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jueves, 8 de junio de 2017

El cuento de la criada

En la república teocrática de Gilead, en lo que antes fuera Estados Unidos, se hace frente a la escasez de natalidad debida a la esterilidad producida con la contaminación y las enfermedades venéreas, dividiendo a las mujeres según su capacidad para concebir. De este modo, a cada alto mando, a cada comandante, se le asigna una criada que sirva de vehículo para que él y su infértil esposa puedan tener descendencia. Sin embargo, aunque siempre es a la mujer a la que se acusa de estéril, se sabe que los hombres tienen las mismas posibilidades de serlo. Las criadas tienen tres años como tiempo máximo, sirviendo a un comandante distinto por año, para quedar embarazadas antes de que se las declare como "no mujeres" y se las envíe a un futuro incierto.

A grandes rasgos, este el futuro que plantea Margaret Atwood en una de sus obras más conocidas, El cuento de la criada. A través de una de estas criadas, llamada Defred y cuyo verdadero nombre no se conoce (todas las criadas cambian de nombre según cambian de comandante, siendo este una combinación del posesivo "de" y el nombre del susodicho), se nos muestra lo que aconteció en el mencionado país americano a finales, supuestamente, del siglo XX para convertirse en un estado totalitario de raíces puritanas.

Imagen de la serie basada en el libro
estrenada en abril.
Que solo conozcamos la visión de Defred interesante desde el punto de vista narrativo. Como criada (y mujer, ya que todas lo sufren, aunque en menor medida) tiene prohibido crear lazos con los seres humanos que tiene alrededor. Solo sale de la casa para hacer la compra con la única compañía de otra criada como ella, con el riesgo siempre de que esta sea un espía del régimen. La esposa del comandante y las sirvientas, llamadas Martas, no le guardan simpatía. A este prácticamente solo lo ve durante La Ceremonia, el rito de fecundación, que es mecánico y desapasionado, con la esposa siempre presente. Su forma de moverse debe mostrar sumisión en todo momento y, en contraste con el rojo obligado de su vestido, guantes, zapatos, etc, una toca blanca le impide mirar hacia arriba. Tampoco tiene permitido el acceso a la lectura ni a ninguna fuente de conocimiento.

Defred (y, por ende, esta novela) es puro sentimiento: El que no le dejan mostrar en su vida diaria, lo desnuda en su narración, que no es más que la reconstrucción de los hechos al llegar la noche. Sus pensamientos van saltando de lo acontecido durante el día a su entrenamiento como criada y a su vida antes del golpe de Estado.

Se suele destacar de esta novela su crudeza, llegando a decirse que es difícil de leer por eso mismo. A mí no me resultó tan duro durante la mayor parte, si bien es posible que yo ya esté curada de espanto. Más que duro, me pareció agobiante, porque no entiendes bien en un principio qué está pasando, cómo el mundo se ha deshumanizado así.

Algunas ilustraciones del libro.
Sin embargo, nunca se llega a comprender totalmente lo que ha ocurrido. Al conocerse todo únicamente a través de Defred, es mucho lo que nos queda por saber sobre la sociedad de Gilead.  De hecho, creo que aquí, en el desarrollo del mundo, flojea bastante. Por ejemplo, me parece absurdo que los hombres no tengan un tratamiento similar a las mujeres en función a su fertilidad. ¿Qué sentido práctico tiene dar una mujer fértil a un hombre que no lo es? Y más aún, declararla nula tras tres años. O ignorar los avances científicos al respecto.

Sí, sé que El cuento de la criada tiene como base el puritanismo y la revolución islamista de Irán. Sé que en ninguno de los dos casos las mujeres salen favorecidas y que el fundamentalismo religioso acaba siendo contrario a la ciencia, pero también es verdad que la raza humana se está muriendo (al menos la caucásica, dicen en el epílogo, cosa que también se me escapa) y que las élites gobernantes acaban siendo los primeros en romper sus propias normas (cosa que no tiene por qué saber el ciudadano de a pie).

