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domingo, 26 de junio de 2016

La fórmula preferida del profesor

Una joven madre soltera comienza a trabajar como asistenta doméstica de un profesor de matemáticas jubilado que, a causa de un accidente de tráfico ocurrido años atrás, ha perdido la autonomía de la memoria, por lo que no puede retener en su cabeza nada pasados 80 minutos.
Cada mañana el profesor tiene que levantarse y descubrir que sus últimos recuerdos tuvieron lugar hace años, mientras que la asistenta debe hacerse cargo de una persona que no la reconoce a ella, pero tampoco al mundo en el que vive.


Al ver que el anciano utiliza las matemáticas tanto como escudo ante este mundo que le es ajeno, así como forma de comunicación, ella y su hijo Root (raíz cuadrada, mote cariñoso que le pone el profesor) comenzarán a interesarse por esta disciplina, creándose entre los tres una relación especial.

Se me hace imposible no empezar hablando de los personajes de La fórmula preferida del profesor, quienes, a mi parecer, son bastante destacables. Aparecen pocos, prácticamente solo son los tres protagonistas, reduciéndose el resto prácticamente a una simple mención (salvo la cuñada del profesor, que tendrá cierta importancia). Pero su autora, la japonesa Yoko Ogawa, sabe que calidad es mejor que cantidad, por lo que presenta personajes bien trabajados dentro de su cotidiana sencillez, opuestos entre ellos, pero combinados a la perfección.

El profesor, en un principio reservado y huraño, irá abriéndose y dejando ver su verdadero carácter afable. Root se sabe querido por su madre, quien es su único familiar, pero pasa mucho tiempo solo debido al trabajo de esta. Gracias a la insistencia del profesor a que pase las tardes con ellos, Root encontrará un abuelo cariñoso y un mentor matemático al que le une su afición al béisbol. Por otro lado, la asistenta es una muestra de que bondad y fortaleza no son virtudes incompatibles. Con infinita paciencia consigue conectar con el profesor, sin más intención que la de hacerle más feliz su desdichada existencia, lo que acaba compensándola con el amor y la gratitud del anciano.

Pero más que de personajes, diría que esta es una novela de relaciones. Y concretamente de relaciones de amor. Es el amor a la familia, el amor a los amigos. Los lazos que unen a trío protagonista son verdaderamente conmovedores. Un afecto sincero e inocente que les ayudará a enfrentarse a las adversidades de un día a día especialmente complicado.

Y no el amor entre los personajes humanos. La fórmula preferida del profesor es una novela con una clara intención divulgativa. La pasión del profesor por las matemáticas no es solo contagiosa para la asistenta y a su hijo, sino también para el lector. En Japón esta novela tuvo un gran éxito y consiguió que muchos jóvenes se adentrasen en el mundo de los números. Incluso una persona tan esquiva con las matemáticas como yo ha llegado a emocionarse con las explicaciones del profesor sobre distintos conceptos.

Hay algo cálido y limpio en esta novela, de lectura amable y reposada. A pesar de la dramática

situación en la que los personajes se encuentran, Yoko Ogawa consigue, con una gran sensibilidad narrativa, crear una historia tierna y llena de optimismo sobre el sacrificio, esfuerzo y las relaciones humanas que tocará la fibra sensible de más de uno, especialmente de aquellos que hayan tenido personas mayores a su cargo.

Y ya terminando, creo que puede ser una lectura interesante para aquellos que quieran acercarse al mundo japonés. Obras como las de Kawabata o Souseki, si bien su calidad literaria es innegable, sin duda suponen un choque cultural demasiado grande para aquellos que no estén familiarizados con la mentalidad y forma de hacer de los nipones (algo que nos pasa a todos). La fórmula preferida del profesor es, gracias a su carácter costumbrista, un interesante escaparate de la vida diaria e intereses de los japoneses, pero sin dejar de ser una lectura más que asequible para el occidental medio. ¿Quién se hubiera imaginado que el deporte más popular de Japón no es sino uno tan poco japonés como el béisbol?

domingo, 1 de mayo de 2016

Washington Square

En la ciudad de Nueva York hay un lugar llamado Washington Square, donde vive la familia Sloper. Los Sloper tienen una gran importancia y, sobre todo, dinero. Austin Sloper es viudo y tiene una hija, Catherine, de la que tiende a burlarse reiteradamente. Constantemente recuerda a su hija que no es bella, ni lista, ni tiene cualidades especiales que la hagan deseable. Por eso, cuando un joven tan atractivo como Morris Townsend empieza a fijarse en Catherine se entabla una gran rivalidad entre ambos: Austin lo acusa constantemente de ser un cazafortunas, pero Catherine desea creer que su amor es verdadero.

Con este argumento podría pasar perfectamente como parte de la obra de Jane Austen, pero en realidad se trata de una novela escrita por Henry James, a quien ya reseñamos previamente con la famosa Otra vuelta de tuerca. Si tengo que ser sincera, la verdad es que escogí este libro de la biblioteca sin pensármelo mucho ni leer el planteamiento: había disfrutando tanto con su anterior novela que para mí el que tuvieran el mismo autor era suficiente... 

Craso error. No soy muy aficionada a las historias de este tipo, pero tengo que reconocer que no está nada mal y que definitivamente me tuvo bastante enganchada y me resultó bastante fácil de leer y me lo terminé muy rápido, quizá precisamente por el estilo "austeniano" que adopta, tan lleno de ironía y de prosa bastante más sencilla y ligera de lo que recuerdo en Otra vuelta de tuerca y que, la verdad, eché bastante de menos en esta ocasión. Parece como si automáticamente, al adoptar una trama propia de esta escritora se hubiera imbuido también de su estilo.

Sin embargo me pasó algo que nunca me ocurre con Jane Austen: me mantuvo pegada a la novela todo el tiempo, necesitaba saber qué iba a pasar con los personajes. Hay una característica de Henry James que fue la que me enamoró en la primera novela que leí y fue su habilidad para mantener el suspense y el misterio hasta la última página... y después. Algo parecido ocurre aquí, ya que era imposible saber con seguridad cuáles eran las auténticas intenciones de Morris hasta que llega el final, lo único que puedes hacer es especular.

