lunes, 28 de diciembre de 2015

Premios Koreander - IV Edición

¿Será verdad o será una inocentada?

Señores, crean lo que ven sus ojos. Por cuarta vez tenemos el gran honor de darles la bienvenida a la entrega de los Premios Koreander, en los que en cada época Navideña premiamos simbólicamente a los libros que más nos han llegado de acuerdo a una serie de categorías que nos vamos inventando.

Y, como cada año, empezamos con los requisitos que debe seguir un libro para ser candidato a un Premio Koreander:
  1. Deben ser libros que alguna de las autoras del blog haya leído ese año, no importa cuándo fueran escritos. 
  2. Tienen que llamar la atención de las mismas de un modo especial, sobresaliendo por encima otros de su género, de modo que tenga un aspecto que lo caracterice como parte de alguna de las categorías.
  3. No son válidos relatos cortos o poemas, a no ser que se trate de una obra de recopilación. La obra premiada debe ser mínimamente extensa, como una novela corta.
  4. No se premian sagas completas, tan solo un único libro por saga y año. 
  5. Se tendrán especialemente en cuenta las recomendaciones de los lectores del blog a la hora de leer para nominar. Aunque eso no garantice que consiga el premio. Ya sabéis, a participar de forma más activa. En próximas ediciones agradeceremos a aquellos que nos hayan recomendado algún libro, haya o no ganado. En el caso de que gane, además, lo incluiremos junto al nombre del libro premiado. 
  6. Nos comprometemos a hacer una crítica de todos los libros recomendados y premiados, ya sea antes o después de la edición correspondiente, siempre y cuando sean libros de ficción. Esto no significa que libros no ficticios puedan comentarse en algún momento.
  7. Los Premios tendrán lugar cada mes de diciembre. Esto significa que solo entran en concurso los libros leídos entre enero y diciembre del año en que se otorga el Premio. 
  8. Una misma obra no puede estar en dos categorías a la vez ni ganar el premio en más de un certamen.
Para seguir, un repaso a las categorías que este año queremos distinguir:

La obra más terrorífica.
La obra más instructiva.
La obra más trágica.
La obra más cómica.
La obra más épica.
La obra más impredecible.
La obra más sorprendente.
La obra más hermosa.
La obra más tierna.
La obra más imaginativa.
La obra más decepcionante.

Y, finalmente, ¡recibamos con un redoble de tambor a los ganadores de este año!


No me peguéis por poner esta tontería, por favor.

Ganadora del Premio a la obra más terrorífica: Dracula de Bram Stoker.
Clásico de la literatura de terror donde los haya, el famoso conde transilvano ha atemorizado a generaciones de lectores desde que la novela que lleva su nombre viera la luz en 1897. En una era en la que los vampiros han perdido su carácter terrorífico en pro de nuevas facetas que poco tienen que ver con los originales, queremos recordar a la genial novela que, junto con Carmilla y El vampiro, definió la imagen del chupasangres que, a pesar de las nuevas tendencias, sigue formando parte del imaginario colectivo.

Ganadora del Premio a la obra más instructiva: La diosa blanca de Robert Graves.
¿Quién no ha oído hablar de la famosísima novela Yo, Claudio? El libro que aquí proponemos es obra del mismo autor. En esta ocasión, presentamos un interesante ensayo, una "gramática histórica del mito poético" donde Graves vuelca sus investigaciones en religiones y mitologías variadas, a la vez que introduce al lector en el mundo de la poesía, sin dejar de lado la crítica social.

Ganadora del Premio a la obra más trágica: La metamorfosis de Franz Kafka.
Dolorosa historia de un joven transformado en insecto, quizás su rasgo más triste es que sea es algo más que un simple relato de ficción, una alegoría de la sociedad que, a pesar de lo mucho que ha llovido desde que Kafka hiciera mover su pluma, no ha cambiado prácticamente.

