jueves, 7 de abril de 2011

La materia oscura

Existen libros para disfrutar, libros para pensar y libros para estudiar. La materia oscura de Philip Pullman es una mezcla de estas tres cosas.


La trama de estos tres libros (Luces del norte, La daga y El catalejo lacado) se basa en la ya famosa teoría de los "multiversos", es decir, de la existencia de múltiples universos paralelos al nuestro, que coexisten en el espacio y el tiempo pero en diferentes planos.

En uno de estos mundos vive Lyra, la protagonista principal de estas tres novelas. En su Oxford natal, esta huérfana de once años descubre accidentalmente la existencia de una partícula considerada herética por la poderosa Iglesia de su mundo: el Polvo. A partir de su descubrimiento, Lyra se ve envuelta en una red de intrigas, secuestros, viajes y aventuras que la llevarán a dejar atrás su niñez, entrando en el mundo de los adultos, madurando y perdiendo la inocencia por el camino.

Uno de los rasgos más característicos de estas novelas es el hecho de que en el mundo de Lyra son los daimonios, una parte del alma de las personas que habita fuera de ellas. Durante la niñez y la adolescencia estos daimonios cambian de forma a placer, siemrpe imitando a los animales. Sin embargo, durante la adolescencia su aspecto se empieza a fijar hasta establecerse con una única apariencia animal que refleja la personalidad del humano.

Me gustaron especialmente los personajes que van apareciendo paulatinamente durante las novelas. No son personajes planos, sino con sus muchos defectos y también virtudes. A primera vista uno puede no darse cuenta, pero se nota especialmente cuanto más se ahonda en ellos.
Es necesario aclarar que, si bien es una novela orientada a un público joven, contiene una gran cantidad de referencias y citas a diferentes autores como John Milton. Esto es debido a que, a pesar de su apariencia de novela juvenil, el autor te obliga a plantearte diferentes problemas existenciales y teológicos.

Nunca habría imaginado que en una novela de aventuras terminara por preguntarme sobre la expulsión del hombre del Edén, el origen del pecado y su naturaleza, así como la función de la religión.

Personalmente, dudo que yo haya logrado entender la gran cantidad de alegorías del libro, al igual que algunos puntos me parecen un poco flojos. Más bien diría que están poco desarrollados, y debería habérselos ahorrado. Quizá se explique más tarde en otros libros relacionados que ha escrito y está escribiendo ahora mismo.

Mi conclusión fue que, según los libros, el Pecado Original fue un acontecimiento afortunado para el hombre. Pullman defiende fervientemente que este momento significó la liberación del intelecto humano. Cuando Adán y Eva probaron el fruto prohibido que la serpiente, eterno símbolo de la sabiduría, les ofrece; su conciencia se liberó, adquirieron Conocimiento. Esto simbolizaría el paso de la infancia a la adultez, a una madurez mental que nos libera de la ignorancia, arrebatándonos, de paso, la inocencia.

Es aquí donde, personalmente, me encuentro en una encrucijada. Dicen que la ignorancia nos da la felicidad, y como ejemplo gráfico están Adán y Eva, inocentes y felices en el Paraíso. Sin embargo, también recoge la Biblia que solo la verdad nos hace libres.

Ese es el punto clave, en el que Pullman se inclina claramente por la libertad y el conocimiento. La conciencia antes de la ignorancia, aunque eso conlleve ciertos sufrimientos.

No es como si pudiéramos escoger de todas formas: el ser humano está marcado por el Pecado desde que Adán y Eva tomaron su decisión por todos nosotros. No hay vuelta atrás... no parece existir un redentor en el mundo de Lyra como el Jesús del Cristianismo. Los humanos están sentenciados y eso me recuerda al pasaje de la Biblia en el que Dios manda a un ángel con una espada de fuego para asegurarse de que no volvemos al mundo de felicidad que un día rechazamos.

Y sin embargo, si tuvierais la oportunidad.... ¿qué escogeríais?

jueves, 24 de marzo de 2011

El club de la buena estrella

Todas las madres desean que sus hijas sean lo que ellas no pudieron ser. Todas las hijas desean que sus madres se den cuenta de que no son la misma persona.

