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jueves, 31 de marzo de 2016

El castillo en el aire

En Zanzib, el joven mercader de alfombras Abdullah lleva una vida de lo más anodina al frente de un negocio de alfombras y soportando a sus insoportables parientes. Por eso no deja de soñar con que es el hijo perdido de algún rey, recogido y criado por un mercader, y que está destinado a casarse con una princesa. Su aburrimiento acaba cuando un extranjero le vende una alfombra voladora que lo llevará al jardín de la más bella e inteligente princesa. Las ensoñaciones de Abdullah se van haciendo reales, mientras se las tiene que ver con genios protestones, bandidos feroces, sultanes vengativos, demonios malos y buenos (o no tan buenos) y una gata capaz de transformarse en pantera.

Secuela de El castillo ambulante, que tomó como referencia los cuentos tradicionales europeos, El castillo en el aire bebe en esta ocasión, como creo que ya habréis notado, de fuentes más orientales, principalmente de las Mil y una noches. Sin ir más lejos, Abdullah guarda muchas semejanzas con héroes como Aladdin o Simbad, además que son muchos los elementos que se rescatan de estos cuentos (alfombras mágicas, genios embotellados, bandidos...).

Aunque nada de lo mencionado nos recuerde a Howl y Sophie (salvo quizás la condena inicial de esta y Abdullah a no vivir aventuras), yo recomendaría leer los libros en el orden en el que fueron escritos. Es cierto que Sophie y sus compañeros no aparecen sino como secundarios hasta casi al final (o quizás no tan al final), pero aunque sea breve la aparición de nuestro amigos de Ingary, y a pesar de que se pueda seguir la historia sin problema, se disfrutará mucho más sabiendo quienes son estos personajes que irrumpen tan estrepitosamente. Además de que hay ciertos guiños a El castillo abulante que pierden bastante gracia si no se ha leído esta primero.

Cabe destacar que en El castillo en el aire personajes siguen siendo encantadores y el punto principal de la novela. En esta ocasión, el rol protagónico corresponde principalmente a Abdullah, el zalamero mercader de prodigiosa imaginación y tesón asombroso que, como todo príncipe de cuento, debe rescatar a su dama en apuros. Pero Flor-en-la-noche no es de esas princesas que necesitan ser salvadas (y como ella, muchas otras), si bien una ayuda nuna viene mal.

Son muchísimos los personajes con los que encariñarse: El soldado amante de los gatos, así como la gata Medianoche y su pequeño Mequetrefe, el genio o a la alfombra (que, aunque no lo parezca, es un personaje más), el agradecido Jamal y su perro de malas pulgas, o la pléyade de princesas. Incluso los demonios liantes y las dos sobrinas gordas son entrañables. Aunque creo que mi personaje favorito ha sido Beatrice, esa princesa no especialmente agraciada, pero inteligente y de armas tomar.

Aunque lo veo claramente enfocado a un público muy joven, por no decir infantil. es una historia divertidísima y llena de imaginación que puede hacer las delicias de cualquiera, no importa la edad que tenga. Una vez más, Diane Wynne Jones nos regala un cuento lleno de ingenio y magia, con preciosas lecciones sobre la madurez o los roles de género, con bonitas descripciones y tan ágil y accesible que se lee casi de una sentada.

Aunque sé que muchos prefieren El castillo ambulante (quizás esperaban mayor presencia de Howl y demás o les chocó el cambio tan radical de escenario), yo he disfrutado algo más la lectura de este segundo libro (quizás porque este no se ha adaptado al cine y no tenía película para comparar). En cualquier caso, no deja de ser una opción perfecta para quienes quieran leer una historia bonita y amable, llena de ternura y optimismo. Y, por supuesto, a quienes El castillo ambulante les haya dejado con ganas de más.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El océano al final del camino

Reconozco que comencé a leer El océano al final del camino con cierto recelo, por no decir con bastante. Estaba intrigada por leer finalmente algo de Neil Gaiman, ya que desde hace algún tiempo no he dejado de oír alabanzas al autor británico. Sin embargo, estos halagos solían venir de unos acérrimos fans que… bueno, son acérrimos. Y ya sabemos que cuando admiramos mucho algo solemos ser incapaces de verlo con objetividad. Pero finalmente saqué el libro de la biblioteca, dispuesta a darle una oportunidad.

Y me encantó.

Es complicado hacer una sinopsis sin revelar demasiado de la trama, ya que, aunque se plantea sencilla como un cuento infantil, es un tanto surrealista y tiene un fondo mucho más complejo de lo que en principio aparenta. Diré que el protagonista, un hombre adulto, regresa al lugar donde pasó parte de su infancia. Allí, recuerda repentinamente el extraño y espeluznante encuentro que tuvo a los siete años con criaturas de otro mundo.

Con agilidad y fluidez, Gaiman nos sumerge en la mente de un niño, cosa que no es precisamente sencilla; ya se sabe que los niños y los adultos no ven el mundo de la misma forma. Sin embargo, el candor y la inocencia que rezuman durante toda la parte del relato en la que el protagonista “vuelve” a sus siete años es prácticamente perfecta, dándosele importancia a todos aquellos acontecimientos que tendrían más relevantes para un infante y solo esbozando las cosas que no le resultarían interesantes o no sería capaz de comprender…

Fanart del libro.
A pesar de su carácter tierno, no por ello carece de una parte tétrica. La presencia en este que algo que no debería estar está muy lograda. La tensión está presente en todo momento y es fácil sentir el miedo y la inseguridad que siente el pequeño cuando entra en contacto con este ser.

Si bien los elementos fantásticos sean abundantes, son desde luego son muy imaginativos. La identificación del estanque que hay junto a la casa de la enigmática niña Lettie con un océano me pareció brillante, no solo por lo que llega a suponer, sino porque es algo que, una vez más, casa perfectamente con la mente de un niño. Para un adulto, un estanque nunca puede ser un océano.

Creo que por este tipo de cosas es por lo que es tan fácil identificarse con el pequeño protagonista. Todos hemos sido niños alguna vez. Sabemos lo que es que nuestra infantil y fantasiosa visión del mundo se mezcle con la realidad de las personas mayores, hasta llegar al punto en el que ya no estamos seguro de su las cosas ocurrieron tal y como las recordamos... ¿Esos recuerdos ocurrieron realmente? ¿Son como los recordamos? ¿Ha pesado más lo que experimentamos o lo que nos enseñaron a creer los mayores?

A decir verdad, creo que esta dispersa línea entre la realidad y la ficción a causa del punto de vista de un chiquillo, denota ya una cierta inspiración en Alicia en el País de las Maravillas... Que es cada vez más clara a medida que se va leyendo.

Una novela corta y aparentemente sencilla, fácil de leer y terriblemente adictiva que es perfecta tanto para niños valientes como para adultos en los que sigue habiendo un niño. 


Por cierto, he visto alguna que otra queja sobre las notas de la traductora, Mónica Faerna,  cuando cita la obra de Carroll, o mejor dicho, las traducciones, ya que dicen que les incomodan la lectura. Siento decirles que, de no haberlo hecho, la traductora, cuyo trabajo me ha parecido fantástico, podría meterse en serios problemas legales, ya que apropiarse del trabajo de otra persona es un delito importante. 

viernes, 31 de octubre de 2014

El Ciclo de la Luna Roja

Para fecha tan especial como esta, no podemos sino hablar de una obra mucho más extensa que las historias cortas que han formado parte de este segundo especial. El motivo principal por el que lo reseñamos ahora es porque la historia arranca precisamente en la noche de Samhein, más conocida como Halloween. Nos referimos a la saga El Ciclo de la Luna Roja, del español José Antonio Cotrina.