Ganadora del Premio a la obra más cómica: Buenos presagios de Terry Pratchett y Neil Gaiman.
Tal y como predijo Agnes la Chalada, el Anticristo está entre nosotros. La batalla final entre el Cielo y la Tierra es inminente. Sin embargo, un ángel y un demonio demasiado humanizados tras pasar siglos infiltrados entre los hombres intentarán impedirlo. Pero un intercambio de bebés hacen que pierdan de vista al Vástago de Satán. Brujas, cazadores y los cuatro moteros del Apocalipsis completan el cuadro de personajes de esta hilarante locura traída de la mano de dos autores célebres por su imaginación y sentido del humor.

Ganadora del Premio a la obra más épica: Beowulf.
Epopeya anglosajona, de autor y fecha de composición desconocidos, que narra las hazañas del héroe gauta Beowulf, capaz de derrotar a jotuns y dragones. De importancia comparable al Cantar de mío Cid o El anillo del Nibelungo, este poema épico ha sido tratado por innumerables estudiosos, siendo JRR Tolkien uno de los más notables.

Ganadora del Premio a la obra más compleja: El nombre de la rosa de Umberto Eco.
Novela oscura donde las haya, ni su propio nombre tiene un significado claro. A diferencia de su adaptación fílmica (genial, por otra parte), no es simplemente una novela de crímenes y misterios. Para poder disfrutarla, hay que hacer el complicado ejercicio de ponerse en la piel de personas tan diferentes a nosotros como monjes medievales para así poder comprender sus motivaciones, inquietudes y filosofía... Y también soportar la larga descripción de alguna que otra revelación mística.

Ganadora del Premio a la obra más impredecible: Las amistades peligrosas de Pierre Choderlos de Laclos.
Todo vale en el amor y la guerra, pero en la guerra de la seducción, nadie como de Merteuil y Valmont. Esta pareja de libertinos traerán a más de uno de cabeza con sus conquistas y venganzas. Quiénes serán sus próximas víctimas y de qué modo conseguirán doblegarlas son dos de las preguntas que nos hacemos ante esta novela llena de reveses y escándalos.

Ganadora del Premio a la obra más sorprendente: La quinta ola de Rick Yancey.
Sin dejar de pertenecer al popular grupo de novelas (post) apocalípticas que tanto abundan hoy en día, La quinta ola nos ha conseguido llamar la atención para bien. Un historia bastante digna y personajes coherentes en el primer volumen de una trilogía que esperemos no nos decepcione.

Ganadora del Premio a la obra más hermosa: Peter Pan en los jardines de Kensington de J M Barrie.
Conozcan las costumbres de las hadas en un relato que narra las aventuras del niño que no quería crecer antes de su aparición en Peter Pan y Wendy. Si queréis conocer la vida de Peter antes de conocer a los tres hermanos Darling, no dudéis en echarle un vistazo.

Ganadora del Premio a la obra más tierna: La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa.
La historia de una asistenta doméstica y madre soltera que debe hacerse cargo de un huraño y anciano profesor de matemáticas cuya memoria solo dura 80 minutos. Contra todo pronóstico, la mujer será capaz de tocar el corazón del profesor, quien se encariñará con ella y su hijo, al que comienza a instruir en los números, haciendo las veces de maestro y abuelo.

Ganadora del Premio a la obra más imaginativa: El Imperio Final de Brandon Sanderson.
En el primer libro de su trilogía Nacidos de la bruma, Sanderson nos propone un mundo de ceniza donde las plantas son marrones, el amo supremo gobierna desde hace siglos gracias a su inmortalidad y una serie de humanos especiales, los neblinos, son capaces de asimilar metales para hacer magia basándose en principios físicos. Si no os parece suficiente imaginativo, no sabemos qué será lo que os satisfaga.

Premio especial a la obra más decepcionante: Utopia de Tomás Moro.
Aunque su importancia es innegable, las ideas de este santo han resultado un poco absurdas. Además de que su corta extensión no evita que se haga largo.

Estas han sido nuestras propuestas. ¿Y las vuestras? ¿A quiénes premiaríais? ¡Dejádnoslas en los comentarios!

¡El equipo de Koreander en Bibliópolis os desea que el año que entra venga cargado de lecturas y muchas más cositas buenas!

sábado, 19 de diciembre de 2015

Demian

Debo reconocer que comencé este libro sin muchas expectativas. No hacía mucho que había leído El lobo estepario, también de Hermann Hesse, y, la verdad, es que dejó bastante fría. No por ser un mal libro o carecer el autor de talento, sino porque no terminé de pillarle el punto, había algo que se me escapaba. Seguramente su lectura no llegaba en el mejor momento.