Por no mencionar algunas incongruencias, como que Cora y Moira tengan las trompas ligadas. Por su parte, Cora, una de las Martas, desea que Defred dé a luz porque ella no puede ser madre. ¿Por qué se ligó las trompas, entonces? Moira, lesbiana, fue reclutada como criada, si bien luego sabemos que hacía años se había hecho la operación. ¿Qué necesidad tenía? ¿Para qué la reclutaron?

Y lo que más me ha chirriado es que desde que los fundamentalistas tomaron el poder hasta el final de la novela han pasado apenas seis años. Es demasiado poco tiempo. El cambio de Irán fue rapidísimo, pero antes de las revolución del 79 ya llevaban más de 50 años recortando derechos a las mujeres.


Con todo, me ha gustado bastante este libro. Si bien la prosa de Margaret Atwood no me parece la mejor del mundo y hay algunos aspectos mejorables en la novela, la he disfrutado (si disfrutado es la palabra) bastante. Además, la visión distópica que la autora ofrece es interesante y merece mucho la pena reflexionar sobre ella y extrapolarla a la situación en la que vivimos actualmente.

sábado, 25 de febrero de 2017

Un mundo feliz

¿Quién no querría vivir en un mundo racional y científico, exento de supersticiones y misticismos? Un mundo en el que el sexo no es un tabú, donde todos sus habitantes viven de un modo completamente feliz y despreocupado. Un mundo en el que te lucras de tus propios talentos y los niños no necesitan hacer deberes para adquirir conocimientos.

Un mundo feliz.

Esta es la novela de Aldous Huxley, que nos presenta un futuro en el que la tecnología y la ciencia han triunfado en la vida diaria y marcan el ritmo de la misma. Todo está perfectamente medido y clasificado, incluía la sociedad, diseñada desde el estado embrionario y dividida en castas según las capacidades de cada grupo de individuos.



En este mundo perfecto, Bernard Marx, un miembro de la élite, no es feliz. Él, como muchos otros, atribuye esta particularidad a un error cometido durante su gestación por parte de una enfermera desatenta, motivo por el cual no se siente integrado entre sus propios compañeros y no se atreve a confesarle sus deseos a Lenina, a pesar de ser de una casta inferior a la suya. Gracias a un permiso especial, Bernard y Lenina una reserva de salvajes. Allí conocen a John, rechazado por los propios miembros de su tribu por ser hijo de una mujer civilizada, algo prácticamente imposible teniendo en cuenta el cuidado que estas ponen en evitar embarazos. Maravillados, deciden presentar a John ante la sociedad.


En este libro, Huxley denuncia ciertos comportamientos liberales que observaba en su época y que temía que condujeran a una pérdida de moral y del sentido de la propia existencia, lo que en su opinión desembocaría en una felicidad falsa y artificial, que a su vez desaparece en el mismo momento en el individuo comienza a cuestionarse tu propia percepción de la realidad. Si queremos poder vivir carentes de preocupaciones y responsabilidades, debemos dejarlas en manos de otros, a merced de cualquier equivocación que pudieran cometer y sin poder hacer nada por evitarlo. De este modo, la felicidad implica la pérdida absoluta de la libertad, limitándonos a vivir como meros engranajes de una máquina más importante que nosotros mismos.


Este mundo feliz nos enseña que todo tiene un precio:
Quizá podamos dar de lado las supersticiones y misticismos, pero en consecuencia idolatramos al mayor exponente del capitalismo y la producción en masa, Henry Ford.
Quizá el sexo deje de ser tabú, pero solo funciona como una distracción carente de emociones, donde los propios niños son animados a jugar manteniendo relaciones sexuales entre ellos.
Quizá estos niños vivan exentos de pasar su tiempo haciendo deberes, pero esto se consigue a través del aprendizaje durante el sueño, que introduce ideas con las que manipulan sus mentes durante el momento de mayor indefensión.
Quizá deje de haber penalidades y lamentaciones, pero a cambio rechazas tu libre albedrío y vives a merced de una droga que aniquila tu capacidad crítica.