Tras acompañar a su hermanita a pedir caramelos durante el Halloween, Héctor se marcha a la cama, para despertarse poco después y ver a un hombrecillo con una pipa que le habla de un mágico lugar: Rocavarancolia. Le asegura pertenecer a dicho mundo y le ofrece vivir allí durante un año, para explotar ciertos poderes ocultos. El contrato se firma, pero no el hombrecillo no ha dicho toda la verdad. Rocavarancolia es un lugar hostil donde Héctor y otros once muchachos tendrán que luchar por su supervivencia sin saber realmente la razón de esta terrible prueba.



Salta a la vista que estamos ante una saga de novelas juveniles en las que se mezclan magia y supervivencia, algo tan en boga en los últimos años. Sin embargo, algo que la diferencia de la gran mayoría de libros de este estilo es la carencia de un “momento pizarra” en el que se explica al lector los antecedentes de la historia y qué es lo que se espera del protagonista en función a ello. Como consecuencia, el lector y los personajes se ven obligados a ir reuniendo información e ir elaborando teorías que irán confirmando o desechando.

Reconocemos que el primer libro de la trilogía, La Cosecha de Samhein, es un poco flojo, no tanto en calidad de escritura como en lo referente a contenido y acción. Se centra sobre todo en presentar a los personajes, así como el ambiente en el que se van a desenvolver, para que así pueda apreciarse mejor cómo evolucionan en los dos libros siguientes: Los Hijos de las Tinieblas y La Sombra de la Luna (*). Por ejemplo, Violeta tenía la sensación, al leer el primer tomo poco a poco, de que no pasaba nada de interés hasta ya los últimos capítulos. Sin embargo, Estefanía se lo pudo leer de una sentada durante un largo viaje en autobús, con lo que no tuvo este problema.


No solo se ofrece el punto de vista de Héctor, sino también el de las criaturas, mejores y peores, que viven en Rocavarancolia, cada una con sus propios intereses y problemas, al margen de la tragedia del grupo protagonista. De estos niños, nos llamó enormemente la atención lo elaborados que están. Son personajes muy redondos, que, si bien al presentarlos se hacen muy arquetípicos, poco a poco van demostrando que ninguno encaja en un canon concreto que domine todo su carácter. La evolución de algunos de ellos es tan grande que al final cuesta reconocer a los niños que llegaron a aquel mundo inhóspito.

Al igual que los personajes, el mundo mágico de Rocavarancolia está muy desarrollado. El autor nos adentra bastante en su atmósfera terrible y despiadada, mostrando gran parte de su historia, fauna y habitantes (confundiéndose los dos últimos con bastante frecuencia). Se nota la influencia de ciertas obras y mitos, aunque convertidos en algo totalmente distinto, gracias a la imaginación desbordante de Cotrina.

Como no podía ser de otra forma, la trilogía elegida para este especial destaca también por su dureza. La muerte y el dolor se muestran muy explícitos desde casi el primer momento. A Cotrina no le tiembla la mano a la hora de matar o lastimar a alguno de sus personajes, aunque no hace de ello un recurso fácil, pues siempre parece haber una justificación para ello. Todo parece obedecer a una especie de “plan divino”: Cotrina debía tener pensado desde el principio cada detalle, cosa que se nota especialmente en el último libro.

¿Alguna vez habéis soñado con un hombrecillo que os hombrecillo que os ofrece un viaje fantástico?



(*) No estamos de acuerdo la grafía utilizada en los títulos de estos libros. En español, los títulos de los libros solo deberían llevar mayúscula en la primera palabra, a no ser que aparezcan nombres propios, que no es el caso. Nos duelen en el literario corazoncito estas extranjerizaciones absurdas. 

viernes, 11 de julio de 2014

El ponche de los deseos

Incluso los brujos malvados tienen obligaciones que atender. Es el último día del año y Belcebú Sacasmo, fatal mago de laboratorio, no ha cumplido su cuota anual de fechorías. Tampoco Tirania Vampir, maquiavélica bruja multiplicadineros. ¿El motivo? Durante todo el año han tenido sendos agentes secretos infiltrados en sus casas: el gato minnesinger Maurizio di Mauro y el calamitoso cuervo Jacobo Osadías. Pero los villanos tienen un arma secreta para actuar sin que los agentes puedan aportar pruebas, un genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso ponche que, bebido antes de las campanadas de año nuevo, les concederá todos los deseos que pidan, pero al revés: de pedir paz, habrá guerra; de pedir salud, enfermedad. Gato y cuervo deberán unir fuerzas para evitar que el mal triunfe. 

La agujas del reloj que introduce cada capítulo avanzan raudas.
La historia que se narra en El ponche de los deseos es la de dos trepidantes carreras a contrarreloj, la de los brujos y la de los animales, con la magia y la simpatía propias gran Michael Ende, quien consigue dotar a la historia de un gran dinamismo.  Es un placer como Maurizio, tan soñador, sibarita y elitista, y Jacobo, mundano, pesimista y miserable, no solo consiguen colaborar para conseguir un bien común, sino que, a medida que se conocen y muestran  sus flaquezas, van dejando de lado sus diferencias para crear una bonita amistad.

La carrera de los brujos es tremendamente divertida. Si bien el punto cómico en Maurizio y Jacobo era el contraste de sus personalidades, con Sarcasmo y Tirania ocurre todo lo contrario: son tan malos que no pueden evitar atentar contra su colega. Quizás pueda parecer que este maniqueísmo tan infantil pueda estropear la historia, pero los personajes están tan bien definidos y resultan tan entrañables que eso no llega a ocurrir.


Que no os engañe su carácter de cuento de hadas: El ponche de los deseos no está exento de crítica social. Se hace una defensa apasionada hacia la ecología y el medio ambiente, mientras que se condenan la corrupción, ya sea por causa económica o por el uso irresponsable de la ciencia y el progreso. Hay sitio incluso para una pequeña reflexión sobre religión y los conceptos del bien y del mal que, si bien no se desarrolla especialmente en el libro, consigue que el joven lector se la lleve a casa. Hay incluso un guiño para los más mayores sobre el peligro que suponen las drogas.

Sobra decir que el libro está pensado para ser leído por un público entre infantil y juvenil. Sin embargo, los adultos también pueden disfrutar de esta ágil y adictiva historia. Como anécdota personal, recuerdo que mi padre me lo sacó de la biblioteca cuando era más jovencita, puesto que sabía cuánto me gustaba Michael Ende. Lo leí casi de una sentada, e incluso lamenté que tuviera que devolverlo. Pero me gustó tantísimo que, cuando lo vi recientemente en tienda, no pude evitar comprarlo y, a mis 25 años, lo he vuelto a disfrutar como una enana.


Tras leer maravillas como esta, no es tan difícil entender por qué Ende lamentó tanto que el éxito de La historia interminable eclipsara el resto de su obra. 

miércoles, 25 de junio de 2014

La hija de Rappaccini

Nathaniel Hawthorne es conocido por el gran público gracias a su obra maestra La letra escarlata, sin embargo hoy vamos a hablar de uno de sus relatos cortos: La hija de Rappaccini.