Con todo, al final me atreví con Demian, novela bastante corta publicada en 1919, pocos años después del fin de la Gran Guerra. Quizás por hubiera visto años tras años el título en la querida estantería paterna y eso me lo convertían en una obra más amiga. Quizás porque me seducía la cálida voz del narrador del audiolibro que había encontrado. Quizás porque quise darle una segunda oportunidad a un autor que reconocía como bueno. El caso es que, finalmente, conocí a Max Demian.

El estilo característico de Hesse quedó claro ya en los primeros párrafos. Depurado, claro, donde no se deja nada al azar, ni una palabra falta y ni una palabra sobra. Exacto y preciso, sin estar exento de lirismo, sutil y hermoso. Esto, ciertamente, era algo que ya pude apreciar en El lobo estepario, si bien me pareció que la belleza, de marcados contrastes, era aún más viva (magnífica la contraposición el mundo de luz y el de oscuridad que el protagonista hace al comienzo, de una belleza y una candidez tan conmovedoras que te obliga a continuar buscando más).

Como reza un subtítulo cada vez más olvidado, Historia de la juventud de Emil Sinclair, conocemos la infancia, adolescencia y juventud de este personaje de mano de una versión más adulta de él mismo. Hijo de buena familia, Emil no tarda en ver cómo se produce la ruptura con la rectitud y la seguridad del hogar cuando malas influencias externas comienzan a aparecer en su vida. Comenzará a ver el mundo fuera del amable y pulcro ámbito familiar, un mundo cruel y sucio, donde las personas se valen de mentiras, chantajes y demás diabluras para conseguir sus objetivos. Un lugar donde imperan vicio, maldad y desorden.

Como a todos nos ocurre tarde o temprano, Emil debe dejar el nido, enfrentarse a la suciedad exterior
Amanecer en el océano, de Vladimir Kush
y buscar su propio mundo de luz. De la infancia a la adolescencia y de la adolescencia a la juventud, los retos y tentaciones que salen al paso de Emil son cada vez más difíciles de sortear y, a la vez que irá conociendo las maldades y bondades del mundo en el que ha sido arrojado, deberá conocer las suyas propias.

Muchas veces Emil se encontrará traicionándose a sí mismo, puesto que el camino que recorre es confuso. En ocasiones, estará solo. Y mientras tanto, sus dudas y miedos van creciendo. Las cuestiones clásicas quiénes somos y de dónde venimos. Si existe Dios, quién es. Cuál es el modo correcto de actuar.

Pero tarde o temprano, a pesar de su soledad, la figura de Max Demian, amigo, mentor, y ángel de la guarda, un compañera de escuela un poco mayor que él, siempre acaba apareciendo para ayudar a Emil a expandir sus horizontes y a no perderse en el camino. Nunca conforme con los cánones convencionales, Demian anima a su amigo a reflexionar sobre el bien y el mal, la religión y el poder de la mente.

Búsqueda de la propia identidad, psicoanálisis, gnosticismo, despertar de las pasiones y una amor fraternal conmovedor en el más claro ejemplo de bildungsroman (o novela de desarrollo), que impactó fuertemente a toda unageneración de jóvenes que sufrieron la guerra y que fue catalogada por el contemporáneo de Hesse, el también escritor Thomas Mann, como obra maestra.

Y creo que no hace falta añadir que me ha encantado.

lunes, 30 de noviembre de 2015

La metamorfosis

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. 


Así comienza la tragedia  de un joven trabajador que, a pesar de su cambio físico, no pierde la conciencia de su ser ni su raciocino, del mismo modo que sigue entendiendo el lenguaje de sus familiares, aunque su nueva condición no le permita reproducir los sonidos.

Novela brevísima de Franz Kafka, el perturbado autor de Bohemia, La metamorfosis es una desgarradora alegoría maravillosamente narrada de la sociedad que, por desgracia, en ciertos aspectos no ha cambiado desde la publicación de esta obra.