Desasosegante. Es el modo en el que describiría mi experiencia leyendo esta novela. La verdad es que me rompía el corazón ver el modo en el que Austin Sloper trata a su hija, que tanto lo quiere. A pesar de sus pullas, Catherine adora a su padre, pero para él ella es poco más que una decepción. Te dan a entender que es un hombre herido por la pérdida de su esposa, que al parecer era un dechado de virtudes, pero ¿es eso excusa para tratar a su hija como lo hace? Quizá no sea guapa, ni lista, pero era dulce y encantadora. Y sobre todo, lo quería con todo su corazón. 

El lugar de los hechos.
Durante toda la novela no podía quitarme de la cabeza el pensamiento de que una muchacha puede sobrevivir fácilmente a que su pretendiente no la ame, pero no a que su padre no lo haga. O lo que es más, tenía la sensación de que Austin proyectaba en Morris sus propios sentimientos hacia Catherine: si él mismo no veía nada bueno en ella, un extraño tampoco podía. 

A pesar de que no suelo meterme muy a fondo en las historias románticas, me encontré deseando que Morris estuviera realmente enamorado de Catherine, aunque solo fuera para resarcirla de la indiferencia paterna.

He obviado a muchos personajes que aparecen en la novela para evitar extenderme en exceso, como suelo hacer, pero de todos los personajes creo que destacaría a una de las hermanas de Austin que vive con él y Catherine, Lavinia Penniman. Es una mujer que vive soñando despierta y funciona de contrapeso humorístico y cuya defensa por el amor verdadero hace que actúe de alcahueta con Catherine y Morris. Lo interesante es que esta mujer pretende convertir esta historia en una auténtica tragedia digna de Romeo y Julieta, con todo el drama que eso supone. Personalmente, me encontré sin poder creerme lo que veía: esperaba una Celestina típica y me encontré con un personaje mucho más oscuro y complejo.

En definitiva, creo que es una novela bastante recomendable para aquellos a los que les gusta la novela costumbrista de la época, muy bien narrada y en la que vemos evolucionar a la protagonista de una forma bastante realista, sin grandes aspavientos.

domingo, 18 de enero de 2015

País de nieve

“País de nieve” es el nombre que recibe la zona comprenden las prefecturas de Gumna y Niigata. Esta área rodeada de montañas presume de ser la parte del mundo en la que más nieva, al menos teniendo en consideración la latitud en la que se encuentra (la misma que Nueva York y Barcelona).

Niigata en invierno
Este País de nieve gozó de gran popularidad en el Japón anterior a la Segunda Guerra Mundial gracias supuestamente a sus beneficiosas aguas termales, que atraían a gran cantidad de viajeros varones de mediana edad en busca de reposo, tranquilidad y el calor de las termas durante la estación fría. Sin embargo, la verdadera popularidad del País de nieve es algo más turbia. Cada balneario contaba con varias geishas para proporcionar entretenimiento a sus huéspedes. Las geishas de balneario (o de montaña) son las de más baja condición, sus artes en la música, la danza o la conversación apenas están cultivadas y la línea que las separa de las prostitutas es bastante difusa.

La preciosa geisha de balneario Matsuei
inspiró el personaje de Komako
Es en este paisaje donde Yasunari Kawabata sitúa la historia de su novela País de Nieve. Shimamura regresa a unas termas en la mencionada región buscando la compañía de una jovencísima y fogosa aprendiz de geisha, Komako, que le causó una fruente impresión. Pero al País de nieve vuelve también Yoko, otra joven que sacará a relucir sus antiguas rivalidades de Komako.

Esta novela, de las primeras que podrían considerarse obras de madurez de su autor, es, como lo sería más tarde Lo bello y lo triste, una deliciosa combinación de belleza y sufrimiento. De forma magistral, Kawabata nos habla de la soledad de Komako y de sus ansias por ser amada, aun cuando busca cariño en quienes, como Shimamura, no son capaces de dárselo. La conocemos cuando aún sigue siendo una niña ingenua, pero rápidamente vemos como evoluciona hasta convertirse en una mujer desencantada y consciente de su soledad, una madurez descrita de forma casi violenta, pero natural y sin que rompa con el encanto de la muchacha.

Una edición japonesa
Shimamura no es verdaderamente un hombre cruel, pero tampoco desconoce el daño que le causan a la joven geisha, quien acaba superándolo en madurez y sabiduría. Yoko, si bien su relación con Komako resulta bastante clara, aporta un aura de misterio y desequilibrio a todo el relato.

El marco en el que estos tres personajes se sitúan es el más idóneo y juega un papel determinante. La hermosura y la decadencia del lugar hace juego perfectamente con la frialdad de las relaciones en el balneario y el declive de las cada vez menos solicitadas geishas, de las que Komako, tan limpia y delicada como la nieve recién caída, es el mejor ejemplo.

País de nieve es perfecto para quienes disfrutan leyendo sobre las pasiones del alma, o para quienes busquen deleitarse con la hermosa prosa de su genial autor, al calor de una estufa durante las noches de invierno.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Leyenda de una casa solariega

Como muchos otros jóvenes de mi generación, yo también me embarqué en una aventura más allá de las fronteras de España gracias a la beca Erasmus. En mi caso, el destino al que fui a parar fue Karlstad, una ciudad en el corazón de Suecia, muy ligada a Selma Lagerlöf, ganadora del premio Nobel de literatura en 1909 y una de las personalidades suecas más célebres.

Mårbacka, en la actualidad
El caballito rojo de Dalarna, 
como el de Ingrid, un típico souvenir
Selma nació y creció en Mårbacka, una antigua casa señorial a pocos kilómetros de mi residencia, pertenencia de la familia Lagerlöf desde el siglo XVII. La mansión jugó un papel muy importante en la vida de la escritora, tanto que su subasta, debida a motivos económicos, supuso un duro golpe para ella. En cuando consiguió dinero suficiente gracias a sus cuentos y novelas, volvió a comprarla. Actualmente Mårbacka es un museo sobre Selma Lagerlöf, puesto que el  testamento de su dueña figuraba que su querido hogar debía mantenerse intacto a como estaba a la hora de su muerte y abrirse al público.

