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jueves, 8 de junio de 2017

El cuento de la criada

En la república teocrática de Gilead, en lo que antes fuera Estados Unidos, se hace frente a la escasez de natalidad debida a la esterilidad producida con la contaminación y las enfermedades venéreas, dividiendo a las mujeres según su capacidad para concebir. De este modo, a cada alto mando, a cada comandante, se le asigna una criada que sirva de vehículo para que él y su infértil esposa puedan tener descendencia. Sin embargo, aunque siempre es a la mujer a la que se acusa de estéril, se sabe que los hombres tienen las mismas posibilidades de serlo. Las criadas tienen tres años como tiempo máximo, sirviendo a un comandante distinto por año, para quedar embarazadas antes de que se las declare como "no mujeres" y se las envíe a un futuro incierto.

A grandes rasgos, este el futuro que plantea Margaret Atwood en una de sus obras más conocidas, El cuento de la criada. A través de una de estas criadas, llamada Defred y cuyo verdadero nombre no se conoce (todas las criadas cambian de nombre según cambian de comandante, siendo este una combinación del posesivo "de" y el nombre del susodicho), se nos muestra lo que aconteció en el mencionado país americano a finales, supuestamente, del siglo XX para convertirse en un estado totalitario de raíces puritanas.

Imagen de la serie basada en el libro
estrenada en abril.
Que solo conozcamos la visión de Defred interesante desde el punto de vista narrativo. Como criada (y mujer, ya que todas lo sufren, aunque en menor medida) tiene prohibido crear lazos con los seres humanos que tiene alrededor. Solo sale de la casa para hacer la compra con la única compañía de otra criada como ella, con el riesgo siempre de que esta sea un espía del régimen. La esposa del comandante y las sirvientas, llamadas Martas, no le guardan simpatía. A este prácticamente solo lo ve durante La Ceremonia, el rito de fecundación, que es mecánico y desapasionado, con la esposa siempre presente. Su forma de moverse debe mostrar sumisión en todo momento y, en contraste con el rojo obligado de su vestido, guantes, zapatos, etc, una toca blanca le impide mirar hacia arriba. Tampoco tiene permitido el acceso a la lectura ni a ninguna fuente de conocimiento.

Defred (y, por ende, esta novela) es puro sentimiento: El que no le dejan mostrar en su vida diaria, lo desnuda en su narración, que no es más que la reconstrucción de los hechos al llegar la noche. Sus pensamientos van saltando de lo acontecido durante el día a su entrenamiento como criada y a su vida antes del golpe de Estado.

Se suele destacar de esta novela su crudeza, llegando a decirse que es difícil de leer por eso mismo. A mí no me resultó tan duro durante la mayor parte, si bien es posible que yo ya esté curada de espanto. Más que duro, me pareció agobiante, porque no entiendes bien en un principio qué está pasando, cómo el mundo se ha deshumanizado así.

Algunas ilustraciones del libro.
Sin embargo, nunca se llega a comprender totalmente lo que ha ocurrido. Al conocerse todo únicamente a través de Defred, es mucho lo que nos queda por saber sobre la sociedad de Gilead.  De hecho, creo que aquí, en el desarrollo del mundo, flojea bastante. Por ejemplo, me parece absurdo que los hombres no tengan un tratamiento similar a las mujeres en función a su fertilidad. ¿Qué sentido práctico tiene dar una mujer fértil a un hombre que no lo es? Y más aún, declararla nula tras tres años. O ignorar los avances científicos al respecto.

Sí, sé que El cuento de la criada tiene como base el puritanismo y la revolución islamista de Irán. Sé que en ninguno de los dos casos las mujeres salen favorecidas y que el fundamentalismo religioso acaba siendo contrario a la ciencia, pero también es verdad que la raza humana se está muriendo (al menos la caucásica, dicen en el epílogo, cosa que también se me escapa) y que las élites gobernantes acaban siendo los primeros en romper sus propias normas (cosa que no tiene por qué saber el ciudadano de a pie).

Por no mencionar algunas incongruencias, como que Cora y Moira tengan las trompas ligadas. Por su parte, Cora, una de las Martas, desea que Defred dé a luz porque ella no puede ser madre. ¿Por qué se ligó las trompas, entonces? Moira, lesbiana, fue reclutada como criada, si bien luego sabemos que hacía años se había hecho la operación. ¿Qué necesidad tenía? ¿Para qué la reclutaron?

Y lo que más me ha chirriado es que desde que los fundamentalistas tomaron el poder hasta el final de la novela han pasado apenas seis años. Es demasiado poco tiempo. El cambio de Irán fue rapidísimo, pero antes de las revolución del 79 ya llevaban más de 50 años recortando derechos a las mujeres.