El estilo del autor no me impresionó especialmente, pero tampoco terminó de desagradarme. Se trata de una escritura simple, casi aséptica, en la que narran los hechos tal cuales son, sin emociones ni impresiones sobre los personajes y sus actos. Tal vez Aldous Huxley pretendía de este modo enfatizar el tipo de sociedad que estaba describiendo... o tal vez simplemente sea su estilo personal. En cualquier caso me gustaría leer otra de sus obras para poder contrastarla.

La lectura de este libro fue bastante incómoda. La representación de la realidad que nos quiere mostrar Huxley es demasiado chocante, dado que eleva a su máxima potencia comportamientos humanos reprochables en nuestra vida diaria que, sin embargo, aceptamos.
Actualmente se celebra como rebeldía y como formar parte de un mundo nuevo y más libre.

lunes, 13 de julio de 2015

Battle Royale

¿Y si os despertarais, junto con vuestros compañeros de clase, en una solitaria isla, rodeada por el ejército, donde un agente del gobierno os explica que formáis parte de un experimento y que debéis mataros hasta que solo quede uno o, de lo contrario, todos seréis irremediablemente eliminados?

Esta es la situación que Koushun Takami nos presenta en su novela Battle Royale, de la que prácticamente todas las hoy en día muy populares entre los adolescentes distopías de supervivencia beben de una u otra manera.  Al igual que estas, Battle Royale es un libro protagonizado por adolescentes y enfocado hacia el público juvenil, si bien su crudeza y trasfondo filosófico son cosas que no he visto reflejadas en ningún otro.

Imagen de la película en la que se muestra a una ganadora anterior.

Según tengo entendido, Takami asegura que ideó a sus personajes de forma que pareciesen cortados por el mismo patrón, de forma que tengas muchos aspectos comunes y se distingan cuando llegue la hora de actuar, de ahí que resulten estáticos. A pesar de esta justificación, los personajes me parecieron excesivamente arquetípicos y planos, cada uno cumpliendo con alguno de los clásicos estándares de la ficción juvenil japonesa, tal y como puede apreciarse en sinnúmero de manganimes enfocados al público adolescente.

Sin embargo, hay que recordar que estamos hablando de cuarenta y dos participantes en el Battle Royale (nombre que recibe el juego-experimento al que someten a los estudiantes). Entiendo que es imposible dar a conocer a todos en profundidad, por lo que el autor haya preferido dar a conocer brevemente la historia de todos ellos, en lugar de recrearse en unas pocas y dejar a los demás chicos como parte del decorado.

Los cuarenta y dos participantes, según la adaptación al manga

Esto es, curiosamente, uno de sus puntos fuertes: Los jugadores no son figuras borrosas, desdibujadas y sin nombre. Conocemos, aunque sea vagamente, cuáles eran sus inquietudes, sus motivaciones. Cada uno reacciona de manera distinta ante la situación (miedo, aceptación, rabia, negación…). No hay que olvidar que los jugadores son conocidos, muchos de ellos amigos. Es interesante cómo Takami los enfrenta a esta situación, podiendo a prueba los miedos y lealtades de los chicos. Es fácil empatizar con la mayoría de ellos. Por eso, cada vez que alguien sale del juego, este se nos hace cada vez más duro a nosotros también. ¿Hasta dónde puede llegar la amistad y la confianza cuando nuestras vidas dependen de ello?

Con todo, apreciar alguna evolución en los personajes con más protagonismo hubiera sido deseable. O, cuanto menos, que no resultasen tan repelentemente perfectos.

El world-building se me hace bastante pobre. Si bien hubiera agradecido que se adentrase un poco más en la situación social o se explicasen mejor los hechos que han llevado a Japón a una situación semejante, entiendo que está contado desde el punto de vista de unos adolescentes. ¿Cuánto saben los quinceañeros del mundo en el que viven?

Mapa de la isla

En cuanto al estilo, podría haber sido mejor. Me ha parecido que el fondo era demasiado grande para la forma y, posiblemente, otras manos podrían haber desarrollado mejor el mundo que nos muestra. Aun así, es suficiente como para que se deje leer sin problemas, y la continua introducción de personajes evita que el interés decaiga.