A pesar de ser una visión repulsiva para el resto de personajes, Gregor se nos muestra como un ser lleno de amor y abnegación que en ningún momento deja de esforzarse por el bien de su familia, cuya desgracia por su propia causa lo atormenta: no solo es un monstruo a sus ojos, sino que, al quedar impedido, no puede trabajar para mantenerlos, por lo que los ancianos padres se ven forzados a trabajar, al igual que la hermanita, cuyo talento como violinista no podrá desarrollarse. Además, tienen ahora que alimentar al insecto que está encerrado en una de las habitaciones…

A Gregor realmente no le incomoda demasiado su nueva apariencia, se la toma con una naturalidad sorprendente. De hecho, su intención es continuar con su vida y volver al trabajo, idea que pronto tiene que desechar. Es el ser considerado una aberración y una carga por los que más quiere lo que lo mortifica.

La familia Samsa, por otro lado, resulta desesperantemente desagradable. Nunca llegan a intimar ni conocer a Gregor como los lectores, y el rechazo que le profesan al insecto es descorazonador. Si bien le procuran una habitación y alimentos y lamentan la pérdida del hijo o hermano, no se molestan por comprobar que Gregor sigue siendo el mismo, que bajo su exoesqueleto continúa viviendo un alma dulce que los adora y que, si se esconde, es para que no tengan que sufrir con su repulsiva apariencia.

Quizás lo más desalentador es que las reacciones de los padres y la hermana, cada una distinta, son perfectamente comprensibles. Miedo, repulsión, negación, resignación… Sería una locura no temer a  un escarabajo gigante. Y, sin embargo, ese bicho inmundo no deja de ser un hijo o hermano enfermo y necesitado de ayuda, pero al que es más fácil dejar de lado en lugar de tragarse el asco e intentar ayudar. Es doloroso desde el punto de vista del lector, que entiende la terrible situación de Gregor, enfrentarse a la cruda realidad de nuestra naturaleza humana y darse cuenta de lo reales que son todos estos personajes.

Uno de los puntos más llamativos y terribles es, quizá, cuando Gregor se da cuenta de lo prescindible que resulta para una familia que él mismo se había cargado a la espalda. Había sido el eje central, trabajaba por y para ellos, siempre sacrificándose... pero ahora se enfrenta al hecho de que su sacrificio no era sino un abuso continuado por parte de una familia que se acomodó a su costa. Le hicieron creerse necesario para después desdeñarlo y seguir adelante con más energía que cuando él estaba a su lado.

Kafka supo plasmar todas las emociones de sus personajes en el libro, en el que volcó sus demonios interiores. Un relato estremecedor sobre la soledad, el dolor y el egoísmo, pero también sobre el amor y el sacrificio.

jueves, 29 de octubre de 2015

El extraordinario caso del doctor Jekyll y míster Hyde

Todo el mundo conoce al doctor Jekyll como un caballero educado y gentil, que siempre ha aspirado a ser un ciudadano serio y respetable, expectativas que parece haber alcanzado. Sin embargo, preocupa cada día más a su círculo de amigos más cercanos. Su gran amigo y notario, Utterson, no entiende por qué motivo Jekyll planea dejar su fortuna a un tal Edward Hyde, un hombre hasta entonces ajeno del que cuando pregunta solo recibe malas referencias. Jekyll reconoce sentirse obligado con Hyde y Utterson sospecha que su amigo es víctima de un chantaje. 

Escribe, Roberto Luis
No es necesario que sigamos hablando del argumento de esta celebérrima novela corta, pues raro sería encontrar a alguien, independientemente de su edad, que no conozca El extraordinario caso del doctor Jekyll y míster Hyde, relato que ya antes de su publicación estuvo acompañado de escándalo, pues se dice que el propio Robert Louis Stevenson  quemó su primer manuscrito, aterrado por el tipo de historia que estaba creando. Por suerte para todos, la reescribió desde el principio.

Su propio éxito podría considerarse también su mayor tragedia, puesto que cuando nos embarcamos en esta lectura lo hacemos conociendo la identidad de Hyde, que, sin embargo, es un misterio hasta el mismo final de la novela. Es una lástima que, estando tan deliciosamente construida para dejarte con la boca abierta al final, por su fama esto ya no es posible. 