El protagonista es Giovanni, un estudiante recién llegado a Padua que, desde su habitación de alquiler, observa día tras día el exuberante jardín del viejo doctor Giacomo Rappaccini. Con curiosidad ve que el doctor no se atreve a tocar ni acercarse a las plantas, sino que llama a su hija Beatrice para que lo haga en su lugar. Giovanni queda fascinado por la belleza de la muchacha, increíblemente semejante a la flor más hermosa del jardín, que por algún capricho de la naturaleza casi parece tener forma humana. Durante las horas que pasa observando desde su ventana, Giovanni observa cómo todo animal que toca esa flor muere rápidamente, y comprende que debe tratarse de una planta venenosa. Sin embargo su estupor crece cuando ve que la bella Beatrice mata un insecto solo con su aliento, y es que la muchacha se ha mimetizado tanto con ese nuevo Edén que, si bien es inmune al veneno de las plantas, ella misma se ha hecho venenosa para cualquier ser vivo que esté cerca de ella. Es a partir de aquí que Giovanni se encuentra en una disyuntiva: quiere estar cerca de la muchacha y amarla, pero al mismo tiempo la teme por su terrible poder…
Giovanni, Beatrice, Rappaccini
Si debo ser sincera, este relato me conmovió. En un principio lo estaba leyendo bastante extrañada, pero Hawthorne tiene la habilidad de ir creando poco a poco el ambiente propicio para que, incluso esperándote ya lo que va a ocurrir, no puedas evitar sentir ese pequeño escalofrío. 

A lo largo de todo el texto ves pequeños detalles que anticipan lo que se avecina, pero no de forma tan evidente como desgraciadamente ocurre en otras historias, su prosa no es tan directa sino que te hace ponerte en tensión a través de algo tan simple como las descripciones del lugar. ¿Quién no se sentiría en el paraíso si se encontrara con la visión de un enorme jardín lleno de flores exóticas y colores vibrantes, por viejas y rotas que parezcan las fuentes y cualquier otra obra creada por la mano del hombre? En esta historia demuestra claramente que algo no necesita ser horrible para inspirar temor, sino que una belleza demasiado sobrehumana puede causar el mismo sentimiento de inquietud.

La decadencia y exuberancia del jardín
Me llamó notablemente la atención la descripción de Beatrice, ya que desde el principio te das cuenta de que no es una simple muchacha. Una figura demasiado angelical, demasiado perfecta… Giovanni siente por ella tanto atracción como repulsión, y si debo dar mi opinión personal al respecto, jamás diría que estuviera realmente enamorado de Beatrice, solo maravillado por una criatura mesmérica que representaba lo sublime en su esencia más pura. De hecho, a menudo me daba la impresión de que estaba enamorado de sí mismo. 

Por último, y si bien no quiero hablar del final del relato, debo decir que para mí fue bastante impactante no tanto por los hechos que relata sino por las palabras que pone en boca de sus personajes. Triste, cruel, hermoso y conmovedor.

martes, 20 de mayo de 2014

Percy Jackson y los dioses del Olimpo

Que levante la mano todo aquel que alguna vez se haya sentido decepcionado ante las adaptaciones de historias que ya conocían. Por desgracia, esas adaptaciones tienden a desvirtuar el significado completo del relato que cuentan. Sin embargo, a pesar de que somos unas gran aficionadas a la mitología, decidimos que ya estábamos curadas de espanto con esta temática tan maltratada y que nada podría decepcionarnos ya. Y sin embargo, cuando con esa premisa abrimos el primer tomo de las aventuras de Percy Jackson y los dioses del Olimpo de Rick Riordan, nos llevamos una muy agradable sorpresa.

Los cinco libros de la saga

Percy Jackson es un niño problemático que, un día normal y corriente, se ve atacado por su profesora de matemáticas con claras intenciones de matarlo. En ese momento descubre que su mejor amigo tiene patas de cabra y que su profesor de cultura clásica no es paralítico, sino un centauro. La explicación es muy sencilla: Percy es, en realidad, un semidiós hijo de Poseidón, ya que los dioses griegos siguen vivos hoy en día y se les puede encontrar en Manhattan. A partir de ese momento deberá pasar cada verano en un campamento especial para semidioses, o como ellos mismos se hacen llamar, mestizos. En este lugar se entrenará para derrotar a todos los monstruos, como el Minotauro, que han ido e irán en su busca atraídos por su aura de semidiós.

Se trata de una saga de cinco libros, ya que hoy en día si no haces una saga no eres nadie en el mundo editorial. En todos ellos está presente un gran sentido del humor, muy agudo e irónico en su tratamiento de la mitología. A pesar de esperarnos ya un destrozo de estos mitos y leyendas que conocimos y apreciamos desde la infancia, nos encontramos con un relato divertido que reescribe dichas historias y las encuadra en un marco de actualidad. Obviamente, la saga no mantiene el mismo nivel de calidad a lo largo de todos los libros, en los tres primeros hay una frescura que por desgracia no se mantiene en los últimos, y el autor no termina de dominar la épica y el romance que trata de desarrollar especialmente al final.

Sobre los protagonistas, está formado por el ya obligado trío de amigos: dos chicos y una chica, Annabeth, que representa el sentido común. Percy por supuesto es el valor y Grover, su caprino mejor amigo es la parte cómica de la historia. Podemos decir que como grupo funcionan bien, pero el romance entre Percy y Annabeth es tan forzado que en el mundo real no tendría futuro. Dejando al margen la obsesión de Annabeth por el malvado Luke, la de Percy por Clarisse, su rival en el campamento; demuestra claramente qué pareja sería rey y reina del baile de graduación mestizo.

Los dioses se nos muestran como nunca antes los habíamos visto. Desde moteros, aficionados a los haikus y los que no tienen su parcela en el Empire State y deben conformarse con vivir en Hollywood, ninguno de ellos dejará indiferente al lector. Por otro lado, el autor deja traslucir con meridiana claridad sus favoritos entre los dioses.


En conclusión, nos parece una buena obra para iniciar a los jóvenes en la cultura clásica y el significado de muchos mitos de una forma amena, y que a la vez, aquellos que ya tienen conocimientos sobre el tema puedes disfrutarla cómodamente.

lunes, 5 de mayo de 2014

El castillo ambulante

Al ser la mayor de tres hermanas, Sophie Hatter está condenada a tener mala suerte y, por ende, a no vivir aventuras. Sin embargo, tras la visita de la malvada Bruja del Páramo a su sombrerería, Sophie queda, a sus dieciocho años, convertida en una anciana. Dispuesta a volver a la normalidad, deja su casa y va en busca de la Bruja. Lo que encontrará será el castillo ambulante de otro mago, Howl, del que se dice roba y devora el corazón de las muchachas. 


Como muchos, conocí la historia de El castillo ambulante de la británica Diana Wynne Jones gracias a la genial película de Studio Ghibli, dirigida por Hayao Miyazaki. Cuando supe que el libro en el que dicho filme se basaba estaba publicado en España, decidí que tenía que leerlo. Ha día de hoy no me arrepiento en absoluto de mi decisión.

Antes de nada, debo advertir que libro y película son muy diferentes, lo que suele causar decepción. Sin embargo, la calidad de ambos es comparable. Cine y literatura son dos medios muy distintos, lo que condiciona mucho la transmisión de un mensaje. Es muy difícil hacer una buena película si nos quedamos muy pegados al libro en el que queremos basarla, cosa que suele suponer el fracaso de la mayoría de las adaptaciones.


Si dejamos de lado estos prejuicios, y centrándonos ya en la novela, nos encontramos ante una obra bastante sólida y bien construida. Hay una considerable cantidad de aventuras fantásticas, tendiendo en cuenta el reducido número de páginas que presenta, narradas de forma sencilla y directa que harán de las delicias de los más jóvenes. 

El estilo inglés de Jones es muy marcado. No solo hace gala de un encantador humor británico, sino que hace innumerables alusiones a clásicos de la literatura anglosajona, como John Donne, William Shakespeare y J.R.R. Tolkien entre otros, cosa que apoya la idea de esta es una obra trabajada y estudiada, no fruto de la improvisación o de una ideas superfluas, y que, bajo la apariencia inocente de un cuento de hadas es, realmente una obra muy cuidada que incluso los mayores pueden disfrutar.