Terminando ya, solo me queda decir que, si bien tiene varios puntos flojos, es una novela interesante e imprescindible para aquellos que disfruten con las historias de supervivencia, además de una muy buena introducción para los más jóvenes en el mundo de las distopías. Eso sí, los más sensibles deberán abstenerse. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

La máquina del tiempo

Creo que gran parte del público debe conocer ya mi afición por las distopías literarias. Lo que quizá no sepan tantos es la debilidad que siento hacia la literatura anglosajona del siglo XIX. Y ya si mezclamos ambas... creo que os puede dar una idea de qué novela es la que voy a tratar aquí.


La máquina del tiempo de H.G. Wells. El tema ha sido tratado muchísimo en otros libros, en el cine y en la televisión. Es lo que se dice un clásico, un ícono de la cultura popular. La verdad es que al principio siempre da un poco de miedo acercarse a los clásicos, pero Wells tiene ese don para que, mientras lo lees, te parezca que te está hablando un buen amigo y no un intelectual como realmente era este autor.

El argumento no podía ser más sencillo: El Viajero, como llaman al protagonista, llega a su casa a una reunión de amigos diciendo que ha inventado una máquina del tiempo, con la que se ha trasladado nada más y nada menos que al año 802.701, algo que ninguno de ellos cree. A pesar de todo, les cuenta cómo allí encontró que los humanos había evolucionado a una raza llamada eloi, unos seres amigables pero carentes de inteligencia o fuerza. Más concretamente entabla una relación de amistad con la encantadora eloi Weena, que le explica cómo funciona su mundo. Sin embargo más tarde se encuentra con otras criaturas, los morlocks, que al principio confunde con esclavos de los eloi, pero pronto comprende que los morlock en realidad se alimentan de ellos... y hasta aquí puedo leer.

Debo confesar que disfruté enormemente de cada descripción que se hacía de aquel mundo del futuro, que me recordó mucho a las lecturas de mi infancia sobre viajes y aventuras como los de Gulliver, Miguel Strogoff, etc. Hacía mucho que no disfrutaba de ese tipo de novelas y ha sido un re-descubrimiento de lo más agradable.

Entre las cosas que más me gustaron del libro, está el estudio que el Viajero hace sobre las sociedades que se encuentra. Al principio, da por hecho que la debilidad de los eloi es producto de la ideología comunista, pues al eliminar el sentido de la competencia y no haber lucha alguna por la supervivencia, no había motivación para el desarrollo y las costumbres se relajaron hasta un punto irreversible. Cuando descubre a los morlock, en cambio, piensa que el sistema que se ha creado es una forma de capitalismo llevado al extremo en el que los morlocks son la clase trabajadora que ha evolucionado siendo explotada por la clase dominante, los eloi, hasta llevarlos a un punto tal en el que terminan cazándolos para subsistir.


Se trata de una novela especial no solo por la época y por ser precursora del género distópico, sino porque además aúna la ciencia-ficción con las novelas de aventuras con viajes a lugares exóticos y criaturas nunca vistas por el hombre. Quizá se pueda pensar que al tratarse de un libro que contiene muchos de mis géneros favoritos estaba destinado a gustarme... nada más lejos de la realidad, pues tiendo a ser bastante dura con las lecturas que abordan temas que disfruto, precisamente porque soy una gran lectora de ese tipo de literatura.

Cuando terminé de leerla me dejó un sabor agridulce, quería saber más, pero H.G. Wells te deja con la duda final que no hace sino engrandecer todo ese concepto de aventura y de lo ilimitado del tiempo. Se trata de un autor que disfruto mucho porque no intenta convencerte de que su forma de pensar es la correcta, sino que te expone los peligros de dejarse llevar por una forma de pensar u otra.

