sábado, 5 de octubre de 2013

Especial Mes del Terror - I Edición

Desde hace algún tiempo, algunas de las autoras que llevamos este blog habíamos planeado hacer nuestra particular aportación a los tres días más terroríficos y macabros del año: Noche de Brujas, Día de Todos los Santos y Día de los Muertos o Día de los Difuntos, que como ya sabemos, se celebran del 31 de octubre al dos de noviembre. 



Para amenizar un poco más estos días de rezos por las almas de los fallecidos y el temor por los espectros que puedan presentarse en el umbral de nuestras casas, hemos creado el Especial Mes del Terror, sección que traeremos de vuelta cada mes de octubre con el fin de recomendar obras de temática tenebrosa que no solo no desentonen con el espíritu de estas fiestas, sino que sean candidatos idóneos para compartir a la luz de una linterna.



Nuestro propósito (más bien reto) se resume en los siguientes puntos:
  1. Recomendaremos una obra semanal durante todo el mes de octubre, para que así al llegar el día 31 nuestros lectores tengan al menos cuatro historias que compartir.
  2. Traeremos únicamente relatos cortos o poemas que no necesiten mucho tiempo para leerse y que sean adecuados para la lectura en grupo, dado que lo interesante es leer varias historias en una misma noche y que se mantenga el interés de todos los oyentes. Por lo tanto, durante este mes no actualizaremos sobre novelas.
  3. Un mismo autor no aparecerá más de una vez en cada edición. Así las recomendaciones serán más variadas y nuestros lectores tendrán más posibilidades de encontrar relatos a su gusto. Sin embargo, un autor recomendado este año puede aparecer en ediciones futuras. 
  4. Obviamente la temática de las obras debe estar relacionada con el terror, independientemente de la forma en la que se presente. Recomendaremos obras de terror psicológico, de carácter más gótico o incluso gore, sin olvidarnos del terror más tradicional. Una vez más, queremos traer variedad para satisfacer al mayor número de lectores posible.


Con esto doy por concluida la presentación y comienza oficialmente el Especial Mes del Terror de Koreander en Bibliópolis. A los que no es agrade este género, recordad que en noviembre todo volverá a la normalidad. Y a los que no podáis esperar, os dejos los enlaces a las novelas góticas y de terror que ya hemos comentado:

  • Carmilla: La sensualidad y delicadeza de una mortífera vampiresa hacen no solo que aumente la fascinación hacia ella, sino también su letalidad.
  • Drácula: Un joven notario británico viaja hasta Transilvania para finalizar una venta con el vampiro más famoso de la historia.
  • El fantasma de la ópera: ¿A quién pertenece la voz que Christine oye entre las paredes de la Ópera de París? ¿Será la del misterioso fantasma que tiene atemorizados a empleados y patrones? 
  • Indigno de ser humano: Una dolorosa obra sobre el miedo no solo a la gente que te rodea, sino a ti mismo.
  • La isla del doctor Moreau: Escalofriante reflexión sobre la ciencia descontrolada narrada por un náufrago que llega a una isla cuyos habitantes traspasan la línea de lo animalesco y brutal.
  • Otra vuelta de tuerca: Los fantasmas que se aparecen ante la institutriz de Flora y Miles, ¿son realmente espectros o producto de su imaginación? ¿Qué extraña relación les une con los niños?
  • El retrato de Dorian Gray: Reinterpretación del mito de "Fausto", en el que el alma de un joven virtuoso se ve corrompida ante un peculiar pacto con el Diablo y la promesa de la eterna juventud.

¡Que paséis mucho miedo!

martes, 24 de septiembre de 2013

El asno de oro

Una de las muchas representaciones
de Eros y Psique de Bouguereau
Los autores grecolatinos cuyos nombres se han conservado hasta hoy día se ha considerado durante toda la historia como referentes indispensables para todos los estudiosos, sea cual sea su campo de investigación. Estén o no desactualizados, estos autores asentaron las bases del pensamiento y saber occidental, de ahí que no podemos permitirnos el lujo de olvidar a los más importantes.