Todos los personajes son destacables, incluyendo a la Bruja de Páramo y su demonio de la avaricia, y gracias a ellos la autora puede tratar temas tan dispares como el destino, el amor y la amistad, la fama y el éxito, la vejez, la confianza en uno mismo y los prejuicios. Personalmente, me quedo con Howl, ese caprichoso y narcisita mago que, a pesar de parecer un simplón casanova, guarda más de un as en la ancha manga; Cálcifer, el demonio que mueve el castillo, con sus comentarios irónicos y sus ansias de parecer temible; y Sophie.

Sophie es, en mi opinión, el personaje que más evoluciona en el cuento y el más interesante de todos. Su transformación en anciana me parece todo un acierto, no solo por la novedad que ello supone, sino porque, al ser el personaje en torno al que se desarrolla la historia, su cambio físico origina también un cambio de perspectiva. Sophie se encuentra perdida en un mundo que creía conocer, pero que se le presenta de una forma totalmente nueva, del mismo modo que todos la perciben de una forma distinta. Ha sido una delicia ver como esta joven conformista y resignada a llevar una vida aburrida se va transformando, sin dejar de lado su bondad y buen corazón, en alguien mucho más valiente y seguro de sí mismo, algo mucho más importante que ese curioso don que desarrolla estando en casa del mago.


En definitiva, una novela ligera y adictiva, ideal para quienes están buscando iniciarse en el mundo de los libros o cualquiera que quiera pasar un rato entretenido con una historia amable y divertida.

lunes, 21 de abril de 2014

Saga Crepúsculo

Cuando el primer libro de Stephenie Meyer cayó en mis manos, debo reconocer que tenía una idea algo confusa sobre lo que debía esperar. Estaba bastante perdida, desesperada en realidad, cuando me compré el primer libro de esta conocidísima saga. Fue durante un verano en Londres con mucho tiempo libre y nada que hacer y la mejor opción era buscar un libro para rellenar las horas muertas. Siendo una aficionada al tema sobrenatural y más en concreto de la figura del vampiro, la saga Crepúsculo libro llamó mi atención.

La saga al completo
Bella Swan es una adolescente que se muda a Forks, el sombrío pueblo de su padre. Allí conoce a los Cullen, una extraña familia caracterizada por su belleza, juventud… y por lo esquivos que resultan con todos. Edward, el más joven de la familia, empieza a acercarse poco a poco a Bella, atrayéndola y a la vez exasperándola con su multitud de rarezas y secretos. Pero pronto la protagonista comprende dos cosas: que se ha enamorado de Edward y que él la ama tanto como desea beber su sangre. Una familia de vampiros, una manada de hombres-lobo y el amor adolescente de un instituto entremezclados en lo que podría ser una telenovela sin fin.

Un amor que se mira pero no se toca
Apenas empezaba a hacerse famoso, y tuve la sensación de que prometía. Nada más abrirlo vi que la redacción era bastante simple, por lo que resolví que podía leerlo en descansos y viajes. Era fácil de leer, y la historia me enganchó de inmediato… sin embargo la decepción llegó apenas terminé el primer libro. No me percaté de que había llegado al final no solo por la sencillez de la lectura, sino porque la estructura te mantiene durante todas las páginas esperando un nudo y un clímax que, cuando llegan, se desarrollan en apenas diez páginas, tan fugazmente que terminas el libro pensando que te has saltado algo importante.

Al comienzo no le di importancia, supuse que era normal al ser el primer libro de una saga, y que a partir de ahí todo se iría animando mucho más… pero entonces llegó el segundo libro y una vez más encontré el mismo problema. Así durante todos los tomos de la saga, con esa extraña sensación de estar leyendo una introducción de quinientas páginas que te llevan a un desarrollo de los acontecimientos bastante cogido por pinzas y que culmina rápidamente, como si la autora sufriera demasiado con los problemas de los protagonistas para prolongarlos demasiado.

Hombres-lobo descamisados para amenizar la historia
No quiero entrar en el debate sobre el cambio que la figura del vampiro sufre en esta obra, ya que creo que eso es un debate diferente, pero debo añadir que los personajes que aparecen en la novela son tan sumamente planos que prácticamente vienen definidos por el superpoder que venga atribuido a su condición sobrenatural. Por otro lado, los seres humanos son criaturas insignificantes, da la impresión de que nuestra única oportunidad para sobrevivir en este mundo viene dada por la protección que, a escondidas, nos ofrecen otras criaturas que desconocemos. La protagonista es el más claro ejemplo del patetismo con el que se representa al ser humano, tanto que su única función es mantenerse cerca de su amado o sufrir en su ausencia.


Por desgracia es un libro que carece de mayor profundidad, algo que se echa de menos en cualquier novela, pero más en una novela para adolescentes que además ha tenido tanto éxito. Es, en definitiva, como encontrarte con tu dulce favorito y después darte cuenta de que es de producción industrial. La parte buena es que al menos mucha gente ha vuelto a interesarse por la lectura a partir de este tipo de libros, pero pienso que podrían haberle sacado mucho más jugo a la historia.

martes, 5 de noviembre de 2013

La Emperatriz de los Etéreos

Laura Gallego García es una de las autoras más populares de nuestro país. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas y han enganchado a múltiples lectores, jóvenes en su mayoría, que esperan cada año con ansia la nueva publicación con la que los deleite.

Antes de acceder a esta obra en concreto, ya había leído bastantes obras de esta autora, aunque prefiero no pararme especialmente en ninguna de ellas ya que la que nos ocupa es La Emperatriz de los Etéreos, que quizá resume muy bien los puntos que más se han ensalzado de esta autora en el resto de sus obras. Sin embargo, la forma en la que se han llevado a cabo en este libro nos deja con una sensación bastante distinta.

La cubierta es preciosa, eso sí.
En un mundo de hielo, la única forma de sobrevivir parece ser ocultándose bajo tierra, y eso es lo que hacen Bipa, Aer y sus familiares y amigos. Mientras que Bipa es una chica con los pies en la tierra, Aer es un soñador, cualidad heredada de su padre, que partió un día a través del hielo en busca de la legendaria Emperatriz de los Etéreos para nunca volver. Un día, Aer decide ir en pos del sueño de su padre, idea que escandaliza a Bipa. La protagonista de esta historia decide marchar tras él para convencerlo de su locura y traerlo de regreso a casa, afrontando situaciones que nunca imaginaría.

Al igual que la gran mayoría de sus libros, Laura Gallego hace una defensa encarnizada de la naturaleza, aunque en esta ocasión parece haberse salido demasiado del molde. Parece olvidar que la naturaleza engloba no solo la primavera con sus árboles florecidos y el sol brillante, sino también el invierno frío y la nieve sobre el suelo. En este libro pareciera que la naturaleza se refiere solo a lo primero, y solo esta parte de ella es benigna mientras que el invierno es cruel y despiadado y hemos de desconfiar en él. No parece reflexionar sobre el hecho de que ambos son secciones de un mismo ciclo y uno o puede existir sin el otro.


Por otro lado, durante todo el libro está presente la contraposición de los conceptos de la realidad, representada por el personaje de Bipa; y la imaginación, personificada por Aer. Solo asistimos a las dificultades de Bipa durante el camino, haciendo que nos identifiquemos únicamente con su punto de vista, descubriendo al final que, como ya te han preparado para creer durante todo el libro, Aer está cometiendo una locura tal que puede costarle la vida. Así, parece que la autora quisiera exponernos de los peligros de vivir en nuestro mundo imaginario sin afrontar la vida real, por cruda que nos parezca. Sin embargo, los hechos revelan un mensaje mucho más radical, en el que la imaginación parece no servir absolutamente para nada más que para poner en peligro a quien la tiene y a los que están a su alrededor. Un mensaje bastante irónico viniendo de una escritora, y más aún de una escritora de literatura fantástica juvenil.