Aunque por otro lado, da la impresión de que ocurra lo que ocurra, el ser humano está destinado al fracaso, siempre hay un pequeño rayo de esperanza, el mismo que brilla en uno de los amigos del Viajero, que sigue esperando a que vuelva a casa para seguir contando aventuras. ¿Reales o ficticias? Quién sabe. Pero lo importante es vivirlas y compartirlas... antes de que se nos acabe el tiempo.


viernes, 11 de enero de 2013

Fahrenheit 451

¿Qué os parecería vivir en un mundo en el los bomberos provocan incendios? ¿En el que tu familia sean los desconocidos que aparecen en una pantalla? ¿En el que el mayor logro es tener las paredes de tu hogar forradas con televisores? ¿Un mundo en el que estuviera prohibido leer?

Este es el mundo que nos recrea Ray Bradbury en su libro Fahrenheit 451. La historia gira en torno a Montag, bombero de profesión que se dedica a la quema de libros. Cuando hay algún sospechoso de haber roto la regla de prohibición de lectura, Montag y sus compañero irrumpen en su casa y la queman, junto con todos los libros que pudiera esconder. Montag nunca se plantea su estilo de vida ni el de su sociedad, ni siquiera su propia infelicidad conyugal, hasta que conoce a Clarisse. Esta chica cambia su vida completamente con la simple pregunta de "¿es usted feliz?". Montag se descubre a sí mismo por primera vez y solo entonces se da cuenta de cuán infeliz es.

Al contrario que la gran mayoría de las novelas distópicas, Fahrenheit 451 no tiene por objeto criticar un sistema de gobierno opresivo, ni siquiera entra en detalle sobre el régimen establecido. Lo que sí es, es una crítica feroz a la masificación de los medios de comunicación, y más que de ello, del uso que la sociedad les da. Conoces a personajes completamente aislados de sus semejantes aun viviendo en sociedad, irreversiblemente alienados del resto, descuidando sus relaciones familiares y viviendo por y para sus televisores interactivos, a los que consideran su verdadera familia. La desaparición de los libros no es una cuestión política, es una cuestión de sociedad, de la evolución de la mentalidad de la comunidad de individuos que ve a los libros como el mayor impedimento para ser feliz. 


Porque leer obliga a pensar. Quien piensa, cuestiona. Quien cuestiona encuentra respuestas. Y no todas las respuestas son agradables. Por eso, en el país de Montag todos actúan como autómatas. Conocen gente que no recuerdan de dónde han salido. Conducen a toda velocidad sin preocuparse por si han atropellado a alguien. Pero todo está bien. Al fin y al cabo, es lo que le dicen sus televisores y radios auriculares. Montag ha participado de esta "filosofía" de vida y se ha creído feliz, pero tan pronto comienza a cuestionarla, le urge la necesidad de saber, dando por seguro que las respuestas las encontrará en esos objetos prohibidos.

A pesar de todo, nos encontramos con personajes de lo más interesantes, si bien son pocos lo que intervienen en el desarrollo de los hechos. El temeroso Montag, la descarriada pero encantadora Clarisse, la eternamente triste y alienada Mildred (el mejor ejemplo de aquellos que aceptan vivir en esa sociedad), los austeros hombres-libro, el bueno de Faber y el enigmático Capitán Beatty. Este último, bombero jefe de Montag, es uno de los más complejos y, a mi juicio, interesante de todos. Beatty es un hombre que cumple religiosamente con su trabajo, aunque deja claro en varias ocasiones que ha leído con frecuencia y incluso memorizado algunos libros, pues forma parte de su trabajo conocer al enemigo. Sin embargo, y a pesar de que defiende al régimen como el que más, en ocasiones su postura resulta desconcertante. Prefiero no dar más detalles para no revelar nada más a aquellos que aún no han leído esta obra.




El estilo de la novela es cuanto menos interesante. No es en absoluto hermoso ni estético. Más que a una obra literaria, parece compartir las exigencias de un ensayo u otro escrito no ficticio. Esto puede responder no solo a la necesidad que siente el autor de dejar patente su idea, sin adornos que puedan distraernos del mensaje, sino también a un homenaje a las grandes obras de la literatura que a lo largo de la novela se nos muestran y en ocasiones incluso se citan pasajes. Nada mejor que un estilo simplista y austero para que la belleza de las otras brille como pocas veces lo ha hecho.

