesantes, si bien son pocos lo que intervienen en el desarrollo de los hechos. El temeroso Montag, la descarriada pero encantadora Clarisse, la eternamente triste y alienada Mildred (el mejor ejemplo de aquellos que aceptan vivir en esa sociedad), los austeros hombres-libro, el bueno de Faber y el enigmático Capitán Beatty. Este último, bombero jefe de Montag, es uno de los más complejos y, a mi juicio, interesante de todos. Beatty es un hombre que cumple religiosamente con su trabajo, aunque deja claro en varias ocasiones que ha leído con frecuencia y incluso memorizado algunos libros, pues forma parte de su trabajo conocer al enemigo. Sin embargo, y a pesar de que defiende al régimen como el que más, en ocasiones su postura resulta desconcertante. Prefiero no dar más detalles para no revelar nada más a aquellos que aún no han leído esta obra.




El estilo de la novela es cuanto menos interesante. No es en absoluto hermoso ni estético. Más que a una obra literaria, parece compartir las exigencias de un ensayo u otro escrito no ficticio. Esto puede responder no solo a la necesidad que siente el autor de dejar patente su idea, sin adornos que puedan distraernos del mensaje, sino también a un homenaje a las grandes obras de la literatura que a lo largo de la novela se nos muestran y en ocasiones incluso se citan pasajes. Nada mejor que un estilo simplista y austero para que la belleza de las otras brille como pocas veces lo ha hecho.

Para finalizar, me gustaría hacer hincapié en algo que se extrae de la filosofía de los hombres-libro. En Fahrenheit 451 no solo no se critica un sistema de gobierno para ensalzar otro, puesto que ocurre lo mismo con el conocimiento. Bradbury trata a todos los libros como igual de importantes, no importa quiénes lo hayan escrito o qué enseñanzas se extrae de ellos. Si bien el Eclesiatés tiene un papel metafórico especial dentro de la novela, a todos los libros se les da el mismo trato, no importa que sean de Ortega y Gasset, Shakespeare, Gandhi o Darwin.

¿Creéis que el mundo que Bradbury, escrito en los ya lejanos años 50, nos describe es pura ficción o sois de la opinión de que es un futuro cada día más cercano?

domingo, 30 de octubre de 2011

Momo

Momo es una chica huérfana con una habilidad muy curiosa: saber escuchar. Los que hablan con ella encuentran soluciones a todos sus problemas, tienen grandes ideas, y, en el caso de los niños, se les ocurren juegos novedosos e interesantes.
Sin embargo, un día aparecen unos extraños hombres de gris que aparecen y desaparecen sin dejar más rastro que la idea de ahorrar tiempo. La idea es conseguir una vida mejor, y para ello es necesario trabajar más, más rápido y mucho mejor. Por supuesto, los juegos, charlas o cualquier tipo de entretenimiento se consideran tiempo perdido.
Cuando Momo y sus amigos se dan cuenta de lo que ocurre, empieza una lucha casi imposible por recuperar el antiguo estilo de vida tranquilo, sosegado y alegre. Pero los hombres grises no están nada dispuestos a perder todo el tiempo que los habitantes del pueblo les están entregando.
Este libro de Michael Ende es un clásico de la literatura infantil. Sin embargo, yo no diría que se trate simplemente de literatura para niños. Se trata de una lectura apta para todos los públicos, y cada vez nos llega un significado algo distinto.
A medida que lo iba leyendo, iba dándome cuenta de lo tristes que son nuestras vidas. Somos víctimas de los hombres grises, acostumbrados a pensar en conceptos de beneficio y eficiencia. La imaginación está infravalorada cuando no se considera como algo perjudicial una vez que te has convertido en adulto.
Dentro del libro, asistimos a un lento proceso de pérdida de humanidad, que culmina en la construcción de casas iguales dentro de calles iguales en barrios exactamente idénticos. Porque que cada persona se pare a pensar en cómo podría decorar su casa sería una pérdida de tiempo. Se trata de una crítica muy clara a la industrialización, a la fiebre del consumismo de la que ya nadie escapa.