Bipa, la heroína de la historia, nos es presentada como un personaje incómodo para los que la rodean, pero sin malas intenciones. Se escuda constantemente en su pragmatismo y sinceridad brutales para que entendamos su forma de ser, pero eso no es excusa para su comportamiento maleducado y desconsiderado. No le importa herir los sentimientos de los demás hasta el punto que sea necesario mientras sea para probar que tiene razón, ni faltar al respeto a aquellos que la acogen sin reservas, estén o no equivocados y tengan o no algo mejor que ofrecerles.

Además de esto, defiende un estilo de vida conformista, sin ningún tipo de interés e inquietud por llegar a conseguir algo mejor, a pesar de que las condiciones de vida que tienen son terribles. La mera curiosidad parece un impedimento para la felicidad, ya que solo nos hace soñar con aquello que no podemos tener, sin pararnos a considerar que, quizá, podríamos ser capaces de crearlo nosotros mismos. Se les escapa que, para conseguir algo nuevo y mejor, primero hay que soñarlo. Luego, tener el valor para hacerlo. Aquí el único cambio a mejor surge de la casualidad, sin que nadie lo haya imaginado ni lo busque. Como un premio que te toca en una tómbola donde el único precio que has pagado es mantenerte en tus trece y tratar de convencer a todo el que se te cruce por el camino de que tus ideas y no otras son las correctas, de perseguir a alguien sin el menor respeto a sus decisiones y deseos, aparentemente con el único objetivo de decir el para todos odiado "te lo dije".


Quizá lo más incómodo y desagradable de toda la historia sea que, a pesar de tratarse de una defensa encarnizada de la naturaleza en su máximo esplendor primaveral, en la cima de su belleza y exuberancia... nada de todo esto depende de nosotros. Tanto el invierno como la primavera son provocados por un elemento externo, el sol, y nosotros no intervenimos en ese proceso. En el resto de su obra, Laura Gallego defiende que el ser humano debe ser respetuoso con la naturaleza, parar la contaminación desmedida y dejar de lado nuestra indiferencia a lo que nos da vida. Esta vez es la naturaleza la que, por alguna razón, decide ser cruel sin razón alguna. Y sin que hayamos hecho ningún mérito real, vuelve a ser afable y acogedora. 


La intención de la autora era buena, no lo dudo, y de hecho esto se deja ver en toda la obra. Pero a veces, cuando tratamos de hacer una obra con aspiraciones a tratado filosófico el tiro sale por la culata y nos vemos a nosotros mismos retratando ideas si no negativas, cuanto menos contradictorias.

martes, 24 de septiembre de 2013

El asno de oro

Una de las muchas representaciones
de Eros y Psique de Bouguereau
Los autores grecolatinos cuyos nombres se han conservado hasta hoy día se ha considerado durante toda la historia como referentes indispensables para todos los estudiosos, sea cual sea su campo de investigación. Estén o no desactualizados, estos autores asentaron las bases del pensamiento y saber occidental, de ahí que no podemos permitirnos el lujo de olvidar a los más importantes.

Sin embargo, esta desactualización, si bien no resta mérito a las obras, sí que dificulta bastante que el lector pueda acercarse a ellas por mero entretenimiento. En lo que a la literatura se refiere, algunos textos clásicos se hacen poco atractivos como pasatiempo y se han convertido en un tipo de lectura más propia de los intelectuales y estudiosos que para lectores ocasionales.

Representación romana de Isis
El asno de oro (como se conoce desde la época de San Agustín de Hipona a Las metamorfosis de Apuleyo), única novela latina que ha llegado a nuestros días, es curiosamente un libro que puede leerse perfectamente durante una aburrida tarde de verano en la que el lector no busca otra cosa que distraerse. A mí me ha resultado bastante increíble que la que tomé por una obra pesada a día de hoy siguiese siendo tan amena y entretenida.

Apuleyo ha tenido la maestría de escribir una novela prácticamente atemporal, pues diecinueve siglos después de su primera publicación sigue casi tan fresca como el primer día (no completamente, puesto que por suerte las escenas de maltrato animal y a las clases bajas, así como la concepción de mujer como ser de naturaleza malévola, son cada vez más censurables).

Parte de esta frescura reside en la introducción de historias dentro de la misma historia, pues El asno de oro es realmente una recopilación de relatos breves intercalados entre las aventuras y desventuras del protagonista, quien narra no solo su propia historia, sino la de aquellos con los que convive y casi cualquiera que llega a sus oídos. 

A la derecha, Lucio, nuestro protagonista
La temática de las mismas es variada, lo que le da otro punto favorable: historias tanto de magia y fantasía como escenas de la vida cotidiana tan propias del siglo II d.C. como del actual, repletas de celos, infidelidades, romance y un humor muy, muy picante. El carácter doméstico se ve reforzado por un lenguaje más bien cercano, nada grandilocuente o elevado. Pero sin perder un ápice de calidad, a pesar de que la historia sí sea un tanto rocambolesca.

En cuanto al argumento… A los oídos del joven Lucio llegan rumores de que su anfitriona es una bruja de grandes poderes. Movido por la curiosidad, la espía mientras se aplica un ungüento que la convierte en búho y decide obrar del mismo modo. Desgraciadamente se equivoca de tarro y acaba convertido en un asno. El pobre Lucio va pasando de mano en mano, con más pena que gloria, hasta que decide recurrir a la diosa Isis.
Transformación de Lucio
según el cómic de Milo Manara, L'arsino d'oro.
No puedo terminar esta entrada sin volver a recomendar esta obra a quien no la haya leído. Aunque sea para leer la bellísima fábula de Eros y Psique, el arco más famoso y laureado de todos los que componen, dadle una oportunidad a esta novela picaresca que inspiró títulos tan dispares como El sueño de una noche de verano, Pinocho, La bella y la bestia o La metamorfosis kafkiana.

viernes, 25 de enero de 2013

El maestro de las Burujas

Una de las cualidades más indudables de Walter Moers, el autor de El maestro de las Burujas, es su capacidad para atrapar a lectores de cualquier edad en su particular universo fantástico.

En este relato nos trasladamos a Zamonia, un mundo repleto de criaturas insólitas que protagonizan varios de sus libros, pero en este caso, y a pesar del nombre del libro, tenemos como personaje principal a un grato. ¿Y qué es un grato? Muy sencillo, no es más que un gato con la capacidad de razonar y hablar cualquier idioma. Este grato, de nombre Eco, está a punto de fallecer por hambre cuando firma un acuerdo con el maestre de burujas Eisspin, que promete alimentarlo con las mayores delicias culinarias durante un mes. Pasado este tiempo lo matará para extraer toda la grasa de su cuerpo, un elemento muy valioso en sus experimentos alquímicos. 

Por supuesto, cuanto más se acerque el momento de su pactada muerte, más se esforzará Eco en evadir el acuerdo desencadenando una serie de acontecimientos que hará las delicias de sus lectores.

Este libro llegó a mis manos de una forma muy curiosa. En clases de traducción de alemán, unos compañeros hicieron su trabajo sobre una obra de este autor. Más tarde y para desgracia de todos los alumnos, la profesora seleccionó un texto de ese mismo libro para un examen. Sin diccionario. Fue una masacre traductoril, de la que me libre solo por el esfuerzo que hice a pesar de no entender nada del texto debido a la gran cantidad de vocabulario inventado por el autor. Lo normal en este caso hubiera sido detestar la obra, al autor y todo lo que nos recordara a ello, pero muy al contrario sentí una curiosidad cada vez mayor por la obra. Llegué a comprarme otro de los libros inspirados en este universo zamónico, y me agradó tanto que continué con el libro que tradujimos en clase y, por último, una de las autoras de este blog me dejó este mismo libro tras hablarme maravillas de él.