Sin embargo, esta desactualización, si bien no resta mérito a las obras, sí que dificulta bastante que el lector pueda acercarse a ellas por mero entretenimiento. En lo que a la literatura se refiere, algunos textos clásicos se hacen poco atractivos como pasatiempo y se han convertido en un tipo de lectura más propia de los intelectuales y estudiosos que para lectores ocasionales.

Representación romana de Isis
El asno de oro (como se conoce desde la época de San Agustín de Hipona a Las metamorfosis de Apuleyo), única novela latina que ha llegado a nuestros días, es curiosamente un libro que puede leerse perfectamente durante una aburrida tarde de verano en la que el lector no busca otra cosa que distraerse. A mí me ha resultado bastante increíble que la que tomé por una obra pesada a día de hoy siguiese siendo tan amena y entretenida.

Apuleyo ha tenido la maestría de escribir una novela prácticamente atemporal, pues diecinueve siglos después de su primera publicación sigue casi tan fresca como el primer día (no completamente, puesto que por suerte las escenas de maltrato animal y a las clases bajas, así como la concepción de mujer como ser de naturaleza malévola, son cada vez más censurables).

Parte de esta frescura reside en la introducción de historias dentro de la misma historia, pues El asno de oro es realmente una recopilación de relatos breves intercalados entre las aventuras y desventuras del protagonista, quien narra no solo su propia historia, sino la de aquellos con los que convive y casi cualquiera que llega a sus oídos. 

A la derecha, Lucio, nuestro protagonista
La temática de las mismas es variada, lo que le da otro punto favorable: historias tanto de magia y fantasía como escenas de la vida cotidiana tan propias del siglo II d.C. como del actual, repletas de celos, infidelidades, romance y un humor muy, muy picante. El carácter doméstico se ve reforzado por un lenguaje más bien cercano, nada grandilocuente o elevado. Pero sin perder un ápice de calidad, a pesar de que la historia sí sea un tanto rocambolesca.

En cuanto al argumento… A los oídos del joven Lucio llegan rumores de que su anfitriona es una bruja de grandes poderes. Movido por la curiosidad, la espía mientras se aplica un ungüento que la convierte en búho y decide obrar del mismo modo. Desgraciadamente se equivoca de tarro y acaba convertido en un asno. El pobre Lucio va pasando de mano en mano, con más pena que gloria, hasta que decide recurrir a la diosa Isis.
Transformación de Lucio
según el cómic de Milo Manara, L'arsino d'oro.
No puedo terminar esta entrada sin volver a recomendar esta obra a quien no la haya leído. Aunque sea para leer la bellísima fábula de Eros y Psique, el arco más famoso y laureado de todos los que componen, dadle una oportunidad a esta novela picaresca que inspiró títulos tan dispares como El sueño de una noche de verano, Pinocho, La bella y la bestia o La metamorfosis kafkiana.

lunes, 9 de septiembre de 2013

La máquina del tiempo

Creo que gran parte del público debe conocer ya mi afición por las distopías literarias. Lo que quizá no sepan tantos es la debilidad que siento hacia la literatura anglosajona del siglo XIX. Y ya si mezclamos ambas... creo que os puede dar una idea de qué novela es la que voy a tratar aquí.


La máquina del tiempo de H.G. Wells. El tema ha sido tratado muchísimo en otros libros, en el cine y en la televisión. Es lo que se dice un clásico, un ícono de la cultura popular. La verdad es que al principio siempre da un poco de miedo acercarse a los clásicos, pero Wells tiene ese don para que, mientras lo lees, te parezca que te está hablando un buen amigo y no un intelectual como realmente era este autor.