Aunque el tema de la introducción pueda parecer un tanto extraño, tengo motivos para comenzar de este modo. Conocí a la autora durante mi periplo, del que tengo muy buenos recuerdos. La experiencia me ayudó a apreciar de manera especial el bello relato Leyenda de una casa solariega, novela corta escrita por Lagerlöf con tintes autobiográficos.

Elda García-Posada
hace una traducción brillante.
El librito presenta a dos personajes cuyas vidas están unidas a pesar de no saberlo. Por una parte tenemos a Gunnar Hede, quien atrapado por la música de su violín y ante la casi inminente pérdida de su mansión campestre en Dalecarlia (actualmente Dalarna), abandona sus estudios en Uppsala para hacer fortuna como vendedor ambulante. En su empeño, sufrirá ciertos acontecimientos que quiebran su alma sensible, pasando de joven refinado a un loco conocido como el Chivo. Por otro lado está Ingrid, una soñadora muchacha. Ingrid no ha olvidado al estudiante de Uppsala que, con su violín, la hizo sentirse feliz. Rescatada de la tumba por el Chivo, Ingrid luchará por devolverle la cordura.


La leyenda de una casa solariega es una obra que rezuma inocencia y ternura. Con gran elegancia y belleza, la escritora crea una historia de amor desinteresado envuelta en un halo de fantasía. El marco campestre de la Suecia rural, con frondosos bosques de árboles y musgos, la mansión de Munkhyttan y el sonido del violín realzan su lado más onírico.

Paisaje de Dalarna


Aunque se trate temas tan trágicos como la locura y la melancolía, esta es una obra amable, de lectura sencilla y agradable. Aun desprovisto de cordura, Hede resulta encantador. El amor y el sacrificio de Ingrid son conmovedores: igual que en La bella y la bestia, no cejará hasta que el príncipe quede libre de su maleficio.


Una novela breve y amable para leer tranquilamente, disfrutando cada párrafo.


miércoles, 25 de junio de 2014

La hija de Rappaccini

Nathaniel Hawthorne es conocido por el gran público gracias a su obra maestra La letra escarlata, sin embargo hoy vamos a hablar de uno de sus relatos cortos: La hija de Rappaccini.

El protagonista es Giovanni, un estudiante recién llegado a Padua que, desde su habitación de alquiler, observa día tras día el exuberante jardín del viejo doctor Giacomo Rappaccini. Con curiosidad ve que el doctor no se atreve a tocar ni acercarse a las plantas, sino que llama a su hija Beatrice para que lo haga en su lugar. Giovanni queda fascinado por la belleza de la muchacha, increíblemente semejante a la flor más hermosa del jardín, que por algún capricho de la naturaleza casi parece tener forma humana. Durante las horas que pasa observando desde su ventana, Giovanni observa cómo todo animal que toca esa flor muere rápidamente, y comprende que debe tratarse de una planta venenosa. Sin embargo su estupor crece cuando ve que la bella Beatrice mata un insecto solo con su aliento, y es que la muchacha se ha mimetizado tanto con ese nuevo Edén que, si bien es inmune al veneno de las plantas, ella misma se ha hecho venenosa para cualquier ser vivo que esté cerca de ella. Es a partir de aquí que Giovanni se encuentra en una disyuntiva: quiere estar cerca de la muchacha y amarla, pero al mismo tiempo la teme por su terrible poder…
Giovanni, Beatrice, Rappaccini
Si debo ser sincera, este relato me conmovió. En un principio lo estaba leyendo bastante extrañada, pero Hawthorne tiene la habilidad de ir creando poco a poco el ambiente propicio para que, incluso esperándote ya lo que va a ocurrir, no puedas evitar sentir ese pequeño escalofrío. 

A lo largo de todo el texto ves pequeños detalles que anticipan lo que se avecina, pero no de forma tan evidente como desgraciadamente ocurre en otras historias, su prosa no es tan directa sino que te hace ponerte en tensión a través de algo tan simple como las descripciones del lugar. ¿Quién no se sentiría en el paraíso si se encontrara con la visión de un enorme jardín lleno de flores exóticas y colores vibrantes, por viejas y rotas que parezcan las fuentes y cualquier otra obra creada por la mano del hombre? En esta historia demuestra claramente que algo no necesita ser horrible para inspirar temor, sino que una belleza demasiado sobrehumana puede causar el mismo sentimiento de inquietud.

La decadencia y exuberancia del jardín
Me llamó notablemente la atención la descripción de Beatrice, ya que desde el principio te das cuenta de que no es una simple muchacha. Una figura demasiado angelical, demasiado perfecta… Giovanni siente por ella tanto atracción como repulsión, y si debo dar mi opinión personal al respecto, jamás diría que estuviera realmente enamorado de Beatrice, solo maravillado por una criatura mesmérica que representaba lo sublime en su esencia más pura. De hecho, a menudo me daba la impresión de que estaba enamorado de sí mismo. 

Por último, y si bien no quiero hablar del final del relato, debo decir que para mí fue bastante impactante no tanto por los hechos que relata sino por las palabras que pone en boca de sus personajes. Triste, cruel, hermoso y conmovedor.

lunes, 21 de abril de 2014

Saga Crepúsculo

Cuando el primer libro de Stephenie Meyer cayó en mis manos, debo reconocer que tenía una idea algo confusa sobre lo que debía esperar. Estaba bastante perdida, desesperada en realidad, cuando me compré el primer libro de esta conocidísima saga. Fue durante un verano en Londres con mucho tiempo libre y nada que hacer y la mejor opción era buscar un libro para rellenar las horas muertas. Siendo una aficionada al tema sobrenatural y más en concreto de la figura del vampiro, la saga Crepúsculo libro llamó mi atención.