Con todo, me ha gustado bastante este libro. Si bien la prosa de Margaret Atwood no me parece la mejor del mundo y hay algunos aspectos mejorables en la novela, la he disfrutado (si disfrutado es la palabra) bastante. Además, la visión distópica que la autora ofrece es interesante y merece mucho la pena reflexionar sobre ella y extrapolarla a la situación en la que vivimos actualmente.

domingo, 21 de mayo de 2017

La madre

La novela que os traemos hoy no es una de las más populares en las reseñas que encontraréis por Internet y seguramente tampoco la encontraréis en las lista de clásicos imprescindibles que todo el mundo debería leer.

Sin embargo, su autora es bastante conocida gracias a obras como Viento del este, viento del oeste y La buena tierra, que la hicieron ganadora tanto del Premio Nobel de Literatura en el año 1938 y el Pulitzer en 1935. Hablamos de Pearl S. Buck, una estadounidense que pasó la mayor parte de su vida en China, contagiándose poderosamente de su cultura, como ya veremos más adelante.

La madre es una novela inspirada por el contacto que Pearl S. Buck tuvo con los sectores más desfavorecidos de China, en este caso concreto de las mujeres trabajadoras en los campos. Con esta historia, la autora quiso reivindicar la desprotección de la que eran víctimas estas mujeres.

La protagonista de esta obra es una campesina sin demasiado conocimiento fuera de su entorno rural y que además no posee amplias expectativas en la vida. No es ambiciosa ni desea ir más allá de las tierras que conoce, no anhela una vida lujosa ni echa de menos tener tiempo libre que dedicarse a sí misma. Vive feliz con su marido, su suegra, dos hijos y una hija pequeños. Un día, tras ver a su marido marcharse y aceptar que no va a volver, se da cuenta de que debe tomar las riendas de la familia y los cultivos que cosechan, además de fingir que su marido no la ha abandonado. 

La premisa es tan simple como esta, pues la historia gira entorno a la vida de esta familia una vez que el padre desaparece. Una vida que, como decimos, no es más espectacular que la de cualquiera de sus vecinos. A pesar de esto, no resulta indiferente al lector: los sentimientos de la protagonista son tan poderosos como los de cualquier heroína literaria, y su valor para afrontar los problemas no es menor. Ella es el eje de toda la novela y el resto de los personajes enfatizan esa sensación, ya que los vemos únicamente a través de sus interacciones y su relación con ella.

Si algo enseña esta novela es que cualquier persona, por pequeña que se vea a sí misma, tiene el poder de plantar cara a las vicisitudes de la vida y las alegrías aparecen cuando y donde menos te lo esperas. Es, como ya hemos dicho, una denuncia social a la situación de desamparo de estas mujeres del campo, sin cultura, fáciles de engañar y que no tienen escapatoria de la presión social que su propio pueblo puede ejercer sobre ellas si caen en desgracia, como sucedería en la novela si alguien supiera que el marido de la protagonista la ha abandonado.

La autora, Pearl S. Buck.
Además de la historia, creemos necesario señalar que lo que más disfrutamos ambas en la lectura de esta novela fue el estilo de la autora. A pesar de ser estadounidense, el estilo literario es típicamente oriental. La belleza y serenidad con la que describe los lugares, las situaciones y, especialmente, los sentimientos, es lo que hace de esta obra algo especial y deliciosa de leer.

Posiblemente Pearl S. Buck haya dejado una parte de sí misma en la protagonista, especialmente en su anhelo por tener hijos, ya que la propia autora solo pudo tener una hija que padecia de retraso mental severo, y tras cuyo parto le tuvieron que practicar una histerectomía. La impotencia de no poder tener más hijos a los que amar dentro de un matrimonio especialmente tormentoso como el suyo, sin duda debieron inspirar bastante este relato.

Es una verdadera obra maestra que, sin embargo, seguramente no gustará a aquellos que nunca se hayan alejado de las obras de corte occidental que son las más abundan en nuestras librerías y bibliotecas. Pero para aquellos que ya se hayan adentrado en la literatura oriental o deseen darle una oportunidad, creemos que La madre no les decepcionará.

domingo, 22 de mayo de 2016

La herida del tiempo

La rica familia Conway aprovecha el cumpleaños de su hija Kay para celebrar también el fin de la Primera Guerra Mundial. Dicha familia está formada por la señora Conway, sus dos hijos Robin y Alan, y sus cuatro hijas Carol, Hazel, Madge y Kay. Hay varios invitados a la fiesta. Está Joan, una chica de la que Alan está perdidamente enamorado; Ernest, un muchacho con grandes aspiraciones al que Hazel desprecia profundamente; Gerald, posible pretendiente de Madge... se les ve a todos felices y radiantes, llenos de vida y celebrando el maravilloso futuro que les espera. Sin embargo, Kay empieza a tener una extraña ensoñación que le muestra cómo serán las cosas 18 años después.