No pudo ser una experiencia más satisfactoria. Por más que conozca el estilo de Walter Moers, nunca deja de sorprenderme con sus giros de trama, su inusual sentido del humor y el derroche de imaginación que forma parte de cada novela suya. Considero que estos libros no son exclusivos para niños o jóvenes que se inician en el mundo de la lectura, sino que es un relato para todo tipo de públicos. 

El autor no solo escribe, sino que dibuja las múltiples ilustraciones y ha creado todo un mundo lleno de referencias cruzadas entre novelas. A modo de anécdota curiosa, cabe destacar el hecho de que Moers se hace pasar por traductor de la obra, achacando su creación al protagonista de otro de sus libros, La ciudad de los libros soñadores, el dragón escritor y crítico literario Hildegunst von Mythenmetz. 
Retrato del "autor"
Este libro es un compendio de recetas gastronómicas, alquimia, ironía pura y dura, despropósitos y múltiples descubrimientos que nos dejan anonadados. Personalmente, mientras leía no me he aburrido un solo segundo, sin exagerar. Si bien mayoritariamente me he reído a carcajadas con cada capítulo, se pasan momentos de terror en los que sientes un escalofrío recorriéndote la espina dorsal, otros que son tiernos y dulces e incluso momentos trepidantes que te provocan un subidón de adrenalina.

Me cuesta mucho pensar que pueda haber alguien a quien le guste la lectura y no sea capaz de disfrutar de este libro. Si alguna vez cae en vuestras manos, no dudéis en al menos intentar leerlo. Si conocéis a alguien que siga escribiendo libros con esta frescura, por favor, hacédmelo saber. 

martes, 19 de junio de 2012

Harry Potter

Todos aquellos que son aficionados de la lectura desde niños sufren, al llegar a la pubertad, cierta crisis literaria. Es una crisis propia de la edad, pues no solo ocurre con los libros. Eres demasiado mayor para los libros que solías leer, pero sigues siendo demasiado joven como para entender cierta literatura más seria.

Reconozcámoslo, es difícil encontrar algo que te satisfaga durante esta época. De hecho, muchos de estos jóvenes acaban abandonando el hábito de leer.

Como no somos una excepción, algunas de las autoras de este blog hemos padecido esta tediosa crisis en la que no puedes disfrutar de una de tus actividades favoritas. Por eso fuimos inmensamente felices cuando cayó en nuestras manos el primer ejemplar de la saga Harry Potter, de la británica J.K. Rowling: Harry Potter y la piedra filosofal.

Rowling nos mostró un mundo muy diferente y a la vez muy parecido a este: Un mundo lleno de magia pero en el que no tenemos que renunciar a las comodidades ya conocidas. Un mundo dentro de nuestro propio mundo que solo es accesible para unos pocos seres especiales, entre los que tu mismo podrías encontrarte fácilmente.

Edición española de los siete libros de la saga Harry Potter

La historia es ya harto conocida, pues estamos hablando de uno de los mayores best sellers de nuestro tiempo. Harry es un niño como cualquier otro, sin ninunga característica destacable, salvo una cicatriz conforma de rayo en su frente, que al cumplir once años recibe la carta de admisión en Hogwarts, una prestigiosa escuela de magia y hechicería. Allí descubrirá que tiene un pasado que hasta entonces desconocía, ya que es el elegido para derrotar al mago oscuro más poderoso de todos los tiempos, Lord Voldemort.

Durante los primeros libros vamos conociendo el universo mágico en el que viven Harry y sus amigos,  Ron y Hermione. Vemos como van formándose como magos igual que cualquier chico de su edad se va formando en un instituto y a la vez se ven obligados a impedir el regreso de quien-ustedes-saben. Todo ello contado de una forma tan natural que el joven lector no puede sino esperar impaciente su carta de Hogwarts...

O así era en un principio.

A medida que la saga va avanzando, pierde gran parte de su encanto. En el quinto libro, Harry Potter y la Orden del Fénix, se produce un brusco cambio, aunque algo de esto ya se atisbaba en el libro anterior, Harry Potter y el Caliz de Fuego. Quizás la mayor parte de este cambio radicase en el intento de convertir a nuestro ingenuo pero generoso Harry en un adolescente rebelde y bastante egoísta, con lo que dejó de ser ese personaje con el que nos sentíamos tan identificados y al que tanto cariño le teníamos.

La autora, J.K. Rowling, presentando el último libro
de la saga, Harry Potter y  las Reliquias de la Muerte
Otro punto flaco es la completa ignorancia de Harry sobre todo aquello que tiene que ver con el mundo de la magia. Si bien en los primeros libros esto resultaba totalmente creíble debido a que hasta entonces había sido algo desconocido para él, en los últimos da la impresión de que no ha llegado a aprender nada de cultura mágica en sus clases (quizás por estar demasiado ocupado derrotando a Voldemort o estar demasiado distraído con ciertos líos de faldas). Se entiende que esto es una técnica de Rowling para darnos a conocer ciertos elementos desconocidos para el lector, pero abusa tanto de ella que roza el ridículo.

Si bien, como ya hemos mencionado, Harry cambia mucho al convertirse en un adolescente, hay ciertos puntos en los que hubiera sido muy interesante ver cierta evolución que sin embargo se han mantenido inamovibles. Por ejemplo, la imagen que tiene de su padre. Al ser huérfano, Harry ha idealizado a sus padres ausentes. Sin embargo, más adelante descubre que no todo era tan perfecto; de hecho su padre era un chico bastante problemático, sin reparos en abusar de aquellos a los que consideraba inferiores. Pero esto a Harry le importó poco y tras un breve berrinche volvió a pensar que tenía el padre perfecto.

Tampoco muestra una madurez real. Esas pequeñas "gamberradas" que va cometiendo de niño no solo no desaparecen, sino que aumentan hasta límites terriblemente egoístas, anteponiendo su interés al de todos los demás. Esto suele traer consigo terribles consecuencias para aquellos a los que quiere, como recordarán los que han leído el quinto libro, donde al final se encuentra uno de los ejemplos más claros de esto.

Pero no hablemos solo de Harry. Los personajes secundarios, incluidos los más importantes de ellos, están muy pobremente desarrollados. El papel de Ron es el de ser el amigo simpático y metepatas que realza la perfección de nuestro protagonista. Hermione es esa enciclopedia que se encarga de resolver todo aquello que Harry no entiende.

Otro personaje que aunque secundario es bastante importante es el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, pero tampoco tenemos mucha información sobre él. De hecho, no conocemos nada de su pasado hasta el sexto libro, Harry Potter y el misterio del príncipe y fue necesario que la propia autora hiciera declaraciones sobre este personaje ya fuera de los libros para que se pudieran entender ciertos puntos.

Sin embargo, el más enigmático de todos los personajes es, sin lugar a dudas, el profesor de pociones, Severus Snape. Quizás sea el personaje mejor desarrollado de toda la saga, ya que podemos ver una clara evolución de su personaje no solo desde que comienza la historia hasta el final, sino también a través de los hechos acontecidos en el pasado. Lamentablemente, la propia Rowling reconoce que ni ella sabe qué pasa exactamente por la cabeza de este hombre, con lo que se deduce que no se trata de un personaje que esté bien planificado y que presenta ciertas incoherencias (lo cual es totalmente cierto).