Para finalizar, me gustaría hacer hincapié en algo que se extrae de la filosofía de los hombres-libro. En Fahrenheit 451 no solo no se critica un sistema de gobierno para ensalzar otro, puesto que ocurre lo mismo con el conocimiento. Bradbury trata a todos los libros como igual de importantes, no importa quiénes lo hayan escrito o qué enseñanzas se extrae de ellos. Si bien el Eclesiatés tiene un papel metafórico especial dentro de la novela, a todos los libros se les da el mismo trato, no importa que sean de Ortega y Gasset, Shakespeare, Gandhi o Darwin.

¿Creéis que el mundo que Bradbury, escrito en los ya lejanos años 50, nos describe es pura ficción o sois de la opinión de que es un futuro cada día más cercano?

martes, 3 de abril de 2012

Los juegos del hambre

La famosa trilogía de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins está considerada como una novela de ciencia-ficción para adultos jóvenes. Pronto estrenarán una película sobre el primer libro, que da nombre a la saga.

La acción está situada en algún momento no especificado del futuro, en una nación llamada Panem, con capital en el Capitolio. Panem es un país dividido en 12 distritos, anteriormente 13, pero este último fue destruido tras una misteriosa rebelión fallida que llevó a los miembros del Capitolio a establecer los Juegos del Hambre. Una vez al año, se escogen a un chico y una chica de cada distrito y se les lleva a un lugar inhóspito, donde intentarán sobrevivir mientras se asesinan los unos a los otros hasta que solo quede un ganador.

Este espectáculo es retransmitido por televisión y de obligada visión en cada hogar del país, para asegurarse que todos contemplan el control férreo de la dictadura a la que están sometidos y prevenir así nuevas rebeliones. Cuando una niña de solo 12 años es escogida para participar por el distrito 12, su hermana mayor decide reemplazarla. Katniss hará lo posible para mantenerse con vida y, de paso, intentará salvar a su compañero de distrito, Peeta, mientras en casa la esperan su familia y su amigo Gale.

Volúmenes de la saga

En primer lugar, nos gustaría plantearnos cual es la finalidad real de estos Juegos. Según la protagonista, el fin es demostrar que el Capitolio tiene control total sobre la población y hacer que el temor por perder a sus hijos impida que el pueblo se rebele; pero si ya se los arrebatan, ¿qué tienen que perder? Del mismo modo, no se sostiene la idea de que los resultados sean amañados, ya por el uso de teselas (aquellos que no tienen suficientes recursos compran comida al Capitolio a cambio de que su nombre tenga más posibilidades de salir elegido) o por capricho. ¿Por qué hacerlo? ¿Qué gana el Capitolio con ello? Y lo principal, ¿por qué Juegos del Hambre? En ningún momento se explica por qué reciben ese nombre.

En segundo lugar, nos gustaría hablar de los personajes. Parece obligatorio centrarse en los tres "protagonistas", quienes, para variar, forman uno de los triángulos amorosos tan en boga últimamente. Triángulo muy forzado: Peeta y Katniss jamás habían intercambiado una palabra antes de los Juegos, aunque él ya la amaba profundamente. Ella, por su parte, simplemente se dedica a seguirle el juego a Peeta para contentar a la audiencia y seguir sus favores. Mientras, su relación con Gale ha sido siempre de amistad y jamás se habían planteado lo contrario hasta que llegó Peeta. Para más inri, el susodicho triángulo ni siquiera se desarrolla, razón por la que quizás la autora debiera habérselo ahorrado.

Siguiendo con los personajes secundarios, de los veinticuatro participantes solo ocho tienen nombre y una, apodo. Esto no solo ocurre con estos chicos anónimos: hay una cantidad demasiado grande de personajes, pero poquísimos tienen nombre. Ni siquiera los padres de Katniss parecen tenerlos. Con esto se entiende que los personajes están muy poco desarrollados, tan sumamente poco que no merece la pena ni buscarles un nombre. Además, son muy planos y la impresión que Katniss tiene de ellos es siempre acertada: Si tienen aspecto astuto, son astutos; si parecen brutos, lo son; si le resultan agradables, aunque no haya hecho nada para parecerlo, serán una buena compañía y, casualmente, revolucionarios que luchan por la libertad del pueblo oprimido.