La saga al completo
Bella Swan es una adolescente que se muda a Forks, el sombrío pueblo de su padre. Allí conoce a los Cullen, una extraña familia caracterizada por su belleza, juventud… y por lo esquivos que resultan con todos. Edward, el más joven de la familia, empieza a acercarse poco a poco a Bella, atrayéndola y a la vez exasperándola con su multitud de rarezas y secretos. Pero pronto la protagonista comprende dos cosas: que se ha enamorado de Edward y que él la ama tanto como desea beber su sangre. Una familia de vampiros, una manada de hombres-lobo y el amor adolescente de un instituto entremezclados en lo que podría ser una telenovela sin fin.

Un amor que se mira pero no se toca
Apenas empezaba a hacerse famoso, y tuve la sensación de que prometía. Nada más abrirlo vi que la redacción era bastante simple, por lo que resolví que podía leerlo en descansos y viajes. Era fácil de leer, y la historia me enganchó de inmediato… sin embargo la decepción llegó apenas terminé el primer libro. No me percaté de que había llegado al final no solo por la sencillez de la lectura, sino porque la estructura te mantiene durante todas las páginas esperando un nudo y un clímax que, cuando llegan, se desarrollan en apenas diez páginas, tan fugazmente que terminas el libro pensando que te has saltado algo importante.

Al comienzo no le di importancia, supuse que era normal al ser el primer libro de una saga, y que a partir de ahí todo se iría animando mucho más… pero entonces llegó el segundo libro y una vez más encontré el mismo problema. Así durante todos los tomos de la saga, con esa extraña sensación de estar leyendo una introducción de quinientas páginas que te llevan a un desarrollo de los acontecimientos bastante cogido por pinzas y que culmina rápidamente, como si la autora sufriera demasiado con los problemas de los protagonistas para prolongarlos demasiado.

Hombres-lobo descamisados para amenizar la historia
No quiero entrar en el debate sobre el cambio que la figura del vampiro sufre en esta obra, ya que creo que eso es un debate diferente, pero debo añadir que los personajes que aparecen en la novela son tan sumamente planos que prácticamente vienen definidos por el superpoder que venga atribuido a su condición sobrenatural. Por otro lado, los seres humanos son criaturas insignificantes, da la impresión de que nuestra única oportunidad para sobrevivir en este mundo viene dada por la protección que, a escondidas, nos ofrecen otras criaturas que desconocemos. La protagonista es el más claro ejemplo del patetismo con el que se representa al ser humano, tanto que su única función es mantenerse cerca de su amado o sufrir en su ausencia.


Por desgracia es un libro que carece de mayor profundidad, algo que se echa de menos en cualquier novela, pero más en una novela para adolescentes que además ha tenido tanto éxito. Es, en definitiva, como encontrarte con tu dulce favorito y después darte cuenta de que es de producción industrial. La parte buena es que al menos mucha gente ha vuelto a interesarse por la lectura a partir de este tipo de libros, pero pienso que podrían haberle sacado mucho más jugo a la historia.

martes, 4 de febrero de 2014

El pacto de los Sterkarm

¿Quién no se ha preguntado alguna vez a dónde iría si pudiera viajar hacia el pasado más remoto? Creo que todo el mundo lo ha pensado alguna vez, viendo alguna película histórica o en clase, qué haríamos nosotros si nos viéramos en esa época.

En El pacto de los Sterkarm de Susan Price, estos viajes son posibles, aunque por el momento lo más lejos que han conseguido llegar es el siglo XVI. La acción se sitúa entre el siglo XXI y el XVI, donde una empresa de nuestro tiempo ha entablado contacto con los pobladores de la frontera de Inglaterra y Escocia en aquella época, especialmente con un clan llamado Sterkarm. Al tratarse de un grupo de gente dedicado al pillaje de los clanes cercanos, las negociaciones no son fáciles, a pesar de que los nativos los confunden con "elfos", criaturas de su mitología que a veces se mezclan con los humanos con consecuencias trágicas.

Andrea, una de las trabajadoras venidas del siglo XXI, entabla una relación con Per, el hijo del jefe del clan, un joven impetuoso y bastante guapo. Tanto es así que en su propio clan es conocido como "el Chica". Sin embargo, las diferencias culturales, el egoísmo y el juego sucio que se lleva a cabo entre los Sterkarm y los "elfos", hace que su historia corra bastante peligro.

Portada de una edición en inglés
Lo primero que me llamó la atención de esta historia es el cambio de perspectiva y filosofía hacia los viajes temporales con respecto a toda la ficción que hay antes de esta novela, o al menos de la que yo conozco. Una norma básica que siempre está presente en este tipo de viajes es la de no intervenir en los sucesos para no provocar cambios en el futuro. Sin embargo, el objetivo de los elfos es, precisamente, aclimatar los bosques para convertir el lugar en un resort vacacional para sus coetáneos y explotar los muchos recursos naturales que ya se han agotado en su tiempo.

A simple vista, da la impresión de que los Sterkarm son víctimas de la ambición desmedida de los elfos, pero nada más lejos de la realidad. Precisamente esa visión es la que hace que los viajeros temporales los subestimen y sean continuamente chantajeados, asaltados y atacados en caso de poner resistencia. Es casi cómico ver a esos investigadores con aires de grandeza volver literalmente desnudos a su época mientras los bárbaros Sterkarm se pasean con relojes de pulsera y otras prendas dándoles una imagen completamente anacrónica.

Susan Price, la autora
Está narrado de una forma sencilla, pues la historia ya es de por sí suficientemente compleja aunque sin ser enrevesada y sus personajes, que están bien perfilados durante toda la obra, tienen momentos verdaderamente sorprendentes e imprevisibles.

Uno de los detalles que más me emocionaron fue el convencimiento de Andrea de que nunca será capaz de encontrar a alguien como Per en su propio tiempo. A su lado se siente afortunada, pues incluso su jefe, Windsor, tiende a despreciarla constantemente por su sobrepeso, cuando para Per ese es un detalle que solo le añade más atractivo a su "moza-elfo". Al mismo tiempo, mientras el carácter de Per sería visto en nuestra época como débil y llorica gracias a su facilidad para llorar con las historias de amor que se cuentan a la luz de la hoguera, para Andrea esa es una muestra más de lo especial que es, siendo un fiero guerrero y, a la vez, un hombre cariñoso y sensible.