Poco después de que la chino-americana Amy Tan emprendiese su carrera como escritora, su madre calló gravemente enferma. Su relación había sido siempre muy difícil, pero aun así Amy le prometió llevarla de viaje a su China natal si recobraba la salud. Gracias a este viaje, Amy descubrió facetas de su madre que jamás hubiera imaginado y no solo pudo comprenderla mejor, sino que le inspiró su obra más conocida, El club de la buena estrella.

Suyuan, An-Mei,  Lindo y Ying-Ying, quienes en su juventud  emigraron a Estados Unidos a causa de la guerra en China, se reúnen regularmente para jugar al mah-jong y celebrar unas pequeñas fiestas con la que pretenden ser más felices; una de las muchas formas por las que intentan mantener vivo el vínculo que las une a su país de origen.

June, Rose, Waverly y Lena no entienden por qué sus madres siguen viviendo en país que dejaron muchos años atrás, incapaces de adaptarse a la vida de Estados Unidos y pretendiendo que sus hijas sigan siendo tan puramente chinas como ellas, educándolas en los tradicionales valores en los que ellas mismas se educaron, pero que poco tienen que ver con las realidad que les toca vivir a las jóvenes.

Cuando Suyuan muere, su hija June debe ocupar su lugar en el tablero de mah-jong. Será entonces cuando June comience a conocer a su madre.



Recibí este libro de manos de mi madre. Ella no pudo terminarlo, no le gustaba. Creo entender por qué. Hay cosas, cosas muy pequeñas, que hacen mucho daño. Las hacemos automáticamente, sin prestar demasiada atención, debido al hábito y la costumbre o porque forman parte de un rasgo más de nuestra personalidad, sin ser conscientes del daño que estas pequeñas cosas pueden hacer en los demás. Y cuando alguien, aunque sea a través de un libro, nos dice directamente cuánto sufrimiento provocan estas acciones, sentimos cómo este dolor nos es devuelto.

Este libro me dio una nueva perspectiva de la vida. Lo volví a leer recientemente y lo disfruté más que la primera vez. Es imposible no identificarse con alguna que otra de las protagonistas de la novela, ya sea por su faceta de madre, de hija o simplemente de mujer.

Al igual que An-Mei me he escondido en lo más profundo del estanque para que las urracas no se bebiesen mis lágrimas.
Al igual que Rose he sentido tanto dolor e impotencia que solo puede desear caer en un profundo sueño para dejar de sufrir durante un momento.
Al igual que Waverly me refugié en una fortaleza que creí inexpugnable para verme rápidamente desprovista de mi escudo.
Al igual que June no me consideré digna del mejor cangrejo.

Para mí ha sido una historia sobre la comunicación, la falta de comunicación. Sobre personas que aunque viven juntas no llegan a compartir la misma realidad, donde surge el distanciamiento y la incomprensión incluso entre aquellos que más se quieren. Sobre importancia de saber ponerse en el lugar del otro y las pocas veces que nos dignamos a hacerlo. Sobre el error de complacer siempre y sobre el error de vivir a través de los demás. Sobre la imposible armonía entre el pasado y el presente.

Y sobre todo, una historia de amor entre madres e hijas, no importa si chinas u occidentales, con sus diferencias e inseguridades, que no pueden evitar lastimarse inconscientemente, puesto que el amor es egoísta y caprichoso.

jueves, 10 de marzo de 2011

Orgullo y prejuicio

Algunos libros son como cachorritos.

Leí esa comparación hace mucho tiempo, no recuerdo dónde, y se me quedó grabada a fuego en la mente por lo cierta que me pareció. Porque con el paso de los años me ha ido sorprendido la facilidad con la que un libro puede destacar en una librería llena de ellos y seducirte como haría un cachorrito detrás de la jaula de una tienda de animales.

Concretamente me pasó algo así con Orgullo y Prejuicio. Había visto la versión de Keira Knightley cuando se estrenó en cines con mi madre y ella me había comentado que teníamos el libro en casa. Por supuesto, me lo recomendó hasta la saciedad y, la verdad, no recuerdo el por qué rechacé el leerlo. Creo que estaba en una época fuerte de exámenes o que se lo teníamos prestado a alguien más. No lo sé.