Todo esto viene a ser una prueba de algo que durante todo el libro se encargan de demostrar continuamente: tenemos una protagonista perfecta. No solo es una muy buena juez del carácter ajeno, también es una superviviente, es natural y sincera, no se anda con rodeos, siempre hace lo correcto, muestra su generosidad sacrificándose por su hermana (aunque no le importe ser cruel con su madre y humillarla antes de partir). Por si fuera poco, cuando canta, los pájaros callan para escucharla. Tiene un gran don para hacerse querer y convertirse en todo un símbolo de la revolución.

Sin embargo, presenta una modestia muy falsa. Se sabe con unas cualidades de cazadora superiores a las de cualquiera de sus contrincantes, pero se asombra de recibir una buena puntuación por ello. Con todo, detesta encontrarse con que alguien tiene una cualidad de la que ella carece y no deja de mortificarse al respecto.

En cuanto a Peeta, no hace más que estar enamorado de Katniss desde el principio y sacrificarse por ella. En los dos primeros libros no presenta ningún cambio, hasta que, ya en el tercero, es víctima la crueldad del Capitolio. Sin embargo, a penas se muestra este cambio y pronto vuelve a su estado original de enamorado.

Gale es un desconocido en los primeros libros, y en el tercero se nos muestra en una nueva faceta de soldado, muy similar a la de cazador que ya conocíamos. Realmente no hay más que decir.

Dos de los personajes más queridos de esta saga son Prim y Rue. Prim es la hermana pequeña de Katniss, a la que adora y que a su vez se hace querer por todos los que la rodean por su dulzura. Rue es una chica que participa en los Juegos del Hambre con Katniss, quien no puede evitar ver a su hermana en ella. Estos dos personajes están creados conmover al lector, como símbolo de hasta dónde llega la maldad del Capitolio. Pero se les dedica tan poco tiempo que resulta difícil encariñarse con ellas más que utilizando nuestra propia imaginación.

A todo esto, no entendemos cual es la función exacta del símbolo del Sinsajo que luego Katniss representa. Conocemos su origen como emblema de la revolución, pero no deja de ser más que un cúmulo de casualidades sin relación, sin un significado más profundo y cuya mayor importancia es el márketing.

Es una lástima que una idea que en un principio parece tan atractiva y que podría catalogarse fácilmente en el género adulto y de aventuras, todo esto se pierda debido a la aglomeración de temas que se tocan. Son tantos que no da tiempo a desarrollar apropiadamente ninguno de ellos, siendo el que cobra mayor protagonismo en todos los libros el de la moda y la estética. Toda una contradicción teniendo en cuenta los ideales que la autora parece querer ensalzar. ¿No es contradictorio que si se hace una crítica a la obsesión por la moda se escriban más de ochenta páginas seguidas sobre depilación, maquillaje y vestuario? O que se condene la obsesión por la delgadez cuando este es uno de los punto fuertes de Katniss.

A lo largo de la lectura se puede apreciar la similitud de la historia con otras más o menos conocidas por el gran público, desde el mito de Teseo y el minotauro hasta libros de Stephen King, pasando por películas de culto como Battle Royale. A pesar de esto, una de las características más apreciadas de esta obra es, según se dice, su originalidad. Junto con esto, debemos admitir que se trata de una obra muy entretenida y de fácil lectura que entusiasmará a muchos jóvenes y a todos aquellos que quieran pasar un buen rato disfrutando de una amena lectura.

Quizás si no lo hubieran vendido como un nuevo estilo de novela nunca visto hasta ahora, no nos hubiera decepcionado tanto. Con todo se trata de una excelente oportunidad de introducir a los más jóvenes en el concepto de novela distópica.
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