Me encantó observar el comportamiento familiar de ese clan, y de las familias en general. No solo se pone de manifiesto el amor romántico entre Per y Andrea, sino también el amor desmedido de unos padres hacia su hijo, de unas mascotas hacia su amo, y de la amistad incondicional. Todo esto con una libertad que a nosotros nos avergonzaría mostrar, pero que a ellos les resulta tan natural como el respirar. El amor es algo hermoso, y no ven razón para avergonzarse de ello.

Entre mis momentos favoritos, está el final. Es triste pero hermoso, con un sabor agridulce que recuerda a esos sueños imposibles que todos tenemos. En este caso, el sueño de viajar al pasado.

martes, 24 de septiembre de 2013

El asno de oro

Una de las muchas representaciones
de Eros y Psique de Bouguereau
Los autores grecolatinos cuyos nombres se han conservado hasta hoy día se ha considerado durante toda la historia como referentes indispensables para todos los estudiosos, sea cual sea su campo de investigación. Estén o no desactualizados, estos autores asentaron las bases del pensamiento y saber occidental, de ahí que no podemos permitirnos el lujo de olvidar a los más importantes.

Sin embargo, esta desactualización, si bien no resta mérito a las obras, sí que dificulta bastante que el lector pueda acercarse a ellas por mero entretenimiento. En lo que a la literatura se refiere, algunos textos clásicos se hacen poco atractivos como pasatiempo y se han convertido en un tipo de lectura más propia de los intelectuales y estudiosos que para lectores ocasionales.

Representación romana de Isis
El asno de oro (como se conoce desde la época de San Agustín de Hipona a Las metamorfosis de Apuleyo), única novela latina que ha llegado a nuestros días, es curiosamente un libro que puede leerse perfectamente durante una aburrida tarde de verano en la que el lector no busca otra cosa que distraerse. A mí me ha resultado bastante increíble que la que tomé por una obra pesada a día de hoy siguiese siendo tan amena y entretenida.

Apuleyo ha tenido la maestría de escribir una novela prácticamente atemporal, pues diecinueve siglos después de su primera publicación sigue casi tan fresca como el primer día (no completamente, puesto que por suerte las escenas de maltrato animal y a las clases bajas, así como la concepción de mujer como ser de naturaleza malévola, son cada vez más censurables).

Parte de esta frescura reside en la introducción de historias dentro de la misma historia, pues El asno de oro es realmente una recopilación de relatos breves intercalados entre las aventuras y desventuras del protagonista, quien narra no solo su propia historia, sino la de aquellos con los que convive y casi cualquiera que llega a sus oídos. 

A la derecha, Lucio, nuestro protagonista
La temática de las mismas es variada, lo que le da otro punto favorable: historias tanto de magia y fantasía como escenas de la vida cotidiana tan propias del siglo II d.C. como del actual, repletas de celos, infidelidades, romance y un humor muy, muy picante. El carácter doméstico se ve reforzado por un lenguaje más bien cercano, nada grandilocuente o elevado. Pero sin perder un ápice de calidad, a pesar de que la historia sí sea un tanto rocambolesca.

En cuanto al argumento… A los oídos del joven Lucio llegan rumores de que su anfitriona es una bruja de grandes poderes. Movido por la curiosidad, la espía mientras se aplica un ungüento que la convierte en búho y decide obrar del mismo modo. Desgraciadamente se equivoca de tarro y acaba convertido en un asno. El pobre Lucio va pasando de mano en mano, con más pena que gloria, hasta que decide recurrir a la diosa Isis.
Transformación de Lucio
según el cómic de Milo Manara, L'arsino d'oro.
No puedo terminar esta entrada sin volver a recomendar esta obra a quien no la haya leído. Aunque sea para leer la bellísima fábula de Eros y Psique, el arco más famoso y laureado de todos los que componen, dadle una oportunidad a esta novela picaresca que inspiró títulos tan dispares como El sueño de una noche de verano, Pinocho, La bella y la bestia o La metamorfosis kafkiana.

domingo, 18 de agosto de 2013

El gran Gatsby

En mi casa no solo somos muy aficionados a la lectura, sino que también nos gusta mucho el cine. Desde que iba al instituto mis padres comenzaron con la creación de una completa filmoteca y el visionado de alguna película se convirtió en la actividad familiar del fin de semana.

Robert Redford caracterizado como Gatsby
Entre esta algarabía de títulos fílmicos hubo muchos que me llamaron la atención, pero pocos me dejaron con el regusto agrio de El gran Gastby (1974). Tenía la impresión de que se me escapaban demasiados elementos, pues no entendía la aparente frivolidad de los personajes retratados. Nueve años más tarde he leído por fin el libro homónimo de F. Scott Fitzgerald, en el que la película se basa, pero la lectura, si bien al enfrentarme a la misma historia con una mayor madurez ha sido esclarecedora, no ha servido de edulcorante.

Jay Gatsby es un joven misterioso y enigmático, poseedor de una gran fortuna de origen incierto y autor de las más desenfrenadas fiestas de la Long Island de los años 20. El motivo de estas fiestas no es otro que el de atraer a Daisy Buchanan, una atractiva y chispeante joven de buena familia, casada con el infiel pero millonario Tom Buchanan, con la que mantuvo un romance cinco años atrás y a la que no puede olvidar. 

Daisy (Mia Farrow) y Gatsby

El gran Gatsby es la decadente historia del fracaso del sueño americano. Gatsby podría considerarse el arquetipo de hombre hecho a sí mismo, un joven de origen humilde que con poco más de treinta años ha montado un imperio, todo con el único propósito de ofrecerle a Daisy lo que no pudo ofrecerle cinco años antes. Los celos, la frivolidad y una avaricia insaciable por parte de quienes lo rodean empujan al luchador Gatsby hacia un dramático final.