Esta obra de teatro de J. B. Priestley es bastante dura. Está dividida en tres actos: el primero nos presenta los personajes en la fiesta, el segundo nos presenta la terrible visión de futuro de Kay en la que se ve cómo todas las esperanzas de cada uno de los personajes se han venido abajo. Las parejas que parecía que serían felices están rotas, algunos ya no siguen con ellos, los que parecía que iban a comerse el mundo se ven al lado de quien más detestaban. Es, en definitiva, un montón de sueños rotos. El tercer acto vuelve al presente y, con desasosiego, Kay ve cómo todo ese sueño que tan inverosímil y alejado de la realidad parecía empieza a tornarse como algo posible.

¿Podéis imaginar lo que significa leer o ver representada en el escenario una obra así? Por muy bien o mal que te caigan los personajes, y reconozco que la gran mayoría no eran santo de mi devoción, se te rompe el corazón al ver todas esas ilusiones que parecen destinadas a hundirse en el fango.

Sin embargo esta obra es, en definitiva, una reflexión sobre el tiempo y el modo en el que nos pesa a todos: nos enseña que no debemos ser demasiado optimistas sobre lo que nos depara el futuro y aprender a labrarnos nosotros mismos lo que esperamos de él. No solo es, sino a medir cada uno de nuestros pasos y contar que los demás tienen sus propios planes y expectativas que pueden chocar con las nuestras.

Es terrible. Yo me he sentido completamente destrozada: ¿qué puede uno esperar de sí mismo cuando tiene la sensación de que, haga lo que haga, todo está abocado al fracaso? Y esa sensación es la que predomina durante los dos últimos actos, en los que solo Alan y Kay parecen ser... no inmunes, pero sí al menos no han sido aplastados por el peso del destino, o de la herida del tiempo.

Me llamó la atención al mirar la edición saber que la primera vez que se editó fue en 1937: Justo a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Es como si, en cierto modo, Priestley hubiera recordado las esperanzas de felicidad que él mismo y su familia tuvieron al terminar la Gran Guerra. Y no solos u familia, sino toda su Inglaterra natal y ahora viera que sus ilusiones solo los ha visto abocados a caer de nuevo en el mismo error, la misma miseria... o incluso una todavía peor.

El gran protagonista de la obra es, sin duda, el tiempo en sí mismo. Y lo que es más, da a entender que todo el tiempo ocurre a la vez. Una idea muy propia de la serie Doctor Who, pero que deriva de un ensayo de Dunne llamado Un experimento con el tiempo que nos cuenta la teoría de que todo sucede a la vez, pero que la concepción lineal del tiempo es la única forma que nuestra conciencia humana tiene de percibirlo... pero de vez en cuando a través de déjà vu, precogniciones y otras anomalías, podemos acceder a una visión más completa.

¿Alguien más ha leído esta obra? ¿Os habéis sentido tan hundidos como yo? ¿Os resulta interesante la concepción tan especial del tiempo que tiene esta obra?

sábado, 19 de diciembre de 2015

Demian

Debo reconocer que comencé este libro sin muchas expectativas. No hacía mucho que había leído El lobo estepario, también de Hermann Hesse, y, la verdad, es que dejó bastante fría. No por ser un mal libro o carecer el autor de talento, sino porque no terminé de pillarle el punto, había algo que se me escapaba. Seguramente su lectura no llegaba en el mejor momento.

Con todo, al final me atreví con Demian, novela bastante corta publicada en 1919, pocos años después del fin de la Gran Guerra. Quizás por hubiera visto años tras años el título en la querida estantería paterna y eso me lo convertían en una obra más amiga. Quizás porque me seducía la cálida voz del narrador del audiolibro que había encontrado. Quizás porque quise darle una segunda oportunidad a un autor que reconocía como bueno. El caso es que, finalmente, conocí a Max Demian.

El estilo característico de Hesse quedó claro ya en los primeros párrafos. Depurado, claro, donde no se deja nada al azar, ni una palabra falta y ni una palabra sobra. Exacto y preciso, sin estar exento de lirismo, sutil y hermoso. Esto, ciertamente, era algo que ya pude apreciar en El lobo estepario, si bien me pareció que la belleza, de marcados contrastes, era aún más viva (magnífica la contraposición el mundo de luz y el de oscuridad que el protagonista hace al comienzo, de una belleza y una candidez tan conmovedoras que te obliga a continuar buscando más).