El argumento no podía ser más sencillo: El Viajero, como llaman al protagonista, llega a su casa a una reunión de amigos diciendo que ha inventado una máquina del tiempo, con la que se ha trasladado nada más y nada menos que al año 802.701, algo que ninguno de ellos cree. A pesar de todo, les cuenta cómo allí encontró que los humanos había evolucionado a una raza llamada eloi, unos seres amigables pero carentes de inteligencia o fuerza. Más concretamente entabla una relación de amistad con la encantadora eloi Weena, que le explica cómo funciona su mundo. Sin embargo más tarde se encuentra con otras criaturas, los morlocks, que al principio confunde con esclavos de los eloi, pero pronto comprende que los morlock en realidad se alimentan de ellos... y hasta aquí puedo leer.

Debo confesar que disfruté enormemente de cada descripción que se hacía de aquel mundo del futuro, que me recordó mucho a las lecturas de mi infancia sobre viajes y aventuras como los de Gulliver, Miguel Strogoff, etc. Hacía mucho que no disfrutaba de ese tipo de novelas y ha sido un re-descubrimiento de lo más agradable.

Entre las cosas que más me gustaron del libro, está el estudio que el Viajero hace sobre las sociedades que se encuentra. Al principio, da por hecho que la debilidad de los eloi es producto de la ideología comunista, pues al eliminar el sentido de la competencia y no haber lucha alguna por la supervivencia, no había motivación para el desarrollo y las costumbres se relajaron hasta un punto irreversible. Cuando descubre a los morlock, en cambio, piensa que el sistema que se ha creado es una forma de capitalismo llevado al extremo en el que los morlocks son la clase trabajadora que ha evolucionado siendo explotada por la clase dominante, los eloi, hasta llevarlos a un punto tal en el que terminan cazándolos para subsistir.


Se trata de una novela especial no solo por la época y por ser precursora del género distópico, sino porque además aúna la ciencia-ficción con las novelas de aventuras con viajes a lugares exóticos y criaturas nunca vistas por el hombre. Quizá se pueda pensar que al tratarse de un libro que contiene muchos de mis géneros favoritos estaba destinado a gustarme... nada más lejos de la realidad, pues tiendo a ser bastante dura con las lecturas que abordan temas que disfruto, precisamente porque soy una gran lectora de ese tipo de literatura.

Cuando terminé de leerla me dejó un sabor agridulce, quería saber más, pero H.G. Wells te deja con la duda final que no hace sino engrandecer todo ese concepto de aventura y de lo ilimitado del tiempo. Se trata de un autor que disfruto mucho porque no intenta convencerte de que su forma de pensar es la correcta, sino que te expone los peligros de dejarse llevar por una forma de pensar u otra.

Aunque por otro lado, da la impresión de que ocurra lo que ocurra, el ser humano está destinado al fracaso, siempre hay un pequeño rayo de esperanza, el mismo que brilla en uno de los amigos del Viajero, que sigue esperando a que vuelva a casa para seguir contando aventuras. ¿Reales o ficticias? Quién sabe. Pero lo importante es vivirlas y compartirlas... antes de que se nos acabe el tiempo.


domingo, 18 de agosto de 2013

El gran Gatsby

En mi casa no solo somos muy aficionados a la lectura, sino que también nos gusta mucho el cine. Desde que iba al instituto mis padres comenzaron con la creación de una completa filmoteca y el visionado de alguna película se convirtió en la actividad familiar del fin de semana.

Robert Redford caracterizado como Gatsby
Entre esta algarabía de títulos fílmicos hubo muchos que me llamaron la atención, pero pocos me dejaron con el regusto agrio de El gran Gastby (1974). Tenía la impresión de que se me escapaban demasiados elementos, pues no entendía la aparente frivolidad de los personajes retratados. Nueve años más tarde he leído por fin el libro homónimo de F. Scott Fitzgerald, en el que la película se basa, pero la lectura, si bien al enfrentarme a la misma historia con una mayor madurez ha sido esclarecedora, no ha servido de edulcorante.