Nick, Tom y Gatsby
La novela es una agria crítica a la sociedad de la conocida como Era del Jazz y al desenfreno anterior al Crack del 29. Destaca la oposición entre los ricos asentados, que por su linaje familiar se merecen el respeto de la sociedad, y los nuevos ricos de origen más humilde que son víctimas de habladurías y calumnias acerca de cómo consiguieron su capital (como ocurre con Gatsby); y la oposición de las clases acomodadas, que viven por todo lo alto sin necesidad de trabajar, con respecto a la clase trabajadora, que no puede permitirse faltar un solo día al trabajo (como el complaciente aunque íntegro Nick Carraway, narrador de la novela y uno de los pocos amigos de Gatsby).

Gente enamorada de sí misma y su dinero, sin más propósito en la vida que el de guardarse las espaldas y deleitarse en su apatía y seguridad, queriendo abarcar más de lo que pueden, sin preocuparse en las vidas que destruyen en su paso aplastante y desenfrenado por el mundo.

Pero el sueño de riqueza y belleza es frágil, especialmente para aquellos demasiado nobles como para aplastar a sus contrincantes. El tiempo no puede volver atrás, como la vejez no puede tornarse en juventud. Los accidentes no pueden evitarse, hay que despertar de todo sueño. Y un corazón corrompido por el dinero no puede resarcirse.

Reparto de la película homónima estrenada este año

Para quien no haya leído aún esta obra maestra, en la que el talento literario de F. Scott Fiztgerald se disfruta en cada página, recomendaría que, siempre que les sea posible, intenten hacerse con una buena edición, aunque vaya a salirle económicamente más caro. Algunas ediciones, como la de Debolsillo, tienen la ventaja de permitir al lector ahorrarse unas monedas, pero para ello se valen de traducciones antiguas, en la que los traductores profesionales no existían como tales y que, incluso hoy en día, siguen sin estar revisadas. Una pena.

lunes, 28 de mayo de 2012

Como agua para chocolate

Conocí Como agua para chocolate de Laura Esquivel un verano, posiblemente en el que cumplía los siete años. Mi madre tuvo una fuerte recaída en la depresión que padecía desde hacía años y mi padre pasaba horas leyéndole historias románticas. Aunque este tipo de historias no son santo de mi devoción, en ocasiones me asomaba al dormitorio para mirar por la puerta entreabierta y escuchar lo que leía. No pude olvidar esta.


Coahuila, Revolución Mexicana. Pedro y Tita se aman. Sin embargo, están condenados a no poder consumar su amor. Tita es la hija menor de Elena de la Garza: Según la tradición familiar, debe permanecer soltera y cuidar de su madre hasta su muerte. Por sugerencia de Mamá Elena, Pedro acepta casarse con la hermana mayor de Tita, Rosaura. Lo que nadie sabe es que lo hace para poder estar cerca de la más joven. Sin embargo, no le será fácil conseguirlo.

Conocemos la historia de boca de la sobrina nieta de Tita, quien preparando las comidas más significativas de cada mes del año, como el rosco de reyes en navidad; evoca la historia de amor de su tía abuela, excelente cocinera de quien heredó su pasión por la cocina. Los platos que se preparan no son simples ejemplos de gastronomía, sino que sirven como nexo de unión de la vida de la descendiente con los eventos del pasado, así como una eterna metáfora de los sentimientos de los personajes principales.

Quizás fuese eso último lo que más me llamó la atención: la relación de las recetas y los sentimientos. Y quizás fuese el borroso recuerdo de este libro lo que me ha llevado a intentar experimentar exóticos platos, aunque he de confesar que no siempre con buen resultado. Siempre recordé con bastante nitidez el capítulo en el que preparan codornices en pétalos de rosas, capítulo que, tras leer el libro al completo, se ha manifestado como uno de mis favoritos.

El estilo es muy fluido, lo que hace que la lectura sea fácil y ágil. No es un texto complejo, sino sencillo, centrado en la descripción de los eventos y la acción, así como lleno de sentimientos y pasión.

En lo referente al título, hay que dar una pequeña explicación. Estar “como agua para chocolate” significa estar en plena ebullición, pues así es como debe estar el agua para hacer el chocolate a la taza. En un momento dado de la historia se hace referencia explícita al título cuando se dice que una irritada Tita estaba como agua para chocolate. Lo que sigue siendo un nexo entre la gastronomía y los sentimientos.

Cada vez que pienso en este libro recuerdo el ambiente que se respiraba la primera vez que lo escuché. La melancólica tristeza de mi madre, la suave y cariñosa voz de mi padre, ambos tendidos en la cama a la hora de la siesta, mientras mi hermanita dormía y yo apoyaba mi pequeña mano en la puerta para abrirla un poco más y escuchar ese relato, mientras el sudor pegajoso propio del verano empapaba mi piel y un escalofrío me recorría la espalda, con la sensación de estar profanando algún ritual sagrado en el que mi presencia estaba de más.

Un libro imprescindible, toda una delicia para los románticos empedernidos, y un más que agradable pasatiempo para los menos apasionados. Un libro muy especial para mí.

lunes, 2 de enero de 2012

Lo bello y lo triste

Mi profesor de lengua en la universidad no cesó en todo el primer curso de recomendárnoslo con insistencia Lo bello y lo triste, novela del primer japonés en ser galardonado con el Nobel de literatura, Yasunari Kawabata. Es más, en una de las prácticas nos incluyó un fragmento de esta obra para que lo analizásemos.  Debo reconocer que era un pasaje de gran belleza, en el que el amor y la pintura se fundían para crear algo puramente poético, no solamente estético.

Quedé realmente impresionada por ese pequeño texto y más aun cuando, al año siguiente y en otra asignatura, este mismo profesor volvió a proponer otro fragmento de Lo bello y lo triste para un nuevo análisis. Una vez más resultó ser verdaderamente precioso.

Sin embargo el argumento me decepcionó bastante: El maduro escritor Oki, movido por la nostalgia de su aventura amorosa más apasionada, desea reencontrarse y oír las campanadas de año nuevo con Otoko, antigua amante a la que humilló al narrar su romance en su novela más famosa, donde no vaciló en desvelar la identidad de la por entonces adolescente muchacha. Al reencuentro asiste Keiko, la sensual discípula de Otoko, quien es ahora una famosa pintora. Keiko solo tiene una idea en mente: vengar la humillación de su maestra.