Como reza un subtítulo cada vez más olvidado, Historia de la juventud de Emil Sinclair, conocemos la infancia, adolescencia y juventud de este personaje de mano de una versión más adulta de él mismo. Hijo de buena familia, Emil no tarda en ver cómo se produce la ruptura con la rectitud y la seguridad del hogar cuando malas influencias externas comienzan a aparecer en su vida. Comenzará a ver el mundo fuera del amable y pulcro ámbito familiar, un mundo cruel y sucio, donde las personas se valen de mentiras, chantajes y demás diabluras para conseguir sus objetivos. Un lugar donde imperan vicio, maldad y desorden.

Como a todos nos ocurre tarde o temprano, Emil debe dejar el nido, enfrentarse a la suciedad exterior
Amanecer en el océano, de Vladimir Kush
y buscar su propio mundo de luz. De la infancia a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud, los retos y tentaciones que salen al paso de Emil son cada vez más difíciles de sortear y, a la vez que irá conociendo las maldades y bondades del mundo en el que ha sido arrojado, deberá conocer las suyas propias.

Muchas veces Emil se encontrará traicionándose a sí mismo, puesto que el camino que recorre es confuso. En ocasiones, estará solo. Y mientras tanto, sus dudas y miedos van creciendo. Las cuestiones clásicas quiénes somos y de dónde venimos. Si existe Dios, quién es. Cuál es el modo correcto de actuar.

Pero tarde o temprano, a pesar de su soledad, la figura de Max Demian, amigo, mentor, y ángel de la guarda, un compañera de escuela un poco mayor que él, siempre acaba apareciendo para ayudar a Emil a expandir sus horizontes y a no perderse en el camino. Nunca conforme con los cánones convencionales, Demian anima a su amigo a reflexionar sobre el bien y el mal, la religión y el poder de la mente.

Búsqueda de la propia identidad, psicoanálisis, gnosticismo, despertar de las pasiones y una amor fraternal conmovedor en el más claro ejemplo de bildungsroman (o novela de desarrollo), que impactó fuertemente a toda unageneración de jóvenes que sufrieron la guerra y que fue catalogada por el contemporáneo de Hesse, el también escritor Thomas Mann, como obra maestra.

Y creo que no hace falta añadir que me ha encantado.

lunes, 30 de noviembre de 2015

La metamorfosis

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. 


Así comienza la tragedia  de un joven trabajador que, a pesar de su cambio físico, no pierde la conciencia de su ser ni su raciocino, del mismo modo que sigue entendiendo el lenguaje de sus familiares, aunque su nueva condición no le permita reproducir los sonidos.

Novela brevísima de Franz Kafka, el perturbado autor de Bohemia, La metamorfosis es una desgarradora alegoría maravillosamente narrada de la sociedad que, por desgracia, en ciertos aspectos no ha cambiado desde la publicación de esta obra.

A pesar de ser una visión repulsiva para el resto de personajes, Gregor se nos muestra como un ser lleno de amor y abnegación que en ningún momento deja de esforzarse por el bien de su familia, cuya desgracia por su propia causa lo atormenta: no solo es un monstruo a sus ojos, sino que, al quedar impedido, no puede trabajar para mantenerlos, por lo que los ancianos padres se ven forzados a trabajar, al igual que la hermanita, cuyo talento como violinista no podrá desarrollarse. Además, tienen ahora que alimentar al insecto que está encerrado en una de las habitaciones…

A Gregor realmente no le incomoda demasiado su nueva apariencia, se la toma con una naturalidad sorprendente. De hecho, su intención es continuar con su vida y volver al trabajo, idea que pronto tiene que desechar. Es el ser considerado una aberración y una carga por los que más quiere lo que lo mortifica.

La familia Samsa, por otro lado, resulta desesperantemente desagradable. Nunca llegan a intimar ni conocer a Gregor como los lectores, y el rechazo que le profesan al insecto es descorazonador. Si bien le procuran una habitación y alimentos y lamentan la pérdida del hijo o hermano, no se molestan por comprobar que Gregor sigue siendo el mismo, que bajo su exoesqueleto continúa viviendo un alma dulce que los adora y que, si se esconde, es para que no tengan que sufrir con su repulsiva apariencia.

Quizás lo más desalentador es que las reacciones de los padres y la hermana, cada una distinta, son perfectamente comprensibles. Miedo, repulsión, negación, resignación… Sería una locura no temer a  un escarabajo gigante. Y, sin embargo, ese bicho inmundo no deja de ser un hijo o hermano enfermo y necesitado de ayuda, pero al que es más fácil dejar de lado en lugar de tragarse el asco e intentar ayudar. Es doloroso desde el punto de vista del lector, que entiende la terrible situación de Gregor, enfrentarse a la cruda realidad de nuestra naturaleza humana y darse cuenta de lo reales que son todos estos personajes.