Jay Gatsby es un joven misterioso y enigmático, poseedor de una gran fortuna de origen incierto y autor de las más desenfrenadas fiestas de la Long Island de los años 20. El motivo de estas fiestas no es otro que el de atraer a Daisy Buchanan, una atractiva y chispeante joven de buena familia, casada con el infiel pero millonario Tom Buchanan, con la que mantuvo un romance cinco años atrás y a la que no puede olvidar. 

Daisy (Mia Farrow) y Gatsby

El gran Gatsby es la decadente historia del fracaso del sueño americano. Gatsby podría considerarse el arquetipo de hombre hecho a sí mismo, un joven de origen humilde que con poco más de treinta años ha montado un imperio, todo con el único propósito de ofrecerle a Daisy lo que no pudo ofrecerle cinco años antes. Los celos, la frivolidad y una avaricia insaciable por parte de quienes lo rodean empujan al luchador Gatsby hacia un dramático final.

Nick, Tom y Gatsby
La novela es una agria crítica a la sociedad de la conocida como Era del Jazz y al desenfreno anterior al Crack del 29. Destaca la oposición entre los ricos asentados, que por su linaje familiar se merecen el respeto de la sociedad, y los nuevos ricos de origen más humilde que son víctimas de habladurías y calumnias acerca de cómo consiguieron su capital (como ocurre con Gatsby); y la oposición de las clases acomodadas, que viven por todo lo alto sin necesidad de trabajar, con respecto a la clase trabajadora, que no puede permitirse faltar un solo día al trabajo (como el complaciente aunque íntegro Nick Carraway, narrador de la novela y uno de los pocos amigos de Gatsby).

Gente enamorada de sí misma y su dinero, sin más propósito en la vida que el de guardarse las espaldas y deleitarse en su apatía y seguridad, queriendo abarcar más de lo que pueden, sin preocuparse en las vidas que destruyen en su paso aplastante y desenfrenado por el mundo.

Pero el sueño de riqueza y belleza es frágil, especialmente para aquellos demasiado nobles como para aplastar a sus contrincantes. El tiempo no puede volver atrás, como la vejez no puede tornarse en juventud. Los accidentes no pueden evitarse, hay que despertar de todo sueño. Y un corazón corrompido por el dinero no puede resarcirse.

Reparto de la película homónima estrenada este año

Para quien no haya leído aún esta obra maestra, en la que el talento literario de F. Scott Fiztgerald se disfruta en cada página, recomendaría que, siempre que les sea posible, intenten hacerse con una buena edición, aunque vaya a salirle económicamente más caro. Algunas ediciones, como la de Debolsillo, tienen la ventaja de permitir al lector ahorrarse unas monedas, pero para ello se valen de traducciones antiguas, en la que los traductores profesionales no existían como tales y que, incluso hoy en día, siguen sin estar revisadas. Una pena.

sábado, 20 de abril de 2013

La isla del doctor Moreau



Reconozco que la ciencia ficción ha sido siempre una de mis asignaturas pendientes. Ya sea porque ciertas doctrinas nunca me interesaron, ya sea por la falta de un criterio bien definido a la hora de catalogar las obras pertenecientes a este género, todo aquello que se catalogase como “ciencia ficción” acabó por producirme irremediablemente un rechazo instantáneo nada más oír su temática. 

Que me perdonen los amantes del género, pero cada vez que intentaba un acercamiento encontraba mucha ficción y poca ciencia. Pareciera como si con tal de introducir un robot, vida extraterrestre o una ambientación futurista ya estamos ante una obra de ciencia, si bien nunca había una explicación científica más allá de que la robótica avanza a grandes pasos o que es desconocida la vida más allá de nuestro planeta. Explicaciones tan vagas, basadas en suposiciones aún más vagas, que me hacían difícil ver una diferencia real entre la ciencia ficción y la fantasía. Más bien parecía una fantasía con pretensiones a algo más.