Cuando lo leí por primera vez no tenía muy claro qué era lo que había leído. Es cierto que estaba escrito de una forma muy hermosa, pero poco más podía decir. Los personajes eran desconcertantes, demasiado retorcidos y melodramáticos. El argumento me pareció muy explotado.

Meses después se convirtió en uno de mis favoritos.


Me preparaba para salir. Justo antes de abandonar mi dormitorio lo vi en la estantería. En el lapso de tiempo que tardé en bajar los dieciséis peldaños de la escalera había aprendido a amar tiernamente aquello que se escondía entre sus delicadas páginas. De repente algo encajó, dos pensamientos se cruzaron y al fin esa novela tan extraña tenía sentido.

Poco después volví a leerlo. Era necesario hacerlo. ¡Qué diferencia con respecto a la lectura anterior! Este era un libro nuevo, lleno de poesía y delicadeza, envuelto en un misterioso halo de pesadumbre y aflicción.

Los personajes ya no me parecían en exceso melodramáticos, sino complejos y dolientes, cubiertos de heridas  que nunca llegan a curarse. Otoko es el árbol que vertebra la historia; una mujer dulce pero ingenua, brutalmente dañada y marcada de por vida, que no puede evitar afectar a la existencia de los demás y hacerles sentir tan miserables como ella misma. A pesar del daño que le ha infligido a ella y a su propia familia, Oki no es realmente cruel, al menos no de forma consciente, pero es incluso más ingenuo e insensato que Otoko. Keiko es el detonante que consigue que la aparente estabilidad se pierda.

Lo mejor es, sin duda, las figuras de las que se vale el autor para expresar los sentimientos de sus personajes, puesto que nunca dice abiertamente qué les pasa por la mente. La soledad de un vagón vacío, el desamparo de un jardín de piedras, el erotismo del ajuste de un ceñidor… son algunas de mis escenas favoritas.

¿De qué trata realmente? No sabría decíroslo. Soy de la opinión de que este es un libro de muchas lecturas. Tendrá un significado distinto dependiendo de quién lo lea. Son tantas las preguntas que el autor deja abiertas… Pues nunca dice exactamente lo que piensan sus personajes, es el lector quien debe deducirlo mediante sus acciones y las figuras como las anteriormente mostradas.

Espero que, si no lo habéis hecho ya, de su amarga belleza y su dulce tristeza acompañados de una taza de té…

En estilo abstracto, por supuesto.

jueves, 21 de abril de 2011

Mon (La puerta)

¿Os gustan las historias de amor apasionado? Esas en las que los amantes deben poner a prueba sus sentimientos enfrentándose a las situaciones más rocambolescas y adversas, movidos únicamente por el deseo y la pasión, siendo la recompensa la mano de la otra persona...

A mí no. Siempre me he preguntado qué habría detrás del beso final. ¿Podrían ser capaces de seguir amándose en un entorno distinto al del primer momento? ¿Qué será de ese amor cuando la monotonía y la convivencia diaria pongan fin a la pasión y quede solo la costumbre? ¿Serán capaces de envejecer juntos, de mantenerse impasibles ante la pérdida de la juventud y la belleza? Cuando todo esto ocurra, ¿seguirán juntos?

Nunca me pareció que esas historias tratasen sobre el amor verdadero, siempre parecían hablar sobre algo tan visceral como pasajero, amor tan fogoso que se consume a sí mismo y del que pronto no quedarán más que cenizas...

Sosuke y Oyone son un joven matrimonio que ya ha perdido la pasión. En el umbral de la pobreza, se ven obligados a acoger en su hogar a Koroku, hermano pequeño de Sosuke y a costear sus caros estudios universitarios.

Portada de la edición española


La morada de la pareja protagonista de Mon (La puerta) está impregnada de melancolía y desesperanza. Con tanta parsimonia y delicadeza como nerviosismo y desazón, el autor japonés Natsume Soseki irá revelando sobre qué cimientos se ha construido la amarga felicidad de Sosuke y Oyone. Un halo de angustioso misterio cubre el pasado y el presente de esta pequeña familia, refugiada en la monotonía del día a día y corrida por los remordimientos y la culpa, cuyo origen no se puede sino intuir, pues el escritor no lo pronunciará de forma explícita.

En un ambiente tan desesperanzador como es el marco en el que se desarrolla la historia, me sorprendió lo que llegué a encontrar. El incendio ya había pasado, pero aún quedan unas brasas que, si bien ya no arden como antes, son aun más difíciles de apagar. Para muchos, la base de esta obra es la crisis en la que viven personajes. Para mí, la esencia era la tenue pero cálida llama del cariño que se profesan Sosuke y Oyone.

Cómo se buscan, se preocupan, se aceptan con todos sus defectos, se sacrifican por el otro… Parece que no hay decisión que no tome uno sin que el otro esté en su pensamiento. La situación les es adversa en muchos sentidos; su propio amor les ha propiciado sus desdichas. Pero son conscientes de que son cuánto necesitan para ser felices. Por muy difícil que sea, Sosuke sin Oyone y Oyone sin Sosuke no estarían completos

Portada de la edición japonesa
Es un amor delicado, pero inquebrantable, capaz de superar no solo el ostracismo, la vergüenza o el pecado, sino también el tiempo, la monotonía, los defectos.

Viviendo en una sociedad en la que el amor se ha convertido en algo trivial y superficial, este libro me ha mostrado un amor más real que cualquier otro.

jueves, 24 de marzo de 2011

El club de la buena estrella

Todas las madres desean que sus hijas sean lo que ellas no pudieron ser. Todas las hijas desean que sus madres se den cuenta de que no son la misma persona.