Uno de los puntos más llamativos y terribles es, quizá, cuando Gregor se da cuenta de lo prescindible que resulta para una familia que él mismo se había cargado a la espalda. Había sido el eje central, trabajaba por y para ellos, siempre sacrificándose... pero ahora se enfrenta al hecho de que su sacrificio no era sino un abuso continuado por parte de una familia que se acomodó a su costa. Le hicieron creerse necesario para después desdeñarlo y seguir adelante con más energía que cuando él estaba a su lado.

Kafka supo plasmar todas las emociones de sus personajes en el libro, en el que volcó sus demonios interiores. Un relato estremecedor sobre la soledad, el dolor y el egoísmo, pero también sobre el amor y el sacrificio.

domingo, 18 de enero de 2015

País de nieve

“País de nieve” es el nombre que recibe la zona comprenden las prefecturas de Gumna y Niigata. Esta área rodeada de montañas presume de ser la parte del mundo en la que más nieva, al menos teniendo en consideración la latitud en la que se encuentra (la misma que Nueva York y Barcelona).

Niigata en invierno
Este País de nieve gozó de gran popularidad en el Japón anterior a la Segunda Guerra Mundial gracias supuestamente a sus beneficiosas aguas termales, que atraían a gran cantidad de viajeros varones de mediana edad en busca de reposo, tranquilidad y el calor de las termas durante la estación fría. Sin embargo, la verdadera popularidad del País de nieve es algo más turbia. Cada balneario contaba con varias geishas para proporcionar entretenimiento a sus huéspedes. Las geishas de balneario (o de montaña) son las de más baja condición, sus artes en la música, la danza o la conversación apenas están cultivadas y la línea que las separa de las prostitutas es bastante difusa.

La preciosa geisha de balneario Matsuei
inspiró el personaje de Komako
Es en este paisaje donde Yasunari Kawabata sitúa la historia de su novela País de Nieve. Shimamura regresa a unas termas en la mencionada región buscando la compañía de una jovencísima y fogosa aprendiz de geisha, Komako, que le causó una fruente impresión. Pero al País de nieve vuelve también Yoko, otra joven que sacará a relucir sus antiguas rivalidades de Komako.

Esta novela, de las primeras que podrían considerarse obras de madurez de su autor, es, como lo sería más tarde Lo bello y lo triste, una deliciosa combinación de belleza y sufrimiento. De forma magistral, Kawabata nos habla de la soledad de Komako y de sus ansias por ser amada, aun cuando busca cariño en quienes, como Shimamura, no son capaces de dárselo. La conocemos cuando aún sigue siendo una niña ingenua, pero rápidamente vemos como evoluciona hasta convertirse en una mujer desencantada y consciente de su soledad, una madurez descrita de forma casi violenta, pero natural y sin que rompa con el encanto de la muchacha.

Una edición japonesa
Shimamura no es verdaderamente un hombre cruel, pero tampoco desconoce el daño que le causan a la joven geisha, quien acaba superándolo en madurez y sabiduría. Yoko, si bien su relación con Komako resulta bastante clara, aporta un aura de misterio y desequilibrio a todo el relato.

El marco en el que estos tres personajes se sitúan es el más idóneo y juega un papel determinante. La hermosura y la decadencia del lugar hace juego perfectamente con la frialdad de las relaciones en el balneario y el declive de las cada vez menos solicitadas geishas, de las que Komako, tan limpia y delicada como la nieve recién caída, es el mejor ejemplo.

País de nieve es perfecto para quienes disfrutan leyendo sobre las pasiones del alma, o para quienes busquen deleitarse con la hermosa prosa de su genial autor, al calor de una estufa durante las noches de invierno.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

La vida es sueño

Puede que sea un poco tarde para reseñar no ya un clásico de la literatura, sino uno que, además, llegó a mis manos hace más de diez años. La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca es una novela de teatro que, a pesar de los años, jamás me canso de releer.

La trama gira en torno a Segismundo, un hombre que desde su nacimiento vive encadenado en lo alto de una torre, sin saber que es en realidad el príncipe heredero de Polonia. A los oídos del rey llegó la profecía de que ese niño viviría para humillarlo y destronarlo, que sería un hombre cruel e injusto y que cometería aberraciones. Horrorizado, ordenó que se lo apartara del palacio y fuera criado como un reo, o incluso podría decirse que como una bestia, desconocedor de la más mínima libertad y sin contacto con otras personas más que su carcelero. Sin embargo, una muchacha llamada Rosaura entra en la torre y es testigo de sus lamentos. Poco después, a Segismundo se le da la oportunidad de demostrar que la profecía estaba equivocada.