Pero mucho tiempo después, cuando ya se me había olvidado lo mucho que me enamoró la película, lo vi en las estanterías de mi casa.

No era un cachorrito realmente bonito. Tenía la cubierta con los colores idos y las pastas estaban medio rotas de tanto usarlas. Pero me miró como si fuera un perrito abandonado en la calle y cuando me acerqué y lo cogí, solo por curiosidad, movió el rabo tan enérgicamente que me pareció encantador. Así que empecé a leerlo.

El resto es historia.

Como la mayoría de las novelas de Jane Austen, trata sobre el romance de las protagonistas, en este caso las hermanas Bennet, y su vida y sus experiencias. La novela se centra más en la joven Elizabeth Bennet y en el prejuicio que ésta siente por el Sr. Darcy, un hombre rico, inteligente y demasiado orgulloso como para que la chica sienta simpatía hacia él en un principio. Y aún así logran complementarse perfectamente: Elizabeth y Darcy. Darcy y Elizabeth. No pueden ir el uno sin el otro.


(Darcy junto a Lizzie. Ilustración de 1895)

Me lo leí en un fin de semana, completamente enganchada. Lo cierto es que cuando terminé acabé encantada con él. Pero no fue hasta ese momento en el que me di cuenta de que los ojos de cachorro que me habían seducido eran los de Darcy que es, a mi entender, uno de los caballeros británicos más queridos y mejores que nos ha presentado la literatura.

Es alguien con un sinfín de defectos y que, aún así, consigue robarle el corazón a la mayoría de los lectores. Siempre he pensado que es el encanto de los personajes como él, y no otra cosa, lo que hace que esta sea la novela más famosa de Austen.


En conclusión, una buena novela con unos buenos personajes. No se te hace larga ni tediosa y es capaz de mezclar humor, drama y romance al mismo tiempo. Es un cachorro capaz de hacernos adentrar en la vida de los protagonistas, en los paisajes que describe y hasta hacernos sentir lo mismo que ellos. Y cuando un libro consigue eso, entonces es cuando realmente merece la pena recomendarlo y leerlo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Carmilla

Desde que leí por primera vez Drácula, obra maestra sobre los vampiros, desee poder encontrarme con la no menos mítica, pero mucho menos leída Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu.
Logré leerla hace unos años, casi por casualidad, y debo decir que me causó bastante impresión. Se trata, como casi todos sabrán o quizá adivinarán en parte, de una novela corta de terror gótico que sirvió de ejemplo e inspiración para Bram Stoker.
No solo tomó forma en esta novela el concepto de vampiro que desarrolló y fijó Stoker, sino que el escritor de Drácula se sirvió de varios de los personajes secundarios que aparecían en esta novela para crear los suyos propios.
El planteamiento de la acción es bastante simple: Laura es una inocente muchacha que, junto con su padre, acoge en su casa a una joven desconocida, Carmilla. Ambas se hacen amigas casi de inmediato, si bien Carmilla demuestra tener unas costumbres algo extrañas. No se levanta antes del mediodía, no come, siempre encerrada en su habitación bajo llave… Poco a poco, Laura va sintiéndose cada vez más enferma, hasta que finalmente el padre relaciona ambos hechos y obtiene la ayuda de otros hombres con los que se encamina a destruir la tumba de Carmilla. Como podéis ver, es el mismo esquema seguido para la obra cumbre en materia vampírica.
Tengo que decir que cuando terminé de leer la novela, me dio la impresión de que no sabía lo que estaba pasando. El estilo del autor consigue que nos hundamos en la historia y seamos un personaje más del lugar, que vivamos la acción con la misma confusión y desconfianza que sienten los personajes, especialmente Laura, la víctima de Carmilla.