Poco después de que la chino-americana Amy Tan emprendiese su carrera como escritora, su madre calló gravemente enferma. Su relación había sido siempre muy difícil, pero aun así Amy le prometió llevarla de viaje a su China natal si recobraba la salud. Gracias a este viaje, Amy descubrió facetas de su madre que jamás hubiera imaginado y no solo pudo comprenderla mejor, sino que le inspiró su obra más conocida, El club de la buena estrella.

Suyuan, An-Mei,  Lindo y Ying-Ying, quienes en su juventud  emigraron a Estados Unidos a causa de la guerra en China, se reúnen regularmente para jugar al mah-jong y celebrar unas pequeñas fiestas con la que pretenden ser más felices; una de las muchas formas por las que intentan mantener vivo el vínculo que las une a su país de origen.

June, Rose, Waverly y Lena no entienden por qué sus madres siguen viviendo en país que dejaron muchos años atrás, incapaces de adaptarse a la vida de Estados Unidos y pretendiendo que sus hijas sigan siendo tan puramente chinas como ellas, educándolas en los tradicionales valores en los que ellas mismas se educaron, pero que poco tienen que ver con las realidad que les toca vivir a las jóvenes.

Cuando Suyuan muere, su hija June debe ocupar su lugar en el tablero de mah-jong. Será entonces cuando June comience a conocer a su madre.



Recibí este libro de manos de mi madre. Ella no pudo terminarlo, no le gustaba. Creo entender por qué. Hay cosas, cosas muy pequeñas, que hacen mucho daño. Las hacemos automáticamente, sin prestar demasiada atención, debido al hábito y la costumbre o porque forman parte de un rasgo más de nuestra personalidad, sin ser conscientes del daño que estas pequeñas cosas pueden hacer en los demás. Y cuando alguien, aunque sea a través de un libro, nos dice directamente cuánto sufrimiento provocan estas acciones, sentimos cómo este dolor nos es devuelto.

Este libro me dio una nueva perspectiva de la vida. Lo volví a leer recientemente y lo disfruté más que la primera vez. Es imposible no identificarse con alguna que otra de las protagonistas de la novela, ya sea por su faceta de madre, de hija o simplemente de mujer.

Al igual que An-Mei me he escondido en lo más profundo del estanque para que las urracas no se bebiesen mis lágrimas.
Al igual que Rose he sentido tanto dolor e impotencia que solo puede desear caer en un profundo sueño para dejar de sufrir durante un momento.
Al igual que Waverly me refugié en una fortaleza que creí inexpugnable para verme rápidamente desprovista de mi escudo.
Al igual que June no me consideré digna del mejor cangrejo.

Para mí ha sido una historia sobre la comunicación, la falta de comunicación. Sobre personas que aunque viven juntas no llegan a compartir la misma realidad, donde surge el distanciamiento y la incomprensión incluso entre aquellos que más se quieren. Sobre importancia de saber ponerse en el lugar del otro y las pocas veces que nos dignamos a hacerlo. Sobre el error de complacer siempre y sobre el error de vivir a través de los demás. Sobre la imposible armonía entre el pasado y el presente.

Y sobre todo, una historia de amor entre madres e hijas, no importa si chinas u occidentales, con sus diferencias e inseguridades, que no pueden evitar lastimarse inconscientemente, puesto que el amor es egoísta y caprichoso.

jueves, 10 de marzo de 2011

Orgullo y prejuicio

Algunos libros son como cachorritos.

Leí esa comparación hace mucho tiempo, no recuerdo dónde, y se me quedó grabada a fuego en la mente por lo cierta que me pareció. Porque con el paso de los años me ha ido sorprendido la facilidad con la que un libro puede destacar en una librería llena de ellos y seducirte como haría un cachorrito detrás de la jaula de una tienda de animales.

Concretamente me pasó algo así con Orgullo y Prejuicio. Había visto la versión de Keira Knightley cuando se estrenó en cines con mi madre y ella me había comentado que teníamos el libro en casa. Por supuesto, me lo recomendó hasta la saciedad y, la verdad, no recuerdo el por qué rechacé el leerlo. Creo que estaba en una época fuerte de exámenes o que se lo teníamos prestado a alguien más. No lo sé.

Pero mucho tiempo después, cuando ya se me había olvidado lo mucho que me enamoró la película, lo vi en las estanterías de mi casa.

No era un cachorrito realmente bonito. Tenía la cubierta con los colores idos y las pastas estaban medio rotas de tanto usarlas. Pero me miró como si fuera un perrito abandonado en la calle y cuando me acerqué y lo cogí, solo por curiosidad, movió el rabo tan enérgicamente que me pareció encantador. Así que empecé a leerlo.

El resto es historia.

Como la mayoría de las novelas de Jane Austen, trata sobre el romance de las protagonistas, en este caso las hermanas Bennet, y su vida y sus experiencias. La novela se centra más en la joven Elizabeth Bennet y en el prejuicio que ésta siente por el Sr. Darcy, un hombre rico, inteligente y demasiado orgulloso como para que la chica sienta simpatía hacia él en un principio. Y aún así logran complementarse perfectamente: Elizabeth y Darcy. Darcy y Elizabeth. No pueden ir el uno sin el otro.


(Darcy junto a Lizzie. Ilustración de 1895)

Me lo leí en un fin de semana, completamente enganchada. Lo cierto es que cuando terminé acabé encantada con él. Pero no fue hasta ese momento en el que me di cuenta de que los ojos de cachorro que me habían seducido eran los de Darcy que es, a mi entender, uno de los caballeros británicos más queridos y mejores que nos ha presentado la literatura.

Es alguien con un sinfín de defectos y que, aún así, consigue robarle el corazón a la mayoría de los lectores. Siempre he pensado que es el encanto de los personajes como él, y no otra cosa, lo que hace que esta sea la novela más famosa de Austen.


En conclusión, una buena novela con unos buenos personajes. No se te hace larga ni tediosa y es capaz de mezclar humor, drama y romance al mismo tiempo. Es un cachorro capaz de hacernos adentrar en la vida de los protagonistas, en los paisajes que describe y hasta hacernos sentir lo mismo que ellos. Y cuando un libro consigue eso, entonces es cuando realmente merece la pena recomendarlo y leerlo.
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