No cuento mucho más, aunque me gustaría, por no revelar el argumento de la historia. A pesar de todo, yo diría que en este libro lo más importante no es precisamente el argumento, sino las ideas que lo envuelven y la complejidad filosófica de la que está imbuido. La primera vez que lo leí, en secundaria, no llegué a comprender todas las referencias, y posiblemente hoy todavía no las haya captado todas. Sin embargo, siempre recordaré que mientras el profesor de filosofía en Bachillerato explicaba la alegoría de la caverna de Platón, en mi mente se dibujó claramente Segismundo en su torre. La relación es obvia, y más aún cuando el propio Segismundo se convence de que todo lo que ha vivido fuera de su oscura y lúgubre torre no es más que un sueño. 

Por otro lado, también hay bastante de la famosa fábula de Edipo. Tanto Edipo como Segismundo fueron apartados de sus familias y su destino por sus padres, que temían una profecía sobre ellos. Irónicamente, es esta conducta la que hace que después se haga posible y se cumpla dicha profecía. 

Segismundo y Rosaura en escena
Sin embargo, debo reconocer que, por mucho que ahora lo vea como un subtema y no como algo esencial en la historia, cada vez que lo leo o lo veo representado, el enamoramiento de Segismundo hacia Rosaura sigue pareciéndome uno de los más hermosos que he visto en la ficción y fuera de ella.

Es una maravilla que, en mi opinión, no es en absoluto difícil de leer si la comparamos con otras obras de la misma época. Si bien el estilo barroco es muy elaborado y eso puede dificultarnos la lectura si no estamos acostumbrados a él, no se trata en absoluto del estilo críptico y hermético de algunos autores del Siglo de Oro.

En definitiva, yo diría que esta es una obra imprescindible para todo aquel que tenga un verdadero interés en la filosofía. No sé si encontrará respuestas a sus preguntas, yo al menos no encontré demasiadas, pero como mínimo siempre nos sentiremos acompañados en nuestras inquietudes, no solo durante el mítico soliloquio de Segismundo cuando se introduce al personaje, sino durante toda la obra, de principio a fin. 

domingo, 9 de marzo de 2014

Flores de verano

El 6 de agosto de 1945 Hiroshima tuvo el dudoso honor de convertirse en la primera ciudad víctima de una bomba atómica. De este escenario roto por el dolor de los miles de afectados surgió un subgénero en la literatura japonesa, el llamado genbaku bungaku o "literatura de la bomba", que recoge el testimonio de los supervivientes a la catástrofe, los hibakusha, y cuya obra fue durante años víctima de la censura estadounidense que no permitía que se publicara nada que relatase el horror vivido en la ciudad ya mencionada. Tamiki Hara fue uno de ellos. 


El libro Flores de verano es en realidad un compendio de tres escritos independientes en los que Hara nos cuenta sus vivencias y las de su familia antes, durante y después del bombardeo.

El primer relato, Preludio a la aniquilación (si bien fue el último en escribirse), narra en tercera persona las vivencias de la familia de Shozo (alter ego de Hara) durante el mes anterior de estallido. En un ambiente que huele a la paz que precede la tempestad, los habitantes de Hiroshima, que parecía ser la ciudad más segura de Japón, intentan hacer vida normal, pero son constantemente interrumpidos por las sirenas que avisan de los posibles ataques aéreos.

En el siguiente relato, Flores de verano, que da nombre al recopilatorio,  Hara narra ya en primera persona cómo sufrieron él y los suyos el impacto, así como los momentos siguientes al mismo, cuando la familia, de la que formaban parte varios niños pequeños, intenta reunirse entre cadáveres carbonizados, bosques en llamas, moribundos y heridos que suplican ayuda sin que sea posible hacer nada por ellos. El dolor ante la pérdida de los seres queridos, el dolor ante las heridas sufridas por uno mismo, el dolor ante la incertidumbre de qué ha pasado y qué pasará es la nota constante de este texto.

Aunque Flores de verano pueda ser el más impactante, por lo crudo y despiadado de los hechos que narra, el tercer fragmento, De las ruinas, ha sido para mí el más terrible de todos. Mientras la familia de Hara intenta ser evacuada a otro pueblo, muchos se quedan en Hiroshima, sin saber que lo que ha estallado no es una bomba corriente. Aunque tienen sus sospechas dada su gran intensidad y las terribles secuelas que deja (entre las que se atisban los casos de cáncer y leucemia, enfermedades de las que poco se sabía en aquella época), no pueden saber a ciencia cierta hasta qué punto ha sido distinta esta bomba. Por eso, permanecen en la ciudad, intentando reconstruir sus vidas y buscando a sus allegados (muchos de los cuales no pudieron encontrarse jamás, pues sus cuerpos se desintegraron), sufriendo de heridas que los escasos servicios médicos no pueden atender y exponiéndose a una constante y dañina radiación. 
Aunque sea aquí donde termina la obra de Hara, la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, la siguiente ciudad bombardeada, como ya sabemos, estaba lejos de terminar. 