Sin embargo, los que más sufren son los niños. Esos niños que aún no comprenden por qué hay que trabajar, ni por qué sus padres los dejan solos para pasar horas extra en sus oficinas, para ganar más dinero. Unos niños que solo desean jugar, ser felices y pasar el tiempo con las personas a las que quieren. Pero esas personas ya no tienen tiempo para ellos, así que intentan suplir su ausencia mediante juguetes caros a los que los niños se aferran como único símbolo del amor que suponen que sus padres aún sienten por ellos... aunque ya no tengan tiempo para mostrárselo.
Y aquí se encuentra el tema principal del libro. Algo que me resulta tan familiar, que parece casi mentira que no pudiera relacionar ideas. El tiempo.
En todo el libro hay una antítesis clara entre la visión que tienen los niños y los adultos del tiempo. ¿Nunca habéis notado cómo cada vez los años se nos pasan más rápido? Sin embargo, no sé a vosotros, pero a mí, cuando era niña, los años se me hacían eternos. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que el tiempo cambiaba, y desde entonces, no ha parado. Como si alguien me robara las horas de los días. Como si esos hombres grises existieran de verdad.
De niños vivíamos mucho más. Porque, de algún modo, teníamos más tiempo. Tiempo para trabajar, estudiar... y tiempo para jugar y disfrutar. Pero cada vez damos menos importancia a esta última parte. Como si disfrutar de la vida no fuera importante. Y sin embargo, los momentos en los que no disfrutas son minutos, horas, días robados de tu vida.
Eso es algo que los niños saben muy bien. Lo importante es ser feliz. Quizá por eso, en el libro, los hombres grises no logran vencer verdaderamente a los niños, sino que solo pueden controlarlos a través de sus padres.
Ese es en verdad el auténtico mensaje del libro, a mi entender. El tiempo que no se disfruta, no se ha vivido.
Por eso, mi ejemplo a seguir es Beppo. El Barrendero. Ese hombre que disfruta con su trabajo, por muy insignificante o monótono que parezca. Ya que tenemos que pasar el tiempo dedicándolo a “cosas serias”, ¿por qué no disfrutarlo?
Y para terminar, quisiera hacer una pregunta a aquellos que hayan leído Momo. ¿Quién creéis que puede ser el Maestro Hora? ¿Y Casiopea? Yo tengo una idea pero antes... quisiera escuchar vuestras opiniones.

jueves, 7 de abril de 2011

La materia oscura

Existen libros para disfrutar, libros para pensar y libros para estudiar. La materia oscura de Philip Pullman es una mezcla de estas tres cosas.


La trama de estos tres libros (Luces del norte, La daga y El catalejo lacado) se basa en la ya famosa teoría de los "multiversos", es decir, de la existencia de múltiples universos paralelos al nuestro, que coexisten en el espacio y el tiempo pero en diferentes planos.

En uno de estos mundos vive Lyra, la protagonista principal de estas tres novelas. En su Oxford natal, esta huérfana de once años descubre accidentalmente la existencia de una partícula considerada herética por la poderosa Iglesia de su mundo: el Polvo. A partir de su descubrimiento, Lyra se ve envuelta en una red de intrigas, secuestros, viajes y aventuras que la llevarán a dejar atrás su niñez, entrando en el mundo de los adultos, madurando y perdiendo la inocencia por el camino.

Uno de los rasgos más característicos de estas novelas es el hecho de que en el mundo de Lyra son los daimonios, una parte del alma de las personas que habita fuera de ellas. Durante la niñez y la adolescencia estos daimonios cambian de forma a placer, siemrpe imitando a los animales. Sin embargo, durante la adolescencia su aspecto se empieza a fijar hasta establecerse con una única apariencia animal que refleja la personalidad del humano.

Me gustaron especialmente los personajes que van apareciendo paulatinamente durante las novelas. No son personajes planos, sino con sus muchos defectos y también virtudes. A primera vista uno puede no darse cuenta, pero se nota especialmente cuanto más se ahonda en ellos.
Es necesario aclarar que, si bien es una novela orientada a un público joven, contiene una gran cantidad de referencias y citas a diferentes autores como John Milton. Esto es debido a que, a pesar de su apariencia de novela juvenil, el autor te obliga a plantearte diferentes problemas existenciales y teológicos.

Nunca habría imaginado que en una novela de aventuras terminara por preguntarme sobre la expulsión del hombre del Edén, el origen del pecado y su naturaleza, así como la función de la religión.

Personalmente, dudo que yo haya logrado entender la gran cantidad de alegorías del libro, al igual que algunos puntos me parecen un poco flojos. Más bien diría que están poco desarrollados, y debería habérselos ahorrado. Quizá se explique más tarde en otros libros relacionados que ha escrito y está escribiendo ahora mismo.

Mi conclusión fue que, según los libros, el Pecado Original fue un acontecimiento afortunado para el hombre. Pullman defiende fervientemente que este momento significó la liberación del intelecto humano. Cuando Adán y Eva probaron el fruto prohibido que la serpiente, eterno símbolo de la sabiduría, les ofrece; su conciencia se liberó, adquirieron Conocimiento. Esto simbolizaría el paso de la infancia a la adultez, a una madurez mental que nos libera de la ignorancia, arrebatándonos, de paso, la inocencia.

Es aquí donde, personalmente, me encuentro en una encrucijada. Dicen que la ignorancia nos da la felicidad, y como ejemplo gráfico están Adán y Eva, inocentes y felices en el Paraíso. Sin embargo, también recoge la Biblia que solo la verdad nos hace libres.

Ese es el punto clave, en el que Pullman se inclina claramente por la libertad y el conocimiento. La conciencia antes de la ignorancia, aunque eso conlleve ciertos sufrimientos.

No es como si pudiéramos escoger de todas formas: el ser humano está marcado por el Pecado desde que Adán y Eva tomaron su decisión por todos nosotros. No hay vuelta atrás... no parece existir un redentor en el mundo de Lyra como el Jesús del Cristianismo. Los humanos están sentenciados y eso me recuerda al pasaje de la Biblia en el que Dios manda a un ángel con una espada de fuego para asegurarse de que no volvemos al mundo de felicidad que un día rechazamos.

Y sin embargo, si tuvierais la oportunidad.... ¿qué escogeríais?
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