Sin embargo, eso no le resta para nada encanto, pues a pesar de que el giro argumental es asombroso, no es menos impresionante su estilo narrativo y, especialmente, destaca su carácter alegórico sobre la naturaleza humana, sobre el bien y el mal. 

Ya adentrándonos en spoilers que, como hemos dicho, no pueden considerarse como tales, queremos destacar una concepción que entendemos equivocada del personaje, como suele ocurrir con todos los clásicos que han pasado a formar parte de la cultura popular de una forma alterada por sus numerosas adaptaciones, no siempre acertadas.

A raíz de esto se ha perpetuado la idea de que la pócima desarrollada por el doctor proporciona al que la consume una personalidad completamente nueva y volcada únicamente a hacer el mal. 

Pero si nos acercamos a la novela dejando a un lado las ideas preconcebidas y dispuestos a conocer la historia desde cero, descubrimos que esto no es cierto totalmente. El propio Jekyll nos hace saber que Hyde no es una criatura artificial que haya surgido como producto de los experimentos, sino que ha formado parte de la persona desde su nacimiento y que el verdadero propósito de la pócima es liberar los rasgos de la personalidad que mantenemos ocultos.

Todo el mundo puede matar. Todo el mundo puede hacer daño. Todo el mundo puede ser increíblemente grosero. Pero la mayoría intenta contener ciertas pasiones primarias e instintos para vivir en una sociedad y ser aceptado como miembro de la comunidad. 

Y eso es lo verdaderamente terrorífico. Todos tenemos un Hyde dentro de nosotros. Agazapado, dispuesto a salir en el momento en el que tengamos las defensas más bajas o amparados bajo el manto del anonimato. Que estas pasiones oscuras se nos hagan incontrolables, o que lo sean para alguien al que teníamos por normal, es una idea que nos perturba y nos incomoda, porque todos lo hemos temido en algún momento.

Y, en cambio, qué diferente sería si esta poción se le administrase a los peores criminales. Continuando con las explicaciones de Jekyll, el lado menos desarrollado de su personalidad, en este caso la más bondadosa, saldría a la luz. 

Con estas reflexiones, finalizamos nuestro tercer Mes del Terror. Esperamos que hayáis tomado nota, no actuéis como los pacatos victorianos que destruyen sus mejores relatos de terror: Compartid los vuestros con nosotras y animaos a leer los que aquí os hemos dejado.

viernes, 23 de octubre de 2015

El rostro

¿Cuántas cosas existen que pueden causar terror? Hay muchas discusiones con respecto a qué arquetipo del horror inspira un mayor miedo. Discusiones por todas partes: momias, vampiros, hombres lobo, muertos vivientes, demonios... y sin embargo, estamos tan empeñados en buscar el terror en lo sobrenatural que olvidamos lo que de verdad, incluso al más aficionado a este género, puede aterrorizar.

Las pesadillas.

¿No es irónico? Estamos tan acostumbrados a centrarnos en lo sobrenatural, en lo que por lógica damos por hecho que no es sino una fantasía creada a propósito para provocarnos rechazo, que olvidamos que existen terrores nocturnos en la vida real de los que ninguno de nosotros estamos libres. Por supuesto, hay otros motivos de horror en el mundo que nos rodea: la maldad está presente en forma de cacos, agresores, asesinos... pero uno puede pasar por la vida sin encontrarse con uno de ellos. Sin embargo nadie está a salvo de tener pesadillas.

Freddy sí que me daba pesadillas
Las pesadillas están tan presentes y son tan variadas que han inspirado varios libros e incluso hubo una serie de terror juvenil tanto televisiva como en forma de libros con ese título... uno de los íconos del terror, Freddy Krueger, se mueve entre los sueños de los jóvenes para vengarse por fechorías pasadas. Sin embargo, no es éste el personaje del que habla el relato de esta semana.

Si algo hace particular a E. F. Benson como autor del género de terror es su necesidad de explicar y desvelar llanamente y sin aspavientos el misterio que envuelve la historia. La tensión de sus personajes rara vez es compartida por el lector ya que desde el principio solemos tener una idea de qué atormenta a los protagonistas. Pero no es el caso de El rostro.