Ilustración de la primera edición de Carmilla, por D.H. Friston

Durante todo el libro tenía la sensación de no poder estar segura de si lo que leía era lo que estaba pasando en realidad, si era parte de un sueño de Laura o imaginaciones de los demás. Daba la impresión de que cada momento estaba envuelto en una especie de niebla que no te permite atisbar lo que sucede, el significado de cada acción que se desarrolla en el libro.
Esta cualidad empapa por ejemplo las escenas de sutil erotismo lésbico que aparecen en la historia. Desde siempre el vampiro ha sido un elemento de carácter sexual fuertemente marcado, y llama la atención como aquí llega a expresarse de un modo que podría definirse como un erotismo palpitante, que no llega a consumarse y que se convierte en la eterna obsesión de la joven Laura, pues su relación con Carmilla empieza con una extraña amistad que parece dar paso a algo más intenso, un amor que termina en obsesión por parte de ambas.
La vampiresa expresa de hecho su amor por Laura en numerosas ocasiones, confesando que es la única persona con la que desea pasar su eternidad, mostrando un lado hermoso y romántico en sus afirmaciones que poco parece tener que ver con la visión tan cruel que nos ofrece el resto del tiempo.
Laura, por otro lado, continuará recordando y lamentando la pérdida de su amada Carmilla, aún a pesar de conocer sus siniestras intenciones.
En definitiva, esta novela introduce un lado delicado y frágil en el mito de los vampiros, y quizá por esto mismo se vuelva doblemente peligroso. Una dulce muchacha cuyas rarezas terminan por convertirse en pesadilla para aquellos que la rodean. Una niña en la que el afecto, lejos de ser una muestra de dulzura lo es de maldad y obsesión enfermiza, pero no por ello menos trágica, hermosa y hechizante.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Drácula

Desde pequeña no solo he sido una gran aficionada a los mitos y criaturas fantásticas, sino también a las historias de terror y al mundo gótico. Sin embargo, mis en ocasiones excesivamente protectores  padres no me no me permitían leer los libros de terror ni ver las películas de miedo que tanto me llamaban la atención.  Afortunadamente tenía a mi abuelo, con quien pasaba muchas tardes, quien me contaba las historias más terroríficas que conocía. Gracias a él me aprendí de memoria la filmografía de la Hammer. Y de entre todas las criaturas de las que me hablaba mi favorita era el vampiro.

Por eso hoy hablaré sobre la obra más famosa de Bram Stoker: Drácula.

Sir Christopher Lee caracterizado como el conde Drácula

Jonathan Harker, joven notario inglés, se encuentra en Transilvania para concluir la compra de una vivienda en Londres por parte de un misterioso personaje: el conde Drácula. Pronto Jonathan se encontrará preso en el castillo de su anfitrión, quien no come ni se refleja en los espejos y a quien nunca a ha visto a la luz del día. En Inglaterra, la joven Mina Murray, ocupada en atender a su buena y enfermiza amiga Lucy Westenra, comienza a impacientarse por la tardanza de su amado Jonathan.  

La novela está escrita de forma epistolar, con fragmentos supuestamente extraídos de los diarios de los héroes de nuestra historia, telegramas, cartas y recortes de periódicos que ellos mismos han ido recopilando, lo que ayuda a dar credibilidad al relato. También resulta muy dramática, con diversos elementos inspirados en las obras teatrales, tal y como se observa en los monólogos de los personajes o en sus actitudes, como en el recibimiento de Jonathan por parte del conde o en las veces en las que se ensalza la figura de Mina, con los hombres besándole  las manos.

Stoker no inventó el concepto de vampiro. Esta criatura existe desde el principio de los tiempos (ya en el antiguo Egipto y Mesopotamia se hacían referencias a seres que podrían considerarse antecesores de los vampiros) y a lo largo de todo el mundo, desde Europa hasta el Extremo Oriente, además de en las culturas indoamericanas. Pero con esta novela, recopiló y unificó diversas supersticiones y creencias, realzando los matices del vampirismo y asentando firmemente las bases de la literatura vampírica.

Muchos han visto en Lilith, primera esposa de Adán, 
a la primera vampiresa de la historia. 

Si algo tienen de fascinantes los vampiros es que sintetizan perfectamente todo lo que es el miedo: Miedo a perder la consciencia, a estar sometidos a otros, a la locura, la enfermedad, lo desconocido, el abandono, la oscuridad, los animales, la infidelidad…

El Drácula de Stoker encarna todos estos miedos, todos ellos condensados en un único y maquiavélico personaje, que se nos presenta como un diablo disfrazado de Dios, que ofrece más de lo que da y menos de lo que cobra, cruel e infantil, que disfruta haciendo daño y jugando con la vida de los seres humanos.