Así que cuando en un cursillo literario hubo que leer y comentar algunas obras de H. G. Wells, uno de los padres de la ciencia ficción, afronté el reto con un tanto de recelo y más por obligación que por placer. Sin embargo, al poco de comenzar la primera obra quedé absolutamente encantada. La novela en cuestión recibe el nombre de La isla del doctor Moreau y es uno de los títulos más célebres del autor británico. 

Tras varios días como naufrago a la deriva, el joven Prendick es recatado por un barco que lo lleva a un misteriosa isla, habitada por unas personas de aspecto rudo y rozando lo bestial, donde un enigmático doctor llamado Moreau lleva a cabo experimentos secretos con diversos animales, de los que Prendick no oye otra cosa que los gritos de dolor de las fieras.

La novela tiene más de ciencia que la profesión de Moreau. Para cuando Wells concibió su obra, las teorías evolutivas de Darwin, que situaban al hombre entre los animales y no como un ser superior, tal y como se venía pensando, acababan de publicarse. Estas ideas de evolución (y su antagonista, la regresión) y de igualdad entre hombre y bestias, junto con la supresión de los instintitos, marcan profundamente el carácter de la novela, por no decir que la trama gira directamente en torno a ellas. Ni qué mencionar las abundantes explicaciones y reflexiones sobre cómo estos temas afectan a los hechos y experimentos que tienen lugar en la Casa del Dolor. 

Cartel promocional de la adaptación al cine de 1977
Narrada de forma sencilla y directa, sin rodeos, de forma clara y fácilmente comprensible, esto no le impide a Wells regodearse en una atmósfera asfixiante y angustiosa, de ansiedad y rozando lo terrorífico, ni escatima tampoco en poner sobre la mesa temas de reflexión y debate. Temas tan vigentes hoy en día como los derechos y la dignidad animal o qué es lo que diferencia realmente al hombre de los demás animales, si es que hay alguna diferencia real. Todo ello sin que el interés del lector en saber lo que ocurrirá a continuación mengue por un solo instante. No es una obra en absoluto aburrida, sino increíblemente adictiva. 

Creo que puedo afirmar que La isla del doctor Moreau ha supuesto un antes y un después en mi vida, no solo por la maestría de Wells, que hace imposible que le encuentre un solo defecto a la novela, sino por reconciliarme con todo un género literario.

jueves, 21 de febrero de 2013

El paraíso perdido

El paraíso perdido está considerada como una de las tres grandes obras épicas de la literatura inglesa, un hecho bastante insólito si tenemos en cuenta que su autor, John Milton, la concibió estando ya ciego.

En una época en la que todo entretenimiento estaba casi prohibido, la única temática considerada digna para ser escrita y por consiguiente, publicada, era la religiosa. El propósito aparente de esta obra era intentar acercar a los creyentes las razones por las que Dios permite el sufrimiento al ser humano. De este modo, la obra se centra en la rebelión de los ángeles caídos y la desobediencia de Adán y Eva.

El Demonio, siendo consciente del terrible destino que le espera decide tomar venganza de Dios seduciendo a su nueva obra, el ser humano, para demostrar su superioridad para con una Creación Divina. Resulta fascinante poder entrar dentro de la psique de un personaje tan complicado y perverso como el Demonio, y más aún lo es darse cuenta de cuán parecido nos lo muestra Milton a nuestra propia naturaleza humana. Sin embargo, al hablar de los ángeles y de Dios y su Hijo, estos se nos hacen tan lejanos e inalcanzables, completamente distintos a nosotros, que nos resulta imposible comprenderlos.