Hester Ward es una mujer sencilla, casada y con dos hijos que presume de tener una vida plena y maravillosamente feliz. No hay nada que pueda desear y sin embargo... hay una tormenta desatada en su mente. Y todo por un sencillo sueño. Durante toda su vida, siendo niña, Hester ha tenido el mismo sueño en el que recorría el mismo paisaje hasta llegar a un cementerio abandonado. Una vez ahí el sueño termina, pero solo para continuar a la noche siguiente con la aparición de un rostro que siempre le ha prometido que, cuando crezca, irá a por ella. Mucho ha pasado desde la última vez que lo tuvo, pero ahora el primer sueño ha reaparecido y teme la noche que está por llegar. Y no en vano, pues en esta ocasión el rostro le promete que pronto estarán juntos... un rostro que poco después identifica en un retrato de hace doscientos años.

No diré más, pues a partir de aquí se desarrolla todo el misterio. Reconozco que leí el libro con la seguridad de que pronto descubriría qué ocurría con aquel hombre misterioso de los sueños de Hester, para qué la quería y cuál sería el final. A menudo Benson nos deleita con finales felices, un caso extraño en los relatos de terror... pero me atrevería a decir que aquí, con este breve cuento, el autor se saltó todas las normas que caracterizan su estilo.
El retrato, al parecer, era un Van Eyck
Y quizá sea por eso por lo que me recorrió un escalofrío cuando solo me quedó el consuelo de elucubrar sobre qué demonios había pasado en esta historia en la que todo parece tener mucho sentido y, justo al final, sientes la realidad quebrarse por completo.

Igual que al despertar de una pesadilla.

sábado, 17 de octubre de 2015

La araña

En un pequeño hotel parisino ocurre un hecho extraño: tres hombres se han suicidado en la misma habitación. En ningún caso se encontró ningún tipo de nota, ninguno de los tres hombres tenía aparentes motivos para quitarse la vida (el tercero fue el agente que investigaba las muertes anteriores), los tres se han ahorcado con el cordón de la cortina, y lo que es más curioso: los tres se quitaron la vida en sábados sucesivos a la misma hora. Tras esto, la habitación queda vacía hasta que un joven estudiante, ante la promesa de alojamiento gratis si coopera con la policía en la resolución del caso, vuelve a llenar la habitación. Pero en lugar de buscar pistas, el estudiante prefiere observar a la bella joven que hila en el edificio de enfrente y, también, a las arañas que vagan por la habitación.


Las arañas son unos de los seres más escalofriantes que se me ocurren. Ya sea por su inquietante apariencia, su forma de moverse, o la posibilidad de recibir un pinchazo de un aguijón ponzoñoso, la mayoría de los seres humanos preferimos evitarlas en la medida de lo posible.

No es, por tanto, de extrañar que hayan inspirado el relato que hoy presentamos, La araña. Sin embargo, para mi sorpresa, esta criatura apenas está presente físicamente en el relato. La mayor parte del mismo son las anotaciones que el estudiante lleva a cabo en su diario, donde cada vez ocupa más páginas la joven hilandera a la que románticamente se refiere como Clarimonde. Aún así, la presencia, por escasa que sea, del mencionado artrópodo, enriquece enormemente la atmósfera inquietante y desapacible que se vive en el cuarto del estudiante, por mucha importancia que este quiera restarle.

Su obsesión por Clarimonde, lejos que parecer enternecedora, no deja de ser indicio de que realmente algo sobrenatural y oscuro ocurre, más aún si prestamos atención a la condición de hilandera que une a Clarimonde con el venenoso animalillo (para más inri, la raiz de la palabra "araña" en alemán, "Spinne", es la misma que "spinnen", hilar).