El contrapunto son los heroicos caza-vampiros, liderados por el sabio doctor Van Helsing, y de entre quienes destaca la pura y valiente Mina. Son los representantes del bien, los enviados de Dios para proporcionar al demonio el descanso eterno. Las armas de estos héroes no solo son elementos religiosos (cruces y hostias consagradas), sino también las supersticiones y el saber popular, así como la tecnología más puntera de la época. La unión de estos tres elementos, en apariencia incompatibles, es sin duda curiosa; pero más curioso es lo acertada que resulta, como si todos los elementos se unieran para eliminar al mal de raíz.



El vampiro, obra de Edvard Munch

Espero que disfrutéis, si no lo habéis hecho ya, de la novela más veces adaptada al cine y catalogada por Oscar Wilde como “la  novela más hermosa jamás escrita”. 

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Silmarillion

Cuando era niña, mi padre me contaba historias de la mitología griega y latina. Algo parecido debía hacer J.R.R. Tolkien con sus hijos, contándoles numerosas historias ambientadas en ese mundo mágico que él fue creando a lo largo de su vida.

¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en un mundo poblado por criaturas parecidas a nosotros, los humanos, pero diferentes a un tiempo? Un mundo lleno de magos, elfos, enanos... y orcos, trasgos y monstruos.

Yo desde luego sí, y cuando mi padre me puso en las manos "El Señor de los Anillos", no me lo pensé dos veces. Pero nunca imaginé que disfrutaría tanto otro de los libros de Tolkien, especialmente cuando siempre escuchaba las mismas críticas sobre él: Es muy largo, muy pesado, demasiados nombres, es fácil perderse, requiere mucho tiempo...

Yo a veces me asustaba, y otras decía: ¿Y qué?

Creo que aún hoy, sigo diciéndolo. El Silmarillion es la recopilación de historias y leyendas de la Tierra Media, y como todo libro de historiografía o mitología está repleto de mil nombres con los que es fácil confundirse.

Es un libro que se ha de leer lentamente, disfrutando de su poesía, de su magia. Tanto de la belleza de la redacción como de las historias en sí mismas. Unas historias que no siempre son alegres, de hecho la gran mayoría acaban en tragedia.

Recuerdo que una amiga mía dijo "es la Biblia de la Tierra Media". Lejos de las connotaciones religiosas de la Biblia, estoy completamente de acuerdo con ella. Como en la Biblia, se nos narra la historia del mundo, desde su creación hasta la profecía de su destrucción. Y a modo de ejemplo gráfico, concluye con el relato de la Akallabêth, la Caída de Númenor.

Principalmente, la historia principal gira entorno a los Silmarils, unas joyas creadas por Fëanor, el elfo más habilidoso de todos los tiempos. Estas joyas, poseedoras de la luz primigenia que originó el Sol y la Luna, poseen a la vez un encanto y una maldición, pues aquel que las posea atraerá la desgracia sobre él y los suyos.

La historia de los Silmarils, una creación élfica, queda ligada así a la historia del mundo, dando a los seres vivos de la Tierra Media y en extensión, de la nuestra, la capacidad de crear y destruir, El poder absoluto del control del mundo, la vida y a muerte. Este poder es el que va moviendo a los diferentes personajes, de una forma u otra, alrededor de las historias que se entrelazan hasta crear un mosaico complicado pero hermoso, y también incompleto.

El mensaje final es esperanzador... a medias. Se llama a los humanos para que usen su poder para cambiar el mundo, y vivir en paz con lo que pueden lograr, pero se deja ver que el destino final ya está escrito y por lo tanto, poco se puede hacer para cambiarlo.

De cualquier modo, quisiera resaltar un detalle que a muchos les parecerá sin importancia pero en el que yo vi el resumen de la razón por la que, hoy, hago esta entrada.

La música.

Es un elemento presente en casi todo el libro, los personajes cantan, a veces por placer, por diversión... por magia. El mundo se creo a partir de un canto, con canciones logró Lúthien conmover a Mandos, recobrando así su vida y la de su marido...

Quizá porque la música aúna belleza, expresión e historias, es por lo que un libro como el Silmarillion, que la tiene tan presente, reúne estas mismas características.