Quizá esa sea la clave que nos da para entender por qué el Hombre sucumbió a la tentación: Un ser al que comprendemos nos puede seducir con más facilidad, pues entiende nuestras necesidades y deseos de un modo que una criatura pura y elevada no puede hacer. A pesar de que Adán ya ha sido advertido por el ángel y Eva, que ya ha probado el fruto prohibido, es consciente de su desobediencia y del mal que causará, ni él duda en aceptar la manzana ni ella en ofrecérsela, temerosos ambos de ser separados.

El estilo de Milton resulta en exceso complicado. La obra original está escrita en verso blanco, sin rima, pero no es el problema que se nos presenta: la verdadera razón para su complejidad es su oscura sintaxis, que rompe con todas las reglas de la gramática inglesa, por no hablar de las múltiples referencias a diferentes personajes mitológicos y concepciones de la religión hoy poco conocidas.

Al margen de las numerosas críticas sobre la misoginia latente en la obra, dejando ver a la mujer como la culpable de los males y desgracias del mundo, siendo ella la causa principal de la caída del ser humano, yo prefiero quedarme con el hecho de que en efecto, es necesario que venga el mismo Demonio para poder convencer a una mujer para desobedecer a Dios, y sin embargo, basta una mujer para que el hombre rechace la gracia divina.


Como curiosidad, John Milton escribió más tarde El paraíso recobrado, sobre el modo en el que el sacrificio del Hijo nos ayudó a ganar de nuevo el derecho a la vida eterna al lado de Dios.

viernes, 8 de febrero de 2013

Asesinato en el Orient Express

Una opción que nunca falla cuando sentimos la necesidad de leer, pero no podemos decidirnos por un estilo en concreto es recurrir a las novelas de misterio. Este tipo de novelas nos provee de entretenimiento y cierto ejercicio intelectual sin que se haga pesado y siempre desde una perspectiva lúdica.

Por desgracia, son muy pocas las novelas de misterio que realmente suponen un reto para el lector. Suele estar bastante claro cual es la solución al susodicho misterio desde las primeras páginas. Al seguir todas las novelas los mismos parámetros dan poco lugar a la sorpresa. Es siempre demasiado obvio que el más inesperado acaba siendo el culpable, con lo que el entretenimiento que estos libros proporcionaban en un principio acaba siendo sustituido por la monotonía.


Agatha Christie no se permite el lujo de caer en este error, pues no consiente que sus novelas se vuelvan pesadas para el intrigado lector. Asesinato en el Orient Express es una envolvente novela que te atrapa desde el principio, haciéndote partícipe de la investigación que el entrañable detective Hercules Poirot deberá llevar a cabo en tan ilustre tren. Los contratiempos y pasos en falso a los que nuestro protagonista se enfrenta no solo no desanimarán al lector, sino que harán del caso aún más atractivo y misterioso.

La trama cumple el cuadro típico al que responde una novela de su clase: En uno de los vagones del Orient Express se comete un sangriento asesinato. A partir de aquí, el detective Poirot deberá investigar qué relación existe entre todos los pasajeros y la víctima. Para ello los interrogará minuciosamente teniendo que discernir quién dice la verdad y quién miente para dar resolución a uno de los más intrincados casos de su carrera. 

Como el misterio que hay que resolver es de por sí de lo más complejo, se hace imperativo un estilo sencillo y claro como aquel del que hace gala la autora para conseguir fluidez. No por ello es menos elegante o refinado, como debe ser toda obra escrita por una verdadera dama inglesa. Es capaz de mantener el interés por saber quién es el asesino no solo durante la investigación del caso: una vez descubierto el culpable te urge saber el cómo y el por qué. 
Rutas del Orient Express
El exotismo en el que se enmarca la historia, con el tren partiendo desde Estambul, las mentiras y medias verdades, la doble vida del asesinado, así como la relación entre un quimono rojo sin dueña y el crimen cometido nos embriaga e involucra desde el principio hasta el punto final.

Una pequeña pista: No importa tanto quién ha sido partícipe del crimen como quién sigue con las manos limpias. 

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