No soy amiga de los libros escritos por personas traumatizadas a modo de terapia, puesto que haber sufrido una tragedia personal no lo hace a uno buen escritor, además de que no siento placer alguno en conocer las desgracias de otras personas. Sin embargo, Tamiki Hara ya era escritor consagrado antes de que este desgraciado incidente sacudiera su vida. Licenciado en Literatura Inglesa por una de las universidades más prestigiosas de Japón, Hara sentía una gran admiración por la literatura rusa e hizo de la escritura su profesión. 


Los relatos que componen Flores de verano son de una calidad literaria envidiable. Hara ha sabido plasmar a la perfección el horror y la incertidumbre que sufrieron los habitantes de Hiroshima durante ese fatídico verano. La prosa, desgarradora e intensa, sitúa al inocente lector en el epicentro de la catástrofe de modo que pueda sentir que la vive en primera persona.

Sin embargo, cabe preguntarse si una obra tan desoladora es realmente necesaria, si aporta algo al lector aparte de sentir una parte de la desazón que sintió el autor y sus coetáneos. Desde luego, yo me hago esa pregunta cada vez que me hallo ante una de semejantes características y, en este caso, no tengo ninguna duda: es necesaria.

Basta echar un vistazo a los titulares de la prensa para darnos cuenta de que no hemos aprendido prácticamente nada de los enfrentamientos bélicos del pasado. La guerra sigue azotando gran cantidad de países y regiones de todo el mundo y las armas nucleares no solo no han desaparecido, sino que se han perfeccionado y ahora poseen una mayor potencia de ataque, no importa que sus víctimas sean civiles inocentes.

Quiero pensar que si estas acciones siguen llevándose a cabo es porque aún no somos realmente conscientes de sus consecuencias. Lograr un mundo de paz es trabajo de todos y cada uno de nosotros. Flores de verano no es solo un retrato de una tragedia, es también un canto, una súplica a la paz y la concordia. 

domingo, 18 de agosto de 2013

El gran Gatsby

En mi casa no solo somos muy aficionados a la lectura, sino que también nos gusta mucho el cine. Desde que iba al instituto mis padres comenzaron con la creación de una completa filmoteca y el visionado de alguna película se convirtió en la actividad familiar del fin de semana.

Robert Redford caracterizado como Gatsby
Entre esta algarabía de títulos fílmicos hubo muchos que me llamaron la atención, pero pocos me dejaron con el regusto agrio de El gran Gastby (1974). Tenía la impresión de que se me escapaban demasiados elementos, pues no entendía la aparente frivolidad de los personajes retratados. Nueve años más tarde he leído por fin el libro homónimo de F. Scott Fitzgerald, en el que la película se basa, pero la lectura, si bien al enfrentarme a la misma historia con una mayor madurez ha sido esclarecedora, no ha servido de edulcorante.

Jay Gatsby es un joven misterioso y enigmático, poseedor de una gran fortuna de origen incierto y autor de las más desenfrenadas fiestas de la Long Island de los años 20. El motivo de estas fiestas no es otro que el de atraer a Daisy Buchanan, una atractiva y chispeante joven de buena familia, casada con el infiel pero millonario Tom Buchanan, con la que mantuvo un romance cinco años atrás y a la que no puede olvidar. 

Daisy (Mia Farrow) y Gatsby

El gran Gatsby es la decadente historia del fracaso del sueño americano. Gatsby podría considerarse el arquetipo de hombre hecho a sí mismo, un joven de origen humilde que con poco más de treinta años ha montado un imperio, todo con el único propósito de ofrecerle a Daisy lo que no pudo ofrecerle cinco años antes. Los celos, la frivolidad y una avaricia insaciable por parte de quienes lo rodean empujan al luchador Gatsby hacia un dramático final.

Nick, Tom y Gatsby
La novela es una agria crítica a la sociedad de la conocida como Era del Jazz y al desenfreno anterior al Crack del 29. Destaca la oposición entre los ricos asentados, que por su linaje familiar se merecen el respeto de la sociedad, y los nuevos ricos de origen más humilde que son víctimas de habladurías y calumnias acerca de cómo consiguieron su capital (como ocurre con Gatsby); y la oposición de las clases acomodadas, que viven por todo lo alto sin necesidad de trabajar, con respecto a la clase trabajadora, que no puede permitirse faltar un solo día al trabajo (como el complaciente aunque íntegro Nick Carraway, narrador de la novela y uno de los pocos amigos de Gatsby).