En resumidas cuentas, estamos ante una saga de libros que quizás peque de larga, ya que de haberse acortado,  la autora se hubiera ahorrado muchas incongruencias y hubiera podido prescindir de muchos elementos totalmente innecesarios. Una saga que nos prendó en un principio pero que nos fue desencantando como un hechizo roto al dar las doce.

domingo, 30 de octubre de 2011

Momo

Momo es una chica huérfana con una habilidad muy curiosa: saber escuchar. Los que hablan con ella encuentran soluciones a todos sus problemas, tienen grandes ideas, y, en el caso de los niños, se les ocurren juegos novedosos e interesantes.
Sin embargo, un día aparecen unos extraños hombres de gris que aparecen y desaparecen sin dejar más rastro que la idea de ahorrar tiempo. La idea es conseguir una vida mejor, y para ello es necesario trabajar más, más rápido y mucho mejor. Por supuesto, los juegos, charlas o cualquier tipo de entretenimiento se consideran tiempo perdido.
Cuando Momo y sus amigos se dan cuenta de lo que ocurre, empieza una lucha casi imposible por recuperar el antiguo estilo de vida tranquilo, sosegado y alegre. Pero los hombres grises no están nada dispuestos a perder todo el tiempo que los habitantes del pueblo les están entregando.
Este libro de Michael Ende es un clásico de la literatura infantil. Sin embargo, yo no diría que se trate simplemente de literatura para niños. Se trata de una lectura apta para todos los públicos, y cada vez nos llega un significado algo distinto.
A medida que lo iba leyendo, iba dándome cuenta de lo tristes que son nuestras vidas. Somos víctimas de los hombres grises, acostumbrados a pensar en conceptos de beneficio y eficiencia. La imaginación está infravalorada cuando no se considera como algo perjudicial una vez que te has convertido en adulto.
Dentro del libro, asistimos a un lento proceso de pérdida de humanidad, que culmina en la construcción de casas iguales dentro de calles iguales en barrios exactamente idénticos. Porque que cada persona se pare a pensar en cómo podría decorar su casa sería una pérdida de tiempo. Se trata de una crítica muy clara a la industrialización, a la fiebre del consumismo de la que ya nadie escapa.


Sin embargo, los que más sufren son los niños. Esos niños que aún no comprenden por qué hay que trabajar, ni por qué sus padres los dejan solos para pasar horas extra en sus oficinas, para ganar más dinero. Unos niños que solo desean jugar, ser felices y pasar el tiempo con las personas a las que quieren. Pero esas personas ya no tienen tiempo para ellos, así que intentan suplir su ausencia mediante juguetes caros a los que los niños se aferran como único símbolo del amor que suponen que sus padres aún sienten por ellos... aunque ya no tengan tiempo para mostrárselo.
Y aquí se encuentra el tema principal del libro. Algo que me resulta tan familiar, que parece casi mentira que no pudiera relacionar ideas. El tiempo.
En todo el libro hay una antítesis clara entre la visión que tienen los niños y los adultos del tiempo. ¿Nunca habéis notado cómo cada vez los años se nos pasan más rápido? Sin embargo, no sé a vosotros, pero a mí, cuando era niña, los años se me hacían eternos. Recuerdo la primera vez que me di cuenta de que el tiempo cambiaba, y desde entonces, no ha parado. Como si alguien me robara las horas de los días. Como si esos hombres grises existieran de verdad.
De niños vivíamos mucho más. Porque, de algún modo, teníamos más tiempo. Tiempo para trabajar, estudiar... y tiempo para jugar y disfrutar. Pero cada vez damos menos importancia a esta última parte. Como si disfrutar de la vida no fuera importante. Y sin embargo, los momentos en los que no disfrutas son minutos, horas, días robados de tu vida.
Eso es algo que los niños saben muy bien. Lo importante es ser feliz. Quizá por eso, en el libro, los hombres grises no logran vencer verdaderamente a los niños, sino que solo pueden controlarlos a través de sus padres.
Ese es en verdad el auténtico mensaje del libro, a mi entender. El tiempo que no se disfruta, no se ha vivido.
Por eso, mi ejemplo a seguir es Beppo. El Barrendero. Ese hombre que disfruta con su trabajo, por muy insignificante o monótono que parezca. Ya que tenemos que pasar el tiempo dedicándolo a “cosas serias”, ¿por qué no disfrutarlo?
Y para terminar, quisiera hacer una pregunta a aquellos que hayan leído Momo. ¿Quién creéis que puede ser el Maestro Hora? ¿Y Casiopea? Yo tengo una idea pero antes... quisiera escuchar vuestras opiniones.

jueves, 7 de abril de 2011

La materia oscura

Existen libros para disfrutar, libros para pensar y libros para estudiar. La materia oscura de Philip Pullman es una mezcla de estas tres cosas.


La trama de estos tres libros (Luces del norte, La daga y El catalejo lacado) se basa en la ya famosa teoría de los "multiversos", es decir, de la existencia de múltiples universos paralelos al nuestro, que coexisten en el espacio y el tiempo pero en diferentes planos.

En uno de estos mundos vive Lyra, la protagonista principal de estas tres novelas. En su Oxford natal, esta huérfana de once años descubre accidentalmente la existencia de una partícula considerada herética por la poderosa Iglesia de su mundo: el Polvo. A partir de su descubrimiento, Lyra se ve envuelta en una red de intrigas, secuestros, viajes y aventuras que la llevarán a dejar atrás su niñez, entrando en el mundo de los adultos, madurando y perdiendo la inocencia por el camino.

Uno de los rasgos más característicos de estas novelas es el hecho de que en el mundo de Lyra son los daimonios, una parte del alma de las personas que habita fuera de ellas. Durante la niñez y la adolescencia estos daimonios cambian de forma a placer, siemrpe imitando a los animales. Sin embargo, durante la adolescencia su aspecto se empieza a fijar hasta establecerse con una única apariencia animal que refleja la personalidad del humano.

Me gustaron especialmente los personajes que van apareciendo paulatinamente durante las novelas. No son personajes planos, sino con sus muchos defectos y también virtudes. A primera vista uno puede no darse cuenta, pero se nota especialmente cuanto más se ahonda en ellos.
Es necesario aclarar que, si bien es una novela orientada a un público joven, contiene una gran cantidad de referencias y citas a diferentes autores como John Milton. Esto es debido a que, a pesar de su apariencia de novela juvenil, el autor te obliga a plantearte diferentes problemas existenciales y teológicos.

Nunca habría imaginado que en una novela de aventuras terminara por preguntarme sobre la expulsión del hombre del Edén, el origen del pecado y su naturaleza, así como la función de la religión.

Personalmente, dudo que yo haya logrado entender la gran cantidad de alegorías del libro, al igual que algunos puntos me parecen un poco flojos. Más bien diría que están poco desarrollados, y debería habérselos ahorrado. Quizá se explique más tarde en otros libros relacionados que ha escrito y está escribiendo ahora mismo.

Mi conclusión fue que, según los libros, el Pecado Original fue un acontecimiento afortunado para el hombre. Pullman defiende fervientemente que este momento significó la liberación del intelecto humano. Cuando Adán y Eva probaron el fruto prohibido que la serpiente, eterno símbolo de la sabiduría, les ofrece; su conciencia se liberó, adquirieron Conocimiento. Esto simbolizaría el paso de la infancia a la adultez, a una madurez mental que nos libera de la ignorancia, arrebatándonos, de paso, la inocencia.

Es aquí donde, personalmente, me encuentro en una encrucijada. Dicen que la ignorancia nos da la felicidad, y como ejemplo gráfico están Adán y Eva, inocentes y felices en el Paraíso. Sin embargo, también recoge la Biblia que solo la verdad nos hace libres.

Ese es el punto clave, en el que Pullman se inclina claramente por la libertad y el conocimiento. La conciencia antes de la ignorancia, aunque eso conlleve ciertos sufrimientos.

No es como si pudiéramos escoger de todas formas: el ser humano está marcado por el Pecado desde que Adán y Eva tomaron su decisión por todos nosotros. No hay vuelta atrás... no parece existir un redentor en el mundo de Lyra como el Jesús del Cristianismo. Los humanos están sentenciados y eso me recuerda al pasaje de la Biblia en el que Dios manda a un ángel con una espada de fuego para asegurarse de que no volvemos al mundo de felicidad que un día rechazamos.