Pero eso sí, si no lo habéis leído, hacedlo después del Señor de los Anillos, y con tranquilidad. O no seréis capaces de entender nada.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El señor de los anillos

¿Qué haríais si a vuestras manos llegara un objeto con el que pudieseis poseer el poder absoluto?

Este es el dilema que plantea J.R.R. Tolkien en su obra más famosa, El señor de los anillos, libro dividido en tres volúmenes (La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del rey) en los que se narran las aventuras de los nueve miembros de la Comunidad del Anillo, especialmente la de el hobbit Frodo, Portador del Anillo.

¿Qué tiene de especial este anillo? Es la fuente de poder de Sauron, el Señor Oscuro al que creían derrotado, pero que vuelve a alzarse. De conseguir el Anillo, será imposible derrotarlo. La finalidad de la Comunidad, formada por miembros de todas las razas libres (hombres, magos, elfos,enanos y hobbits) es la de llevarlo hasta el lugar donde fue forjado, pues solo allí podrá ser destruido. Pero la joya supone una pesada carga para su Portador y algo muy tentador para muchos otros. Será difícil completar la misión antes de que estalle la guerra.

Lo primero que hay que saber de El señor de los anillos es que se trata de la continuación de otro libro, El hobbit. Por algún motivo, esto es algo que todo el mundo parece olvidar. Se suele tratar a El señor de los anillos como una obra independiente, lo que lleva a que muchos lectores no tarden en perderse entre los numerosos datos que ya se dan por sabidos en este libro.

Estamos ante una obra basada en la eterna lucha del bien y el mal, en la que se entremezclan valores cristianos con en numerosos elementos procedentes de mitologías ya existentes (especialmente de la nórdica y finesa) en los que Tolkien se inspiró para crear un mundo completamente nuevo y original compatible con sus propias y genuinas razas. Entre ellas, destacan la de los ya mencionados hobbits, de aspecto semejante a los humanos pero de muy poca estatura y con grandes y peludos pies.

No nos dejemos engañar por su carácter aventurero y sus elementos mágicos: aunque esté dirigido principalmente al público juvenil, su lectura es especialmente complicada, ya que no se trata de un libro aislado, sino que forma parte de una obra mucho más extensa, un legendarium completo, en el que J.R.R. Tolkien trabajó durante toda su vida, siendo El señor de los Anillos el final de una larga historia.

A pesar de su temática épica, podemos ver en El señor de los anillos la actitud pacifista de su autor, traumatizado tras participar en la Primera Guerra Mundial. Tolkien no nos muestra la guerra como algo verdaderamente heroico, sino como el último recurso que debe tomar un pueblo ante un ataque enemigo y que, de ser imposible evitar, debe tener como fin el restablecimiento de la paz.

Tolkien también supo transmitir a la perfección su profundo amor por la naturaleza. Esta misma juega un papel crucial en el libro, llegando a participar “de forma activa” en varias batallas, pues se ha visto dañada a causa de la descontrolada industrialización llevada a cabo por el enemigo.

Supongo que es por estos valores por los que la obra se sigue recomendando a los más jóvenes. La misericordia, la lealtad, la amistad y el compañerismo son, entre otros, una constante dentro de ésta. No se trata solo de un libro lleno de imaginación y atractivo de cara a la lectura, sino que además comprende una serie de enseñanzas que lo hacen imprescindible.

Mentiría si dijese que El señor de los anillos no me marcó de por vida. Lo comencé a leer con doce años, poco antes del estreno de la primera película y quedé verdaderamente impresionada. Por aquel entonces comenzaba a perfilarme como una imaginativa niña un tanto “hippy”, muy idealista y preocupada por el medioambiente, deseosa de paz y amor fraternal, aunque apasionada del género épico y las leyendas. No podría haber encontrado nada mejor por aquella época.

No diría que es una obra absolutamente perfecta. Entre otras cosas, la historia principal tarda mucho en comenzar, del mismo modo que luego el final se hace bastante largo. Además, se echa en falta algo más de romance, teniendo en cuenta las relaciones entre determinados personajes. Pero considero estas faltas más que justificadas dado el tipo de libro del que se trata.

En definitiva, uno de mis libros favoritos, que invita a leer y ser releído.

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