Gente enamorada de sí misma y su dinero, sin más propósito en la vida que el de guardarse las espaldas y deleitarse en su apatía y seguridad, queriendo abarcar más de lo que pueden, sin preocuparse en las vidas que destruyen en su paso aplastante y desenfrenado por el mundo.

Pero el sueño de riqueza y belleza es frágil, especialmente para aquellos demasiado nobles como para aplastar a sus contrincantes. El tiempo no puede volver atrás, como la vejez no puede tornarse en juventud. Los accidentes no pueden evitarse, hay que despertar de todo sueño. Y un corazón corrompido por el dinero no puede resarcirse.

Reparto de la película homónima estrenada este año

Para quien no haya leído aún esta obra maestra, en la que el talento literario de F. Scott Fiztgerald se disfruta en cada página, recomendaría que, siempre que les sea posible, intenten hacerse con una buena edición, aunque vaya a salirle económicamente más caro. Algunas ediciones, como la de Debolsillo, tienen la ventaja de permitir al lector ahorrarse unas monedas, pero para ello se valen de traducciones antiguas, en la que los traductores profesionales no existían como tales y que, incluso hoy en día, siguen sin estar revisadas. Una pena.

domingo, 28 de agosto de 2011

Indigno de ser humano

¿Quién es Yozo? Sus compañeros de instituto lo recuerdan como el gracioso de la clase; para su padre fue alguien incapaz de satisfacerlo; para las mujeres con las que compartió parte de su vida, un ángel; para el Osamu Dazai (autor de la obra, aunque en este caso actúa como personaje ficticio) que contempla sus fotografías, “le falta el peso de la sangre, la aspereza de la vida”. Y para Yozo, Yozo es indigno de ser humano, alguien mucho peor (pero también mucho mejor) que el resto de la sociedad.

Yozo se revela a sí mismo como un monstruo que, mientras puede, se oculta bajo la máscara de una sonrisa amable o una fingida inocencia. Incapaz de confiar en  nadie ni en cumplir con las expectativas que sus acomodados progenitores tenían para con él, Yozo no fue capaz de denunciar a las criadas de abusaron de él en su más tierna infancia. Decidió seguir ocultándose bajo su perfecta máscara, una máscara que no dejaba ver sus inquietudes, su desamparo, su miedo… Mientras que secretamente dibuja una y otra vez su horrible autorretrato, cada vez más grotesco, más deforme, más carente de humanidad. Así es cómo se ve él.

Suicida sin vocación, ahogado en alcohol y morfina, solo consigue subsistir gracias al apoyo incondicional que le brindan diferentes mujeres. Ninguna lo consideró un monstruo, culpaban de su situación a su familia la sociedad… pero nunca a Yozo. Aun así no parece que consiguieran salvarlo del círculo de autodestrucción en el que había caído por ser quien decía ser: Un monstruo, indigno de ser humano.

Así es cómo se ve Yozo a sí mismo, según el anime Aoi Bungaku
La lectura de este libro me resultó terriblemente dolorosa. Ni siquiera estoy segura de haber hecho bien leyéndolo. Quizás lo más sabio hubiese sido no hacerlo, pero lo hecho, hecho está.

No podía evitar sentir lástima y compasión por Yozo. No voy a decir que con toda seguridad era el ángel del que sus mujeres nos hablan, pero sí me parece que sufrió demasiado. Y, aunque resulte egocéntrico, no puedo evitar compartir parte de su sufrimiento. En ocasiones sentía que el relato de Yozo mostraba mis propios temores y miedos. Mi inseguridad, mi máscara, mi desconfianza, mi imagen de monstruo, el mejor y el peor de los seres humanos, indigna de ser uno de ellos.

Cierto es que no he pasado por tanto como el protagonista de la novela (a Dios gracias), pero hay puntos en común que ha conseguido que se me hiele la sangre y me han inculcado un horror que ninguna historia de fantasmas ha conseguido causarme jamás. Porque no se trata de un miedo irracional a alguna criatura inexistente, sino el miedo a uno mismo. El tener que enfrentarse al día a día, a tu monstruo interior que se ceba en tu felicidad y tu autoestima.

Es algo que si no se ha vivido, no es fácil de comprender.

Y, paradójicamente, no es muy recomendable que quienes puedan entenderlo pasen sus hora libres regodeándose en un propia desgracia, con una obra de este tipo.

Si bien es la segunda obra más vendida en la historia de Japón, quizás no debiese haberse escrito. Quién sabe.

Osamu Dazai también sufría el peso de la máscara, y fue incapaz de vencer a su monstruo. Tras una vida turbulenta, se suicidó antes de cumplir los 39 años.

¿Me equivoco al pensar que Yozo no es más que el alter ego de Osamu Dazai?
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