Con una obra tan recomendable, alabada por el mismísimo Lovecraft, no hay sino que lamentar que la producción de su autor, el germano H. H. Ewers, quien además hizo importantes aportaciones al cine surrealista de su país, se haya visto marcada por su afinidad con el partido nacionalsocialista. A pesar de ello, creo que es una pena que una producción se pierda por motivos ajenos a su calidad que, en este caso, es bien remarcable.

lunes, 12 de octubre de 2015

Las nupcias de la muerte

Una novela de terror. Si yo os pidiera que mencionarais una novela de terror lo más seguro es que la primera que se os viniera a la cabeza fuera Drácula de Bram Stoker. Y no en vano: se trata de un clásico entre clásicos que ya reseñamos aquí por tratarse de uno de los grandes favoritos de todos aquellos que lo han leído.

No vamos a empezar este especial con el tema de los vampiros que tan en boga está en los últimos años... pero casi. Este especial del Mes del Terror comenzará con un relato del mismo autor, o mejor dicho, un fragmento del mismo. La obra completa se llama La joya de las siete estrellas. A algunos les sonará porque está considerada como la segunda mejor obra de Stoker. Esta vez, en lugar de un vampiro nos encontramos con otro ser igualmente clásico y aterrador, otra figura que es incapaz de descansar eternamente: la momia. 

Reconozcámoslo: el tema de las momias ha sido muy maltratado tanto a nivel literario como cinematográfico. En comparación con otros arquetipos no ha sido muy utilizado y cuando se ha hecho se ha puesto más hincapié en la aventura y el romance que en el propio terror de esa criatura que vuelve de entre los muertos para... ¿qué? ¿Qué puede querer una momia de nosotros? Los vampiros buscan la sangre, los zombies nuestro cerebro, pero ¿una momia?

La dificultad de manejar este arquetipo reside precisamente ahí, en la dificultad para justificar el ataque de la misma. Y sin embargo, Bram Stoker utiliza esa dificultad para envolver todo su relato con una sombra de misterio y duda que no nos abandona en ningún momento. 

Un arqueólogo llamado Abel Trelawny se reúne en su casa con su hija Margaret, el prometido de la chica, Malcolm, y un par de hombres más. El objetivo es sencillo en apariencia y complicado en forma: a través de una mezcla de esoterismo y ciencia, principalmente utilizando la luz eléctrica, pretende reanimar el cuerpo de una faraona egipcia, la reina Tera, que guarda celosamente en su mansión. Poco a poco, la tensión de las preparaciones, los malos augurios y los cambios de humor que se suceden entre los protagonistas contribuyen a crear una atmósfera agobiante.

Hatshepsut, la mujer faraón cuyo descubrimiento inspiró esta obra
Tanto es así, que el final fue censurado. Tal como lo leéis: el final, catastrófico como poco, fue eliminado y se obligó al autor a reescribir un final no ya edulcorado, sino completamente contrario a lo que había concebido en un principio. Un final feliz.

Las nupcias de la muerte, un breve relato incluido en el libro Los cuentos de medianoche de Bram Stoker nos trae de vuelta el final original de la novela. Al leerlo he podido entender por qué pidieron que lo retirara: me encontraba a mí misma sentada en una cafetería mientras leía, removiéndome incómoda en mi asiento mientras trataba de que la gente no notara mi desasosiego. Me quedaba contando las páginas que quedaban para el final. No porque se me hiciera infumable, aburrido, ni nada por el estilo, sino porque la tensión era tanta que no podía creer que la tensión fuera escalando todavía más, que un hombre que ya me había fascinado con Drácula fuera capaz de hacerme sufrir tanto con una atmósfera tan asfixiante y maravillosa. 

Uno cree saber por dónde van a ir los tiros cuando se descubre el extremo parecido entre Tera y Margaret, pero nada más lejos de la realidad. Y sin embargo, quiero hacer notar el hecho de que Bram Stoker, al contrario que la mayoría de sus contemporáneos, hizo aquí lo mismo que en Drácula: reivindicar la inteligencia y la independencia de las mujeres, algo que empezaba a despuntar en su época pero que aún no estaba completamente aceptado.

Cuando todo termina, a pesar de haber estado contando las páginas, tienes la sensación de que necesitas más. Necesitas más explicaciones. Te sientes como el protagonista de la obra, el pobre Malcolm, que no entiende nada y a la vez, no necesita más para saber lo que ha ocurrido. Y como él, lo único que te queda, es pasar página y tratar de olvidar algo que, de todos modos, no dejará de darte vueltas en la cabeza.
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