Y sin embargo, si tuvierais la oportunidad.... ¿qué escogeríais?

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Silmarillion

Cuando era niña, mi padre me contaba historias de la mitología griega y latina. Algo parecido debía hacer J.R.R. Tolkien con sus hijos, contándoles numerosas historias ambientadas en ese mundo mágico que él fue creando a lo largo de su vida.

¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en un mundo poblado por criaturas parecidas a nosotros, los humanos, pero diferentes a un tiempo? Un mundo lleno de magos, elfos, enanos... y orcos, trasgos y monstruos.

Yo desde luego sí, y cuando mi padre me puso en las manos "El Señor de los Anillos", no me lo pensé dos veces. Pero nunca imaginé que disfrutaría tanto otro de los libros de Tolkien, especialmente cuando siempre escuchaba las mismas críticas sobre él: Es muy largo, muy pesado, demasiados nombres, es fácil perderse, requiere mucho tiempo...

Yo a veces me asustaba, y otras decía: ¿Y qué?

Creo que aún hoy, sigo diciéndolo. El Silmarillion es la recopilación de historias y leyendas de la Tierra Media, y como todo libro de historiografía o mitología está repleto de mil nombres con los que es fácil confundirse.

Es un libro que se ha de leer lentamente, disfrutando de su poesía, de su magia. Tanto de la belleza de la redacción como de las historias en sí mismas. Unas historias que no siempre son alegres, de hecho la gran mayoría acaban en tragedia.

Recuerdo que una amiga mía dijo "es la Biblia de la Tierra Media". Lejos de las connotaciones religiosas de la Biblia, estoy completamente de acuerdo con ella. Como en la Biblia, se nos narra la historia del mundo, desde su creación hasta la profecía de su destrucción. Y a modo de ejemplo gráfico, concluye con el relato de la Akallabêth, la Caída de Númenor.

Principalmente, la historia principal gira entorno a los Silmarils, unas joyas creadas por Fëanor, el elfo más habilidoso de todos los tiempos. Estas joyas, poseedoras de la luz primigenia que originó el Sol y la Luna, poseen a la vez un encanto y una maldición, pues aquel que las posea atraerá la desgracia sobre él y los suyos.

La historia de los Silmarils, una creación élfica, queda ligada así a la historia del mundo, dando a los seres vivos de la Tierra Media y en extensión, de la nuestra, la capacidad de crear y destruir, El poder absoluto del control del mundo, la vida y a muerte. Este poder es el que va moviendo a los diferentes personajes, de una forma u otra, alrededor de las historias que se entrelazan hasta crear un mosaico complicado pero hermoso, y también incompleto.

El mensaje final es esperanzador... a medias. Se llama a los humanos para que usen su poder para cambiar el mundo, y vivir en paz con lo que pueden lograr, pero se deja ver que el destino final ya está escrito y por lo tanto, poco se puede hacer para cambiarlo.

De cualquier modo, quisiera resaltar un detalle que a muchos les parecerá sin importancia pero en el que yo vi el resumen de la razón por la que, hoy, hago esta entrada.

La música.

Es un elemento presente en casi todo el libro, los personajes cantan, a veces por placer, por diversión... por magia. El mundo se creo a partir de un canto, con canciones logró Lúthien conmover a Mandos, recobrando así su vida y la de su marido...

Quizá porque la música aúna belleza, expresión e historias, es por lo que un libro como el Silmarillion, que la tiene tan presente, reúne estas mismas características.

Pero eso sí, si no lo habéis leído, hacedlo después del Señor de los Anillos, y con tranquilidad. O no seréis capaces de entender nada.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El señor de los anillos

¿Qué haríais si a vuestras manos llegara un objeto con el que pudieseis poseer el poder absoluto?

Este es el dilema que plantea J.R.R. Tolkien en su obra más famosa, El señor de los anillos, libro dividido en tres volúmenes (La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del rey) en los que se narran las aventuras de los nueve miembros de la Comunidad del Anillo, especialmente la de el hobbit Frodo, Portador del Anillo.

¿Qué tiene de especial este anillo? Es la fuente de poder de Sauron, el Señor Oscuro al que creían derrotado, pero que vuelve a alzarse. De conseguir el Anillo, será imposible derrotarlo. La finalidad de la Comunidad, formada por miembros de todas las razas libres (hombres, magos, elfos,enanos y hobbits) es la de llevarlo hasta el lugar donde fue forjado, pues solo allí podrá ser destruido. Pero la joya supone una pesada carga para su Portador y algo muy tentador para muchos otros. Será difícil completar la misión antes de que estalle la guerra.

Lo primero que hay que saber de El señor de los anillos es que se trata de la continuación de otro libro, El hobbit. Por algún motivo, esto es algo que todo el mundo parece olvidar. Se suele tratar a El señor de los anillos como una obra independiente, lo que lleva a que muchos lectores no tarden en perderse entre los numerosos datos que ya se dan por sabidos en este libro.

Estamos ante una obra basada en la eterna lucha del bien y el mal, en la que se entremezclan valores cristianos con en numerosos elementos procedentes de mitologías ya existentes (especialmente de la nórdica y finesa) en los que Tolkien se inspiró para crear un mundo completamente nuevo y original compatible con sus propias y genuinas razas. Entre ellas, destacan la de los ya mencionados hobbits, de aspecto semejante a los humanos pero de muy poca estatura y con grandes y peludos pies.

No nos dejemos engañar por su carácter aventurero y sus elementos mágicos: aunque esté dirigido principalmente al público juvenil, su lectura es especialmente complicada, ya que no se trata de un libro aislado, sino que forma parte de una obra mucho más extensa, un legendarium completo, en el que J.R.R. Tolkien trabajó durante toda su vida, siendo El señor de los Anillos el final de una larga historia.

A pesar de su temática épica, podemos ver en El señor de los anillos la actitud pacifista de su autor, traumatizado tras participar en la Primera Guerra Mundial. Tolkien no nos muestra la guerra como algo verdaderamente heroico, sino como el último recurso que debe tomar un pueblo ante un ataque enemigo y que, de ser imposible evitar, debe tener como fin el restablecimiento de la paz.

Tolkien también supo transmitir a la perfección su profundo amor por la naturaleza. Esta misma juega un papel crucial en el libro, llegando a participar “de forma activa” en varias batallas, pues se ha visto dañada a causa de la descontrolada industrialización llevada a cabo por el enemigo.

Supongo que es por estos valores por los que la obra se sigue recomendando a los más jóvenes. La misericordia, la lealtad, la amistad y el compañerismo son, entre otros, una constante dentro de ésta. No se trata solo de un libro lleno de imaginación y atractivo de cara a la lectura, sino que además comprende una serie de enseñanzas que lo hacen imprescindible.

Mentiría si dijese que El señor de los anillos no me marcó de por vida. Lo comencé a leer con doce años, poco antes del estreno de la primera película y quedé verdaderamente impresionada. Por aquel entonces comenzaba a perfilarme como una imaginativa niña un tanto “hippy”, muy idealista y preocupada por el medioambiente, deseosa de paz y amor fraternal, aunque apasionada del género épico y las leyendas. No podría haber encontrado nada mejor por aquella época.

No diría que es una obra absolutamente perfecta. Entre otras cosas, la historia principal tarda mucho en comenzar, del mismo modo que luego el final se hace bastante largo. Además, se echa en falta algo más de romance, teniendo en cuenta las relaciones entre determinados personajes. Pero considero estas faltas más que justificadas dado el tipo de libro del que se trata.

En definitiva, uno de mis libros favoritos, que invita a leer y ser releído.

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